Redacción
Moscú y Pekín están actuando de manera muy astuta e inteligente al adquirir cada vez más oro, declaró en una entrevista a Sputnik Dmitri Shpek.
Dos países, dos estrategias
Durante su conversación con Sputnik, Shpek, especialista en oro, comparó las dos estrategias que Rusia y China utilizan a la hora de adquirir el metal precioso. En China las empresas privadas compran las mayores cantidades de oro frente al Banco Central del propio país asiático, mientras que en Rusia la situación es diametralmente opuesta.
Shpek considera que ambos países tienen razones muy serias para aumentar sus reservas del metal precioso.
El caso de Rusia
La principal causa por la que Rusia acude a tal medida es el dominio del dólar en el sistema financiero mundial. El Banco Central del país euroasiático considera que el dominio de dólar causa una serie de desventajas para otros Estados.
"La moneda estadounidense puede depreciarse bruscamente como resultado de la inflación. Aquellos países que mantengan grandes reservas de dólares podrán caer victimas del chantaje político de EEUU. De ahí que Rusia, contra la que Washington introdujo sanciones políticas, tiene todas las razones para apostar por el oro y, de esta manera, garantizar la seguridad de sus inversiones", recalcó Shpek.
En comparación con la divisa estadounidense, el metal precioso no puede depreciarse bruscamente a medida que los problemas relacionados con el suministro de oro sean capaces de influir en su valor. Según los pronósticos de Goldman Sachs, próximamente los volúmenes de extracción de oro irán a la baja.
"Desde los años 60 del siglo pasado, Washington está aplicando una política dirigida a eliminar el oro del sistema mundial financiero y sustituirlo por bonos del Tesoro de EEUU", recordó el interlocutor de Sputnik.
Shpek considera que en las actuales circunstancias Moscú está actuando de manera muy astuta a medida que sigue aumentando sus reservas de oro durante casi 10 años seguidos.
"Rusia apuesta por la única herramienta financiera estable y líquida", enfatizó Shpek, quien agregó que el oro es "una herramienta clásica".
Las reservas del país euroasiático se han acercado recientemente a las 2.000 toneladas. Nunca antes Rusia tuvo tan cerca alcanzar el récord que estableció la URSS en 1941, tras aumentar sus reservas de oro hasta las 2.800 toneladas.
La estrategia de Pekín
En cuanto a China, Shpek considera que es bastante difícil encontrar causas razonables por las que el país asiático está comprando más oro. Según el experto, Pekín tiene un gran problema: cuenta con grandes reservas de dólares.
"Además, el país asiático ha comprado una gran cantidad de bonos estadounidenses mientras que el porcentaje de oro en sus reservas es bastante pequeño. De esta manera, el país asiático corre peligro de convertirse en un objeto de chantaje político", señaló Shpek, aludiendo a que esta podría ser la principal causa por la que Pekín está acumulando paulatinamente sus reservas del oro.
No obstante, el experto destacó que estas reservas no se corresponden con la fuerza económica del gigante asiático, que podría permitirse adquirir una mayor cantidad de este metal precioso.
Trump y la desindustrialización de EEUU
Shpek considera que Washington está buscando eliminar el oro del mercado internacional por completo. De esta manera, EEUU quiere garantizar el financiamiento de su propio déficit por cuenta corriente. Por eso Washington está interesada en que los bancos centrales de otros países inviertan sus recursos en dólares o bonos estadounidenses.
Esta estrategia de EEUU tiene, sin embargo, sus propias deficiencias. El crecimiento del tipo de cambio del dólar condujo a la desindustrialización en EEUU.
"Es uno de los problemas en los que Trump está ocupado. Aunque para justificar su política dirigida a corregir esta situación, el político tira de argumentos completamente incorrectos. Por ejemplo, echa la culpa a sus socios comerciales. Esto es una tontería", concluye Shpek.
China acusa a EEUU de presionar a los países asiáticos
Washington amenaza a la seguridad de China y de los otros países de la región al desplegar sus armas estratégicas en el mar del Sur de China, declaró el ministro de Exteriores del país asiático, Wang Yi, en una conferencia de prensa celebrada en Singapur.
El diplomático subrayó también que EEUU "ejerce presión" sobre China y sus países vecinos y afirmó que Pekín "se ve obligada a tomar medidas de autodefensa" que los estadounidenses tachan de "militaristas".
En marzo, el Ministerio de Defensa de China acusó a EEUU de violar la soberanía del país después de que el destructor estadounidense USS Mustin se acercara a las disputadas islas Spratly, situadas en el mar del Sur de China.
"La intrusión de un buque militar estadounidense en las aguas que bañan las islas chinas en el mar del Sur de China viola la soberanía y la seguridad de China, viola los principios fundamentales de las relaciones internacionales y amenaza la paz y la estabilidad en la región", declaró el portavoz del ministerio, Ren Guoqiang, que tachó de "grave provocación política y militar" las acciones de Washington.
Pese al descontento de Pekín, EEUU habitualmente envía buques de guerra a las aguas del mar del Sur de China con el fin de mantener la seguridad en la zona, que considera que está en su esfera de responsabilidad.
Análisis: Trump (pro)mueve el Foro de Negocios Indo-Pacífico contra la Nueva Ruta de la Seda china
Alfredo Jalife-Rahme
En medio de la escalada de la guerra comercial entre EEUU y China, Trump ha lanzado el proyecto geoeconómico Indo-Pacífico, que cuenta con el apoyo de Japón y Australia, con el fin de competir con las tres Rutas de la Seda de China —la Eurasiática, la marítima con Oriente Medio y África, y la del Ártico—.
El anterior Director de la CIA y hoy Secretario de Estado, Mike Pompeo, proyectó un programa de inversiones en la región Indo-Pacífico por un monto de 113 millones de dólares con la intención de competir con el gran proyecto de la Nueva Ruta de la Seda de China, que se calcula tendrá inversiones por 8 billones de dólares.
Al corte de caja de hoy, se evalúa que la Ruta de la Seda de China, que contempla fuertes inversiones en infraestructura en su trayecto y proyecto, vale 71 veces más que el recién gestado proyecto Indo-Pacífico de EEUU.
Feliz con su proyecto que lanzó durante el Foro de Negocios Indo-Pacífico en Washington, Pompeo salió a visitar a los países asiáticos con el apoyo de Japón y Australia.
¿Qué tanto se querrán arriesgar Japón y Australia a colisionar comercialmente con China?
Aquí lo interesante será vislumbrar la postura que adoptará la India —que viene de concertar relevantes acuerdos con China en el marco de la décima Cumbre de los BRICS en Johannesburgo— que se ha mantenido un tanto neutral.
Sin la India no se ve cómo el proyecto geoeconómico de Trump/Pompeo Visión Económica Indo-Pacífico pueda competir contra las tres Rutas de la Seda impulsadas por China.
Ni siquiera se contempla cómo este proyecto de la dupla Trump/Pompeo pueda competir con la Asociación Regional Económica Integral (RCEP, por sus siglas en inglés), que encabeza China con 16 miembros.
David Bohigian, vicepresidente ejecutivo de la Corporación de Inversiones Privadas Foráneas de EEUU (OPIC, por sus siglas en inglés), señaló que la economía es un pilar de la estrategia de Seguridad Nacional de EEUU cuando "va de la mano con el desarrollo, la defensa y la diplomacia" como alternativa al modelo chino y "crece la preocupación en Washington de que China apuntala sus conexiones globales mediante la creación de infraestructura internacional y proyectos de financiamiento en los países en vías de desarrollo".
Además de los raquíticos 113 millones de dólares en inversiones gubernamentales directas de EEUU —en nueva tecnología, energía e iniciativas de infraestructura en los países emergentes de Asia—, el plan "duplicaría el tope de gasto global para el desarrollo financiero corporativo a 60.000 millones de dólares", lo cual "sería usado para financiar a las empresas privadas con préstamos para sus proyectos foráneos", según South China Morning Post.
Un serio problema radica en la falta de credibilidad de Trump, que rompe sus acuerdos con una facilidad pasmosa.
Otro problema nada menor se encuentra en el hecho que EEUU es muy celoso con su "transferencia de tecnología" que, como ejemplo sideral, nunca proveyó a su socio mercantil México dentro del etéreo TLCAN y que ahora le reclama a China en forma airada.
El problema más grande es que EEUU carece de capital para realizar inversiones tanto al interior como al exterior, lo cual es todo lo contrario de China, que ostenta las máximas reservas de divisas del planeta y que alcanzan los 3,2 billones de dólares frente a los 117 millones de dólares de EEUU:!27 veces más!
South China Morning Post cita a Esward Prasad, exencargado de la división de China en el FMI, quien calificó de "pequeñas" las inversiones de EEUU comparadas a las de China.
El medio señala que las dos economías más grandes del mundo "están enfrascadas en su peor confrontación comercial y en una batalla geopolítica por el dominio regional".
Bonnie Glaser, director del Proyecto por el Poder de China en el influyente Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, comenta que EEUU "no puede competir con China en términos de dinero".
Llama la atención que una de las banderas que enarbola EEUU para el proyecto comercial Indo-Pacífico se basa en la "calidad de las inversiones" y la "protección del medio ambiente" cuando se ignora qué quieren decir con "calidad", ya que Trump ya se salió del acuerdo sobre el cambio climático.
No faltan los turiferarios del proyecto Indo-Pacífico quienes señalan que es "el sucesor del Plan Marshall de hace 70 años", lo cual suena ditirámbico, ya que los 113 millones de dólares inversiones aludidos son verdaderamente migajas ante los recursos asignados a las tres Rutas de la Seda.
El Ministerio de Comercio de China comentó que el plan de elevar tarifas de Trump a los productos chinos está condenado al fracaso porque "EEUU juega al mismo tiempo tácticas duras y suaves".
Para el rotativo chino People's Daily, Trump practica la "estrategia de contracción" y "coloca más recursos en la región Indo-Pacífico mientras reduce su presencia en Oriente Medio y Europa de manera bien planificada": hasta ahora el "concepto Indo-Pacífico" carece de "un importante apoyo económico", pero los "esfuerzos continuos de EEUU en transferir sus fuerzas militares a la región Indo-Pacífico y en fortalecer sus lazos con Japón, Australia y la India dan plena evidencia de su determinación para mantener su estrategia pivote que ahora ha girado a la región Asia-Pacífica", según el investigador chino Sun Chenghao.
Gran parte de la escalada en varios temas y diversos niveles entre EEUU y China se debe a "malos entendidos", según Zhang Jiadong, quien arguye que tanto China como EEUU "no leen adecuadamente el orden internacional" basado en el concepto de la "soberanía de los países": Occidente tiende a creer que "los conceptos como democracia, libertad y derechos humanos son superiores al concepto de los países soberanos", pero "sus pretensiones no han podido cambiar la esencia del sistema de los países soberanos".
También EEUU y China no han entendido "la tendencia del desarrollo humano de las sociedades" cuando "han alternado la integración, mediante la globalización, y la fragmentación".
Según Zhang Jiadong, "conforme EEUU ha pasado por su fundación, desarrollo, ascenso y hegemonía, es natural que ahora esté en declive" y el siglo pasado ha enseñado que "mientras más arduo un país hegemónico defiende su liderazgo, más rápido es su declive", como sucedió con "el Imperio alemán, austrohúngaro, el Imperio otomano y el Imperio ruso durante la Primera Guerra Mundial, el Imperio japonés, la Alemania nazi y la Italia fascista durante la Segunda Guerra Mundial, los imperios coloniales representados por Francia y Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial, y la URSS durante la Guerra Fría".
A juicio de Zhang Jiadong, "el principal problema de China y EEUU no es meramente una guerra comercial, sino una mezcla compleja de política, economía y estrategia" cuando "algunas quejas de EEUU sobre China pueden ser algo razonables, pero las contramedidas de EEUU son hegemónicas e inaceptables".
El Senado de EEUU autorizó 716.000 millones de dólares de gasto militar para el Pentágono —más de seis veces la inversión en el proyecto Indo-Pacífico—, lo que incluye la 'ciberguerra' contra China, Rusia, Irán y Corea de Norte, y la construcción de un nuevo portaviones, mientras que en la 51 Cumbre ministerial de la ASEAN en Singapur aprobaron el borrador de un texto crucial con China que contempla "negociar un Código de Conducta" en el mar del Sur de China.
Detrás de Helsinki: Trump desea(ba) seducir a Putin contra el mandarín Xi
The Daily Beast (TDB) afirma que Kissinger empujó a Trump a trabajar con Rusia para encajonar a China( https://thebea.st/2LGohvT).
Casi medio siglo más tarde, el polémico ex secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional de los presidentes Nixon y Ford (http://bit.ly/2LCObQW), a sus 95 años aconseja en reversa: en 1971 atrajo a China contra la URSS, y hoy opera el acercamiento de Trump con Rusia para contener el ascenso de China. Durante la fase de transición, Kissinger convenció a Trump de acercarse a Rusia y contó con el apoyo de su correligionario talmúdico Jared Kushner.
Mas allá de sus indelebles numerosas acusaciones de crímenes de guerra, Kissinger goza de una tremenda influencia en la cúpula Trump y su juego en reversa, medio siglo más tarde, constituye el reflejo de lo dramático que han cambiado las relaciones geopolíticasen ese lapso.
La perfidia del israelí-alemán-estadunidense Kissinger es legendaria: dice apoyar la Ruta de la Seda del mandarín Xi –un mundo sinocéntrico basado en infraestructura y tratos comerciales–, que tendrá un efecto positivo en Asia, mientras en privado se puso de lado de los halcones sinófobos de Trump como profundo creyente de que el mundo de hoy versa sobre una batalla de superpotencias contra China.
Según TDB, varios funcionarios de alto nivel de la Casa Blanca juzgan que Rusia sería un útil contrapeso contra China.
No todos compran la teoría de un G-2 de Estados Unidos y Rusia contra China, como Richard Haass, presidente del influyente Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), quien comenta que no ve a Rusia en la actualidad orientarse a jugar ese rol.
El problema de la inercia punitiva desde los Clinton hasta Obama es su grave error geoestratégico de haber abierto dos frentes simultáneos contra Rusia –su desestabilización, con el fin de balcanizarla en su periferia inmediata, en particular, con su golpe de Estado inducido en Ucrania –y China– al rodearla militarmente en el mar del Sur de China, desestabilizando las provincias de la budista Tíbet y de la sunnita Xinjiang y cercándola con la fallida Asociación TransPacífico.
TDB cita un coro de furibundos sinófobos, quienes arremetieron contra China en el reciente foro de seguridad de Aspen, como Christopher Wray, director de la FBI, y Michael Collins, vicedirector asistente de la CIA en Asia Oriental (http://bit.ly/2LFqBmx).
Los pugnaces asistentes al foro de seguridad de Aspen dividen en forma antigravitatoria la cronología enemiga en dos fases: el corto plazo, donde Rusia es la enemiga debido a la apabullante letalidad de su arsenal nuclear, mientras en el mediano y largo plazos China lo será (https://thebea.st/2n0Pfj4).
TDB cita a una fuente clandestina (el viejo truco) de la Casa Blanca, quien desde las penumbras inasibles juzga que “en el largo ( sic) plazo, existe la creencia en la administración de que Moscú vislumbrará a Pekín como su máximo enemigo geopolítico –así como lo hace Washington ahora–, lo que puede ajustar un acercamiento con EU”. ¿Cómo podrán conciliar el corto, mediano y largo plazos los belicosos asesores de Trump?
¿Cómo podrán seducir a Rusia contra China, cuando les aplican simultáneamente guerras comerciales, cuando no sanciones?
Lo único que ha conseguido el complejo militar industrial de Beltway (http://bit.ly/2Kfz5v4) desde los Clinton, pasando por Obama, hasta hoy con Trump, ha sido acercar a Rusia y China que cada día profundizan su asociacion estratégica.
Harry Kazianis, Director de los estudios de defensa en el Center for the National Interest, comentó que es claro que para la administración Trump el ascenso de China constituye el desafío número uno de su seguridad nacional, por lo que no es nada descabellado que consideren a Rusia como socio potencial.
Agrega que no estaría impactado si en siete o 10 años se escenifica una alianza de EU y Rusia contra China. ¿Por que se cierran a un G-3 de EU/Rusia/China? Ahora falta ver cómo China pondera las pérfidas maniobras de Kissinger en reversa.
China critica el G-2 EU/Rusia, de Kissinger en reversa y define el nuevo orden multipolar
Ni tardo ni perezoso, Global Times define el nuevo orden multipolar y fustiga el proyecto de un G-2, de EU/Rusia fraguado por Kissinger, y juzga que “la estrategia de guerra fría de Kissinger no es adecuada para el mundo de hoy”.
El Observador Su Tan, del Global Times, primero adula a Kissinger: proponente del balance del poder y “practicante de la Realpolitik”, quien tuvo una “evaluación profunda (sic) y precisa (sic) de China y su importancia hace más de cuatro décadas (http://bit.ly/2O87Jtl).
La sesgada evaluación del Observador fue conveniente para los intereses de China hasta que Trump y sus halcones sinófobos llegaron a librar su guerra multidimensional contra Pekín, en la que solamente falta el teatro bélico.
Casi medio siglo más tarde, como alega Le Monde, China es la primera potencia geoeconómica global y EU se encapsula (https://lemde.fr/2v9qBQE), mientras Trump concentra sus fuerzas en el etéreo proyecto “Indo-Pacífico (http://bit.ly/2LV2bpu)” destinado a perder debido a su penuria financiera frente a las tres Rutas de la Seda de China– la Euroasiática, la del Ártico, y la Marítima con África y el Medio Oriente (http://bit.ly/2LQFOBr).
Hoy, 47 años más tarde, al Observador le disgustan los consejos de Kissinger sobre las presentes relaciones de EU y Rusiaque exhiben la “continuación de una mentalidad de guerra fría” y cuyo pensamiento estratégico puede probar no ser efectivo al lidiar con el ascenso de China que se encuentra profundamente inmerso en el sistema político y económico internacional y que no puede ser rodeado o aislado por nadie (sic).
Juzga que las relaciones trilaterales de China, EU y Rusia no conforman más el triángulo geoestratégico de la década de 1970ya que la elevada interdependencia entre China y EU y los lazos extensos de China con otros países significan que el acercamiento de Trump con Rusia no necesariamente consigue el aislamiento de China cuando ni Rusia desea ser un contrapeso de China para complacer a Trump.
Aduce que dado el poderío económico (sic) y la influencia internacional de China, ningún (sic) país incluyendo EU (¡mega-sic!), puede rehacer el orden mundial sin China.
El Observador lanza una sonora advertencia a los estrategas de la Casa Blanca: al contrario, puede ser posible que los países contemplen un nuevo orden mundial sin EU, conforme Trump lleva a su país a abandonar al resto del mundo, lo cual no puede ser facilitado acogiéndose a Rusia.
Concluye que aún no se detecta un claro paradigma de lo que será el nuevo orden mundial, mientras el mundo se encamina a un paisaje multipolar.
Fred Kaplan, especialista en estrategia militar en EU, sentencia que la teoría de Kissinger en reversa, de un acuerdo de Trump y Putin, no cuadra y que tampoco existe una gran estrategia detrás de la incoherente y desastrosa política exterior del presidente (https://slate.me/2n866QS).
Ivan Danilov considera que sería un grave error de parte de Rusia alinearse con EU con el fin de contener a China (http://bit.ly/2naSQeg).
Según Danilov, quienes acuerdan arreglos históricos con EU corren un riesgo colosal ya que cualquier acuerdo concluido por una administración puede ser fácilmente roto por su sucesora.
Para Ivan Danilov el presunto plan maestro de un G-2 de Trump y el zar Vlady Putin contra el mandarín Xi, tiene cero oportunidad de acontecer: “un verdadero diálogo sustancial de las relaciones ruso-estadunidenses podría iniciar solamente cuando la Casa Blanca entienda que Rusia es uno de los principales polos de poder del mundo con sus propios derechos e intereses,y no un martillo geopolítico para cañonear la Gran Muralla de China.
Quizá la dinámica del orden multipolar se defina en las elecciones intermedias del 6 de noviembre en EU, lo cual podría encaminar a un G-3 de EU/Rusia/China.