Redacción
El gobierno de Brasil pidió a la Corte Suprema que suspenda de sus funciones al fiscal general, Rodrigo Janot, quien presentó cargos de corrupción contra el presidente de facto Michel Temer. Los abogados de Temer, quienes estudian otras posibles denuncias, expresaron que la actuación del fiscal general sobrepasó los límites constitucionales y legales en casos relativos al mandatario de facto.
Según la defensa de Temer, Janot mantiene un "obstinado empeño por encontrar elementos incriminadores contra el presidente, el cual es claramente excesivo y fuera de patrones adecuados y normales".
También critican fuertes declaraciones que el fiscal ha hecho contra el mandatario en diversos foros y entrevistas, entre ellas los sobornos que han realizado a Temer los directivos del grupo cárnico JBS, una empresa de alimentación Brasileña, a cambio de "favores políticos" desde 2010 y que incluso lo hicieron una vez que asumió el poder.
Janot, que concluirá su mandato el próximo septiembre, ha presentado varias denuncias por corrupción pasiva ya archivada por decisión de la Cámara de Diputados. Fuentes locales afirman que prepara dos más.
Brasil y su corrompida democracia
Es difícil quedarse callado después de haber presenciado la funesta y desvergonzada sesión de la Cámara de los Diputados que votó contra la admisión de un proceso del STF contra el presidente Temer por crimen de corrupción pasiva.
Lo que la sesión mostró fue la real naturaleza de nuestra democracia que se niega a sí misma. Si la medimos por los predicados mínimos de toda democracia que son: el respeto a la soberanía popular, la observancia de los derechos fundamentales del ciudadano, la búsqueda de una equidad mínima en la sociedad, la incentivación a la participación, el bien común, además de una ética pública reconocible, ella se presenta como una farsa y la negación de sí misma.
Ni siquiera es una democracia de bajísima intensidad. Esta vez se reveló, con nobles excepciones, como una cueva de gente denunciada por crímenes, de corruptos y ladrones a la orilla del camino para asaltar los centavos de los ciudadanos.
¿Cómo iban a votar a favor de la apertura de un juicio al presidente por el Supremo Tribunal Federal si cerca del 40% de los diputados actuales hacen frente a varios tipos de procesos ante la Corte Suprema? Existe siempre una conspiración secreta entre los criminales o acusados como tales, al estilo de las famiglie de la mafia.
Nunca en mi ya larga y cansada existencia oí que algún candidato vendiese su sitio o se deshiciese de alguno de sus bienes para financiar su campaña, sino que recurrió siempre a empresarios y a otros adinerados para financiar su millonaria elección. La caja 2 se naturalizó y las propinas fabulosas fueron creciendo de campaña en campaña a medida que aumentaban los intercambios de beneficios.
Esta vez, el palacio de Planalto se transformó en la cueva principal del gran Alí-Babá que distribuía bienes a cielo abierto, prometía subsidios por millones e incluso ofrecía otros beneficios para comprar votos a su favor. Este solo hecho merecería una investigación de corrupción abierta y escandalosa a los ojos de los que guardan un mínimo de ética y de decencia, especialmente de la gente del pueblo que se quedó profundamente horrorizada y avergonzada.
Efectivamente, ningún brasilero merecía tanta humillación hasta el punto de que tantos sintieran vergüenza de ser brasileros.
Los parlamentarios, incluidos los senadores, representan antes los intereses corporativos de los que financiaron sus campañas que a los ciudadanos que los eligieron.
Hemos tenido ya suficiente distancia temporal como para poder percibir con claridad el sentido del golpe parlamentario dado con la complicidad de parte del estamento judicial y con apoyo masivo de los medios de comunicación empresariales: desmontar los avances sociales en favor de la población más pobre, que fue siempre, desde la colonia, al decir del mayor historiador mulato Capistrano de Abreu: «castrada y recastrada, sangrada y desangrada». Y también el de alinear a Brasil con la lógica imperial de los USA en lugar de tener una política externa «activa y altiva».
Las clases oligárquicas (Jessé Souza, ex-presidente exonerado del IPEA por el actual presidente, nos da el número exacto: 71.440 supermillonarios, cuya renta mensual, generalmente por la financierización de la economía, alcanza los 600 mil reales por mes), nunca aceptaron que alguien venido de abajo y representante de los supervivientes de la tribulación histórica de los hijos e hijas de la pobreza, llegase a ocupar el centro del poder. Se asustaron al verlos presentes en los aeropuertos y en los centros comerciales, lugares de su exclusividad. Debían ser devueltos al lugar de donde nunca deberían haber salido: la periferia y la favela. No sólo los quieren lejos, van más allá: los odian, los humillan y difunden este inhumano sentimiento por todos los medios. El pueblo no es el que odia, lo confirma Jessé Souza, sino los adinerados que los explotan y con tristeza y por obligación legal les pagan sus miserables salarios. ¿Por qué pagarles, si pueden trabajar siempre gratis como antiguamente?
Historiadores de la talla de José Honorio Rodrigues, entre otros, han mostrado que siempre que los descendientes y actualizadores de la Casa Grande perciben políticas sociales transformadoras de las condiciones de vida de los pobres y marginados, dan un golpe de estado por miedo a perder su nivel escandaloso de acumulación, considerado uno de los más altos del mundo. No defienden derechos para todos, sino privilegios de algunos, es decir, los de ellos. El actual golpe obedece a esta misma lógica.
Hay mucho desaliento y tristeza en el país. Pero este padecimiento no será en vano. Es una noche que nos va a traer una aurora de esperanza de que vamos a superar esta crisis rumbo a una sociedad -en palabras de Paulo Freire- «menos malvada», y donde «no sea tan difícil el amor».
Análisis. Petrobras: la demolición de la segunda petrolera del mundo
Raúl Zibechi
La petrolera estatal Petrobras, fundada en 1953 por Getúlio Vargas como monopolio estatal para la explotación de petróleo, alcanzó la cima en 2010 con la mayor capitalización en la historia, al recaudar 72.000 millones de dólares.
Ese año el valor de mercado de Petrobras alcanzó los 283.000 millones de dólares, lo que la convertía en la segunda petrolera del mundo sólo detrás de la estadounidense Exxon.
Los planes de desarrollo fijados por la empresa para el período 2010-2014 eran grandiosos, ya que se proponía duplicar la producción para 2020 con cinco millones de barriles diarios, la mayor parte provenientes de la plataforma marítima donde se descubrieron los mayores yacimientos de crudo del mundo en muchos años.
En 1970 Petrobras sólo producía 200.000 barriles diarios, mientras la demanda era cinco veces mayor. La empresa dedicó todos sus esfuerzos a la búsqueda de crudo en aguas oceánicas profundas (off shore), ya que el país no tiene importantes yacimientos en su territorio. Petrobras se convirtió en la empresa de vanguardia en el mundo en la exploración en aguas ultraprofundas, con grandes inversiones en tecnología.
Fue así como entre 2006 y 2007 se encontraron yacimientos de calidad media y alta en profundidades de ocho mil metros, debajo de una gruesa capa de sal de dos a cuatro kilómetros de espesor. Por eso los yacimientos se denominan pre-sal, o Amazonia Azul para la Marina que es la encargada de protegerlos.
Con el descubrimiento de esos yacimientos el valor de Petrobras se triplicó, aún antes de la capitalización de 2010. En 2006 el país alcanzó la autosuficiencia y se proyectaba que en 2020 Brasil estaría entre los cinco mayores productores de petróleo del mundo.
Entre los planes de inversión figuraba la construcción de 50 plataformas marítimas, que debían alcanzar entre un 60 y 80% de "contenido nacional", y se llegó a planificar la construcción de "ciudades sumergidas" a dos mil metros de profundidad sobre los lechos marinos, donde se pudieran instalar los equipamientos que funcionan en las plataformas, con alto grado de automatización y robotización.
Petrobras contaba con 63 sondas de perforación, 134 plataformas, 13 refinerías, más de 320 naves y reservas de 16,5 billones de barriles de petróleo en 2014.
¿Qué sucedió para que la segunda petrolera del mundo en 2008 cayera en 2017 al puesto 24 y al 399 en el ranking general de Fortune?
Hay tres factores que lo explican. El primero es la abrupta caída de los precios del petróleo cuando la empresa estaba fuertemente endeudada por su ambicioso plan de inversiones. En 2014 Petrobras tuvo su primer déficit desde 1991, de casi 10.000 millones de dólares, algo que se repitió en 2015, mientras el fondo de pensiones de la empresa, Petros, tuvo un déficit acumulado de siete mil millones de dólares hasta 2016.
El segundo es la investigación de la justicia conocida como Lava-Jato, que tuvo en Odebrecht y en Petrobras sus dos ejes principales. Es muy difícil cuantificar las pérdidas de la empresa por corrupción, pero algunas fuentes la estiman en casi 14.000 millones de dólares, unos 42.000 millones de reales. En todo caso, el desprestigio es un daño imposible de cuantificar.
El tercer factor es la política adoptada desde que asumió el Gobierno Michel Temer. Se trata de un programa de privatizaciones que la Federación Única de los Petroleros (FUP) denunció en su Congreso Nacional, realizado a comienzos de agosto, afirmando que Petrobras está siendo desmontada por el actual Gobierno.
El sindicato sostiene que entre las unidades a ser privatizadas figuran campos de petróleo, refinerías, fábricas de fertilizantes y usinas de biodiesel cuyos valores fueron depreciados por la dirección de la empresa en 112.000 millones de reales (36.000 millones de dólares), lo que supone "un prejuicio 17 veces mayor que las pérdidas financieras que Petrobras registró por los crímenes de corrupción".
La FUP denuncia que Pedro Parente, presidente de Petrobras nombrado por el actual Gobierno, "está donando a extranjeros subsidiarias lucrativas y estratégicas, como Liquigas y BR", operaciones que "dejarán al consumidor brasileño a merced de oligopolios privados".
Según el sindicato, la dirección de Petrobras "entregó campos gigantescos del pre-sal a las multinacionales a precios irrisorios". La noruega Statoil se hizo con el campo Carcará, de 6.000 millones de barriles, por el equivalente de 0,70 dólares el barril. La francesa Total fue beneficiada con los campos Iara y Lapa, con 850 millones de barriles probados, pagando menos de 2,50 dólares el barril.
Este desmonte de Petrobras hizo caer las reservas a menos de 9.000 millones de barriles (estaban en 16.000 millones), lo que implica un fuerte retroceso para la petrolera y para el Estado brasileño.
Hasta ahora han sido despedidos 13.270 empleados de los más de 80.000 que tenía la empresa, y hay alrededor de 40.000 trabajadores tercerizados que perdieron sus puestos de trabajo como consecuencia de la crisis de Petrobras. Peor aún, las inversiones previstas cayeron un 75%, por lo que la recuperación de la empresa está cada vez más lejos.
Una petrolera estatal es un activo estratégico para cualquier país. En el caso de Petrobras, el manejo del petróleo es una cuestión de soberanía pero también de desarrollo. Existía un acuerdo sobre los recursos del pre-sal, para que el 75% de las royalties fueran destinadas a la educación y el 25% para la salud. En diez años se esperaba inyectar 112.000 millones de reales en la educación (37.000 millones de dólares).
Perder esa oportunidad por la vertiginosa privatización de la empresa, implica que Brasil no podrá usar el petróleo para levantar vuelo y desarrollarse como una de las principales naciones del mundo.
Sergio Gabrielli, expresidente de Petrobras, dijo durante el congreso de los petroleros que la sustitución del petróleo por otras energías "va a demorar mucho tiempo, por lo menos 40 a 50 años". Por eso, "la disputa por las reservas es un elemento central de la geopolítica mundial, razón por la cual los conflictos actuales están ligados al acceso al petróleo".