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La guerra silenciosa: espías de leyenda

Por Rodrigo
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cutuku2001hotmailcom/10/10/18
martes 19 de abril de 2016, 22:30h

altSi hay un nombre que simboliza a la "espía-femme fatale" en el imaginario popular, sin duda es el de Mata Hari, nombre con el que fue conocida popularmente la holandesa Margaretha Geertruida Zelle.

Por Juan Antonio Aguilar*

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Por Juan Antonio Aguilar*

Mata Hari

Si hay un nombre que simboliza a la "espía-femme fatale" en el imaginario popular, sin duda es el de Mata Hari, nombre con el que fue conocida popularmente la holandesa Margaretha Geertruida Zelle.

Mata Hari nació en Holanda en 1876. A comienzos del siglo XX se había mudado a Francia, donde trabajaba de artista. Su fama y sus dotes de seducción la hicieron ideal para que los servicios secretos franceses le pidieran que espiara a los alemanes. El problema fue cuando la chica fue arrestada por los servicios secretos británicos, y aunque la cosa no pasó a mayores, cuando fue liberada los francesas sospechaban de ella. Si compartía su cama con los germanos, ¿por qué no los secretos de la República?, se preguntaron. Al ser interrogada por los galos, Mata Hari confesó su condición de doble espía. La chica terminó yendo a juicio y murió fusilada en octubre de 1917.

Lo cierto es que tampoco se ha confirmado que haya sido una espía tan importante. Es más, una fundación holandesa lucha desde hace años para que se revise su caso y las autoridades francesas corrijan la sentencia. Este grupo espera que los documentos desclasificados por el MI5 aporte datos definitivos sobre un personaje que la historia ha convertido en mito.

Los Rosenbergs, la polémica continúa

El 17 de julio de 1950 las autoridades estadounidenses detuvieron a Julius Rosemberg, acusándolo de haber facilitado información a la Unión Soviética sobre el desarrollo de la bomba atómica. Tres semanas después, su esposa Ethel también fue aprehendida. Luego de un juicio polémico, fueron encontrados culpables de una "conspiración para cometer espionaje" en marzo de 1951, y sentenciados a muerte el 5 de abril de 1951.

La historia de este matrimonio de judíos neoyorquinos está relatada en forma muy completa en A case of Love, Espionage, Deceit and Betrayal. Y es que tiene todos los componentes para llamar la atención: un juicio sumarísimo, un juez que estaba en contubernio con los fiscales; una defensa absolutamente incapaz, traiciones familiares (uno de los principales testimonios en contra de los Rosembergs fue dado por el hermano de Ethel, David Greenglass, y su esposa); sadismo innecesario por parte de las autoridades y un final trágico (Ethel no murió al recibir la primera descarga de la silla eléctrica y tuvieron que darle una segunda).

Hoy muchos argumentan que el matrimonio fue "Víctima de la histeria de la Guerra Fría". Y si bien pareciera que la participación de Julius en actividades de espionaje ha sido probada (como lo revelan los documentos que la CIA hizo público en 1995, es claro que el proceso estuvo plagado de irregularidades y que la pena fue excesiva.

Philby, el Maestro de espías

Nadie ha provocado tanta controversia como Kim Philby, una leyenda en el misterioso mundo del espionaje. Reunía todas las condiciones para moverse en la sombra: metódico, tenaz, conspirador, astuto, curioso, sociable, observador. Nació el primer día de 1912, en la región india de Punjab, donde el padre trabajaba como funcionario del Servicio Civil Indio. Llegó a Londres a la edad de siete años e ingresó en Westminster como becario del Rey. En 1929 se trasladó a Cambridge para estudiar en el colegio de Trinity, donde ya despuntaban los alumnos Burgues y Blunt. En 1931, Macleand cerraría el cuarteto más tarde conocido como el "círculo de Cambridge".

Siendo miembro de la Sociedad Socialista de la Universidad de Cambridge, conoció a Maurice Dobb, alma mater de la célula del Partido Comunista de Gran Bretaña. La situación en Europa no podía ser más alarmante: hambre, disturbios, represión, atentados, censura de prensa. La inflación modificaba cada minuto la paridad de las monedas europeas. En 1932, Burgues, Blunt (primo hermano de la futura reina Isabel II) y Macleand tomaron partido por el comunismo; Kim Philby no. El 24 de febrero de 1934, Kim Philby contrae matrimonio con Alice, para evitar el arresto de la joven dado que era judía. Emprendieron viaje a Londres, donde un emisario de Stalin, informado del coraje y la lealtad de Philby en Austria, lo captó para los servicios secretos soviéticos. Su misión consistía en infiltrarse en el Secret Intelligence Service, cuya colaboración con la CIA le iba a permitir conocer los planes económicos, militares y diplomáticos de EEUU. Comenzó a fraguarse una personalidad derechista como redactor de Rewiew of Reviews. Su espectacular viraje no sorprendió a Burguer, con quien coincidió en la Asociación Anglo-Alemana, cobijo de antisemitas, magnates de los negocios y aristócratas simpatizantes de Hitler.

En 1936, bajo la cobertura de corresponsal de The Time, partió hacia España, donde cubrió la guerra desde el bando nacional. Cada semana enviaba puntualmente su cándido artículo. En realidad, su misión consistía en recabar información de primera mano para después transmitirla al SIS. Engañó al mismísimo Franco, quien le otorgó la Cruz al mérito militar. La Guardia Civil estuvo en un tris de acabar prematuramente con la trayectoria de Philby como agente secreto. Milagrosamente, los miembros de la Benemérita no descubrieron la libreta donde tenía anotado el código del Servicio de Inteligencia ruso, a quien también informaba sobre la guerra civil española. En 1939, "cautivo y desarmado el Ejército rojo", regresó a Londres y entabló amistad con Aileen, una rubia muy risueña y cariñosa.

Estalló la II Guerra Mundial, y por fin Kim Philby ingresó en el Servicio de Inteligencia Secreto como instructor de la Escuela de Adiestramiento de Beaulie, cuyos alumnos iban destinados a la sección D del SIS, encargada de fomentar la resistencia contra los alemanes mediante actos de sabotaje y subversión, cometido poco después compartido con los comandos del SOE. Más tarde, aprovechando su puesto como descifrador de los códigos del enemigo, prestó un servicio incalculable a la URSS. En aquella época, los enviados de Hitler y Churchill negociaban en secreto la firma de un armisticio a espaldas de los soviéticos, y nadie en Occidente iba a levantar la voz contra la posterior invasión del territorio ruso por las tropas alemanas. Kim Philby alertó al NKVD (predecesor del KGB) y la URSS consiguió variar el curso de la guerra. Finalizada la contienda, fue nombrado jefe del Departamento 9, encargado de la contrainteligencia soviética. Teóricamente, debía combatir las operaciones del KGB en suelo británico, pero en realidad actuaba como un apéndice del mismo. Los agentes de Kim Philby en Moscú captaban a los disidentes soviéticos y después "el maestro de espías" los delataba. Se ignora el número de soviéticos fusilados como resultado de la sucesiva desmantelación de redes clandestinas antisoviéticas.

En 1949, tras un período de dos años al frente del SIS en Turquía, bajo la tapadera de funcionario del consulado británico en Beirut, lo destinaron a Washington como oficial de enlace entre la CIA y el SIS. Excepto Blunt, en la capital de EEUU se dieron cita todos los miembros del "círculo de Cambridge". El FBI no daba abasto: Burguer continuaba siendo un personaje estrambótico y Macleand permanecía bajo sospecha desde la fuga de cierta información sobre tecnología nuclear y el proyecto de creación de la OTAN. La precipitada huida de Burguer y Macleand a Moscú puso en un brete la seguridad de Kim Philby. Peter Wrigt, más tarde director adjunto del MI-5, señaló a Philby como el tercer hombre de Moscú. En Lecoufiel, sede del Servicio de Contraespionaje británico, ni lo acusaron ni lo absolvieron, pero durante varios años permaneció suspendido de empleo y sueldo.

En 1955, el SIS lo rehabilitó aparentemente, quizá con la intención de convertirlo en agente doble. Lo mandaron a Beirut como corresponsal en Oriente Medio de los diarios The Observer y The Economist. Contrajo matrimonio por tercera ocasión. La boda provocó un revuelo entre los periodistas extranjeros acreditados en Líbano porque Eleanor era la cónyuge del corresponsal de The New York Times. Durante varios años dedicaron la mayor parte del tiempo a recorrer la zona. Pero Kim Philby ya no gozaba de la confianza de sus jefes y sin duda no iba a lograr el viejo sueño del KGB: ascender a la jefatura del SIS. Tanto la CIA como el MI-5 continuaban acechando sus pasos, y en 1963, temeroso de ser detenido, embarcó en un carguero soviético rumbo a Odessa.

En Moscú cayó prendado de las buenas maneras de Melinda, la insatisfecha mujer de Macleand, y años más tarde, ya en la pendiente de la vida, conoció a Rufina Pujova, con quien terminó casándose. El 11 de mayo de 1988 emprendió el último viaje. Los funerales tuvieron lugar frente al cuartel general del KGB. Miles de ciudadanos le rindieron homenaje a los acordes de la Marcha fúnebre de Chopin. Muerto Kim Philby y descubierto Blunt como el cuarto hombre, Peter Wriht, "el cazador de espías", apuntó a Roger Hollis, ex director del MI-5, como el quinto topo del KGB. Si hubo un sexto hombre o no, Kim Philby se llevó el secreto a la tumba.

Un "topo" en la CIA

Un caso en el sistema de inteligencia estadounidense que provocó una fuerte sacudida, que se sintió hasta en los cimientos del mundo del espionaje, fue el de Aldrich Ames, un veterano empleado de la CIA que se dedicó a espiar para Rusia desde 1985 hasta su arresto en Washington, en 1994.

Acusado de vender a Moscú secretos por 1,5 millón de dólares, Ames se convirtió en uno de los peores casos de la historia del espionaje de los Estados Unidos. El agente, quien estaba a cargo de la Oficina de Asuntos Rusos, fue detenido junto a su esposa, la colombiana María del Rosario Casas. Por el caso, el entonces presidente Bill Clinton elevó una protesta formal a Moscú, al tiempo que ordenó una investigación para establecer los daños que pudo haber causado la operación a la seguridad del país.

El ex espía —que estará preso de por vida— no era un comunista convencido, motivado por ideales. Lo único que le interesaba era el dinero. Su trabajo provocó la muerte de varios agentes que trabajaban en Rusia para los Estados Unidos, como él mismo reconoció.

El daño causado por Ames fue inmenso. En un reportaje que concedió en 1998 desde su lugar de detención, afirmó: "Yo sabía muy bien, cuando di los nombres de nuestros agentes en la Unión Soviética, que casi todos serían posibles candidatos a recibir la pena capital". Su caso "pegó" fuerte en la moral de la CIA, que hasta entonces se creía inmune a la infiltración del enemigo.

Después del escándalo que provocó tal revelación, se tomaron medidas que tendieron a mejorar la contrainteligencia y que sirvieron para descubrir a otro "topo", Harold Nicholson, también acusado de vender secretos a los rusos. Nicholson fue el agente de más rango de la CIA que haya sido atrapado vendiendo secretos de Estado a los rusos, un trabajo por el que cobró unos 300 mil dólares y por el que fue condenado a 23 años y 7 meses de cárcel. Los contactos de Nicholson con los rusos empezaron en 1994.

*Director de Elespiadigital.com