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El esperpento catalán. Iglesias y Colau, los aliados deseados por el soberanismo

Elespiadigital | Sábado 14 de octubre de 2017

Los 'comuns' liderados por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, son una de las piezas más preciadas del independentismo catalán para completar con éxito su proyecto político. Como se argumenta en los documentos secretos encontrados por la Guardia Civil en el domicilio de Josep María Jové, secretario general de Vicepresidencia, Economía y Hacienda de la Generalitat, “cada partido (independentista) no puede hacer por sí solo la independencia, pero la suma Puigdemont, Junqueras y Colau -o la confluencia de los espacios que representa- la hará inevitable”. Los comuns, que según calculan en estos mismos documentos, representan entre un 10 y un 15% del electorado, por lo que consideran imprescindible “comprometer a las fuerzas prorreferéndum”.

Desde hace varios meses, la estrategia, los tiempos y el argumentario de Podemos con respecto a la crisis con Cataluña está siendo marcado por los comuns. Un alineamiento que se viene produciendo desde que el líder de Podem en Cataluña, Albano Dante, desertó de la línea oficial del partido e incluso rechazó integrar a la marca catalana de Podemos en el nuevo sujeto político de los comuns, Catalunya en Comú, pero que se ha intensificado durante las últimas semanas, con dirigentes en Madrid que incluso remiten a “lo que diga Colau” cuando se les pregunta sobre los acontecimientos en Cataluña.

Paralelamente, el acercamiento de Iglesias y Colau a las posiciones defendidas por el 'president' Carles Puigdemont ha ido in crescendo, desde el acuerdo que ambos cerraron para facilitar la colocación de urnas y apertura de colegios electorales el 1-O. La alcaldesa acudió a votar (en la consulta del 9-N había hecho lo propio) y las cargas precipitaron su adhesión al paro convocado dos días después por la Taula per la Democràcia.

El posicionamiento favorable a las tesis de Puigdemont llegó a su clima este miércoles, tras su declaración en el Parlement. “Gracias Puigdemont por apostar claramente por el diálogo y la mediación. Ahora Mariano Rajoy y el resto de fuerzas políticas tienen que moverse”, afirmaba la alcaldesa en un tuit. Pablo Iglesias fijaba al mismo tiempo postura desde Madrid “agradeciendo la sensatez” del presidente de la Generalitat y exigiendo a Rajoy diálogo en lugar de atender “las voces extremistas de su partido o de su aliado naranja", en referencia a Ciudadanos, "y no nos lleve a un estado de excepción".

Lejos quedaban sus críticas al 1-O, que acabó apoyando como una “movilización”, del pasado mes de julio: “Si yo fuera catalán, no participaría en el referéndum del 1 de octubre”. Entre medias, el líder de Podemos, junto al portavoz de En Comú Podem, Xavier Domènech, mantuvieron una cena secreta con el 'vicepresident' Oriol Junqueras en casa del empresario de la comunicación Jaume Roures. En el encuentro, que reveló este diario, se pusieron sobre la mesa distintos escenarios de cambio, tanto en Madrid con en Cataluña, y se pactaron una serie de acuerdos que, según lo que trascendió, se limitaron a meros “cortejos”, pero que a la vista de las posiciones adoptadas posteriormente semejan más a una alianza de facto.

Tanto el PDeCAT como ERC se sumaron a la mesa de partidos impulsada por Unidos Podemos, y a la que también se adhirió el PNV, para reclamar diálogo entre el Gobierno y la Generalitat de cara a acordar un referéndum pactado. Una asamblea de parlamentarios con un guiño inequívoco al estar inspirada en la liderada por Francesc Cambó, de la Lliga Regionalista, en 1917, para hacer frente a la crisis del turnismo durante la Restauración.

Su primer encuentro se celebró en Zaragoza, una semana antes del 1-O y de ella salió una declaración conjunta. El segundo, ya en el Congreso de los Diputados, sirvió para lanzar una propuesta de mediación, abrazada por las formaciones independentistas, y rechazada por Rajoy. La alianza, al menos temporal y espoleada por la escalada del conflicto territorial, se consumaba. Iglesias evitó exigir a Puigdemont la retirada de la DUI, como condicionante previo para las negociaciones, hasta el pasado viernes. Colau, ya el lunes, realizaba una declaración institucional desde el Ayuntamiento en el que afirmaba que “los resultados del 1-O no pueden ser un aval para proclamar la independencia”, con la consiga de oponerse tanto a la DUI como al 155.

El plan diseñado milimétricamente por las formaciones independentistas prosigue que para asegurarse el apoyo de los comunes, a quienes también denominan “regeneracionistas fraternales”, es preciso apuntar en dos direcciones. La primera apunta a una “desconexión mínimamente lesiva para España”, además de “dar garantías” de que esta sea “tranquila y apoyada por una base social amplia”.

La segunda es “evidenciar la imposibilidad de regenerar de España”. Precisamente, este mismo miércoles Podemos daba por muerto el 'nuevo PSOE' de Pedro Sánchez y lo volvía a situar en la 'triple alianza' (junto a PP y Ciudadanos) por su apoyo al Gobierno en la aplicación del artículo 155 de la Constitución. "Ha terminado el PSOE de la plurinacionalidad, el PSOE de las primarias y, por desgracia, ha vuelto el PSOE de Susana Díaz", arremetía la portavoz en el Congreso, Irene Montero.

“Hemos de construir una base social muy sólida entre las personas que quieren un estado propio y los que muestran también deseo de cambio respecto de la situación actual”, incide el documento en poder de Jové, haciendo especial hincapié en las fuerzas “proreferéndum”. La estrategia pues, pasa por una oferta de suma a Podemos y los comuns, y a partir de ahí trar de negociar con el Estado”. Sin embargo, en caso de rechazo, como está aconteciendo, concluye el texto, “se producirá un conflicto que puede derivar en la creación de un estado propio”. Un escenario que dejaría en una difícil situación a los comuns, pero sobre todo a Podemos, pues su objetivo a medio plazo pasa por una reforma constitucional para construir un Estado plurinacional que incluya a Cataluña.

Fuente: El Confidencial 

Al final pagan los trabajadores, como siempre. Horas extra en las empresas catalanas para recuperar el sueldo perdido el día de la huelga general

Empresas y sindicatos están alcanzando fórmulas para minimizar el impacto económico de la huelga general del 3 de octubre en Cataluña, sobre todo en las pymes, comercio y hostelería. Además, se quiere limpiar cuanto antes la imagen que ha dado la comunidad en el extranjero. El primer mensaje: se está recuperando el trabajo perdido.

Según ha podido saber El Confidencial Digital por fuentes empresariales, las centrales sindicales están llegando a pactos con la dirección de algunas empresas con el objetivo de recuperar parte de esas horas que se dejaron de trabajar durante la jornada de la huelga general.

En buen número de pequeñas y medianas empresas catalanes se negociaron fórmulas diversas en los días previos y también posteriores al 3-O.

Una de las soluciones que se alcanzaron permite al trabajador compensar la ausencia en su puesto a través de días de vacaciones u otras fórmulas de exención del cumplimiento de la jornada, como la sustitución por otro día de trabajo.

Otra de las opciones que se ha planteado es alargar los turnos de trabajo, aproximadamente una hora más cada jornada, durante un periodo de tiempo pactado.

Hay compañías que están pactando también la permuta de esas ausencias utilizando los excedentes. Utilizan horas de las bolsas de trabajo para no pagar a aquellos empleados que, por exigencias de producción o de una cadena de montaje, hayan invertido en algún momento más tiempo del que contempla su jornada laboral.

La jornada fue seguida mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, comercios y hostelería fundamentalmente. Las grandes empresas, sin embargo, apenas secundaron el paro. CaixaBank, Banco Sabadell, las plantas de Nissan y de Seat no fueron masivamente a la huelga.

Cosa distinta, tal y cómo se contó este miércoles en ECD, es la oferta de algunas empresas próximas al independentismo de convertir en laborable este 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, para recuperar el trabajo perdido en la huelga general.

Una propuesta que ha recibido una fuerte contestación sindical y ha puesto en pie de guerra a buena parte de la masa laboral.

El coste de la huelga general

Los empresarios han venido advirtiendo que paralizar Cataluña vendría a costar, con datos de este ejercicio, unos 750 millones de euros diarios. Esa es la cantidad que deja de producirse o venderse como consecuencia de parar la actividad general en un día laboral, una vez descontados los fines de semana y los principales festivos.

Cuanto mayor éxito tiene una huelga general, mayor es el impacto económico de la medida. En el supuesto de paralización total vendría a significar los citados 750 millones diarios. En todo caso, se trata de un cálculo muy teórico porque suele ser muy complicado el seguimiento del efecto de este tipo de medidas.

En cualquier caso, los sindicatos y trabajadores han sido conscientes, al igual que en otras huelgas general que se han celebrado en España, del enorme daño que ha supuesto para la economía catalana el paro de la producción en pleno proceso de recuperación económica. Y se han puesto de acuerdo para minimizar esa cifra al máximo, pensando también en la imagen exterior de la región.

Análisis: El ridículo político catalán

José Luis González Quirós

Siento mucho decirlo, pero por encima de cualquier otra consideración, los acontecimientos políticos desarrollados en Cataluña son absolutamente ridículos, mucho más dignos de risa, y hasta de una cierta piedad, que de temor. No están exentos de riesgo, sin embargo, el mismo que sentiríamos en otras situaciones surrealistas, por ejemplo, al ver borracho al piloto de nuestro avión, o al observar que el cirujano que se nos acerca es una especie de patán sin bata que blande una navaja barbera. En ambos casos saldríamos corriendo, de poder, pero de lo de Cataluña no se puede.

El primer riesgo que corremos todos con el esperpento catalán es que el gobierno de España, con o sin compañía de otros, se apreste a prolongar el enredo

El primer riesgo que corremos todos con el esperpento catalán es que el gobierno de España, con o sin compañía de otros, se apreste a prolongar el enredo. Es descorazonador, por ejemplo, que Rajoy haya creído oportuno preguntar a Puigdemont sobre el significado del sainete, debe ser el único español que no se ha dado cuenta de que los separatistas quieren romper la unidad de España y, aunque no saben ni pueden hacerlo, hacen todo lo posible porque lo parezca mientras confían en que un Estado medio bobalicón se pare a preguntar si son galgos o podencos. La proporcionalidad que Rajoy se figura como regla no sirve para legitimar ninguna respuesta delirante, por más que lo sea el desafío. Si nuestro Gobierno se apresta a continuar el ridículo catalán con un comportamiento equívoco, timorato y huidizo, estaremos muy cerca de poder sentirnos perdidos. La farsa acabaría por ser el origen de una tragedia verdadera. Esperemos que no sea así, lo sabremos muy pronto.

Independentistas sin fronteras

Entre la numerosa sarta de sandeces que han proferido los diputados levantiscos, destaca por méritos propios la de la revolucionaria Anna Gabriel afirmando que los de la CUP son “independentistas sin fronteras”. Como la frasecita carece de cualquier atisbo de ironía no hay otro remedio que tomarla como seña cierta de infantilismo, como garantía de que se ha perdido cualquier clase de nexo lógico entre lo que se dice y aquello de lo que se supone se está hablando. Lo de Puigdemont suspendiendo una declaración que ni él podría hacer ni, seguramente, está del todo cierto de haber intentado hacerla, pertenece al mismo género de fantasía política en un universo mágico. La firma de una declaración tan pretenciosa como inane en un salón aparte y en un papel sin membrete forma ya parte de la historia universal de la tontuna política, pero también de la cobardía universal, ese comportamiento que busca la revolución, pero guarda las formas para seguir cobrando las dietas de las que vive toda esta patulea de incompetentes y ridículos personajillos.

España nos pega

Los supremacistas catalanes están tan absortos de mirarse continuamente el ombligo, muy distinto al español, por si no lo saben, que no han caído en la cuenta de que en cuanto se ha disipado el impacto emocional de esas imágenes, completamente falseadas, con las que quisieron mostrar al mundo la estampa de una España negra, al minuto siguiente, la gente con dos dedos de frente se preguntaba dónde están los partes médicos de tantos heridos, que se hizo de las secuelas de la barbarie supuestamente sufrida. Se trata de una de las estrategias de comunicación que más daño han hecho a su vana pretensión de presentarse como víctimas.

El mismísimo Rufián, muy experto en la sal gorda, no pudo mostrar, en la reciente sesión del Congreso, sino dos únicas fotos, seguramente falsas, de los daños personales infligidos en el día del fallido referéndum. Pero una cohorte de plañideras continúa tratando de explotar ese venero de nimiedades como si se tratase de un genocidio, porque el mandato de no exagerar no forma parte de la retórica nacionalista. Miles gloriosus en plan víctima, los supremacistas catalanes han hecho un pan como unas tortas publicitando la supuesta barbarie española. Más de uno habrá sentido el latigazo del fracaso al enterarse de que una revista tan escasamente convencional como la francesa Charlie Hebdo ha decidido ponerlos como ejemplo universal de gilipollez, todo un récord.

La presunta genialidad de su estrategia

Todo el acierto del llamado procés se reduce a una supuesta virtud ajena, a la casi infinita tolerancia de la que ha hecho gala el régimen del 78 con uno de sus fundadores, a la indefinida concesión de crédito, más allá de lo razonable, con la que se ha respondido a las muestras evidentes de deslealtad que los políticos supremacistas han ido dando, desde desobedecer las sentencias de los tribunales hasta las ofensas más dolorosas a nuestros símbolos e instituciones. Es evidente que piensan que España es una mierda y que como tal puede tratarse, y la evidencia de esa deslealtad y la mezcla de trapacerías y chulería de que han hecho gala ha llegado a producir estragos en la habitual indiferencia de los españoles. Mientras sus jugarretas se han limitado al circo político han obtenido el aval de la mala fama general con la que la mayoría de ciudadanos califica a nuestros políticos. Ahora, sin embargo, han dado un paso más, y eso ha movido a la gente a salir a la calle, a sacar la bandera, a ostentar sin vergüenza alguna su españolidad.

No saben bien en qué berenjenal se han metido. Seguro que ahora confían en que la gente vuelva a sus casas y en rehacer los puentes confidenciales con políticos dialogantes, con esa especie de personajes que, hasta ahora, no han mostrado ningún problema en recibir patadas en el culo, aunque, naturalmente, las hayan recibido en las posaderas de los ciudadanos normales, esos que no pueden estudiar en español o no pueden operar de amigdalitis sin tener el certificado de competencia lingüística que dan los de la estelada. No son unos genios de la estrategia y de la comunicación, son unos abusones y está claro que han sobrepasado largamente el nivel tolerable del hartazgo común, algo que no tiene ninguna clase de marcha atrás.

Aviso a navegantes

Rajoy y Sánchez, Sánchez y Rajoy, pueden preferir que les caiga la techumbre del sistema sobre sus cabezas antes que ser tomados por lo que, desde luego, no son. Pero ojo, porque ni Iglesias representa a los cinco millones de los que presume, ni nadie les ha dado a los otros dos tenores un certificado de idoneidad sin fecha de caducidad. Pueden hablar de nación de naciones, o de cualquier otra mojiganga, pueden dar a entender que la Constitución es suya y que la pueden modificar a placer para quedar bien con sus amigos de la otra orilla del Ebro, pero la opinión de los ciudadanos está empezando a expresarse muy al margen de sus consignas y en ninguna parte está escrito que sea verdad que los españoles lo somos por no poder ser otra cosa. Si quieren ser catalanes como Rufián, seguro que les reciben con los brazos abiertos en el lodazal, pero la nación, los españoles que la formamos, se ha despertado y me malicio que no está dispuesta a cualquier concesión para que algunos catalanes puedan seguir insultando a nuestros guardias civiles, a nuestros policías, a nuestro rey y nuestra bandera. Ya sabemos que es a nosotros a quienes insultan y no nos vamos a quedar entre estupefactos y llorosos si persisten en humillar el orgullo colectivo. Si Rajoy y Sánchez quieren seguir representándonos harán bien en tomar nota de que ya nada es lo que parecía ser, y que este proceso, contra el abuso y el ridículo, no ha hecho más que empezar.

Fuente: Vozpopuli