Geoestrategia

El referéndum de Kurdistán: ¿derecho o inestabilidad?

Rodrigo | Martes 31 de octubre de 2017

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Los kurdos iraquíes han acudido recientemente (25/9/2017) a las urnas para otorgar el sí a la independencia, un acto histórico que reivindica su derecho a tener un Estado, deseo que persiguen desde el siglo pasado y que aumentó con la invasión norteamericana de Irak (2003).

Jad El Khannoussi.



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Jad El Khannoussi.

 Los kurdos iraquíes han acudido recientemente (25/9/2017) a las urnas para otorgar el sí a la independencia, un acto histórico que reivindica su derecho a tener un Estado, deseo que persiguen desde el siglo pasado y que aumentó con la invasión norteamericana de Irak (2003). Las peticiones soberanistas de este pueblo comenzaron tras la derrota del imperio otomano-de quienes los kurdos eran uno de sus pilares básicos- en la Primera Guerra Mundial(1918). Los vencedores de aquella contienda bélica, los aliados, se comprometieron a la creación de un Estado kurdo, según exponen en el Tratado de Sévres (1920). No obstante, el descubrimiento de reservas de petróleo en la región, añadido a los intereses compartidos con la naciente Turquía de Ataturk, provocó la marcha atrás en sus pretensiones y la firma del Tratado de Lausana(1923). De esta manera tan solapada se daba la espalda a una histórica nación, que durante todo el siglo XX representó a Oriente Medio, la mayor diversidad étnica a escala global y el punto más álgido de las identidades asesinadas (como evocaba Nabil Maalouf en su obra del mismo título).Hablamos de un pueblo sin Estado, formado por alrededor de 40 millones de seres humanos, repartidos por cinco países, de los cuales la amplia mayoría se localizan en Turquía (más de 15 millones), Irán (7 millones), Irak (5 millones), etc. Toda una carta de paz, o de guerra, en manos de las fuerzas exteriores. No obstante, la situación en la actualidad difiere mucho de épocas anteriores. Hoy los kurdos se han convertido en una pieza clave de la denominada “guerra contra el terror” y, al mismo tiempo, en punta de lanza del nuevo trazado cartográfico de la región, que ha cumplido su primer centenario desde aquel reparto colonial de Saykes-Picot (1916).Llegados a este punto, muchos se preguntan el motivo del actual referéndum, sobre todo en la región kurda de Irak. Precisamente, este país le otorgó su anterior  presidente  Saddam Hussein, una amplia autonomía política, económica y social. No en vano, Erbil, la capital de Kurdistán-Iraq, obtiene el 17% del PBI del país (transporta 600 mil barriles de petróleo al día), e incluso, el ejército iraquí no puede acceder a estos territorios sin el permiso de los Bachmarka (fuerzas kurdas). Los procesos de independencia suelen estar fuertemente condicionados por los sentimientos, ahora bien, tras ellos se ocultan además intereses personales, internos, y estrategias externas. Al-Barazani, actual presidente de la región, encarna todo este entramado a la perfección: perdió toda su legitimidad, representa la enorme corrupción que sacude a la provincia, y está presionado por las fuerzas exteriores.

El referéndum, poco analizado en cuanto al tiempo o a sus dimensiones políticas, fue objeto de multitud de quejas y críticas, tanto por parte del gobierno iraquí como de los países de su entorno geográfico, en especial Turquía e Irán, dos países que lo consideran una grave amenaza para su seguridad nacional. A pesar de ello, la insistencia del gobierno kurdo obligó a llevarlo a la práctica, poniendo en cuestión no sólo la unidad de Irak o el convenio social firmado entre los componentes de la sociedad ?incluido los mismos kurdos?, sino también la inestabilidad de toda la región, en especial estos dos países, pues Irak no vive un vacío interior, aislado de sus vecinos más próximos. Yla crisis kurda es una cuestión que traspasa fronteras, debido a la presencia del elemento kurdo en otros países, tal como ya hemos analizado. Por tanto, es muy probable que se vaya a encender de nuevo  la mecha de la guerra en una región que, al parecer, se ha convertido en un terreno altamente inflamable. Un nuevo conflicto bélico, otro más, en el que volverán a salir derrotados los árabes y los kurdos.

En efecto, dicho acontecimiento aceleró el acercamiento entre Anqara y Teherán. Dos países, Turquía e Irán, a los que la nueva realidad geopolítica les obliga a un entendimiento, a pesar de las profundas diferencias que los separan, en especial, las referidas al asunto sirio. Esto no quiere decir que antes no hubiera ninguna aproximación entre ellos, pues en los momentos de mayor asedio al país persa, Turquía fue uno de sus pocos balones de oxígeno. Además, practicaron un intercambio comercial que crecía cada vez más, y en la actualidad ronda los  3.000 millones de dólares. Por tanto, estamos hablando de una alianza con intereses mutuos. Por un lado, el tema kurdo, un problema sin visos de resolución, que agotó políticamente a los distintos gobiernos de Ankara, y que durante más de siete décadas hemos presenciado continuos enfrentamientos entre el ejército otomano y las fuerzas del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán). Y por el  otro, Irán, que hasta hace muy poco sintonizaba con las directrices divisorias trazadas desde el exterior. Un país donde el 70% de su población no son persas, formado por un complejo de diversas minorías, entre ellas la kurda, cuyos miembros viven marginados y excluidos de sus derechos más elementales. Un porcentaje muy elevado intentaba desestabilizar el asunto desde el interior, conociendo que los mayores festejos a favor del referéndum surgieron en las regiones kurdas de Irán. Este acercamiento, además de motivar a los países a trazar nuevas estrategias y cooperaciones, les aproximará aún más a la órbita de la asociación de Shangai, especialmente después del giro que efectuó Turquía a su política exterior, a raíz del último intento de golpe militar (20016) y el enorme apoyo, militar y económico, prestado por Trump a los kurdos. No olvidemos que la delegación del referéndum reunida en Erbil se llevó a cabo en presencia de dos embajadores norteamericanos.  Nadie duda del apoyo de Washington a este asunto. El acercamiento entre Teherán y Ankara facilitará que el lenguaje de confrontación que empezaba a exhibirse, y con el que muchos definen el escenario político de la región (una guerra declarada entre suníes y chiíes por ser ambos países los principales responsables del islam), se pueda retirar temporalmente a sus cuarteles de invierno, sobre todo después de que Arabia y otros países árabes hayan perdido toda clase de legitimidad. Precisamente son estos últimos quienes aspiran, por medio del nuevo Estado kurdo, a limitar el ascenso de Turquía e Irán en la región.

Israel aparece como el gran beneficiado en todo este entramado de múltiples  intereses. Por ello, no resulta extraño que Netanyahu haga saber que la independencia de Kurdistán será una gloria geoestratégica para Te Aviv (un deseo obvio, pues el 75% del petróleo de esta región se va a Israel, además de los 200 mil colonos).  Además, sintoniza con las estrategias planeadas en su día por Ben Gurion, el “Asedio Tercero”  y “El plan Yinon” de Oded Yinon,a través de los cuales Israel no sólo intenta debilitar a los principales países árabes, entre ellos Irak, sino también facilitar su posterior expansión, poniendo así fin a su aislamiento en la región, puesto que sólo puede sobrevivir allí inscrito en un mosaico de pequeños Estados. Al mismo tiempo, el nuevo proyecto de Estado sería una base eficaz en caso de que estallara una guerra contra Turquía o Irán. La situación también favorece a Estados Unidos, pues impide tanto a Irán y Turquía en su contacto directo con el mundo árabe, así como a Rusia y China, su salida al Mediterráneo.

La situación empieza a adquirir dimensiones preocupantes, sobre todo en Karkuk, centro económico fundamental que importa 300 mil barriles de petróleo al día. Una región esencial para el Estado iraquí y que Kurdistán aspira a incluir en su territorio, proyecto que jamás admitirían Irán y Turquía. Esta última, sin ir más lejos, ya ha dado luz verde a sus militares para intervenir, sabiendo que el país otomano dispone de acuerdos  (1926 y 1982) con Irak para defender a la amplia mayoría turcófona que vive en la región. Del mismo modo operan Irán y el ejército iraquí, pues no debemos olvidar los 3.000 militares norteamericanos instalados allí y el acusado renacimiento del ISISen esa zona. Una trágica situación que está derivando en interminables procesos de limpieza demográfica.

En definitiva, esperemos que los kurdos  -tienen derecho a su país- no sean de nuevo unas simples piezas, sacrificadas en el ajedrez político internacional. Su independencia, caso de que llegara a consumarse, significaría un drama para el mismo país, es decir, que sería un Estado fallido, semejante al Sur de Sudán. Kurdistán permanece rodeado por un cerco hostil, asediado por tres naciones: Irak, Turquía e Irán. Precisamente, el 85% del petróleo de la región circula por el puerto turco de Ceyhan, y el resto por Irak e Irán. Desde el punto de vista geográfico, el país kurdo no tendría salida al mar. Además, todas las fuerzas regionales no tolerarían sus pretensiones por Karkuk, pero sin esta región la población kurda moriría del hambre, ante la más que segura fuga de las inversiones económicas en caso de alcanzar su independencia (casi todos los capitales proceden de Turquía e Irán), y por supuesto, el cese del dinero de Bagdad. Limitarse sólo a las ayudas externas sería una política económica suicida. En esta tesitura, lo más urgente y sensato es promover un diálogo social, alejado de toda clase de fanatismos, entre todos los componentes de la región y no sólo de Irak, e intentar solucionar los problemas por una vía pacífica. Todos los pueblos han convivido desde hace siglos, y lo siguen haciendo, sólo que fueron víctimas de aquel dramático cambio que sufrió la humanidad en el tránsito de los siglos XVIII y XIX, y la aparición de los nacionalismos, que tanto afectó a todos los lugares del mundo y tantas desgracias humanas generó: guerras, divisiones internas, conflictos, genocidios…. El término “autodeterminación” resulta ahora muy recurrente, pero la convivencia entre ellos se remonta a tiempos muy lejanos. Y situar en su horizonte la meta de la independencia hundiría aún más a la región. La ignorancia continuada de sus derechos como ciudadanos y de otras tantas minorías en los Estados árabes (todavía no se han constituido como Estados en el sentido moderno de la palabra), que en su amplia mayoría se asientan sobre gobiernos militares o cabileños, suponen su mayor desgracia, por más que la oculten bajo el velo de la amenaza de Israel, que por otro lado ni ellos mismos se creen. La independencia de Kurdistán implicaría la caída conjunta de Oriente, y sus consecuencias afectarían al resto del planeta. Llegados a este punto, surge una gran pregunta: cómo abandonar esa nociva manera tradicional de pensar, ese panarabismo, que se ha convertido en una identidad fascista. Porque un ideal factible sería crear un Estado pluralista, transmoderno, que pudiera acoge a todos sus ciudadanos en igualdad de condiciones. El mejor ejemplo lo hallamos en India, una nación que acoge en su interior a más de mil minorías en un Estado democrático. Y no sólo su ejemplo de convivencia, la India muestra también su prolífica actividad al resto del mundo con invenciones científicas, desarrollo económico, etc. Porque, al fin y al cabo, todos forman parte de la cultura islámica.

*Analista de Geopolítica 

Jad El Khannoussi.