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El BCE llama con preocupación a los bancos por la tensión en Cataluña y caída en las bolsas de los bancos catalanes. La posible fuga de empresas fuera de Cataluña

Elespiadigital | Martes 03 de octubre de 2017

Los sucesos de Cataluña este fin de semana han generado gran inquietud entre los ahorradores catalanes y los clientes de toda España de los bancos catalanes... y en el BCE. El supervisor bancario europeose puso ayer en contacto con las principales entidades españolaspara interesarse por el posible impacto de la situación, según fuentes del sector. Ahora bien, de momento no se han producido movimientos significativos de depósitos, ni de ahorradores asustados ni partidarios de un boicot. Por eso, el Banco Central Europeo no ha pedido un seguimiento especial de la liquidez (como hizo en el caso del Popular) ni ha convocado ninguna reunión.

Ahora bien, si finalmente se produce la independencia de Cataluña, las cosas cambiarían mucho. Las entidades con sede en la región, Banco Sabadell y CaixaBank, están preparadas para cambiar su sede a otra ciudad española (que no tiene por qué ser Madrid), aunque confían en que no se llegue a esa situación porque antes el Gobierno aplicará el artículo 155. Eso sí, si llegara a ocurrir, los ciudadanos catalanes no se librarían de un corralito en el nuevo Estado al estilo de Chipre o Grecia, que afectaría a todos los bancos —catalanes, españoles y extranjeros—, por lo que no se evitaría cambiando de entidad.

Tanto el presidente del Sabadell, Josep Oliu, como el de la Fundación La Caixa, Isidre Fainé, han explicado en numerosas ocasiones que sus entidades son miembros del Eurosistema (y reciben liquidez del Banco Central Europeo) y están supervisadas por el BCE, por lo que no pueden quedarse fuera de la zona euro ni de la UE, como ocurriría en caso de independencia de Cataluña. Llegados a ese extremo, su plan de contingencia es cambiar la sede social, o bien constituir una especie de 'holding' matriz domiciliado en otra ciudad española del que cuelgue la entidad financiera catalana.

Eso tendrá consecuencias sobre todo para sus empleados, puesto que este cambio de sede debería ir acompañado de un traslado de los servicios centrales, según algunas fuentes; otras consideran que se trata de un mero cambio jurídico y que podrían seguir trabajando en Barcelona. En el caso del Sabadell, cuenta con edificios con suficiente capacidad para albergar a todos estos empleados en Las Tablas (Madrid) y en Alicante (la antigua sede de la CAM). CaixaBank tiene más donde elegir debido a sus numerosas adquisiciones durante la crisis financiera: Sevilla, Valencia, Burgos, Pamplona... Aunque, curiosamente, no Madrid, donde no posee infraestructura suficiente.

Si hay independencia, corralito

En todo caso, ninguna de las dos entidades contempla la independencia como un escenario realista, puesto que confían en que antes de proclamarla, el Govern se eche atrás o bien que el Gobierno aplique el artículo 155 de la Constitución. Como ha venido informando El Confidencial, nadie en el mundo financiero concede posibilidades a la secesión por varias razones: la falta de una mayoría social que la respalde, la división en el bando soberanista y que, al no ser respaldada por Madrid, el nuevo Estado no tendría reconocimiento internacional y tendría que abandonar la UE y el euro.

Los inversores internacionales, preocupados por la inestabilidad ante el referéndum catalán

Ahora bien, si llegara a producirse la independencia, todo el mundo coincide en que habría un corralito en Cataluña, es decir, se bloquearían cuentas y depósitos y solo podría retirarse una pequeña cantidad al día. Esta decisión se tomaría para evitar una huida masiva de dinero y el hundimiento de la nueva divisa del nuevo Estado. Eso afectaría a todos los ciudadanos catalanes, independientemente de en qué entidad tengan el dinero, es decir, quedarían bloqueados los saldos en Sabadell y CaixaBank, y también en Santander, Bankia, BBVA, Bankinter... o Deutsche Bank.

Castigo a la banca, esté o no esté en Cataluña

En todo caso, como las incertidumbres son muy elevadas, los inversores castigaron con dureza a las entidades financieras en bolsa. Y no solo a las catalanas, puesto que existe la amenaza de que este conflicto derive en una recesión o en nuevas elecciones generales, escenarios que perjudicarían mucho a la economía y al sector. El banco de inversión KBW habla incluso de una posible crisis constitucional, por lo que concluye que la situación actual es negativa para todos los bancos españoles independientemente de su exposición a Cataluña. Así, Sabadell se desplomó un 4,53%, CaixaBank el 4,43%, Bankia el 3,33% y BBVA, el 2,37%.

 

Fuente: KBW.

No hay que perder de vista que el principal banco de Cataluña es el BBVA, gracias a las adquisiciones de CatalunyaCaixa y Unnim. Según datos de JP Morgan, BBVA tiene un 21% de cuota en la comunidad, CaixaBank un 17%, Santander es el tercero con un 15%, Sabadell alcanza el 14% y Bankinter, el 8%. Sin embargo, la situación es muy distinta en lo que respecta a cuánto se juega cada banco en Cataluña: ahí el que corre más peligro es Sabadell, ya que el 23% de su riesgo de crédito está en la región, seguido de cerca por CaixaBank con el 22%; muy por detrás están Bankia y Bankinter, mientras que BBVA solo tiene allí el 11% de su inversión y el Santander, el 5%.

Tengo el dinero en un banco catalán, ¿qué me puede pasar?

Si Cataluña se independiza, ¿mis ahorros estarán seguros en un banco catalán?

?Sí (Si cambian su domicilio a otra ciudad española). Las dos entidades importantes con sede en Cataluña, CaixaBank y Banco Sabadell, en el muy poco probable caso de la independencia, cambiarían su sede o crearían un 'holding' con sede en otra ciudad española para no salir de la zona euro, ya que son entidades supervisadas por el BCE y tienen muchas líneas de liquidez con el banco central. Por tanto, seguirían bajo el Fondo de Garantía de Depósitos español y el dinero estaría protegido exactamente igual que ahora.

¿Y si vivo en Cataluña?

En ese caso, su problema no es la garantía de los ahorros, sino que no podría sacarlos. Todos los expertos coinciden en que el nuevo Estado tendría que imponer un corralito para evitar una fuga masiva de fondos, lo cual congelaría las cuentas domiciliadas en su territorio y solo le permitiría sacar una pequeña cantidad al día, como en Chipre o Grecia. Y de esto no se librará cambiando el dinero a una entidad 'española', ni alemana... Se aplicará a todas las cuentas de Cataluña, estén en la entidad que estén. Pero ahí no acaba el peligro: sus ahorros serían redenominados a la nueva moneda de este país y, aunque el Govern haría todo lo posible por mantenerla pegada al euro, existen grandes posibilidades de una fuerte devaluación. Que se trasladaría al valor de sus ahorros. Estas son las consecuencias de la independencia que no se explican a la ciudadanía ante la ausencia de debate.

¿Qué pasa si lo que tengo es un préstamo?

Si no es ciudadano catalán, las cosas seguirán como ahora al igual que pasa con los depósitos: tendrá que seguir pagando las letras todos los meses y estas se adaptarán a las variaciones del euríbor. De nuevo, la cosa cambia si usted forma parte del nuevo país. Los créditos también se redenominarán a la nueva moneda, con lo que la devaluación en este caso le favorecerá porque reducirá el valor de su deuda. Ahora bien, el Banco Central de Catalunya (o como se llame) tendría que fijar unos tipos de interés presumiblemente elevados junto al corralito para sostener su divisa, lo que le obligaría a pagar más intereses por su préstamo y encarecería su letra.

¿Y si he metido el dinero en fondos de inversión o planes de pensiones?

?Rige la misma lógica. Si es usted del resto de España, no debe preocuparse, porque todo va a seguir como hasta ahora, aunque su entidad sea catalana. Si usted vive en Cataluña, este dinero se devaluará con la nueva moneda y le ocasionará pérdidas. Además, en teoría, parte de la deuda pública española en que está invertido su dinero pasaría a Cataluña (la parte que le corresponde), y lo normal sería que se comportara peor que la española, lo que supondría otra fuente de pérdidas. Pero esto es casi entrar en el territorio de la ciencia ficción.

Tengo acciones de un banco catalán, ¿estoy a salvo??

Este es el caso que más asusta tras lo ocurrido con el Banco Popular. Dado que todo seguiría igual para estas entidades, una hipotética independencia no tendría por qué perjudicar a sus accionistas más allá de las caídas en bolsa que estamos viendo y que pueden continuar en esta situación; pero ese es el riesgo de mercado que uno asume cuando invierte en renta variable. Y tanto CaixaBank como Sabadell tienen unos niveles de solvencia muy superiores a los del Popular.

¿Y podríamos ver otro caso como el del Popular?

A pesar de lo anterior, si por miedo irracional a la independencia, o por un boicot en el resto de España como reacción al desafío catalán, se produce una importante salida de depósitos, la cosa puede cambiar mucho. El precedente del Popular nos enseña que, cuando la desconfianza se adueña de una entidad, el dinero puede salir muy rápidamente. Y si eso llegara —en una situación extrema y absolutamente improbable— a provocar su inviabilidad, también sabemos por el Popular que los accionistas perderían todo su dinero. Otro escenario más fantástico todavía sería la posible nacionalización de los bancos en una hipotética República catalana de corte socialista. No obstante, los inversores no conceden de momento casi ninguna probabilidad a estos escenarios, como demuestra el hecho de que, aun con las últimas caídas, CaixaBank y Sabadell son los mejores valores del Ibex en 2017.

E. SEGOVIA - El Confidencial

Análisis: Puigdemont no encuentra dinero para su independencia

Miguel Alba

No será ésta una columna para hablar de lo que pudo haber sido y no fue. Nunca se quiso encauzar el río revuelto catalán. Ni desde Madrid ni tampoco desde Barcelona. Ambos tienen culpa de que parezca difícil el retorno. O al menos no se intuye en el corto plazo. En este fatídico 1-O hemos perdido todos. Los demócratas y los que tomaron este domingo las calles de Cataluña, alentados por el fanatismo de Carles Puigdemont, Artur Mas y cia, como escudos humanos de un acto ilegal. De una farsa en toda regla donde las urnas llegaban repletas de papeletas, un mismo votante se fotografiaba introduciendo el sobre en varias mesas diferentes o el censo no existía. Puro (y triste, sin duda) cachondeo. El fin justifica los medios, que escribiría Nicolás Maquiavelo. La independencia a cualquier precio. Por encima de todo. Incluso por encima de haber dejado las relaciones de la sociedad catalana como un solar durante décadas. Ayer muchas familias y amigos rompieron, como si fuesen novios, después de estar durante meses en silencio evitando hablar del ‘tema’.

Ayer no hubo referéndum. No sólo porque fuera un acto ilegal y sin garantías. Sino porque las calles de Cataluña, desde cualesquiera de Barcelona, hasta las estrechas y angostas de cualquier pueblo, destilaban odio, violencia, sangre, dolor y agresiones por ambos lados. Nada que ver con esa frase manida, pero desde ayer tan cierta, de que una convocatoria a las urnas es sinónimo de fiesta democrática. Imágenes que preocupan de otros países cuando se ven en cualquier telediario. Imágenes que horrorizan emanando de calles que son una parte de España. Pero imágenes, no nos olvidemos, forzadas por quienes asestaron un golpe de Estado en el Parlament -6 y 7 de septiembre pasados-, saltándose todo tipo de norma, incluso hasta órganos, como el Consejo de Garantías, inequívocamente surgidos desde el ámbito catalán. Las mismas normas que se saltará el Parlament en las próximas horas para declarar unilateralmente la independencia, según anunció Puigdemont en la noche del domingo. Un anuncio que no acompañó con ningún dato de la votación ilegal. Daba lo mismo. La piel del oso ya estaba cazada.

La unidad de España ha quedado amenazada y con una alarmante necesidad de liderazgos políticos que sepan recomponer el puzzle. El pegamento debe cimentarse en la Ley. Sin duda. Pero será necesaria también mucha política y debate. Incluso el retorno al Estado de ciertas competencias cedidas a las Comunidades Autónomas, como Educación o Seguridad, que se han convertido en moneda de adoctrinamiento y desunión. Desgraciadamente, en este curso hay 17 textos diferentes, uno por cada comunidad, de matemáticas para los niños de una misma edad. Cuando se politiza en las aulas hasta el 2+2 es que algo falla.

España no roba a Cataluña. El mantra es falso. Aunque los argumentos económicos a favor de la secesión han perdido peso frente a eslóganes estrictamente políticos, hay que reconocer el papel fundamental que han jugado durante los últimos años. El manifiesto fundacional de la Assemblea Nacional Catalana afirma sin rubor alguno que “el Estado no apoya a los habitantes de Cataluña y perjudica seriamente sus posibilidades de mantener o incrementar su nivel de vida y bienestar social que la capacidad productiva e intelectual del país permitiría, disminuyendo y limitando conscientemente las potencialidades de nuestro desarrollo económico y social”. Es la acusación más grave que puede hacerse contra un Estado: perjudicar deliberadamente a más de 7 millones de ciudadanos.

Los independentistas han empleado el eslogan “Espanya ens roba” para denunciar los 16.000 millones de impuestos, supuestamente detraídos a los catalanes por la perversa Administración Central: 44 millones de euros que el AVE se lleva de Sants a Atocha cada día. Estos sacos viajeros comparten con los llamados ‘països catalans’ –territorios cuya independencia de España y Francia reclaman ERC y CUP– una cualidad: la invisibilidad. Nadie los ha visto, salvo algún iluminado como el Sr. Salvadó, secretario de Hacienda del gobierno de la Generalitat hasta hace unos días, que afirmaba recientemente que la Agencia Tributaria Catalana reduciría la brecha deficitaria con la recuperación de “15.000 ó 16.000 millones de euros que corresponden al expolio fiscal”.

En contra de lo que afirman los independentistas, la verdad es que Cataluña empezó a despegar económicamente después de las reformas político-administrativas acometidas al finalizar la Guerra de Sucesión en 1714. La expansión manufacturera e industrial que convirtió Cataluña en “la fábrica de España” en los siglos XVIII y XIX fue posible gracias al acceso al mercado nacional, protegido con aranceles y otras barreras hasta 1986-1992. Como resultado de ello, el PIB per cápita de los catalanes creció sin pausa y superó en más del 50% la media española entre 1900 y 1960. Todavía en 2016, el PIB per cápita de los catalanes es el 19,27 % superior al de los españoles y el 23,0% mayor que el del resto de españoles. Y según Eurostat, es el 6 % superior a la media de de la UE en 2015. No está nada mal para tratarse de una economía que, según los dirigentes de la ANC y los líderes políticos independentistas, ha estado sometida al expolio sistemático del Estado español desde 1714.

Falso expolio que según la hoja de ruta de Puigdemont y cia. debe acabar en una República Independiente de Cataluña. Una declaración unilateral que el Govern esconde ante el mero cálculo personal de sus consecuencias. Tras los heridos en las calles del 1-O, el camino no tiene retorno para Puigdemont. Los que se han partido la cara por él ante Policía y Guardia Civil, cometiendo una ilegalidad, esperaban ahora el gesto de su Mesías. Que declare la llegada a su Ítaca. La independencia. Una firma que puede llevar a Puigdemont a la cárcel por desobedecer la Constitución. La declaración unilateral de independencia se efectuará desde el Parlament en las próximas horas. ¿Se atreverán a hacerlo?

Más allá de tener que responder por delitos de sedición y desobediencia, Puigdemont y su cohorte se enfrenta al mayor de sus problemas. ¿Cómo financiar su Ítaca independentista? En las últimas semanas, el área económica del Govern ha contactado con bancos de inversión para que intenten colocar deuda de la Generalitat ofreciendo hasta un 14% de interés. La respuesta de los inversores ha sido contundente. Cero demanda. Falta la pela. La encrucijada es enorme para un Puigdemont consciente de que será un suicidio declarar la independencia sabiendo que el bolsillo apenas tiene calderilla y mucha tela de araña con sus cuentas intervenidas por Hacienda.

Rajoy debe responder con contundencia al órdago. La distancia entre Cataluña y el resto de España es bidireccional. El 1-O ha sembrado de banderas españolas miles de ventanas y balcones en el resto de la piel de toro. Una cosecha sólo comparable al sentimiento creado por Iniesta y su gol ante Holanda en la final del Mundial de Suráfrica. Hay que coser por toda la geografía. La oferta de diálogo dibujada desde Moncloa debe ir en esa dirección. En rigor, no ha habido referéndum en Cataluña el 1-O. En verdad, el gobierno del PP lo ha perdido. En realidad, el Estado está en crisis. Toca remar todos juntos y asumir medidas duras, pero necesarias, como la aplicación del famoso artículo 155, para encauzar de nuevo las aguas y que España no se rompa.

Nada será igual después de este 1-O. La afirmación es pura obviedad. Pero, en ocasiones, lo obvio resulta ser lo más doloroso.

Fuente: Vozpopuli

El mayor riesgo para Cataluña: una diáspora silenciosa de empresas como en el País Vasco

Jorge Zuloaga

Desde hace semanas, el mundo empresarial y económico no tiene otro tema de conversación que no sea Cataluña. Los enfrentamientos, el posible uso artículo 155 y el temor a una declaración de independencia centran los temores. Pero el verdadero daño puede estar ya produciéndose al margen de la batalla política, con el cierre de pequeñas y medianas empresas y la amenaza de que lo hagan las grandes.

Este medio se ha puesto en contacto con empresarios vascos que relatan cómo se produjo en su territorio esta diáspora silenciosa y con banqueros que explican cómo está la situación en Cataluña.

Lo primero que remarcan es que el tejido empresarial catalán y vasco no tienen nada que ver, y lo mismo ocurre con las razones para hacer las maletas. En el País Vasco las empresas salieron por la amenaza terrorista para sus familias y sus intereses económicos, por la negativa de muchos a pagar el impuesto revolucionario. En Cataluña, añaden, la salida de empresas es por el temor a que gane la independencia y verse fuera del euro, con lo que ello implicaría.

Hubo constantes motivaciones para la fuga en el País Vasco, pero dos de los principales hitos fueron el asesinato del consejero de Banco Vizcaya y presidente de El Correo, Javier Ybarra, y la bomba en la sede de Banco Vizcaya. A pesar de la oposición frontal de un grupo de empresarios, como Luis Olarra, el negocio fue poco a poco marchándose. Y de forma silenciosa.

Impacto

"Lo teníamos medido al milímetro. Cada vez que había un pico de tensión grande, con un atentado o con una manifestación violenta, se cancelaban inversiones y caía el PIB", señala un importante empresario vasco que prefiere no figurar en el artículo. "Iberdrola y BBV [se fusionaron en 1988], entre otras muchas, dieron orden de ir moviendo departamentos y sedes a Madrid. Pero poco a poco, de forma silenciosa y sin que transcendiese en los medios de comunicación", añade otro empresario. Las sedes sociales de ambas compañías siguen en Bilbao, aunque los centros corporativos están en Madrid.

En Cataluña, la situación está aparentemente lejos de lo que pasó en el País Vasco, aunque todas las grandes empresas tienen planes de contingencia para mover su sede social si se complican las cosas. En el caso de los bancos, Banco Sabadell y CaixaBank, se tardaría horas en hacerlo, ya que es una decisión que sólo tiene que pasar por consejo de administración. "Gas Natural podría ser el Iberdrola vasco y Sabadell el BBVA. La duda está en si CaixaBank sería otro BBVA o un Kutxabank, porque tiene muchos intereses públicos en Cataluña", apunta uno de los empresarios consultados.

De momento, las últimas cifras oficiales reflejan como la creación de nuevas empresas en Cataluña se ralentiza a un ritmo muy superior a la media española. Mientras, en una comunidad limítrofe como Valencia están irrumpiendo nuevas compañías. Desde una territorial bancaria colindante con Cataluña señalan que "día a día nos llegan empresas catalanas que están trasladando negocio". "Algunas no cierran en Cataluña, sino que replican la estructura por si las moscas. Se están incluso comprando parcelas por si acaso", añaden.

Junto al mundo empresarial, también hay preocupación mayúscula entre los banqueros. El peor escenario, señala un consejero delegado de un banco de inversión, sería que la Generalitat anuncie que va a declarar la independencia, pero dentro de un tiempo, como ha ocurrido con el Brexit. "La incertidumbre es la peor noticia para los mercados. Se cancelarían muchas inversiones".

Al margen del origen diferente del conflicto, las fuentes consultadas señalan que también es distinta la actitud de los empresarios. Mientras que en el País Vasco el clima era de oposición, la mayor parte del tejido empresarial catalán (salvo casos como Revuelta y Bonet) la mayor parte ha optado por ponerse de perfil. Si sigue aumentando la tensión, las fuentes consultadas creen que tendrán que posicionarse. Al fin y al cabo son los que más se juegan.

Fuente: Vozpopuli