Opinión

Un rey fracasado y una reina frívola. La monarquía, tocada por la mini-legislatura

Victoria | Miércoles 04 de mayo de 2016

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Cuando eras un poder arbitral apostar por la neutralidad es la peor manera de tomar partido. Y cuando el partido ni se celebra entonces también el árbitro es culpable.

Por Eulogio López




 

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Por Eulogio López

Cuando eras un poder arbitral apostar por la neutralidad es la peor manera de tomar partido. Y cuando el partido ni se celebra entonces también el árbitro es culpable.

En esta tesitura, Juan Carlos I hubiera optado por el borboneo de la cercanía y habría convencido a los líderes políticos de que firmaran la paz. Felipe VI no: ha preferido aplicar el manual y, de esta forma, se ha enfrentado a Mariano Rajoy y se ha colocado de parte del regenerador -casi de su generación- Pedro Sánchez. Al final, el fracaso de los partidos políticos en esta minilegislatura, se ha convertido en el fracaso de la monarquía.

Un Rajoy ensoberbecido, convencido de que el pueblo español es un ingrato, no quiso formar gobierno pero cuando vio que Pedro Sánchez, el de los 90 diputados, podría conseguirlo, hizo algo peor: intentó forzar del monarca una segunda ronda efectiva y no dar tiempo a que Pedro Sánchez formara su Frente Popular.

Hizo mal el presidente del Gobierno, pero aún hizo peor Felipe VI en considerar que su salvación vendría del PSOE y en escuchar a la Reina Letizia, partidaria, no ya de la izquierda presuntamente moderada del PSOE sino de la izquierda presuntamente radical de Pablo Iglesias. Si Felipe VI apoyó a Sánchez, la reina apoyó a Podemos o al menos al Frente Popular formado por PSOE-IU-Podemos.

Y con mucha frivolidad, doña Letizia repitió, y no en privado, aquello de “te llamaré Philippe: París me gusta como exilio”.

Sí, con esta minilegislatura, también ha fracasado el poder moderador, la Corona. Era el primer reto importante de Felipe VI y se ha derrumbado.

Ahora tiene la enemiga de Rajoy, el desdén del PSOE, que sigue jugando a republicano y el desprecio de Podemos.

A lo mejor es Jaime Alfonsín, jefe de la Casa Real, quien paga los platos rotos. En Moncloa se acusa  a Alfonsín de no poner coto a la superficialidad, eso sí es progresista, de la Reina Letizia.

Fuente: Hispanidad