
En Ginebra concluyó una vuelta más de negociaciones en torno del destino del programa nuclear de Irán. Las partes pronuncian frases triviales sobre un diálogo fecundo, y los expertos vaticinan tiempos duros al régimen de no proliferación.
En los medios periciales existe la opinión de que el caso de Irán ejercerá una influencia directa en el futuro del régimen de no proliferación de las armas nucleares, que en mucho determina la actual arquitectura del sistema global de seguridad. Hablando convencionalmente, si mañana resulta que Irán, so pretexto de pugnar por el derecho a su átomo pacífico, haya creado su bomba nuclear, pasado mañana nos despertaremos en un mundo distinto, sumamente inestable, donde un Estado más o menos acaudalado busca (y lo fundamental, encuentra) posibilidades para poseer su propia bomba nuclear.
De esta suerte, al convencer o al constreñir a Irán a abandonar sus ambiciones nucleares (de existir tales en él), la comunidad internacional de hecho salva el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT) que hoy día es blanco de presiones sin precedente de parte de los escépticos, que dudan de su actualidad. Antón Jlopkov, miembro del grupo de expertos en seguridad internacional adjunto al Consejo de Seguridad de Rusia, dice:
—No veo necesidad de plantear el NPT en el contexto de las negociaciones del sexteto con Irán. Hay interrogantes a la actividad nuclear iraní. Irán está preocupado de que se le prive al derecho a desarrollar su energética nuclear (lo que se estipula en el NPT). Pero en esto, a mi modo de ver, el futuro del Tratado no depende de cuando, tarde o temprano, se solucione la situación en torno a Irán. El aspecto nuclear es apenas un problema del amplio espectro de problemas que existen entre Irán y Occidente. No cabe duda que si Irán crea un día su arma nuclear, esto ejercerá una influencia sobremanera negativa en el futuro del NPT. Pero hoy es pronto hablar de ello.
En el Tratado de No Proliferación Nuclear participan todos los Estados del mundo a excepción de la India, Israel, Corea del Norte y Pakistán. Entró en vigor en 1970 y tenía la vigencia de veinticinco años. En 1995 la conferencia de países miembros prorrogó el Tratado por tiempo indefinido, o sea sine die. Los críticos del NPT consideran que era un acto incorrecto: la nueva época crea nuevas circunstancias con las que el documento del tiempo de la Guerra Fría hace tiempo que dejó de sintonizar. Fiódor Lukiánov, redactor jefe de la revista Rusia en la política global, comenta:
—Me parece que no es posible poner así la cuestión: salvarlo o no en su aspecto actual. Es imposible. Este se basa en un principio a todas luces discriminatorio. En 1968, cuando se lo firmó, esto era posible. Ahora la cuestión no consiste en la salvación del Tratado sino en la formulación de nuevas reglas. ¿Cómo se puede garantizar la igualdad? Prohibir a todos o permitir a todos. Pero no se puede prohibir a todos. Ningún país de los que poseen armas nucleares, en la actual etapa no renunciará a ellas. Quiere decir que se debe admitir, en ciertas condiciones, la posibilidad de ampliar el grupo de participantes. De momento nadie está listo para tal cosa. Porque los países privilegiados no se inclinan a perder sus privilegios.
No hay duda de que el NPT refleja el balance global de intereses y compromisos, minuciosamente verificado, entre casi dos centenares de países del mundo.