Política

El movimiento En Pie sacude a la izquierda alemana

Elespiadigital | Domingo 19 de agosto de 2018

La plataforma “Aufstehen”, fundada por la política Sahra Wagenknecht, ha recibido el apoyo de decenas de miles de personas en unos días. Pero no está claro qué ideas defiende.

Darko Janjevic



 

Darko Janjevic

La plataforma “Aufstehen”, fundada por la política Sahra Wagenknecht, ha recibido el apoyo de decenas de miles de personas en unos días. Pero no está claro qué ideas defiende.

Después de meses girando en torno a la idea de un gran movimiento izquierdista en Alemania, la líder parlamentaria del partido La Izquierda ("Die Linke”), Sahra Wagenknecht, ha hecho pública la primera  fase de su iniciativa En Pie ("Aufstehen”, en alemán) mediante una página web que ofrece al visitante la posibilidad de unirse al movimiento.

Según Wagenknecht, el objetivo de la iniciativa es movilizar a los votantes de izquierdas y presionar a los políticos para crear una mayoría que hiciese posible un gobierno situado en estas coordenadas políticas. También se propone ganarse a los "votantes de protesta” que actualmente se han inclinado por partidos populistas como la derecha nacionalista de Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán).

"Se trata de tener el coraje para vencer a la tendencia dominante neoliberal, de una política social en interés de la mayoría”, dijo Wagenknecht al medio digital Nachdenkenseiten.de. "La globalización dirigida por las grandes empresas, la desintegración del Estado de bienestar y una interminable serie de nuevas guerras no son una fuerza de la naturaleza. Hay una alternativa a ello y queremos dar a la gente la esperanza de que la política puede cambiar”.

De Pie, sin embargo, no es un partido político como tal y está abierto a miembros de otros partidos, entre ellos La Izquierda, los socialdemócratas del SPD y Los Verdes, además de a la gente sin afiliación política.

"Nadie tiene que dejar su organización para trabajar con nosotros, pero queremos especialmente animar a la gente que no se siente cómoda en ningún partido a que actúe”, dijo la lideresa política a la revista Der Spiegel.

En Pie no tiene el apoyo oficial de La Izquierda. Es más, numerosos pesos pesados de la formación ya se han pronunciado en contra del movimiento y de Wagenknecht. La política de 49 años tiene un largo historial de encontronazos con otros cargos importantes de su partido.

¿Una amenaza para La Izquierda?

La página web de En Pie, accesible desde hace una semana, consiste en un collage de vídeos en los que gente de toda Alemania discute ideas izquierdistas. Sin embargo, no da detalles sobre lo que los miembros de En Pie deberían defender. En principio, está previsto que el manifiesto político del grupo se publique en septiembre.

Pese a ello, más de 50.000 personas habían dado su apoyo al movimiento el pasado jueves (09.08.2018). Oskar Lafontaine, marido de Wagenknecht y su aliado político en La Izquierda, aplaudió el rápido éxito de la iniciativa.

"Estamos muy satisfechos”, dijo a la agencia de noticias dpa. "No contábamos necesariamente con un apoyo tan contundente”.

El viernes trabajo más buenas noticias para la plataforma de Wagenknecht: una encuesta encargada por la revista Focus mostró que más de un tercio de los votantes alemanes "podrían verse” votando a De Pie si el movimiento se transformase en partido político. La respuesta fue abrumadoramente positiva entre los votantes de La Izquierda, pues el 87% de ellos estaban abiertos a la posibilidad de apoyar la iniciativa en las urnas.

Los migrantes, de nuevo en el centro del debate

La iniciativa provocó que varios políticos de La Izquierda acusasen a Wagenknecht de intentar dividir al partido. Los desencuentros entre ella y otros compañeros de la formación poscomunista han sido visibles durante años, pero es bastante probable que la gota que colmara el vaso fuese la disputa en torno a la cuestión migratoria que tuvo lugar en el congreso de La Izquierda que se celebró en junio. Durante ese evento, Wagenkencht argumentó en contra de la política de fronteras abiertas, así como contra el dar a los inmigrantes acceso ilimitado al mercado laboral alemán.

Wagenknecht también advirtió que La Izquierda estaba sufriendo una sangría de votantes en favor de la derecha populista de AfD, que pide límites muy estrictos para las llegadas de migrantes. Al menos 40.000 votantes han cambiado de bando, con lo cual AfD se ha puesto por delante de La Izquierda en casi todos los bastiones tradicionales de los izquierdistas en el este de Alemania

No obstante, esa postura le valió un abucheo durante su discurso y no logró recabar suficientes apoyos.

Hacer equipo con un dramaturgo

Detrás de las cámaras, Wagenknecht ya estaba cooperando con el conocido dramaturgo berlinés Bernd Stegemann y otros destacados intelectuales de izquierdas alemanes que critican la política de refugiados de su país. Los artículos de Stegemann, otro nombre de peso en el movimiento De Pie, sobre el populismo y la corrección política habrían sido la inspiración de Wagenknecht para empezar la iniciativa. El artista argumenta que dejar entrar a inmigrantes complica aún más la vida de personas que ya tienen grandes complicaciones con los bajos salarios o los altos precios de la vivienda.

Esta semana, Wagenknecht y Stegemann han publicado conjuntamente un artículo en el diario Nordwest-Zeitung en el que defienden una política migratoria "realista” entre el resentimiento populista contra los inmigrantes y la bienvenida "ilimitada” a los recién llegados.

España y Alemania acuerdan pacto migratorio

Una política como esa apoyaría a quienes ayudan a los refugiados a integrarse, pero "no dejaría a los traficantes de personas determinar quién llega ilegalmente a Europa”, escribieron.

"Tienen todos los motivos para estar enfadados”

Wagenknecht y Stegemann también argumentaron que la "fijación” con los refugiados es una expresión de un enfado equivocado entre los votantes más pobres.

"La gente que trabaja con contratos a corto plazo, o los que tienen pensiones muy pequeñas, o cuyos hijos ya no pueden recibir una educación decente porque los colegios públicos se caen a trozos y no tienen suficientes profesores, tienen todos los motivos para estar enfadados con los de arriba”, subrayaron.

"Tenemos que asegurarnos de que estas voces vuelvan a ser escuchadas”.

Está previsto que los líderes del movimiento De Pie presenten el manifiesto de la plataforma el 4 de septiembre y publiquen una lista de 40 miembros fundadores, que presumiblemente contará con numerosos intelectuales prominentes.

Fuente: DW

Análisis: Una izquierda contra el globalismo

Fernando Paz

Con todo, consuela saber que, al menos, hay quien hace la crítica correcta, y que no todo en la izquierda es aquiescencia ante los amos del mundo.

Aunque en el tablero de la política juegan un papel de simetría que les hace aparecer como opuestos, lo cierto es que, en las últimas décadas, la izquierda ha venido fraguando la infraestructura moral que sustenta el diseño mundialista de los grandes intereses plutocráticos.

Detrás de cada slogan, de cada consigna, de cada movilización, se agazapan los intereses transnacionales: los temas del racismo y de la liberación femenina han servido, funcionalmente, para nutrir los ejércitos de reserva que hacen posible el imperio del mundialismo globalista.

Por eso, implícitamente al principio, y con absoluto descaro después, en Occidente la izquierda ha abandonado al asalariado para pasarse a la defensa de los inmigrantes y de los grupos sexualizados.

No es casualidad que la derecha gobernante en toda Europa haya asumido entusiástica las políticas de inmigración y la sexualización de las políticas sociales, incluso frente a quienes en origen constituían su base social, lo que ha conducido a algunos pensadores de izquierdas a reaccionar ante este hecho y reparar en quiénes son los beneficiarios de estas políticas.

Y han comenzado a cuestionar el papanatismo globalista de la izquierda convertida en coartada de los grandes intereses.

Las mejores cabezas de la izquierda, hartas quizá de jugar el papel de enfant terrible amaestrado, parecen percibir los cambios reales que están teniendo lugar. Porque, contra lo supuesto, la izquierda jamás llega a tiempo de reconocer una crisis, y siempre les madruga alguien más avispado y, sobre todo, menos dogmático.

Como agitado por esta posibilidad, el sociólogo radcial James Petras ha defendido el programa de Marine Le Pen, detectando y celebrando los hallazgos de su mensaje social frente a los intereses de la oligarquía mundialista de Bruselas que ha colocado a Macron en el Elíseo.

Mientras, el enfurruñado Slavoj Zizek mantiene que las causas de “liberación sexual” perjudican las verdaderas luchas de la izquierda, en línea con su idea de que “la autoridad social no nos dirige como sujetos que deben cumplir con sus deberes y sacrificarse”, sino que el discurso dominante hoy nos hace “sujetos de los placeres”, lo que abre una vía muy interesante hacia una reflexión ulterior sobre el papel del hedonismo en nuestras sociedades, relacionado con la ausencia de restricción como caracterísitca específica del capitalismo.

Quizá piensa en esto cuando afirma que “en el sistema toda ideología funciona como un contenedor vacío abierto a todos los significados”; que le hace concluir con que salirse de la ideología dominante es una experiencia dolorosa.

Resulta particularmente interesante el que proponga un cambio en las relaciones económicas internacionales para evitar la problemática de los refugiados. Porque considera que la de los refugiados es una problemática, no una “oportunidad” (ni tampoco un destino).

A Zizek le indigna la asunción del multiculturalismo por parte de la izquierda, algo que considera una trampa, por cuanto el multiculturalismo comienza por aceptar la despolitización de la economía. Y es esa temática la que le hace sospechoso.

Es el mismo caso – corregido y aumentado – de Goram Adamson, el radical sueco que, enfrentado a la inmigración masiva que vive su país (y el continente en su conjunto) denuncia la locura imperante. El multiculturalismo, asegura con rara presciencia izquierdista, “es un invento progre-neoliberal-derechista”, lo que relaciona con la labor de las oenegés, a las que considera culpables de buena parte de lo que está sucediendo.

Sociólogo y profesor en Londres, señala que su país, en lugar del paraíso multiétnico prometido, se está convirtiendo en un polvorín multicultural que genera gettos y discriminación sexual, maginalidad, violencia colectiva e interétnica. Fenómenos todos ellos que alimentan el fundamentalismo islámico.

Adamson critica particularmente el racismo “anti-racista” que concede a los inmigrantes mayores derechos que las poblaciones de acogida, considerando que “ser anti-racista es el buque insignia de la diversidad, pero de hecho, el multiculturalismo contiene numerosas cuaidades intolerantes que bordean el racismo, como la exotificación el grupo étnico y el delgado velo que existe entre etnicidad y nacionalismo”.

Para Adamson resulta obvio que detrás del impulso a las políticas migratorias se encuentran grandes intereses globalistas, y por eso, “la ideología de la diversidad que ha formado la orientación política de la generaciones más jóvenes tiene numerosas similitudes con el conservadurismo social y con el neoliberalismo”. El descontrol migratorio ha sido propiciado por los gobiernos derechistas de Gran Bretaña, Alemania, Bélgica o Francia y, en el caso español, por el de José María Aznar. Por no mencionar que el decisivo impulso a la emigración proviene de los Estados Unidos pre-Trump, Israel y George Soros.

La sociedad multicultural, tal y como está planteada – prosigue Adamson -, es todo lo contrariode una sociedad progresista: en realidad está dando cobijo a algunas de las ideas más reaccionarias, sexistas y contrarias a todo debate intelectual que quepa imaginar. Para Adamson, la izquierda multicultural es lo contrario de la izquierda clásica, con sus ideales de progreso, ciencia, secularización y debate de ideas. Representa un rechazo del nacionalismo a costa de afirmar una mísitica de lo étnico que rebasa con mucho el conservadurismo de quienes se oponen a la multiculturalidad.

El rechazo de la Ilustración por el multiculturalismo lleva a Adamson a suponer que los multiculturalistas y los derechistas identitarios comparten el mismo principio de buscar una suerte de trascendencia comunitarista, sin percibir la esencial naturaleza posmoderna y, pues, atomizada del multiculturalismo.

En realidad, parece que Adamson se resiste a llegar a la conclusión lógica, para no caer en un inconfesable identitarismo. La reivindicación individualista de raigambre ilustrada en la que se empeña es algo que pertenece al pasado, y el combate hoy es otro. Aunque trata de no mirar, resulta inevitable reparar en que la única oposición a ese globalismo multiculturalista que buscanimponer las élites económicas mundialistas radica, justamente, en la defensa de la identidad; podrá no gustarle, pero no hay otra bandera.

Con todo, consuela saber que, al menos, hay quien hace la crítica correcta, y que no todo en la izquierda es aquiescencia ante los amos del mundo.