La metrópoli actuó con intransigencia ante cualquier forma de autonomía o amnistía de los descontentos que habían tomado partido por culpa de la corrupción y la mala administración, por lo que estalló la guerra civil justo en un momento en que tocaba fondo la limitación de los recursos de Estado y la enorme mortandad de los expedicionarios españoles. Ante esto los caudillos de la insurrección lanzan su envite, 1819 marca el cambio de la balanza, favorable ahora a los rebeldes de Venezuela mientras que San Martín, que conocía de primera mano la situación en España, extiende desde Argentina sus tropas a Chile y amenaza Perú, último bastión del partido españolista.
Por José Antonio Crespo-Francés*
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* Coronel del ET (R)