Por Aliana Nieves
En el año que ha concluido han sucedido hechos tan insólitos que es casi obligatorio mirar al 2014 con la mayor de las expectativas. Nuevos miembros se suman al concierto de la política mundial y las repercusiones no pueden ser sino positivas. El 2013 termina con una guerra menos, y eso es señal de que en el 2014 el escenario internacional habrá madurado lo suficiente como para continuar siendo testigos de nuevos giros.
EEUU tuvo que echar agua a la pólvora con la cual pretendía hacer estallar Siria, y esto evidenció que el mundo ya no es el mismo. La intervención armada de Washington a la nación levantina no estaba menos cantada que las anteriores a Afganistán o Iraq, el factor que había variado era la fortaleza adquirida por Rusia en la arena internacional.
No hay quien ponga en duda el rol protagónico desempeñado por el Kremlin para evitar que el conflicto civil en Siria entrase en un callejón sin salida. El propio canciller ruso reveló en una reciente entrevista que algunos de sus colegas occidentales comienzan a reconocer, tanto en público como en privado, que la presidencia de Bashar Asad es una amenaza mucho menor que la ocupación del país entero por terroristas.
La maniobra de Serguéi Lavrov con respecto al desarme químico de Siria constituyó una vuelta de tuerca en la diplomacia mundial. Mostró que sí existen alternativas a la violencia, mucho más fuertes que los requerimientos de cualquier industria armamentística. Y, aunque para muchos esta actitud buscaba mantener el destino comercial de los propios ingenios rusos, lo cierto es que evitó un derramamiento de sangre mayor al que se produce hoy.
Pero si inusual fue la estrategia de la cancillería rusa, más sorprendente fue la actitud adoptada por la Casa Blanca. El presidente Barack Obama se vio obligado a posponer cada ultimátum que estableció y la imagen del gobierno norteamericano quedó en evidencia como pocas veces. De hecho, un sondeo del periódico británico The Guardian reflejó que el 88 % de los lectores opinaba que el presidente ruso, Vladímir Putin, debería recibir el Premio Nobel de la Paz, y no su par estadounidense, Barack Obama, quien ya lo había hecho anteriormente.
Washington fue de más a menos en toda la crisis. El 31 de agosto, cuando Obama anunció que había pedido al Congreso la autorización para la intervención militar, también dijo que su país había decidido responder con la fuerza al supuesto ataque con armas químicas de días anteriores en zonas aledañas a Damasco. Jornadas después, en Londres, Kerry dijo a la prensa, como quien habla por inercia, que Asad podía entregar su arsenal químico para solventar el enfrentamiento. A partir de ese momento, la iniciativa estaba del lado de Rusia.
El presidente norteamericano puso un listón muy alto cuando aceptó dar la palabra al Congreso para decidir sobre la intervención militar. La realidad se ocupó de elevarlo aún más cuando se comprobó que la mayoría de los miembros de la Cámara de Representantes, y un porcentaje nada desdeñable del Senado, estaban dispuestos a votar en contra. La habilidad diplomática rusa se ocupó de cerrar el círculo.
¿Cómo ha beneficiado esto al mundo? El Kremlin convenció a Asad de liquidar íntegramente sus arsenales químicos. Ahora, la destrucción del complejo químico-militar sirio está a toda máquina.
Se ha mantenido la estabilidad geoestratégica en Oriente Medio, se ha fortalecido el régimen de no proliferación de armamento químico, y se ha consolidado la posición de la ONU y el Consejo de Seguridad en los temas vinculados a la defensa de la paz; logros de los que puede disfrutar toda la población mundial.
Rusia vuelve así a lo más alto de la política internacional, marcando el paso de la agenda global y participando en todos los grandes foros internacionales. Respecto a la relación con Washington, tal como sostuvo el ministro Lavrov en una entrevista con un rotativo local, prevalece el hecho de que se comprende la importancia de la colaboración, especialmente en los problemas más acuciantes: el terrorismo, el narcotráfico, la delincuencia organizada, la extensión de las armas de destrucción masiva. “Somos realistas y partimos de la idea de que las emociones son algo transitorio”.
El próximo 22 de enero comenzará en Suiza la segunda Conferencia de Paz en Siria. Será la primera vez que el gobierno del país árabe y la oposición se sienten en una mesa de negociaciones desde que comenzó el conflicto en marzo del 2011.
El objetivo de la reunión será alcanzar una solución política para la crisis a través de un acuerdo integral entre el gobierno y la oposición para la plena implementación del comunicado de Ginebra, adoptado tras la primera reunión internacional sobre el tema llevada a cabo el 30 de junio del 2012.
Así, junto a la capacidad de países del sur de resistir a la recesión capitalista, por sus intercambios mutuos, la mayor novedad política internacional del 2013 ha sido un germinante multilateralismo, que proyecta hacia el 2014 las negociaciones sobre Siria como uno de los asuntos más determinantes en la consolidación del nuevo clima en las relaciones internacionales.