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Ridículo mundial. El esperpento del separatismo catalán se supera a sí mismo con Puigdemont montando un circo en Bruselas

Elespiadigital | Martes 31 de octubre de 2017

“Botarate, patético, penoso, valleinclanesco”. Son algunos de los epítetos que dirigentes del PP, del PSOE y de Ciudadanos le han dedicado al ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont por su huida a Bruselas y por la conferencia que ha ofrecido esta mañana en la capital belga en la que ha asegurado que no pedirá asilo, que no volverá a Catalunya hasta que no tenga garantías procesales y que reconoce las elecciones del 21 de diciembre,convocadas el viernes por Mariano Rajoy.

Además, los partidos del bloque constitucionalista han acusado a Puigdemont de “hacer el ridículo mundial”. “Puigdemont no solo es ridículo, sino que es patético, esperpéntico, penoso y se ha convertido en un personaje de Valle-Inclán”, ha asegurado el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Casado, esta mañana en Zaragoza tras escuchar el discurso del ex president.

Casado ha dicho que en España se cumplen todas las garantías democráticas y que todo el mundo debe someterse a la ley y a la justicia. “Puigdemont ya no es ya presidente de la Generalitat. ni en Barcelona, ni en Bélgica, ni en Australia”, ha insistido tras reprochar al ex president que trate de llevar su conflicto al resto de Europa, porque va a recibir la misma respuesta, un “portazo sonoro”, informa Efe.

En términos no menos duros se ha expresado el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, quien ha acusado a Puigdemont de “botarate”. “ Los movimientos” del ex jefe del Govern ya no solo resultan fruto de una ópera bufa, resultan peripatéticos”, ha añadido Hernando. Además, el portavoz popular ha ironizado sobre el hecho de que Puigdemont se haya refugiado en Bruselas: “Hasta ahora no ha actuado con mucha valentía”, ha sentenciado.

Sobre el hecho de que Puigdemont haya afirmado que respeta las elecciones del 21 de diciembre, Hernando ha señalado que fue el ex president quien no respetó en su momento el valor de las urnas, ya que los independentistas no tuvieron mayoría de votos, y siguieron adelante con su “proyecto de destrucción, basado en el odio y el fanatismo”.

Así fue recibido Puigdemont en Bruselas

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Por parte del PSOE ha sido el Gobierno andaluz quien se ha encargado de reaccionar a la rueda de prensa de Puigdemont. Juan Carlos Blanco, portavoz del Ejecutivo de Susana Díaz, ha pedido al ex mandatario catalán que “deje de hacer, de una vez, el ridículo mundial”, tras afirmar que lo que está haciendo en Bruselas es “de vergüenza ajena”.

“Lo que está pasando en Cataluña es como un serial por entregas donde cada día encontramos un hecho, por parte de Puigdemont, más alocado y disparatado”, ha añadido Blanco. El portavoz de la Junta andaluza ha concluido que “todo lo que ha pasado con esa aventura separatista que algunos querían describir como heroica y épica se ha convertido en algo simplemente bochornoso”.

Y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ha recurrido también a la ironía; “De Cataluña se han fugado capitales, depósitos y empresas y ahora se fuga Puigdemont; hay que poner fin a esta locura en las urnas”, ha asegurado. Rivera ha recordado también al ex president que “se le persigue por infringir el Código Penal y cometer presuntos delitos de rebelión y de sedición, y no por ser independentista”.

La huida de Puigdemont lleva el caos al PDeCAT y agrava la guerra con Junqueras

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont se fue a Bruselas a espaldas del líder de ERC, Oriol Junqueras, y también del grueso de su propio partido, según explican fuentes de ambas formaciones políticas. La marcha de Puigdemont a Bélgica demuestra dos cosas: el desconcierto en que vive el independentismo y la profunda fragmentación del movimiento. Ni ERC ni PDeCAT avalaban este movimiento, ya que ambos partidos habían decidido presentarse a las elecciones del 21-D pero Puigdemont ha sorprendido con su viaje a propios y extraños.

Todo apunta a que Carles Puigdemont le ha devuelto a Junqueras la traición del pasado jueves, cuando ERC le dejó tirado, le acusó de traidor y cerraron la vía del pacto que proponía el lehendakari Iñigo Urkullu. Así, el expresident se ha llevado para acompañarle en este arranque de su exilio a tres consellers de ERC: Dolors Bassa (Treball), Toni Comín (Salut) y Meritxell Serret (Agricultura). Además, también le acompañan dos pesos pesados del PDeCAT: Meritxell Borràs (Governació) y Joaquim Forn (Interior).

Fuentes de ambos partidos confirman que Puigdemont y Junqueras no se hablan desde el viernes, día en que se declaró la independencia y en cuyo acto en las escalinatas estuvieron uno junto al otro pero no se dirigieron la palabra en público.

Junqueras, en una entrevista con TV3, eludió dar apoyo a la jugada europea de Puigdemont. Sólo apuntó que “en Bruselas se puede hacer mucho trabajo pero nosotros lo haremos aquí”. Y añadió: “No me corresponde a mí explicarme por el presidente”. Demasiada parquedad para tener medio ex Govern en el extranjero.

La marcha de Puigdemont sorprendió a Junqueras, pero no sólo al presidente de ERC. También pilló por sorpresa a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y a los miembros de la Mesa. Todos ellos están encausados por la querella de la Fiscalía. Pero tras la marcha de Puigdemont, el Fiscal puede alegar riesgo de fuga, lo que implicaría prisión preventiva. De modo que Puigdemont ha empeorado con esta jugada la posición procesal de todos sus compañeros de viaje soberanista.

Por tanto, el independentismo se encuentra mucho más fragmentado de lo que parecía. No sólo el PDeCAT está al borde de la ruptura. También en ERC hay fuertes disensiones como muestran la presencia en Bruselas de consellers de esta formación que no informaron a Junqueras de su viaje. La posibilidad de hacer una coalición electoral antes de nueve días, como ahora quiere Junqueras, se vuelve algo mucho más difícil.

Puigdemont va por libre

El incipiente exilio de Carles Puigdemont en Bélgica ha servido para que el PDeCAT ya tenga programa. Ayer no lo tenía. Cuando se filtró que Puigdemont estaba en Bruselas, el partido no sabía nada. Y tampoco tenían programa electoral para el 21-D. A lo largo del día había que adaptarse. Y así lo hicieron, el nuevo mantra: hay que ganar las elecciones para que Puigdemont vuelva a Cataluña. Una improvisación sobre la marcha que les ha servido para hacer de una crisis una oportunidad. Pero el problema de fondo sigue siendo el mismo: cuando Puigdemont estaba en Palau iba por libre. Ahora que han cesado al ya expresidente, esa tendencia se ha agudizado.

Una prueba de ello es que Puigdemont decidió irse a Bélgica el mismo día que su partido anunciaba de manera oficial que se presentaba a las elecciones del 21-D. Acudir a esta convocatoria ya resultaba problemático para el partido que coordina Marta Pascal. Lo coherente después de haber declarado la independencia hubiera sido evitar concurrir en unos comicios que se han convocado al amparo del artículo 155 de la Constitución. Pero no. Se decidió que había que defender las instituciones y presentarse pese a la suspensión de la autonomía.

Sin embargo, esto resultaba demasiado sencillo para la política catalana. Y Puigdemont le añadió ese rizar el rizo que tanto gusta a los impulsores del “procés”. Al iniciar movimientos para solicitar el asilo político en Bélgica, el partido tenía un daño añadido: presentar un candidato a presidente de la Generalitat debilita la posición de supuesto exiliado político de Puigdemont. Y no presentarse a los comicios supone un suicidio político.

División en el independentismo

La marcha del independentismo ha dividido a sus millones de seguidores. Para unos, Puigdemont cumple con su obligación al internacionalizar el conflicto. Para otros, en cambio, el viaje de Puigdemont supone una huida y dejar tirados a otros compañeros de viaje como Carme Forcadell, el exmayor Josep Lluís Trapero o los encarcelados Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. Es decir, para este bloque de independentistas, Puigdemont habría preferido priorizar la estrategia legal para eludir sus responsabilidades penales que las necesidades de su partido o las del resto del soberanismo.

En lo que coinciden todas las fuentes consultadas es que igual que no había ningún plan tras declarar la independencia, tampoco el viaje a Bruselas responde a una planificación previa. Improvisación sobre improvisación. Entre los antiguos miembros del propio Govern muchos piensan que la actitud de Puigdemont no solo perjudica a España sino que también daña, y mucho, la imagen exterior de Cataluña. Algunos tertulianos de TV3 hablaban ayer de “república gaseosa”. Todos, ellos también, sumidos en la confusión.

Fuente: El Confidencial

Huyen como ratas

Raúl Del Pozo

Por la Castilla infinita vuelan las grullas y traen la lluvia en las alas. Se lo digo a un ex minstro y él comenta: "Mientras, los independentistas están huyendo como ratas". ¿Es que no recuerdas -le respondo- a Josep Dencás, conseller en cap de Companys que huyó del palacio de la Generalitat por las alcantarillas? Se habla bien, bajo el cielo de las grullas, de Rajoy. Ahora va a resultar que Mariano es un monstruo de la sagacidad y de la razón de Estado. "Este gallego que nos rompe los nervios no cree en nada, extermina a los enemigos, pero es un político inteligentísimo rodeado de idiotas a los que desprecia y engaña. Lo de Cataluña no puede terminar bien, pero Rajoy evitará la catástrofe". Me lo dice un juez mítico, maestro de juristas.

Una catalana en Madrid, que ha seguido el procés, entre coacciones irresistibles, reconoce que con la convocatoria del 21-D , Rajoy arrebata los titulares a la república catalana. Ni siquiera Eslovenia ha reconocido la gran cagada. "El 155 de 54 días deja sin argumentos a los independentistas, que ahora tendrán que abjurar de la república exprés para ir a una elecciones autonómicas a secas". Una suspensión de seis meses era el escenario soñado por los independentistas, que más divididos que nunca, podían idear un motín retórico de la opresión española. Me informan de que el gran sacrificado va a ser Albiol. "Pero ¿ a quién le importa perder un peón cojo?".

La huida de Puigdemont pasará a la historia de la infamia. Le acompañaban Forn, Borrás, Bassa, Comín y Serret. Fueron todos en coche hasta Marsella y de ahí en avión a Bruselas. Iban seguidos por dos agentes del CNI.

En un otoño catalán sin revellons ni setas de los mocos, ni amanitas de los césares nos vamos a divertir. El mar avanza hacia el Palau. Han maullado los gatos alrededor del caldero de las brujas de Halloween. Con sus calabazas han sobrevolado sobre Puigdemont, avisándole que el traje le estaba demasiado grande y nunca será rey. Ha sido fiel a la tradición: ha repetido la función de cobardía e incompetencia de las cinco veces anteriores. Se ha refugiado en la covacha de la peor derecha europea. Sigue la bandera de España en el palacio de la Generalitat. Mariano ha ordenado que no se note el desembarco. Hay que sofocar la rebelión con suavidad. Como escribía otro gallego, Camba, los separatistas con su estilo tartarinesco distraen al pueblo con sus anhelos subversivos. "Pero la revolución no se hará ni mañana, ni pasado mañana, habrá que buscar otras emociones".

Fuente: El Mundo

Puigdemont el fugitivo: su grotesca huida en coche y avión con pasaporte español

Daniel Basteiro

Primer día laborable de la República catalana. Carles Puigdemont mira al cielo desde su cuenta en Instagram, donde da los buenos días con una imagen tomada en el Palau de la Generalitat. Algunos comentaristas respiran aliviados en los programas de matutinos de radio y televisión. El president está en su despacho. El exconseller de Territorio y Sostenibilidad, Josep Rull, también acude al suyo con un diario del día. Son las 9:15 y está en su despacho, con las fotos de sus seres queridos, como publica en Twitter. El sueño vive. La lucha sigue.

La foto de Puigdemont no es del día. Es mentira que esté en su despacho, pero el expresident ha querido deslizarlo mientras viaja en coche a Marsella. En realidad, está de camino de Bruselas tras pasarse un fin de semana en Girona, haciéndose fotos con vecinos, disfrutando de la hostelería local y las fiestas de Sant Narcís. En Marsella toma un vuelo por la mañana a la capital de Bélgica y de las instituciones comunitarias. Le acompañan cinco exconsellers: Joaquim Forn, Meritxell Borràs, Toni Comín, Dolors Bassa y Meritxell Serret.

¿A qué va? ¿Por qué? Pero, sobre todo, ¿de qué huye el presidente del nuevo país? Todo son especulaciones menos de 72 horas después de la proclamación de la República catalana por la mayoría de los diputados del Parlament, en voto secreto. La Fiscalía anuncia una querella, pero nadie ha ordenado la detención del expresident. Ni siquiera ha sido citado a declarar.

En Cataluña, la República baja los brazos

La huida de Puigdemont a Bruselas podría ser el argumento de una novela o una serie de televisión de no ser porque en Cataluña no dejaban de suceder cosas. La expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, daba por disuelto el Parlament, asumiendo el 155. La bandera de España seguía ondeando en el Palau de la Generalitat. Los Mossos d'Esquadra respondían milimétricamente a las órdenes de su nuevo jefe, el hasta ahora número dos, que se reunió con el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido.

El exconseller Rull apenas estaba una hora en su despacho, según algunas fuentes para recoger sus efectos personales. Además de él, sólo Oriol Junqueras acudía a su oficina. Ni un tiro del Estado represor. Normalidad en las calles pese a que el diputado de Junts pel Sí Lluis Lach considera que Puigdemont es un president "exiliado".

Los partidos independentistas aceptan el 155

Aún más importante: el partido de Puigdemont asumía la normalidad constitucional al aceptar las elecciones convocadas por Mariano Rajoy: "Nos veremos en las urnas", decía la coordinadora general, Marta Pascal. En el mismo sentido se pronunciaba el portavoz de ERC mientras la de la CUP anunciaba una consulta a las bases. Con el Parlament disuelto, el Gobierno cesado y todos asumiendo en la práctica las medidas del 155, la Declaración Unilateral de Independencia quedaba desactivada. Duró un fin de semana en la realidad, aunque en la retórica los consellers, ya sin escolta, no se diesen por cesados.

Poco o nada de eso importaba, ya que el expresident estaba en Bruselas con cinco exconsellers. La posibilidad, remota pero existente, de que Bélgica pudiese garantizarle un asilo que Puigdemont no había anunciado que había pedido, centraba todos los informativos en Cataluña. ¡Un conflicto europeo entre dos Estados en ciernes!

Sin embargo, en Bruselas todos le cerraban la puerta a Puigdemont. El presidente nacionalista de Flandes rechazaba reunirse con él. En diversas sedes de partidos se advertía de que no había sido invitado. A última hora de la noche, sólo un abogado que había defendido a presos de ETA confirmaba a EL ESPAÑOL una noticia del expresident. El letrado, Paul Bekaert, se sumaba a su defensa. Sin más confirmaciones, con mil especulaciones, sin foto en Instagram.

Un atropellado Junqueras comparecía en TV3 sin acertar a decir si Cataluña es una república o si él mismo seguía siendo su vicepresidente de pleno derecho. Su tono era mitinero, como si hubiese empezado la campaña de cara al 21 de diciembre por su cuenta.

"Lo que hace el Gobierno es trabajar en todos los ámbitos. En Bruselas se puede hacer mucho trabajo", decía sin confirmar si Puigdemont había pedido asilo. “Somos los campeones de la democracia. Los enamorados de la democracia no se desenamoran porque las elecciones las convoque otro", decía para justificar que ERC concurrirá a las elecciones. Mientras, Puigdemont, con pasaporte español, el único que tiene, el que en Barcelona aceptaban su partido y sus socios, seguía en paradero desconocido sin que nadie lo persiguiera.

Puigdemont, muñeco diabólico. Cuento de Halloween

Pablo Pombo

Escenario gótico, interior del Palau de la Generalitat. Enorme lámpara de araña, lúgubre y apagada. Lento quejido de puerta medieval. Poco a poco, surge un hombre de peinado imposible. Comienza a atravesar la gran sala. El suelo resuena bajo sus pasos. Se dirige hacia la luz atenuada por los amarillentos visillos. Descorre mínimamente la tela y el exterior confirma lo peor. La turba está gritando su nombre y el grito es de caza de brujas. Le están llamando traidor. La pesadilla.

Estamos en el pasado jueves. El sonido de la masa humana se amortigua con la primera campanada de un viejo reloj. Vendrán más. Sucesión de planos y contraplanos acompasados. Doce veces, las imágenes de la muchedumbre se alternarán con la oscilación de un péndulo. Doce clavos en el alma que anuncian el instante de la desconexión verdadera, la suya. Puigdemont.

Demasiada presión. Demasiadas horas sin sueño. Demasiada soledad. Demasiados engaños, abandonos y maltratos. Colapso interno. Demolición interna. El niño que recibía los capones de toda la pandilla, el chaval obediente que nunca supo brillar, baja la vista al suelo y cubre las gafas con sus manos. Al rato, sonríe secretamente y vuelve al despacho. Orden de retrasar la comparecencia para anunciar una convocatoria electoral que no llegará. Y transformación completada. No soy el muñeco de nadie. Soy un ser dispuesto a vivir la vida como una huida, como siempre pero del todo. A fondo. Fundido en negro.

Cortinón de terciopelo granate. El 'president' entra en el Parlament con la mirada perdida. Sin embargo, nadie percibe la dimensión del cambio. Cansancio, piensan. Cálculo, dicen al ver que no responde a nadie durante el debate. Desconocen que sus cuentas ya son otras. Ignoran que su boca está sellada por el miedo a nuevas consecuencias penales. Pánico a hacer más hondo el tiempo de calabozo. Tiene a Junqueras a su lado. Tiene a Forcadell enfrente. Ni una palabra. No soy vuestro títere. No seré un mártir. No estoy dispuesto a compartir ni vuestras rejas, ni vuestra sombra. Saludad a 'los Jordis' de mi parte.

Viernes, recorremos el otro filo de la navaja. Travelling de derecha a izquierda, por la selva de varas de mando que levantan los alcaldes separatistas. Subida por la escalinata. Cambio de plano. Puigdemont, de espaldas, mira desde lo alto. Voz en off. Durante un segundo, siento la tentación del vértigo, la llamada del salto. Saltar para terminar empalado allí, atravesado por quienes ayer mismo estaban dispuestos a ser mis verdugos. Respira hondo, aprieta los folios y se agarra a su propio plan inconfesado. Hacia fuera, continúa como en tantas otras ocasiones, recitando el texto que le habían preparado. Hacia dentro, su plan es sólo suyo, por primera vez de nadie más. El muñeco diabólico gira la cabeza y termina de consumar una libertad inesperada: no es la de un pueblo, es la suya. Ovación de estruendo. Inicio de fiesta tribal que se extenderá hasta que caiga la noche, brasas que se apagan junto a un palacio que sigue coronado por una bandera española que no cesa.

Él lo sabe. Sabe que en el cielo ya hay 155 estrellas y una cita con las urnas. 21 de diciembre, solsticio de invierno, quizá la noche más larga para el independentismo. Da igual. Ya es lo de menos, el futuro ha dejado de importar. En esta madrugada la tarea es otra. Toca preparar el adiós: preparar el mensaje, recorrer el territorio de la infancia, acariciar el barrio por última vez y hacer el equipaje junto a la familia. No es fácil. Frente a la maleta, el autómata se da cuenta de que todo sobra cuando se está a la fuga. Todo menos el dinero. Necesitará más, hará falta mucho más.

Momento de saltar fronteras

Coche oscuro atravesando el paisaje. Amanecer. Velocidad hasta la frontera. Una separación geográfica artificial, intangible para cualquier ser humano pero afilada para él. El último hilo de la marioneta se corta al dejar Cataluña atrás. Adiós a las ataduras. Y bienvenida a la libertad sin marcha atrás. Primero Marsella, luego Bruselas. De momento con cinco cercanos a su lado y más tarde ya se verá, lo mismo Rusia. Puigdemont camina o revienta. A tope, sin parar. Estamos en lunes y está sonando Mike Olfield, 'Tubular Bells'. Banda sonora en la sede del PDeCAT mientras toda la junta directiva espera la llegada de Puigdemont.

Martes en Bélgica, en busca de la internacionalización perdida. Llegada tarde a la rueda de prensa, mal afeitado. Sala pequeña y de techo bajo, pobremente iluminada. Allí, una intervención que quiso ser ambigua pero resultó desquiciada y dañina para sí mismo. El primer objetivo, la consecución del asilo, ya había hecho agua antes. El segundo, la opción de encontrar simpatía de algún gobierno europeo y de la prensa global parece cada vez más cerrada. El tercero, la puesta en escena del primer acto de la campaña electoral hacia el 21 D -ya asumida por las fuerzas independentistas- sólo sirvió para reflejar la imagen de alguien que pudo cometer varios delitos delante de todo el mundo, y que ahora está dispuesto a lo que sea con tan de no ser juzgado.

Pavor a la trena. Fue lo que se vio en un instante que no debería quedar desapercibido, en esa delatora fugacidad que suelen tener los gestos. Un periodista preguntó si estaba dispuesto a pasar en la cárcel 30 años. Y Puigdemont no respondió, pasó el micrófono a la persona que tenía al lado. Reveló la inabarcable dimensión de su miedo, el hilo aterrador de la narración.

Este cuento es terrorífico. Es la historia de un ser inanimado y de segunda fila que tomaron las élites independentistas entre sus manos. Es la historia de un juguete roto malamente manipulado por lo suyos, y vencido por la presión y el peso de los hechos. La historia de un muñeco que se convierte en diabólico y acaba haciendo daño a todo el mundo para evitar el único final que puede tener. La oscuridad inevitable.

Fuente: El Confidencial

Se acabó la ridícula república nueva antes de bajar la bandera

Matthew Bennett

Menuda farsa. Menuda panda de trileros cobardes. Qué pena no ya por los 45 millones de españoles en el resto del país sino por los mismos dos millones, o millón y medio, o los que sean al final, de españoles separatistas en Cataluña. Menuda estafa. Cinco años con banderas y cánticos y bailes y victimismo y pancartas en inglés para que piquen las teles internacionales y al final llega el gran día, el gran momento de proclamar la república, y lo hacen con una votación secreta corriendo y dejan la bandera de España ondeando en el Palau durante todo el fin de semana. Ferreras no sabía qué hacer el viernes: ahí estaba con el directo enfocado en la bandera en Sant Jaume y la reportera abajo en la plaza, informando de que aparentemente, según las fuentes, Puigdemont se había ido a su casa en Gerona por la otra puerta en su coche, sin avisar, de noche. Aparece al día siguiente de vinos con los amigos mientras se emite un mensaje grabado en TV3, cual Bin Laden en una cueva, llamando a algún tipo de resistencia pasiva y pacífica indefinida.

Y el lunes, ¡Bruselas! ¡Bélgica! Huyó y abandonó a los suyos, con varios consellers más. Los Seis de Bruselas. Curiosamente, la noticia se supo pocos minutos después de anunciar Maza la querella por rebelión, sedición y malversación de fondos, que todos juntos serían muchos años en la cárcel. ¡Pobres de esos 38.000 fans que le habían dado a "me gusta" en su foto inane de un cielo nublado el lunes en Instagram. ¿Cómo van a explicar a todos esos votantes oveja que hay algo mejor que la soñada república ya declarada si sólo vuelven a España durante unas semanas más para votar en unas autonómicas normales, ordenadas por el mismo Rajoy con la plenipotencia del odiado Artículo 155? ¿Qué les van a vender? ¡Si habían cruzado ya la meta! Pero esta vez será de verdad, de verdad. Pronto seremos de nuevo una república. Sólo tenéis que votarnos otra vez. Ya veréis. Y se lo intentarán vender Rufián y Tardà, entre otros, sin haber dimitido de sus escaños en el Congreso. Les han tomado por tontos a todos, como muchos veníamos escribiendo desde hace semanas o meses. Ya consta al menos un grupo separatista—o "comité de defensa de la república"—que ha organizado un taller de gestión de la rabia tras la declaración de independencia.

En teoría, antes de la espantosa huída del lunes, habría sido posible tragar y participar en las autonómicas el 21 de diciembre, con algún mensaje sobre la malvada imposición del Artículo 155 y la necesidad histórica de resistir el yugo opresor español de la manera que fuera. ¿Que han enviado urnas en vez de tanques? ¡Todos a votar, somos súper demócratas, ganaremos seguro! Con mensajes y quien sabe si llamadas en directo cada noche en TV3 desde Soto del Real, cual primo de Mandela. Total, la LOREG no impide que uno sea candidato si se encuentra en prisión preventiva y el Artículo 155 al final no ha tocado TV3. Y quizás habrían ganado. El GESOP para El Periódico hace unos días mostraba un resultado casi igual. Y entonces Rajoy habría tenido el problema, por aplicar de manera tan arriesgada y precipitada el 155. Si ganaran las autonómicas bajo el 155 con un programa separatista—no ha habido ninguna señal de Moncloa de que prohibirían dichos programas—el Gobierno tendría un problemón, a nivel interno y a nivel europeo, porque habría sido una especie de referéndum encubierto.

Tras esta desbandada lo veo francamente difícil. Están haciendo un ridículo histórico. Han dinamitado lo que llegó a ser la Generalitat y la autonomía catalana para nada. Ahora las ratas a salvarse mientras el Titanic separatista se hunde. Puigdemont, Forn, Borrás, Comin, Bassa y Serret se han subido ya al primer bote salvavidas. 30 años en la cárcel es agua muy fría, así no querrán morir. En ocho semanas, los que quedan en la cubierta del buque no recomponen esto. No hay narrativa viable. No hay liderazgo. Los Jordis en la cárcel, Puigdemont en Bruselas, Forcadell en un Parlament ya disuelto. Trapero y Pere Soler se fueron al final sin gritar. Mientras termino la columna esta semana, la CUP está exigiendo que el mismo martes hay que empezar a firmar los primeros decretos desde dónde sea. Nunca en ningún momento de la Historia se hizo una nueva república así. Ni una pobre Primavera Catalana han montado al final. No había plan y no había coraje. Ha sido todo una gran estafa.