Política

La locura catalana: "Tenemos armas y sabemos dónde está tu familia": se multiplican las amenazas separatistas a los que no piensan como ellos

Elespiadigital | Miércoles 28 de marzo de 2018

La deriva violenta de un sector del bloque independentista ha hecho saltar todas las alarmas en el Ministerio del Interior, que tras la detención de Carles Puigdemont ha activado un plan para redoblar la seguridad a políticos, jueces y fiscales que defienden con su trabajo diario la Constitución. Un plus de garantía que se extiende, en algunos casos, también a familiares, señalados igualmente por los más violentos.

Redacción



 

La deriva violenta de un sector del bloque independentista ha hecho saltar todas las alarmas en el Ministerio del Interior, que tras la detención de Carles Puigdemont ha activado un plan para redoblar la seguridad a políticos, jueces y fiscales que defienden con su trabajo diario la Constitución. Un plus de garantía que se extiende, en algunos casos, también a familiares, señalados igualmente por los más violentos.

Con la entrada en prisión de los principales líderes del procés, las amenazas de muerte hacia quienes defienden la unidad de España se han multiplicado. Solo en un día, el líder de un partido constitucionalista ha recibido más de una decena de mensajes -en TwitterFacebook- en los que le advertían de que acabarían con su vida.

Estas amenazas y todas las que reciben los políticos están siendo puestas en conocimiento de los Mossos y de la Policía Nacional para que actúen en consecuencia. Los afectados se sienten protegidos por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero no pueden evitar sentir "preocupación" ante la escalada de agresividad que se respira en las calles y en las redes.

"Tenemos armas y sabemos dónde está tu familia". La amenaza le llegó a través de Facebook. La víctima prefiere permanecer en el anonimato: "Ya está la Policía con ello".

Un diputado catalán describe la situación que se respira entre nacionalistas y constitucionalistas con un detalle muy gráfico: "Paseaba por mi barrio hace unos días y unos vecinos de toda la vida que pasaban por mi lado me negaron por primera vez el saludo. Y son personas normales. Por eso inquieta cómo pueda reaccionar cualquier exaltado".

La situación límite que se vive ha provocado que muchos catalanes ya hayan dejado de hablar a quien piensa distinto, haciéndose evidente la fractura social y de convivencia. La propia líder de Cs, Inés Arrimadas, pidió en el pleno del sábado a los diputados separatistas que, al menos, "saluden en los pasillos" del Parlament.

Diferenciar entre "buenos y malos"

Los constitucionalistas dicen que la progresión de la tensión se percibe en el propio lenguaje: "Antes se referían a nosotros, los que defendemos la unidad de España, como los fachas". Desde los plenos del 6 y 7 de septiembre, cuando se aprobó la desconexión, caló la referencia a dos bandos: "Los buenos, que son ellos, y los malos, los que defendemos las leyes".

Puestos en contacto con fuentes del PP, PSC y Cs, los tres partidos coinciden en que de las "pintadas" habituales en las sedes se ha pasado a las amenazas directas contra las personas y sus entornos más cercanos. Fuentes socialistas reconocen que "en la Cataluña interior y en pueblos pequeños donde los militantes están identificados" el acoso es "mayor" que en las grandes urbes. Antes del referéndum del 1 de octubre, por ejemplo, hubo quien se encontró debajo de la alfombra de su casa papeletas para votar.

En Cs, además de escraches, han recibido más de una treintena de ataques en sedes. Los ataques vienen de lejos. La primera vez que una afiliada fue agredida fue en julio de 2013. En las fiestas de El Morell (Tarragona), Victoria Fuentes recibió un puñetazo en la cara cuando se identificó como miembro del partido naranja. La agresión  se denunció ante los Mossosd´Esquadra, pero en noviembre atacaron su coche y le pegaron restos de excrementos en la puerta.

Fuentes no es la única que ha sufrido en sus propias carnes la ira independentista. El portavoz de Cs en Hospitalet, Miguel García, sufrió una agresión en una carpa en noviembre de 2016. Además del negocio de los padres de Albert Rivera, la propia Arrimadas recibió un insulto  de una usuaria de Facebook que le deseaba una "violación en grupo". Otros cargos públicos y trabajadores de PP, Cs y PSC han sido intimados y acosados.

Zoido promete "especial protección"

Interior ha anunciado este lunes que se pondrán refuerzos de protección en determinadas instituciones. "Nuestro Estado de Derecho no va a ser amenazado por nadie", aseguró el ministro Juan Ignacio Zoido en rueda de prensa, pero no quiso desvelar qué personas tienen ya "una especial protección" ni indicar "qué tipo de protección" extra se les iba a aportar. "Nosotros siempre atendemos y atenderemos todos los requerimientos que de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad nos hagan", señaló.

Las actuaciones judiciales relacionadas con el procés han ido seguidas frecuentemente de manifestaciones de protesta ante los juzgados. Ocurrió con ocasión de los registros y detenciones ordenados el 20 de septiembre por el titular del Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona, Juan Antonio Ramírez, que investiga la celebración del referéndum ilegal del 1-O. Además, su domicilio en Barcelona y una casa que alquilaba en verano en El Port de la Selva (cuyo propietario no le renovó el alquiler) han sido objeto de pintadas ofensivas. Es lo mismo que ocurrió el pasado fin de semana con el juez Llarena en un chalé próximo al suyo en Das (Gerona).

El pasado noviembre, unos desconocidos entraron en la segunda residencia que la exfiscal jefa de Barcelona, Ana Magaldi, tiene en un pueblo del Pirineo, causando distintos desperfectos.

Tuit contra la familia de Llarena

, ha ordenado a los Mossosd'Esquadra que investiguen quién está detrás de un tuit aparecido en el perfil @csaune, en el que se afirma que "la mujer del hijo de puta de Llarena es Gema Espinosa, directora de la Escuela Judicial a Vallvidrera (al lado del Observatorio Fabra). Vive en SantCugat (donde viene el hdp los fines de semana). Hay que difundirlo porque han de saber que no podrán ir por la calle a partir de ahora”.

El fiscal superior considera que el mensaje puede constituir un delito de amenazas o de coacciones "puesto que de su texto no se desprende sino la intención de provocar intranquilidad de ánimo, inquietud y zozobra en las personas que se designan o la de impedirles o dificultarles su libertad de obrar".

Bañeres también ordena a los Mossos que disponga medidas para la protección personal del magistrado y de su familia.

Un manual de guerrilla urbana para incendiar las calles de Cataluña

Las fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han detectado la circulación de un manual de 72 páginas titulado Black Bloc entre grupos de mensajería y redes sociales de sectores radicales en Cataluña. Se trata de un documento que muestra cómo hacer frente a los cuerpos policiales, a montar un cóctel molotov, así como el funcionamiento de diferentes tácticas de guerrilla urbana para socializar el extremismo.

En las últimas fechas se han desatado varios episodios de violencia en Cataluña, relacionados con la entrada en prisión de Jordi Turull, Carme Forcadell, Raül Romeva, Josep Rull y DolorsBassa, así como con la detención en Alemania de Carles Puigdemont.

"Este cuadernillo nace para defender la postura de los que pensamxs que 'la no violencia activa' es contra-revolucionaria y sólo consigue aumentar la mentalidad del 'no se puede' a la larga", arranca Black Bloc, un viejo manual que estos días circula entre sectores radicales.

En él se hace un llamamiento a la violencia, a actuar contra las fuerzas de "represión". Principalmente, contra los cuerpos policiales. Porque Black Bloc dice cómo y cuándo se debe hacer frente a la autoridad, trasladando la violencia a las calles. Es el abecedario de la guerrilla urbana.

Fuentes de Seguridad del Estado han detectado que Black Bloc circula actualmente entre grupos radicales en Cataluña. "Antes de soltar el DNI, suelta una piedra", resume el manual en sus primeras páginas; una introducción general para componer una guerrilla urbana que ponga en jaque a los cuerpos policiales.

Buscar la reacción policial

La clave principal pasa por provocar la reacción policial. No basta con manifestarse o expresar el malestar; hay que agitar la tensión "hasta ser golpeado y detenido". Así se conseguirán imágenes impactantes para su difusión en medios de comunicación.

Para ello hay que conocer a quien se tiene enfrente. Black Bloc contiene esquemas sobre las estructuras policiales e instrucciones sobre cómo luchar contra los agentes.

Se trata de un manual pormenorizado, con las principales señas que definen a cada uno de los estamentos policiales. El texto detalla el equipamiento que lleva cada unidad y cómo neutralizarlo. También se explica "el punto en el que se derrite" la protección que llevan los agentes, información clave para fabricar cócteles molotov.

Quince páginas del manual están dedicadas a las formaciones que pueden presentar Policía o Guardia Civil en las calles. La guerrilla urbana actuará en función de cada una de ellas.

La organización interna

Black Bloc incluye un apartado en el que enseña a los radicales cómo deben organizarse en su guerrilla urbana para ser "más eficaces": desde cómo construir un pasamontañas a partir de una camiseta hasta el número de personas que deben participar en una algarada callejera.

"¿Cómo organizarnos". "¿Cómo hacer frente a un dispositivo antidisturbio?". El manual responde a una serie de preguntas en un tono didáctico y divulgativo. Entre sus líneas se puede leer cómo preparar un cóctel molotov, qué elementos son más contundentes para ser arrojados o dónde encontrar "munición" para sus enfrentamientos.

El origen del manual

¿De dónde procede este manual? Fuentes de Seguridad del Estado datan este documento en 2012. Black Bloc circula al menos desde la huelga general de noviembre y diferentes grupos antisistema lo han convertido en un texto de referencia en momentos de máxima tensión.

De acuerdo a estas mismas fuentes, el manual circuló especialmente en fechas próximas a la celebración del referéndum ilegal del pasado 1 de octubre. También en los últimos días: los disturbios declarados tras la detención de Puigdemont arrojaron un balance de 92 personas heridas, 23 de ellas mossosd'Esquadra.

Fuente: El Español

Los sueldazos de los 314 altos cargos catalanes cesados por el 155

Los altos cargos del Gobierno catalán cesados en aplicación del artículo 155 de la Constitución española cobraban verdaderos sueldazos. Se trata de 314 exdirectivos de la Generalitat cuyos cometidos y retribuciones pueden consultarse en este enlace. Incluye consejeros, secretarios generales, directores generales, asesores y demás personal eventual. La lista es larga y da idea de la enorme estructura administrativa de la Generalitat.

Desde los 110.759 euros al año que cobraban los consejeros cesados, hasta los 44.167 euros de un simple asesor. Pasando por los 82.209 que cobraban los “embajadores” de la Generalitat, sueldo equiparable al de un director general, o los 65.781 euros de los jefe de prensa.

Presidencia y Vicepresidencia, con 59 y 41 eventuales, respectivamente, son los departamentos con más altos cargos, seguidos de Asuntos Exteriores (30), Trabajo (21), Empresa (20), Enseñanza (19), Territorio (19), Gobernación (18), Agricultura (16), Interior (15), Justicia (15), Cultura (15) y Salud (14). En total, más de 22 millones de euros en retribuciones.

La Guardia Civil acredita al Tribunal Supremo 315 actos violentos del 'procés' en Cataluña

La Guardia Civil ha documentado ante el Tribunal Supremo 315 actos de "violencia o agresión" durante los primeros meses del procés. Esta cifra engloba 193 cortes de carreteras y vías férreas en Cataluña pero también 122 episodios en los que se encuentran lanzamientos de artefactos a los cuarteles de la Guardia Civil o agresiones directas a los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Los investigadores han confeccionado un extenso informe, al que ha tenido acceso EL MUNDO, en el que se detalla una amplia relación de "actos de agresión, daños, así como de grave resistencia o amedrentamiento" y en el que se destaca la «inacción» de Mossos d'Esquadra durante todos estos episodios.

Estos sucesos, comprendidos entre el pasado 1 de septiembre y el 8 de noviembre, abarcan desde lanzamientos de artefactos explosivos a cuarteles de la Guardia Civil pasando por movilizaciones para acorralar a las Fuerzas de Seguridad del Estado, al corte de las principales comunicaciones o a las movilizaciones frente al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Estas últimas se consideran actos coercitivos.

En estos sucesos se enclavan "golpes, empujones, insultos y amenazas a los agentes" y el destrozo de sus vehículos, incluso los camuflados.

Documenta al juez Llarena 122 "agresiones" e intimidaciones y casi 200 cortes de vías

Algunos de los episodios más agresivos tuvieron lugar en Sant Esteve de les Roures, donde "uno de los manifestantes que ya había agredido a otros agentes aprovechó la caída de uno de ellos, que quedó totalmente indefenso para propinarle una brutal patada en la parte posterior de la cabeza". En este mismo lugar, el conductor de una motocicleta intentó atropellar a un policía y robarle el arma reglamentaria.

Pero es que "un varón desconocido aprovechó el hueco existente entre dos contenedores para impulsarse e impactar con una patada en la cabeza de un agente de la guardia civil". En Sant Carles de la Ràpita se produjo un lanzamiento de piedras contra los agentes y los vehículos. Por su parte, en Vic llegaron a rodear las instalaciones policiales 2.000 manifestantes impidiendo la salida no sólo de los agentes sino de sus familiares.

La Guardia Civil también incluye en su informe los actos protagonizados por los líderes independentistas para instigar lo que la Policía Judicial califica de "levantamiento" con un "fin cismático" contra el Estado.

La Guardia Civil atribuye la responsabilidad máxima de estos sucesos a los cabecillas secesionistas, por "valerse de la población, alentando actos de insurrección pública, de desobediencia y de resistencia colectiva a la autoridad legítima del Estado, ocupando carreteras y calles, bloqueando edificios públicos y sometiendo a las autoridades judiciales y a los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad a un incesante acoso".

Según los investigadores, "se enorgullecieron de ese movimiento radical, sin hacer ni un intento por tratar de desconvocar o llamar a la calma a la gente sino todo lo contrario". Fue el caso del "principal exponente de este proceso secesionista, el entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, que difundió el siguiente mensaje a través de Twitter: Vuestra solidaridad, afecto y compromiso nos alienta. Seguimos".

En el informe señala que se planificó un "levantamiento violento" contra el Estado

O el del ex vicepresidente Oriol Junqueras, que irrumpió en el registro del despacho de su hombre de confianza, Josep María Jové, para darle ánimos. Acto seguido bajó a la calle y alentó a la multitud levantando los brazos para que entorpecieran la actuación judicial.

La Guardia Civil sitúa el inicio de esta espiral de violencia en un suceso que tuvo lugar el 30 de abril de 2017 a las 19.30 horas. En ese momento un individuo que transitaba por la calle Travessera de Gràcia, en las proximidades del cuartel de la Guardia Civil, "cruzó corriendo la calzada y arrojó un objeto que a los pocos segundos produjo una explosión con deflagración de gases".

Este tipo de episodios se reprodujo, meses más tarde, a partir de septiembre. En el mismo acuartelamiento el día 10 un grupo de 25 personas con bengalas se concentró en la puerta con una pancarta en la que se representaba "la figura del teniente coronel Tejero dentro de una señal de prohibido» y la leyenda Que se vayan".

Los sucesos callejeros se fueron agravando. El 19 de septiembre, en la localidad de Reus, unos desconocidos realizaron pintadas en el Hotel Gaudí en el que se hospedaban agentes de Policía y "lanzaron bolas de pintura contra la fachada del establecimiento".

Pero los episodios más graves comenzaron el 20 de septiembre, cuando el Juzgado número 13 de Barcelona ordenó los primeros registros en el marco de la investigación de los preparativos del referéndum ilegal del uno de octubre. "En algunos puntos geográficos se organizaron diversas concentraciones, que ni mucho menos fueron casuales, sino promovidas por diferentes asociaciones soberanistas (Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural); todo ello con el objetivo de entorpecer y detener la actuación que la Guardia Civil estaba realizando, lo que provocó altercados de orden público". En esta línea destaca la Policía Judicial que Òmnium Cultural "activó un número de teléfono a través del cual crearon grupos de difusión en aplicaciones de mensajería como Whatsapp o Telegram" para "detener a la Guardia Civil".

Estos mensajes dejan "bien claro", a juicio de los investigadores, que "las dos entidades soberanistas fueron las encargadas de movilizar a todo el personal contra la Guardia Civil viviéndose situaciones de mucha tensión y violencia".

CDR: así funcionan los comités que agitan el soberanismo en la calle

Los CDR (Comités de Defensa de la República), esas siglas tras las que se amparan los promotores de las acciones de kale borroka que cada vez con mayor intensidad se vienen sucediendo en todo el territorio catalán, son una organización pantalla de Arran, las juventudes de la CUP, creada en su día siguiendo el modelo de los Comités de Defensa de la Revolución cubanos.

Como el original caribeño, fruto del adiestramiento de la policía política de la isla a cargo de instructores alemanes de la Stasi, su estructura se disemina por la geografía local a partir de unos comités de zona dotados de gran autonomía operativa que circunscriben su actuación dentro de los muy acotados límites de un barrio urbano o una pequeña población rural.

Se articulan en un segundo nivel de alcance comarcal, ya mucho más centralizado, para culminar en un pequeño sanedrín directivo, la «coordinadora nacional», cuyos integrantes limitan al máximo sus apariciones públicas, órgano que acoge a la jerarquía encargada de transmitir las órdenes desde la cúspide. Unas directrices, como la de cortar durante esta Semana Santa los accesos por carretera que comunican Francia con España, que se aprestan a cumplir disciplinadamente los soldados de los CDR.

En su inmensa mayoría son estudiantes de Secundaria con un rango de edades de entre los 14 y los 18 años. De ahí, que su presencia en el territorio siempre se deje notar más durante los periodos de vacaciones escolares. Sometidos en todo momento al control y la tutela de los activistas encuadrados en Arran, esos genuinos grupos de choque del procés seleccionan a la mayor parte de los aspirantes a formar parte de la organización vía internet. Así, a través de ciertas páginas web integradas en la blogosfera independentista, cuantos se postulan para integrarse en un CDR establecen el primer contacto con los captadores.

A partir de ese instante se activa un metódico proceso de filtro en la selección, todo un complejo protocolo de pesquisas acerca del origen y biografía de cada peticionario marcado por la obsesiva fijación de los mandos de los CDR de evitar posibles infiltraciones policiales en su seno. Prácticas cautelares que, como muchas otras metodologías organizativas y de acción que les son propias, los CDR de la CUP han importado del País Vasco.

Y es que, junto con la matriz cubana, Jarrai, su estructura y procedimientos, constituye la otra referencia canónica que han querido trasplantar a Cataluña los artífices de los CDR. Un mimetismo, el que se busca con las formas y los modos de la kale borroka, a cuya implementación no es ajeno el permanente trasiego por Cataluña de pedagogos vascos que acuden a ilustrar a sus alumnos locales sobre las técnicas de guerrilla urbana cuya eficacia se testó durante años en las calles y callejones de Euskadi.

Unas prácticas docentes que abarcan desde el desarrollo de habilidades para bloquear carreteras y vías férreas hasta el modus operandi a seguir ante la presencia de cámaras y micrófonos de prensa. Enseñanzas que los novicios admitidos en los CDR interiorizan en los preceptivos cursillos de formación por los que deben pasar todos ellos.

Por lo demás, y también a imagen y semejanza de lo vivido en el País Vasco, esas barras bravas teledirigidas desde la trastienda más opaca del soberanismo institucional de apariencia respetable reúnen en sus filas a un surtido carrusel de extremistas, violentos y marginales de obediencia varia, sopa menestra de radicalidades iconoclastas que va mucho más allá de las lindes del independentismo hiperventilado. Razón por la cual en las algaradas destaca la presencia de abundantes alborotadores de filiación anarcoide junto con sus inopinados compañeros de viaje a Ítaca.

Alumbrados en su día como Comités de Defensa del Referéndum, su misión inicial fue la de servir de banderín de enganche para captar y organizar a grupos de activistas dispuestos a mantener abiertos los colegios electorales durante la jornada del 1 de octubre en previsión de un eventual cumplimiento de las órdenes judiciales por parte de los mandos de los Mossos. Aunque inmediatamente se les cambió el segundo apellido, ese republicano con el que ahora se presentan en sociedad.

Arran, la mano que mece la cuna de los CDR, es considerada en estos momentos por los analistas de las Fuerzas de Seguridad del Estado como la principal organización secesionista en cuyo interior podrían estar gestándose las condiciones potenciales para la eventual irrupción en la escena catalana de un núcleo permanente de violencia organizada. Algo que contrasta con la complaciente tolerancia que la Consejería de Interior de la Generalitat intervenida viene mostrando con sus cada vez más audaces acciones de intimidación y sabotaje. Murió durante el parto el Estat Català, pero quedan sus Tonton Macoute.

Fuente: El Mundo

Análisis: En Cataluña ya estamos en guerra civil

Miquel Gimenez

Se puede intentar disfrazar, disimular o, simplemente, esconder, pero es evidente que a día de hoy existen dos bandos en Cataluña y que unos están dispuestos a emplear todos los métodos para salirse con la suya. El interrogante es saber que van a hacer los otros para defenderse.

Las bondades que entraña provocar al Estado

Pilar Rahola, que ha mutado de hagiógrafa del poder nacionalista burgués a la condición de agitadora social, defendía en una tertulia de la emisora del Conde de Godó, Grande de España, subvencionado por todos los lados y protector de especímenes como Eduard Pujol, el del patinete y ahora vocero separatista, que hay que provocar al Estado. Ante la imposibilidad de investir a Puigdemont, ha dicho que propone a Carles Riera, de las CUP, como candidato a la presidencia de la Generalitat. “Hay que apoyar la candidatura que más moleste al Estado”. Lo dice una millonaria, ¡a las barricadas!

Lo grave de la hora presente no es la frivolidad con la que se produce ante el micrófono o la cámara televisiva esta señora, o cualquier otro integrante de la pléyade comunicadora separatista. Lo auténticamente preocupante es que lo hagan mientras en toda Cataluña el conflicto se ha trasladado del terciopelo del Parlament, la moqueta de los despachos o los medios de comunicación a la calle.

Este fin de semana, a raíz de la detención en Alemania del fugado Puigdemont, se han vivido escenas de una gran violencia en la capital catalana, en Girona, en Tarragona, en las carreteras del Principado. He ahí el resultado de años y años de adoctrinamiento, de hacerle creer a la gente cosas que ellos mismos sabían que eran imposibles – lo reconoció el propio Artur Mas en una entrevista -, de sembrar la semilla de la superioridad moral de unos y de la bajeza de otros. Lo que se plasma en los contenedores incendiados, las carreteras cortadas, las pintadas intimidatorias o el tremendo puñetazo que le propina un energúmeno separatista a un joven que portaba una bandera española no es más que esto: no sabemos perder, no queremos perder, no nos da la gana de que ganéis vosotros. Rahola dixit, lo que provoque más al Estado, es decir, lo que haga más daño, lo peor, lo que sea con tal de que no ganen ellos. Porque toda esta gente sabe que lo tiene más que perdido, pero es tal su arrogante carácter que están dispuestos a cualquier cosa antes que decir que lo sienten.

Es guerra civil, insisto, cuando un miembro de los Mossos es descubierto por sus propios compañeros participando en el asedio a la Delegación del Gobierno"

Ese clima amenazante que ha durado meses, que se hacía cada vez más gris, más ominoso, ha acabado por estallar. Cuando un alto cargo de la Generalitat se permite insultar al ex portavoz de Ciudadanos JordiCañas llamándole miserable y diciendo que le da asco, para después insultar a un colega periodista con los epítetos de ladrón, fascista o extorsionador es que algo falla. ¿Saben qué? Que el insultador es Agustí Colominas, ex gerente de la fundación de Convergencia, la CATDEM, y actual director de la escuela de administración pública de la Generalitat. No nos engañemos, esto solo pasa en un país que vive en guerra contra sí mismo, en el que los odios han ocupado el lugar de las razones, en el que la víscera ha ganado a la neurona.

Es guerra civil, porque en mi tierra la mentalidad de Cheka es mucho más abundante que la de ir al frente, de ahí que en las redes sociales se encuentren obscenidades como la que tuiteó @csaune en la que daba información acerca de donde trabaja y como se llama la esposa del juez Pablo Llarena, ahora con protección policial debido a las pintadas amenazadoras hechas por Arran delante de su casa en Gerona. La infame tuitera decía “hay que difundir – los datos de la esposa – para que sepan que ya no podrán ir por la calle a partir de ahora”.

Es guerra civil, insisto, cuando un miembro de los Mossos es descubierto por sus propios compañeros participando en el asedio a la Delegación del Gobierno. Es enfrentamiento entre dos maneras de entender a Cataluña, una que quiere el conflicto porque ya no sabe por dónde salir y la otra que, simplemente, aspira es a vivir en paz, con un trabajo digno, un Estado que ampare al débil y un sistema justo para todos.

Siempre se jactó el separatismo de su carácter pacífico, no violento, casi seráfico. Ya saben, la revolución de las sonrisas. Nunca han reconocido ni lo harán que su postura conllevaba, necesariamente, una carga de violencia ideológica. Multar a un sencillo comerciante por no rotular en catalán ¿no era violencia? Obligar a los niños a estudiar solamente en catalán, escondiendo debajo de la alfombra el castellano ¿no era violencia, y de la peor clase, porque se practica contra inocentes? Vean como entienden estas gentes el concepto de violencia cuando la misma Ómnium, la que tiene a Jordi Cuixart, su dirigente, en la cárcel, califica los hechos vandálicos de este domingo como una cosa “pacífica y ejemplar”. Lo ha dicho su actual presidente, Marcel Mauri, que añadía “En cualquier país del mundo, cuando encarcelan a todo su gobierno la gente sale a la calle y lo quema todo, pero aquí eso no pasa”. Le hace falta acudir a un buen oculista, porque el centro de Barcelona estaba iluminado ayer noche por incontables containers incendiados por los suyos.

Y es que negar la evidencia es también un síntoma de guerra civil, porque de todos es sabido que la primera víctima en cualquier guerra es la verdad. Los Mossos heridos son guerra civil. Las piedras, pintura, salfumán, botes de humo, lejía, palos, sillas de las terrazas, incluso algunos extintores que les arrojaron, son guerra civil. Los conductores intimidados por piquetes de cafres que cortan el tráfico y toman las matrículas de aquellos que no secundan, amenazándolos con gritos de “Sabemos quién eres, ya te pillaremos, hijo de puta”, son guerra civil. Los Mossos separatistas como el que participaba en las agresiones contra la policía autonómica, son guerra civil. TV3, dando todo el día consignas acerca de los sitios donde existen tumultos, casi invitando a la gente para que se sume, informando sesgadamente, lanzado soflamas en favor de los sublevados presos o detenidos, es guerra civil.

Un separatista que trabaja en esa televisión que debería haber sido la primera en recibir una aplicación vigorosa del 155, Jair Domínguez, autor de momentos televisivos repugnantes como cuando disparó a una fotografía del por entonces rey Juan Carlos, lo ha dejado claro. El colaborador del programa “Està passant”, presentado por Toni Soler, otro de los beneficiados del proceso, dijo textualmente en su cuenta de Instagram que “habrá muertos para conseguir la república catalana y será terrible porque, en el fondo, no nos gusta la violencia”. En el fondo, menos mal. Es el mismo individuo que escribió en la revista “Esguard” que quería atar al ministro Zoido, tumbarlo encima de una mesa de neurocirujano, clavarle la cabeza con tonillos y cordeles para que no se moviese ni un milímetro y cortarle con un cúter la papada para podérsela comer. El mismo que, aliviado, manifiesta que por fin han descubierto que la república no llegará con lacitos amarillos o manifiestos, sino con sangre y fuego. Eso es guerra civil, es vomitivo, es incitación al odio, a la violencia, al enfrentamiento. Y delito, claro.

Ellos saben perfectamente que esto es una guerra y quieren ganarla como sea. Pervirtiendo la democracia mediante referéndums que no son más que charlotadas dignas de un gerifalte africano, adulterando la vida parlamentaria, defendiendo a los delincuentes cual si de héroes se tratase. El último peldaño que les quedaba era el de justificar la kale borroka y ya están en ello. Solo en Barcelona: cargas policiales, un centenar de heridos – veintitrés son Mossos – y nueve detenciones. Eso sí, no habrán escuchado por parte de la pseudo izquierda más que el silencio cómplice de los podemitas catalanes o el vergonzante llamamiento del socialista Miquel Iceta para que se cree un gobierno de concentración.

La irresponsable pasividad también es un síntoma de guerra civil. Ahora se trata de saber si los que defendemos la ley y el orden vamos a enterarnos de lo que hay o seguiremos matando moscas, como aquel emperador que se entretenía en tales ocios mientras que su guardia pretoriana llegó y le cortó el cuello.

Fuente: Vozpopuli