Miguel Ángel Barrios y Norberto Emmerich
La primera revolución industrial (Inglaterra, 1786) llevó cambios radicales a los medios de producción al incorporar instrumentos mecánicos de tracción (hidráulicos y a vapor), el telar mecánico y la locomotora.
Entre 1870 y 1914 se dio la segunda revolución industrial, en Inglaterra, Europa Occidental, Estados Unidos y Japón. Se desarrolló la electricidad, el radio transmisor, el automóvil y la combustión interna. La tercera revolución, de los elementos inteligentes, surgió en los últimos 30 años del siglo XX e impulsó la aviación, la era espacial, la energía atómica, la cibernética, los ordenadores personales, la tecnología de la información, la automatización de la producción e Internet.
La cuarta revolución industrial es descripta como la aplicación de Internet a los productos, mediante la digitalización, las TICs y los dispositivos inteligentes. Conecta redes, comunica máquinas, adapta los servicios al cliente en cualquier parte del mundo. Es la era de la innovación que utiliza tecnología de última generación, transformando la forma de producir, distribuir y consumir bienes y servicios. Abarca la logística y el suministro de productos basados en impresión 3D, producción robotizada y el almacenamiento y distribución de drones.
En los próximos cinco años se perderán 7.1 millones de puestos de trabajo en las 15 economías más grandes del planeta y surgirán 2 millones de nuevas plazas. No es el fin del trabajo sino el cambio de las ocupaciones, con nacimientos y desapariciones.
Sin embargo a pesar de todo este desarrollo tecnológico asistimos a que el 1% de la población mundial posee el 99% de la riqueza y la brecha entre ricos y pobres, entre países y al interior de los países, se agranda.
Las áreas con más oportunidades de crecer serán las ciencias de la salud, la infraestructura, las ciencias de la información-matemáticas y la biotecnología.
En el apéndice del libro “La cuarta revolución industrial”, Klaus Schwab, fundador y director general del Foro Económico Mundial, analiza los cambios tecnológicos profundos de la cuarta revolución industrial. En términos de seguridad podemos mencionar:
La próxima generación de ordenadores (entre ellos, el robot), cuyo diseño ha sido influido por la ciencia del cerebro, podrá razonar, predecir y reaccionar de la misma forma que la corteza cerebral humana pero sin profundizar su porcentaje de aprovechamiento.
Ya existe en España el primer prostíbulo de muñecas, en Japón y Dubai hay zoológicos interactivos 7D, en la Ciudad de México funciona el primer estacionamiento totalmente robotizado, en un aeropuerto de Nevada fue apresada una persona portando un arma fabricada con tecnología 3D, Rusia presentó el primer soldado robot, en China un niño fue herido por un robot doméstico que se salió de control.
Es un proceso acelerado que apenas empieza y muestra sus grandes campos de aplicación: servicios, industria, entretenimiento, guerra. La cuarta revolución industrial se trata de virtualidad aplicada, algo más lejos de lo que se preveía al final de la tercera revolución, cuando se suponía que la virtualidad sería el fin del camino.
Desde la Geopolítica de la Seguridad, entendemos que la 4RI es un retorno de lo físico, la aplicación de los avances de la 3RI a los productos de la 2RI. En términos de crimen, se trata de aportar nuevas formas audaces de hacer lo mismo. Los drones ayudarán a un mejor transporte de las mismas drogas; los robots impulsarán la cirugía y los implantes con la misma concepción intervencionista de salud (sin células madre); la producción mejorará la cantidad y calidad del mismo tipo de productos, sin perforar la lógica espacio-temporal existente; los entretenimientos expandirán las posibilidades visuales, táctiles e imaginativas, sin cambiar la matriz sensorial actual. Los servicios serán robotizados, pero serán básicamente los mismos servicios. No vemos una perforación dramática de las limitaciones espacio-temporales prevalecientes.