Stephen Lendman
Stephen Lendman
La total toma de control neoconservador en Washington, discutida en un artículo anterior, no spone en riesgo de una guerra inimaginable entre las potencias nucleares dominantes del mundo.
Probablemente el empresario Trump no tenía idea de donde se estaba metiendo como presidente: las responsabilidades del mundo de la administración no son las del sector privado.
Como alguien enfocado en hacer crecer su empresa y hacer dinero a lo largo de sus años en el negocio, seguramente no quiere perderlo en una nube en forma de hongo.
Ingresó en la Casa Blanca sabiendo de bienes raíces y sus otros intereses comerciales, pero nada sobre asuntos de Estado.
Todos los presidentes confían en asesores, expertos en sus campos para formular políticas nacionales y extranjeras.
Seguramente influenciado por las fuerzas oscuras, Trump eligió a los peores, se inclinó a elegir toda una galería de extremistas para las posiciones clave de la administración.
Permitió que Wall Street administrara asuntos internos, puso a los neoconservadores de línea dura a cargo de la geopolítica, y su agenda se centró en lograr la hegemonía global de cualquier forma.
Los resultados son claros, su administración intensifica guerras interminables de agresión en múltiples teatros que heredó, en lugar de retroceder responsablemente, amenazando nuevos conflictos contra países soberanos y un camino hacia una posible guerra nuclear catastrófica, amenazando la supervivencia de la humanidad.
La hostilidad de EE.UU./UK hacia Rusia debería asustar a todos, si las cosas se dirigen a ser críticas y las cabezas frías de Washington, Gran Bretaña y otros países clave de la OTAN no reducen las tensiones, estas se vuelven tremendamente peligrosas.
He dicho muchas veces que la guerra nuclear puede ocurrir por accidente o por diseño. Los eventos desde la elección de Trump empeoraron la situación.
La hostilidad occidental dirigida por los EE.UU. hacia Moscú está alimentada por las falsas acusaciones de interferencia de Moscú en el proceso electoral de Estados Unidos, falsas acusaciones de "agresión rusa" en Ucrania y furia en Washington por el éxito del Kremlin en Siria.
Fracasó en los objetivos imperiales de EE.UU., queriendo reemplazar a Assad con un gobierno títere pro occidental, y fracasó en la intención de aislar a Irán con una campaña similar contra su gobierno.
En las condiciones actuales, el mejor escenario de relación entre EE.UU. y Rusia es algo similar a las intensas tensiones de la Guerra Fría en sus peores días. El riesgo de algo mucho más peligroso es enorme.
La contención estratégica de Rusia ha sido la política de los EE.UU. a lo largo del período posterior a la Segunda Guerra Mundial, formulada por el asesor geopolítico de la era Truman George Kennan , que dice:
"El elemento principal de cualquier política de los Estados Unidos hacia la Unión Soviética debe ser la contención a largo plazo, paciente pero firme y vigilante de las tendencias expansivas rusas".
En aquel entonces, derrotar al comunismo era el objetivo de Estados Unidos. Hoy es desafiar la independencia soberana rusa, su poderío militar superior y el liderazgo de Putin.
Anteriormente dijo
"(W) tenemos todos los motivos para suponer que la infame política de contención, liderada en los siglos 18, 19 y 20, continúa en la actualidad".
Las naciones occidentales lideradas por Estados Unidos están "constantemente tratando de arrinconarnos porque tenemos una posición independiente, porque la mantenemos y porque llamamos a las cosas como son y no nos involucramos en la hipocresía", y agrega:
"Todo tiene sus límites. En Ucrania, nuestros socios occidentales (sic) cruzaron la línea roja. "Actúan de manera irresponsable y no profesional".
La oposición de Putin a los objetivos hegemónicos de Estados Unidos lo convirtió en el enemigo público número uno en Washington.
La falsa bandera del incidente Skripal en el Reino Unido, probablemente coordinado conjuntamente con Washington, exacerbó las ya pésimas relaciones con Moscú.
Es más probable que empeoren a que mejoren. Teniendo en cuenta los acontecimientos recientes, unido a que los neoconservadores controlan la geopolítica de EE.UU., podemos concluir que el riesgo de enfrentamiento Este / Oeste es peligrosamente alto.
¿Es inevitable la guerra de EE.UU. Contra Rusia? Es cada vez más probable que la hostilidad hacia el Kremlin siga escalando, impulsada por un repiqueteo casi diario de los informes de los medios rusófobos.
La frase de Henry Wadsworth Longfellow "A quien los dioses destruirán, primero se les vuelve locos" podría aplicarse a lo que sucede hoy en día.
¿La rabia de Washington por el dominio del mundo nos destruirá a todos? ¡La posibilidad debería aterrorizar a todos en todas partes!
*Stephen Lendman es investigador asociado del CRG, corresponsal de Global Research con sede en Chicago.