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La lucha contra el virus: Francia detecta un positivo de coronavirus en una muestra del 27 de diciembre. Noticias y análisis

Por Elespiadigital
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infoelespiadigitales/4/4/19
lunes 04 de mayo de 2020, 22:00h

Médicos franceses creen que el coronavirus ya circulaba en el país a finales de diciembre, después de haber diagnosticado a posteriori a un paciente que ingresó en un hospital de la región de París el 27 de diciembre.

Redacción

 

 

Médicos franceses creen que el coronavirus ya circulaba en el país a finales de diciembre, después de haber diagnosticado a posteriori a un paciente que ingresó en un hospital de la región de París el 27 de diciembre.

El responsable de cuidados intensivos de los hospitales Avicenne de Bobigny y Jean Verdier de Bondy, Yves Cohen, ha explicado en declaraciones emitidas este lunes por 'France Info' que el caso se ha descubierto con un trabajo retrospectivo de los test PCR que se hicieron a 24 pacientes internados en diciembre y enero con neumonía.

A un hombre que ingresó en el Jean Verdier se le tomaron muestras PCR que ahora se han vuelto a analizar y han dado un resultado positivo a la covid-19.

El hombre, que no había hecho viajes que permitan suponer que contrajo la infección en el extranjero, estuvo enfermo durante quince días y contagió a sus dos hijos, pero no a su mujer.

Eso hace sospechar que la mujer, siendo asintomática, pudo estar en el origen del contagio en la familia. En particular teniendo en cuenta que trabaja en la pescadería de un supermercado en el que hay una clientela de origen chino.

Las conclusiones de los facultativos deben publicarse en un artículo de una revista especializada la próxima semana.

La Agencia Regional de Sanidad de Ile de France va a analizar estas hipótesis, que parecen confirmar la tesis de que el coronavirus estaba en Francia antes de los primeros casos que, oficialmente, se tenían registrados hasta ahora, y que se remontan al 24 de enero.

Se trataba de un francés de origen chino y de dos turistas chinos que habían pasado por la ciudad de Wuhan, donde se sitúa el inicio de la pandemia.

La inesperada razón detrás de la alta tasa de mortalidad del COVID-19

Un equipo de investigadores británicos examinó el nivel promedio de vitamina D entre los ciudadanos de 20 países europeos y llegó a la conclusión de que podría estar vinculado con las tasas de mortalidad.

En particular, las personas con la mayor deficiencia de dicha vitamina tenían un mayor riesgo de morir por el coronavirus.

"El grupo de población más vulnerable ante el COVID-19 también es el que tiene el mayor déficit de vitamina D", explicaron los autores del estudio.

Los científicos también citaron estudios anteriores según los cuales las personas mayores de 70 años en España, Italia y Suiza tenían niveles de vitamina D de tan solo 26 nmol/L28 nmol/L23 nmol/L respectivamente, aunque cualquier valor inferior a los 30 nmol/L se considera "severamente deficiente".

Además, la deficiencia de la vitamina D se observa más frecuentemente entre los mayores de edad, que son de hecho los más vulnerables al coronavirus.

El artículo, titulado The role of Vitamin D in the prevention of Coronavirus Disease 2019 infection and mortality (El papel de la vitamina D en la prevención de la enfermedad y mortalidad por el coronavirus), ha sido publicado en el portal especializado Research Square. Sin embargo, todavía no ha sido revisado por otros expertos.

Al mismo tiempo, los propios investigadores reconocen en su publicación que el estudio tiene sus limitaciones por la cantidad de tests llevados a cabo y la falta de información. Sin embargo, este hallazgo es importante puesto que muestra las potenciales propiedades protectoras de la vitamina D.

Aquí puedes ver si tienes síntomas de deficiencia de vitamina D, que ayuda a mantener tu sistema inmunológico fuerte en los tiempos de la pandemia.

Las seis señales de que te falta vitamina D

En muchos países, la pandemia del COVID-19 ha obligado a las personas a confinarse en sus casas para protegerse de la enfermedad. La prolongada falta de exposición al sol, sin embargo, podría acarrear falta de vitamina D, un importante nutriente para nuestro organismo.

La vitamina D desempeña un importante papel en la absorción de calcio y, por tanto, juega un papel decisivo en la salud de nuestros huesos. Su falta podría llevar a problemas óseos, como osteoporosis y fracturas. Además, un organismo con bajos niveles de esta vitamina puede presentar debilidad muscular, fatiga e incluso problemas de salud mental.

Ante la cuarentena impuesta por la crisis del coronavirus, el Gobierno del Reino Unido, por ejemplo, ha recomendado a las personas que consideren tomar 10 microgramos diarios de vitamina D si están encerradas en su casa la mayor parte del día.

La vitamina D afecta al funcionamiento de todo nuestro organismo, así que es importante identificarla y combatirla. Estos son algunos de los signos propios de la falta de vitamina D.

Baja inmunidad

Una de las funciones más importantes de la vitamina D es mantener tu sistema inmunológico fuerte, algo de particular importancia en los tiempos de coronavirus. Si te enfermas a menudo, es posible que niveles bajos de vitamina D sean un factor contribuyente.

Dolor en los huesos

Como ya se ha mencionado, la vitamina D ayuda al organismo a absorber el calcio y fortalecer los huesos. Así que si te duele, por ejemplo, la espalda baja, podrías tener bajos niveles de esta vitamina. Los dolores musculares también podrían ser causados por falta de vitamina D.

Fatiga y cansancio

Detrás de la fatiga y del cansancio constante puede haber numerosas razones, y la deficiencia de vitamina D es una de ellas. La falta de este nutriente podría incluso causar insomnio.

Cicatrización lenta 

La vitamina D aumenta la producción de elementos cruciales en la formación de una nueva piel en el proceso de cicatrización. Si tienes heridas que tardan mucho en curarse, podría faltarte vitamina D.

Depresión

Un pesimismo constante y un estado de ánimo más deprimido es uno más de los síntomas que alertan de niveles insuficientes de vitamina D.

Pérdida de cabello

Una de las causas más comunes de la pérdida del cabello es el estrés, pero también podría ser el resultado de una deficiencia de nutrientes, en particular de vitamina D. Tener poca puede hacer que se te caiga el cabello, sobre todo si eres mujer.

El día que Castilla y León pidió a Cuba que le enviase médicos para contener el coronavirus

Las llamadas 'brigadas médicas' que Cuba ha enviado a 21 países afectados por el coronavirus, entre ellos lugares del mundo desarrollado como Italia o Andorra, estuvieron a punto de desembarcar también en España. Concretamente, en Soria y todo ello gracias a la Junta de Castilla y León dirigida por el PP y Cs, que hizo una petición formal al embajador cubano, Gustavo Machín, para contratar a personal sanitario del país caribeño.

El pasado 3 de abril, la delegada del Ejecutivo castellano-leonés en Soria, Yolanda de Gregorio, escribió un correo electrónico al citado embajador. La provincia vivía alarmada tras triplicarse en marzo el número de fallecidos por culpa del patógeno, un porcentaje superior al que se daba en Madrid o Cataluña. "Desde la Junta de Castilla y León me gustaría contactar con usted con el objeto de solicitar, si fuera posible, la presencia en Soria de personal sanitario", se indicaba en la carta al que ha tenido acceso Vozpópuli.

"Siguiendo instrucciones recibidas por la presidenta de los servicios médicos cubanos, la doctora Miladys Orraca Castillo, la fórmula más adecuada para llevar a cabo esa petición es que nos pongamos en contacto directamente con usted para tramitar dicha petición", prosiguió De Gregorio, quien fue cabeza de lista del PP en las últimas elecciones municipales al Ayuntamiento de Soria.

"Por todo ello, le ruego a la mayor brevedad posible se ponga en contacto con nosotros en aras a realizar por parte de esta Administración las gestiones necesarias para que el personal sanitario pueda venir a Soria y llevar a cabo su contratación”, se concluía en la misiva.

El embajador cubano respondió con rapidez, a las dos horas, aunque de forma escueta. "Acuso recibo de su mensaje, el cual transmitiremos a las autoridades sanitarias de nuestro país. Saludos”. Pero fue suficiente para que la delegada de la Junta castellano-leonesa agradeciese al diplomático sus gestiones ante La Habana, "quedando a su entera disposición para cualquier actuación que necesite".

En realidad, las primeras gestiones se habían producido unos días antes a través del presidente de la Diputación de Soria, el también popularBenito Serrano, a quien un empresario soriano afincado en Cuba le había hablado de la posibilidad de ponerse en contacto con la citada Orraca Castillo, máxima autoridad en la isla para las "contrataciones" de sanitarios cubanos.

Tras una primera toma de contacto entre Serrano y esta responsable de la Sanidad cubana, la oferta de los médicos cubanos llegó a la mesa del Centro de Coordinación Operativa Integrado (Cecopi) de Soria,  integrado por el Ayuntamiento soriano, la Diputación Provincial, la delegación de la Junta en la provincia y la Subdelegación del Gobierno.

Las gestiones del alcalde de Soria

Con las UCIs a punto del colapso y ante la extrema necesidad de encontrar personal médico, la opción de recurrir a los sanitarios enviados por La Habana siguió adelante. El alcalde de Soria, el socialista Carlos Martínez, hizo gestiones ante la viceministra de Sanidad del país caribeño, la doctora Marcia Cobas, y a mediados de abril se dio por hecho que los galenos cubanos llegarían en cuestión de días a tierras castellanas.

El optimismo de algunas instancias oficiales se basaba en que los sanitarios caribeños que habían sido enviados a Italia y Andorra iban a regresar por carretera a Madrid para su vuelo de retorno a la isla, así que podían desviarse hacia Soria y echar una mano durante el pico de la pandemia.

Sin embargo, la frialdad del Ministerio de Asuntos Exteriores que dirige Arancha González Laya hizo que la petición perdiese fuelle y fuesen pasando los días sin que se concretase nada. El Gobierno de Pedro Sánchez hubiera tenido la última palabra en un desembarco de estas características ya que la llegada de médicos extranjeros excede las competencias de una comunidad autónoma.

Al final, la situación hospitalaria en la capital soriana mejoró con el descenso de los ingresos y, sobre todo, por el apoyo del Ejército a través de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y de la Comunidad de Madrid con un pequeño destacamento del SAMUR.

En paralelo, la Junta castellano-manchega de Alfonso Fernández Mañueco contrató a 213 profesionales sanitarios en la provincia de Soria, por lo que la urgencia de recurrir a las 'brigadas médicas' de Cuba se aparcó definitivamente la semana pasada.

Análisis: ¿Cambian las tragedias al mundo? Un vistazo desde la pandemia

José Negrón Valera

Cuando soldados del Ejército soviético entraron al campo de concentración de Auswitch, hace 75 años, un 27 de enero, el mundo tuvo acceso a una clase de maldad que, aunque no nueva, mostraba una dedicación sistemática para que la "razón de Estado" estuviese al servicio del aniquilamiento a sangre fría de otros seres humanos.

Se dijo "ya no más", se abrieron las puertas para concertar esfuerzos de distintas naciones para evitar que escenas así volvieran a repetirse. Se decía que allí la humanidad había "tocado fondo". Angela Merkel la denominó "la vergüenza del siglo XX".

No sería la única vergüenza. Dos meses después, el 9 de marzo de 1945, el general del Ejército estadounidense, Curtis LeMay, luego de analizar informes de inteligencia, ordenó la implementación de la operación Meetinghouse. Más de 300 aviones Boeing 29 lanzaron más de 1.700 bombas de napalm M69. En cuestión de horas, 100.000 seres humanos fueron incinerados en sus propias casas. El secretario de Defensa, Robert McNamara, al rememorar dicho bombardeo, junto con la decisión de probar la bomba atómica sobre una Japón prácticamente ya derrotado, confesó:

"De no haber ganado la guerra habríamos sido juzgados como criminales de guerra".

En noviembre de 1945, se juzgó en Núremberg a los líderes militares que diseñaron y ordenaron crear lugares como Auschwitz. LeMay nunca fue juzgado. Falleció en 1990 de un ataque al corazón en su casa de California.

¿Cambió algo?

Luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, un mal fue masificado y expuesto vía industria cultural y el otro fue simplemente olvidado. Hoy, desde Burkina Faso hasta las frías regiones de Alaska, de las selvas tropicales del Amazonas hasta la costa del cabo de Buena Esperanza, de seguro encontraremos personas en cuyas mentes reposen las imágenes de Auschwitz, de Núremberg, conozcan muy bien de Hitler, pero ignoren por completo a un LeMay y al hecho de que por pura crueldad convirtieron Japón en el centro de pruebas del arsenal militar más avanzado de la época.

Las consecuencias de este desequilibrio de la memoria y por tanto de la justicia, permitió que se siguiera abonando esa semilla que no nos permite abandonar la tragedia.

¿Cambió el mundo al ser expuesto a las pruebas tangibles de la crueldad? No, no lo hizo.

Las escenas se repitieron una y otra vez, en diferentes épocas, en diferentes pueblos. En la aldea My Lai, soldados estadounidenses masacraron a más de 504 civiles inocentes, 182 mujeres, 17 de ellas embarazadas, y 173 niños. El suceso ocurrió el 16 de marzo de 1968, pero se mantuvo oculto hasta que un editor lo expuso a la opinión pública el 13 de noviembre de 1969.

En 2014, Israel protagonizó uno de los ensañamientos contra infantes más despiadados del que se haya tenido registro. Durante la operación Margen protector, el Ejército israelí bombardeó indiscriminadamente la Franja de Gaza, causando la muerte de más de 400 niños, que murieron muchas veces dentro de sus propias casas, tal y como lo reseña el informe final de la Comisión Independiente del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Según la autoridad Palestina, más de 1.500 niños han sido asesinados por Israel desde el año 2000.

?Durante el llamado ataque a las Torres Gemelas, murieron alrededor de 3.000 personas. El Gobierno del entonces presidente George W. Bush, emprendió una avanzada "contra el terror" que le permitió intervenir militarmente en Afganistán y en Irak. Según un informe del Instituto Watson de la Universidad de Brown publicado en 2018, desde el 2001 hasta la fecha, la Casa Blanca ha gastado más de 5,9 billones de dólares para financiar las distintas guerras derivadas del 11 de septiembre.

Hoy, el Gobierno que decía necesitar billones de dólares para "proteger a sus ciudadanos", registra cerca de 68.000 muertes a raíz de un terror distinto: COVID-19.

A diferencia de la laboriosidad con que solicitaron recursos para financiar a su ejército, a la fecha, no hay ninguna iniciativa similar para aprobar recursos para fortalecer al menos su sistema de salud y brindar asistencia a los millones de ciudadanos que no pueden costear el tratamiento para luchar contra la enfermedad. Así lo informa un completo informe publicado por Sputnik.

"El tratamiento de la COVID-19 tendrá un precio bastante alto incluso para los estadounidenses que tienen seguros, de acuerdo con el estudio de FAIR Health, puesto que los gastos de bolsillo de los clientes de los proveedores de la red pueden ascender a entre 21.936 y 38.755 dólares, en función del porcentaje de costos compartidos de su programa de salud. No obstante, en caso de que su compañía de seguros considere que el tratamiento no forma parte de su red, los costos pueden alcanzar hasta los 74.000 dólares. Y no es que el tratamiento de la COVID-19 sea algo exclusivo: el hecho es que la atención médica es bastante costosa en EEUU", refiere el reportaje.

Este recuento, apenas parcial, que abona el terreno luctuoso, nos permite entender que si una guerra mundial, una bomba atómica, millones de muertos y desplazados no han cambiado el mundo, una pandemia tampoco lo hará, a menos claro está que haya un enfoque distinto sobre lo que ocurre.

Es el sistema el que debe cambiar, no el mundo

Hay una pregunta que es irrebatible para la lógica más simple: ¿Es viable un sistema económico de crecimiento ilimitado en un planeta con recursos limitados? Por supuesto, no lo es. Usualmente los premio Nobel de economía se otorgan por explicar aspectos dentro del propio sistema de razonamiento, cómo hacer más viable el comportamiento de los agentes económicos, como hacer más eficientes las transacciones, etc, pero nunca ha habido un premio para el que explique cómo se supone que un modelo capitalista de expansión infinita es cónsono con una naturaleza que ya está al borde de su capacidad. Silencio absoluto.

El asunto de si el mundo va a cambiar o no después de la pandemia, debe ser resuelto sobre la base de dos orientaciones.

La primera de ellas la que explique desde un modelo de psicología social, cómo es posible desmontar un sistema no económico, sino civilizatorio que le ha llevado a la gente a creer que la codicia es parte de la naturaleza humana, y que es un precepto divino el hecho de que "perseguir el interés individual es beneficioso para el colectivo".

La segunda ruta, tiene que ir de la mano en construir un modelo de civilización alterno que tenga que lidiar con más de doscientos años de destrozo de la naturaleza, pero también de deterioro de las relaciones inter-personales e inter-nacionales.

El psicólogo Marteen Van Doorn explica que "Las ideas no cambian el mundo al convencer a las personas de lo que es más preciso, veraz o racional. Cambian el mundo por demostrarle a las personas lo que es posible, y cambiando sus puntos de vista sobre lo que es socialmente aceptable".

Vemos en diferentes países que la gente ha vuelto a las iniciativas locales de producción y consumo. De la globalización adormecedora, volvimos a mirar a nuestros vecinos, a nuestros iguales. A emprender sistemas cooperativos para transformar esta crisis en una nueva oportunidad para darnos cuenta que las utopías no es que eran imposibles, solo que no contaban con un clima propicio para sembrarse.

La pandemia ha abierto una brecha para convertir a la sociedad en un laboratorio para intentar algo distinto. Un "algo" que nos lleve por una ruta distinta antes que no haya más camino que aceptar el fin. No esperemos que el mundo cambie por completo, pero sí pongamos nuestra esperanza en que al menos haya países, grupos de personas, organizaciones, que comiencen a entenderse en términos distintos a aquellos a los que nos han obligado. Querer emprender un camino distinto, ya es la mitad del recorrido.