Jornada de mucha confusión en Bruselas y Barcelona en torno al president cesado Carles Puigdemont y varios de sus exconsellers. Después de una mediática rueda de prensa del expresident en la que ha asegurado que seguiría en Bélgica “por seguridad y para hacer evidente que hay un problema con Catalunya”, a última hora de la tarde se ha filtrado que parte del Govern depuesto volvía hacia la Ciudad Condal.
El conseller de Interior y la consellera de Trabajo cesados, Joaquim Forn y Dolors Bassa, han llegado este martes por la noche a Barcelona desde Bruselas, donde había acompañado a mediodía al presidente cesado Carles Puigdemont en su rueda de prensa. También les acompañaba Lluís Puig según TV3.
Sin embargo, Puigdemont, que en un principio se había dicho que volvía a la Ciudad Condal, no ha venido en ese vuelo. ¿Dónde está el expresidente de la Generalitat? En realidad poco se sabe ahora mismo. Hay reportes de algunos periodistas que aseguran haberlo visto cenando en Bruselas sobre las 9.45 de la noche. Pero la incertidumbre no permite asegurar casi nada.
Con respecto a varios miembros destituidos de su Govern, han llegado en avión y ha llegado este martes poco después de las 23.00 al Aeropuerto de El Prat de Llobregat, y se ha podido ver más tiempo a Forn, que no ha hecho ninguna declaración y llevaba una maleta en la mano. Tomaron el vuelo IB5359 operado por Vueling con destino a Barcelona. Despegaron a las 21.20 horas y llegaron a las 23.17 horas
A Forn le han recibido muchos periodistas, además de un grupo de antiindependentistas con banderas españolas y gritándole muy de cerca con gritos como 'Perro', 'Cabrón', 'Os habéis cagado', 'Dónde está Puigdemont', 'Viva España' y 'A prisión'.
Le han perseguido desde la zona de llegadas de la T1 hasta la entrada del parking, donde dos mossos han vigilado que no se le acercasen tanto mientras él llegaba al coche junto.
De los cinco 'exconsellers' del cesado Govern de Carles Puigdemont que habían comprado billetes para viajar desde Bruselas a Barcelona en el vuelo IB5359 operado por Vueling, solo dos de ellos han embarcado: el 'exconseller' de Interior y la 'exconsellera' de Trabajo, Joaquim Forn y Dolors Bassa.
Pese a que los otros tres exconselleres tenían comprados los billetes, ninguno ha viajado en este vuelo y se han quedado en la capital belga. Según han confirmado algunas fuentes, todos compraron billetes. En el caso de Lluís Puig i Gordi, 'exconseller' de cultura, tenía el asiento 18B, informa José María Olmo.
El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, abandonó "definitivamente" el hotel de tres estrellas en Bruselas en el que se alojaba, según han confirmado a Europa Press fuentes del establecimiento.
Puigdemont y el resto de su equipo se alojó desde el lunes en un hotel a pocos minutos del centro de la capital europea llamado Hotel Chambord, que finalmente ha abandonado pasadas las 20.00 horas en un taxi.
Las mismas fuentes también han asegurado que sus maletas han sido trasladadas posteriormente en un segundo vehículo. Sin embargo, no han detallado si el expresidente de la Generalitat se ha mudado a otro hotel o se ha desplazado al aeropuerto para salir de Bruselas.
Cuando salió del hotel, en la puerta del establecimiento había un taxi cuyo conductor ha asegurado a los periodistas que esperaba a un cliente rumbo al aeropuerto, pero Puigdemont finalmente ha subido a otro vehículo con destino desconocido.
A su salida del hotel, Puigdemont ha asegurado esta tarde de martes que no ha recibido ninguna citación para declarar los próximos días 2 y 3 de noviembre en la Audiencia Nacional, y ha afirmado que ha conocido la decisión de la jueza Carmen Lamela por la prensa.
Forn llega al aeropuerto de Barcelona entre banderas nacionales y gritos de "Viva España"
Un puñado de españolistas recibió a Forn con banderas nacionales y gritos de "Puigdemont a Soto del Real" persiguiéndolo por la zona de llegadas de la terminal T1 del aeropuerto de El Prat, donde aterrizó a las 23.00 horas en un vuelo procedente de Bruselas junto a otros dos ex consejeros del Govern de Carles Puigdemont.
El escrache generó momentos de tensión durante el breve recorrido que Forn, acompañado únicamente por el familiar que ha venido a recogerlo, ha hecho desde la zona de llegadas a la planta baja del aparcamiento, rodeado en todo momento por unos 50 reporteros y una docena de agentes uniformados y de paisano de los Mossos d'Esquadra.
Agentes no uniformados de la Policía catalana trataron de hacer un cordón en torno al político para garantizar su seguridad en un espacio en que los pivotes dificultaban el paso de la multitud en las inmediaciones del aparcamiento, donde Forn ha reprochado a unos periodistas que habían provocado el llanto a una pasajera.
"Llama ahora a los Mossos" o "Viva España" han sido algunas de las proclamas que Forn tuvo que escuchar mientras trataba de escapar del convulso recibimiento que se ha encontrado a la vuelta de su fugaz viaje a la capital belga.
Pero el ex conseller ha preferido no hacer declaraciones sobre la citación judicial a la que se enfrenta este jueves y viernes por supuestos delitos de sedición y malversación, entre otros. Ni tampoco sobre el paradero de Puigdemont.
El independentismo espera a Puigdemont el sábado en Perpiñán
El independentismo espera poder arropar al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont en la Diadade la "Catalunya Nord" que los soberanistas celebrarán este sábado en Perpiñán (Francia). En la rueda de prensa que ofreció este martes desde Bruselas, el exjefe del Govern manifestó que sólo regresará a España cuando tenga "garantías jurídicas". "Estamos aquí en busca de garantías que por el momento no se dan en Cataluña, en España", señaló Puigdemont, subrayando que si se le permitiera "un juicio justo, independiente, con separación de poderes, como en la mayoría de países europeos", retornaría "de forma inmediata".
La juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela ha citado a declarar este jueves y viernes por un presunto delito de rebelión a Puigdemont y todo su Govern cesado. Sin embargo, el abogado belga Paul Bekaert avanzó este martes que su cliente no comparecerá este jueves por la mañana ante la titular del Juzgado Central de Instrucción número 3.
Los independentistas de Perpiñán tienen preparadas decenas de casas para acoger a "Puigdemont y a todos los miembros del Govern" que así lo deseen. El presidente del 'Comité de Autodeterminación de Catalunya Nord', que se creó hace años para reivindicar el secesionismo ante el Gobierno francés, Robert Casanova, declaró a Efe la pasada semana que disponen de "unas cincuenta viviendas" para los exmandatarios de la Generalitat. "Queremos ofrecerles la hospitalidad que merecen", sentenció Casanova, asegurando que las residencias previstas para el séquito del expresident están muy bien preparadas. Estas casas han sido habilitadas por un 'Comité de solidaridad'.
Perpiñán y Gerona, lugar de residencia de Puigdemont, se encuentran a una distancia de algo más de una hora en coche, lo que permitiría al cesado president recibir apoyo logístico desde Cataluña así como la visita de familiares y amigos. Se da la circunstancia de que el pasado 2 agosto Puigdemont se reunió en Gerona con el propio Casanova y con los dirigentes del partido Unitat Catalana (UC) Jaume Roure, Brice Lafontaine y Jaume Pol. En ese encuentro no sólo hicieron "un repaso completo de la situación política en el norte y el sur de Cataluña", sino que también analizaron "el carácter estratégico del territorio de la Catalunya Nord". Según publicó el Punt Avui, el entonces presidente de la Generalitat encargó "una misión de información" a Lafontaine.
El independentismo ya se está movilizando desde las distintas provincias catalanas para desplazarse el sábado en vehículos particulares y en autobuses hasta Perpiñán con motivo de la Diada de la "Catalunya Nord". En realidad, esta efeméride que celebran los soberanistas es el 7 de noviembre, pero los actos conmemorativos han sido adelantados al día 4. Recuerdan así "la firma del Tratado de los Pirineos, que supuso en 1659 la anexión de los territorios nord-catalanes al Estado francés, bajo el que han sido sometidos desde entonces", sostiene la propaganda secesionista.
En concreto, hay convocada una manifestación para el sábado a las 16 horas y los separatistas aguardan la aparición de Puigdemont y algunos exconsellers. De los siete que acompañaban al expresident este martes en Bruselas, tres de ellos regresaron anoche en avión a Barcelona (Joaquim Forn, Dolors Bassa y Lluís Puig). Dicha concentración está prevista en la Plaza Catalunya de Perpiñán "para defender que la única opción digna de futuro en la Catalunya Nord pasa por la construcción de unos Países Catalanes libres, socialistas y feministas". Así mismo, los asistentes ensalzarán la "República catalana" proclamada el 27 de octubre.
Esquerra Republicana (ERC), partido de tres de los siete exconsellers que viajaron a con Puigdemont a Bruselas (Bassa, Toni Comín y Meritxell Serret), cuenta con una delegación en esta zona del sur de Francia. Esta federación emitió hace unos días un comunicado en el que afirmaba que "el desconocimiento de esta realidad es evidente en el Estado francés y buena parte de Europa. Sin embargo, no es el caso de los nord-catalanes, que ya se han movilizado por la democracia y que deben seguir movilizados para defender la República Catalana", decía el texto.
El escondite de las urnas
Este enclave ya fue noticia el día siguiente al referéndum de independencia del 1 de octubre -acto suspendido por el Tribunal Constitucional- cuando se supo que las urnas de plástico, encargadas a la empresa china Smart Dragon Ballot Expert, habían sido escondidas en viviendas, talleres y almacenes de la localidad de Elna. Un pueblo de apenas 6.000 habitantes situado a escasos 15 kilómetros de Perpiñán. Desde allí, las urnas fueron trasladadas a los colegios electorales de Cataluña en vehículos particulares, fundamentalmente furgonetas, que cruzaron la frontera durante los días previos a la consulta separatista.
Las bases del independentismo se revuelven contra Puigdemont: "Nos ha dejado colgados"
El independentismo más militante y combativo se encuentra indignado con los 'continuos engaños' de Carles Puigdemont, quien, desde la sesión en el Parlament en la que se aprobó la declaración de la independencia, no ha cumplido con nada de lo que supuestamente había prometido. Oficialmente, la CUP calificó la intervención del 'expresident' en Bruselas como "un acto de dignidad". Ente una parte de la militancia, la opinión es bien distinta.
Oriol Junqueras en Barcelona, defendiendo tímidamente la imagen del Govern, mientras Puigdemont se dio a la fuga, sin contar con nadie y sin apenas informar a casi nadie. Así resumen la situación en las bases del independentismo, que se consideran estafadas por la gestión del expresident de la Generalitat. "Ni independencia, ni república ni nada", señalan en estos círculos, defraudados por la sucesión de acontecimientos.
El sábado, en Gerona, el ya expresident se paseaba entre aplausos por la ciudad de la que fue alcalde. Sonreía y tomaba vinos con la parroquia. El domingo desapareció. El lunes emergió en Bruselas. Se deshizo en singulares explicaciones para justificar el fracaso de toda la 'operación procés' y asegurar que no se movería de Bélgica hasta que no obtuviera garantías por parte del Estado sobre la futura actuación de la Justicia. Este jueves está citado en la Audiencia Nacional junto a su Gobierno, imputado por presuntos delitos de rebelión y sedición.
El martirologio exigido
"Espero que defiendan la independencia como en su momento defendieron el 1-O", aseguró en su mensaje bruselense. "Otra vez recurre a nosotros para salvarle la cara", señalaban en fuentes de la CUP, muy irritadas con quien hasta ahora era un dirigente admirable. "Nos ha dejado colgados".
Tan sólo si se entrega a la Justicia y comparece en Madrid como víctima de la 'violencia del Estado', podría salvar la cara, comentan en estas fuentes. Su imagen esposado, y conducido por la policía, también sería un buen activo para su particular martirologio.
No son unánimes las críticas contra Puigdemont. Dentro del separatismo hay quien justifica todos sus errores en base a lo difícil de la apuesta. "Luchar contra el Estado no era tarea fácil, y él al menos lo intentó", explican en ERC. Junqueras, sin embargo, le retiró el saludo, incluso casi llegaron a las manos en las largas horas de negociación de la convocatoria electoral.
Los partidos secesionistas estudian ahora la posibilidad de concurrir unidos ante el 1-O. PDeCAT, el partido de Puigemont, pretende reeditar su acuerdo con ERC de cara a las urnas. Incluiría también a la ANC y Òmnium, las entidades de la agitación, que postulan a 'los dos Jordis' para que entren en la lista electoral. No quieren que Puigdemont figure en ellas. Su tiempo ya pasó. "Nos prometió algo que no existía. No había república, era imposible", señalaba una dirigente de la ANC. Flota una enorme sensación de desencanto entre la militancia. "Han sido muchos contratiempos, hay espíritu de derrota. Esto no se aregla en dos días", añade.
"El circo catalán de Puigdemont" toca hueso en una ciudad saturada de crisis
La causa independentista no tuvo ayer su mejor día en Bruselas. El presidente cesado Carles Puigdemont y siete de sus ex consellers protagonizaron una jornada extraña, un espectáculo incluso para los estándares de la ciudad, acostumbrada a todo tipo de protestas y denuncias extravagantes. Tras jugar al despiste durante las 24 horas anteriores, Puigdemont y sus colaboradores se presentaron en el Club Internacional de Prensa, a pocos pasos de las instituciones europeas, para intentar explicar su situación. Sin apoyo de ningún Gobierno ni autoridad europea, con el rechazo incluso de sus aliados en la derecha nacionalista flamenca, y sin agenda de reuniones o una hoja de ruta con los próximos pasos.
¿Qué quedó claro tras su comparecencia? Que apoya la celebración de elecciones el 21 de diciembre y que "respetará su resultado". Y que insta a los funcionarios y trabajadores catalanes a seguir en sus puestos y a trabajar con normalidad y les pide que den la cara por él: "pedimos que hagan lo que puedan para evitar la demolición del sistema. Quienes defendieron las escuelas el 1 de octubre defenderá el sistema institucional catalán", zanjó. Ahora bien, si por la mañana dijo que él y quizás algunos de los consejeros permanecerían por un tiempo indefinido en "la capital europea", a última hora del día tres consejeros- Joaquim Forn, Dolors Bassa, Lluís Puig- llegaban al Aeropuerto de El Prat.
También quedó claro ayer que la situación y la percepción internacional han cambiado. La improvisación, el secretismo, los apaños y la falta de una historia elaborada, creíble y coherente sobre lo ocurrido y lo que ocurrirá han jugado en contra de Puigdemont. Hace una semana era el presidente del Gobierno de una CCAA, ahora es un cargo cesado que ha dejado el país por la puerta de atrás mientras su partido se quiebra y sus socios aprovechan la ausencia para empezar la campaña electoral. Alguien que vende un exilio forzado mientras presume de disfrutar "la libre circulación" y haber "llegado de la manera más normal y tranquila".
Los medios internacionales han visto en las últimas semanas el apoyo unánime de la UE y de decenas de países de todo el mundo a España. Se han publicado críticas a la cobertura de la jornada del referéndum y ha calado la idea de que tanto el referéndum como la declaración de independencia eran ilegales y no tenían el apoyo de la mayoría de los ciudadanos. Se han visto manifestaciones masivas en las calles de Barcelona contra la DUI. La banalización de símbolos y comparaciones imposibles con Gandhi o Rosa Parks.
Puigdemont tiene clara su estrategia desde hace meses: internacionalizar la crisis catalana. Lo ha intentado de todas las formas posibles: desde la oficina de la Generalitat ante la UE, con viajes de Raül Romeva, acceso total a medios europeos, a través de Diplocat o con una campaña para llevar el tema al Consejo Europeo. Su decisión de acudir a Bruselas con medio Govern cesado era el siguiente paso. Pero su táctica no es ni mucho menos sencilla y hay un riesgo muy grande de que una crisis política a nivel comunitario acabe diluida y convertida en una curiosidad más de las muchas que forman el ecosistema de Bruselas.
Cientos de grupos denuncian cada año injusticias, agresiones, dictaduras y guerras en pequeñas manifestaciones ante las sedes de la Comisión Europea y el Consejo o dentro y fuera del Parlamento Europeo. Con minutos de silencio, pero también batucadas, cabalgatas y disfraces. Y casi nadie les presta demasiada atención. Hace dos semanas Puigdemont era el presidente de una región europea. Hoy es un cargo cesado. Dentro de menos de dos meses será, si no se presenta como candidato, un mero ex, y no hay ciudad en el mundo con más ex buscando atención y audiencias que Bruselas.
Diego Velázquez, corresponsal luxemburgués, lo resumía ayer muy bien tras la comparecencia: "los spin-doctors de Puigdemont parecen no ser conscientes de una cosa: la prensa de Bruselas no es un buen público para la promoción del nacionalismo. No son muy emocionales, estamos acostumbrados a los argumentos legales tramposos y a dilemas. Muy apegados al orden institucional y conscientes de los efectos del contagio", escribió en dos tuits. Los corresponsales europeos están más que curtidos en todo tipo de crisis y dramas, conocen muy bien las leyes y las respuestas oficiales. Les afecta cuando una minoría denuncia opresión, cuando hay una narrativa de lucha por la libertad. Y desde luego cuando hay cargas policiales violentas. Pero también se saturan más fácilmente, tienen el detector de irrelevancia muy alerta y pasan página rápido cuando llega la siguiente noticia.
En Bruselas pasan tantas cosas que necesitas una historia muy potente detrás y mucha actualidad para mantenerla al día. Cuando algo se enquista suele quedar relegado y en manos de especialistas. Y ayer se vio que de lo serio se pasó, en parte, a lo anecdótico. Y llovieron los palos.
Guy Verhoftstad, líder de los liberales del grupo Alde, en el que se encuadra el propio PDeCat con Ramón Tremosa, fue durísimo con él. En su cuenta de Facebook colgó una viñeta en la que sale el ex president como si fuera Tintín. Verhofstadt, ex primer ministro belga y muy claro siempre en defensa de las libertades y los grupos oprimidos en Europa, no tuvo misericordia: "Tintín siempre encuentra soluciones para las aventuras que se encuentra mientras que Puigdemont ha dejado Cataluña devastada y en el caos".
Ryan Heath escribe en Politico la newsletter con la que se despierta cada mañana toda la UE, y su dictamen fue demoledor: "El circo catalán de Puigdemont llega a Bruselas" y "es oficial: la rueda de prensa más desorganizada en la que nunca haya estado". "Después de la tragicomedia de Bruselas, Puigdemont es historia. No merece la pena perder más tiempo escuchando lo que dice. Adiós, perdedor", escribió en su cuenta de Twitter el analista griego Yannis Koutsumitis, muy seguido en las redes sociales y la burbuja europea.
Las instituciones, en bloque, han dado también la espalda a Puigdemont, que desde hace dos años está completamente vetado, junto a sus colaboradores. Cualquier consejero de cualquier otra región, el resto de presidentes autonómicos, tienen las puertas abiertas. Pero ellos no.
Ahora mismo, en la capital continental, la causa independentista es casi tóxica. Sin violencia u opresión que alegar y demostrar, han hecho compañeros de viaje poco recomendables (Nigel Farage, Geert Wilders, la Lega Nord). Salvo otros independentistas, algún diputado nórdico de extrema derecha, y partidos euroescépticos y eurófobos, nadie se ha puesto de su lado. Sólo se vio el martes en la sala al líder de la extrema derecha flamenca, Tom van Grieken. Y eso, en la UE, se tiene en cuenta. Incluso la N-VA, el partido más importante del país y de corte independentista, hizo ayer todo lo posible para desmarcarse de Puigdemont. Sería incomprensible, y así lo dicen, que si ellos renunciaron al independentismo para entrar al Gobierno actual, se arriesgaran a tumbar su delicada coalición por sumarse a la causa de algunos catalanes.
El primer ministro, Charles Michel, tuvo que sacar un comunicado ayer diciendo que "el señor Puigdemont no está en Bélgica ni por invitación ni por iniciativa del Gobierno" y que "tiene los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano europeo, ni más ni menos", prometiendo que "el Gobierno garantizará el respeto del estado de derecho". No hizo ninguna gracia el viaje sorpresa y el mensaje le ha sido transmitido clarísimamente a Puigdemont, que en su intervención hizo todo tipo de equilibrismos para insistir en que no acudía "a Bélgica sino a Bruselas como capital europea", que "no mezclaría asuntos" y que sus reuniones serían sólo de corte europeo, y no nacional. Algo doloroso cuando los belgas y sobre todo los flamencos han sido sus más firmes aliados y los únicos que lo reciben.
El relato ha mutado. Hace exactamente un mes la prensa continental se comió a preguntas a los portavoces europeos exigiendo palabras claras sobre la violencia policial y centrando sus crónicas e intervenciones en "el derecho a votar". Ayer, apretujados en una sala sin wifi y en medio de empujones, hacían bromas sobre las precarias condiciones y la falta de organización y buscaban ángulos alejadísimos del fondo de la cuestión para sus piezas. Muy pocos se tomaron realmente en serio la comparecencia más allá de los Pirineos, pero los que lo hicieron, en general, no sacaron conclusiones muy positivas para el ex presidente en el exilio.
Análisis: 'President', déjelo ya
Mientras en Barcelona las instituciones catalanas funcionan con normalidad, los funcionarios cumplen con su trabajo y parte del Govern ha acatado de facto la destitución decretada por el Gobierno central dentro del paquete de medidas decididas al amparo del artículo 155 de la Constitución, Carles Puigdemont y seis exconsellers del Govern protagonizaron ayer una esperpéntica rueda de prensa en Bruselas en la que puso de manifiesto que se ha instalado en una realidad virtual. Puigdemont pretendía dejar en evidencia en Europa al Gobierno español, pero lo único que quedó retratado fueron su victimismo y su intención de proseguir con la escapada que ha llevado a Catalunya a una vía muerta.
Puigdemont se esforzó, en cuatro idiomas, en dibujar un Estado español opresor y represivo, que aplica un artículo de la Constitución despótico y que lo persigue judicialmente por sus ideas políticas. Un Estado al que cabe exigirle «garantías» para que él acceda a regresar a Catalunya y que no garantiza ni su libertad ni su seguridad. No explicó cómo es posible que las de los otros miembros de Govern que siguen en Barcelona no corran riesgos. Pero es un ejercicio baldío buscar coherencia en el discurso de Puigdemont, que al mismo tiempo dibujó un artículo 155 asfixiante y acató las elecciones que acabarán con su aplicación el 21-D, mientras en Barcelona PDECat y ERC se disponen a concurrir.
La rueda de prensa fue impresentable y contraproducente. Impresentable porque las garantías que Puigdemont pide son las propias del Estado de derecho, y porque el artículo 155 con fecha de caducidad diseñado por Mariano Rajoy no justifica un fantasmagórico Govern en el exilio. Y fue contaproducente porque la imagen que dio Puigdemont fue la de un líder a la deriva, cegado por sus propios engaños.
Ciertamente, Puigdemont afronta un complicado proceso legal. El jueves y el viernes está citado a declarar a la Audiencia Nacional. Este martes dijo que no piensa rehuir la acción de la justicia. Así debe ser. La escapada que ha protagonizado el expresident debe llegar a su fin. Ni Catalunya ni los miles de ciudadanos que legítimamente creen en un proyecto independentista se merecen esta deriva. Es hora de que Puigdemont asuma su responsabilidad política y judicial, si la hubiera. Y que deje de dañar a Catalunya.
Fuente: El Periódico, Vozpopuli, El Mundo