Javier Benítez
Javier Benítez
Reveladores. Así fueron para el insigne pintor español Augusto Ferrer-Dalmau los días que transcurrió con el Ejército ruso en el frente de Alepo, cuyo fruto será una obra pictórica de su autoría. En su gran sensibilidad, este artista se descubrió en medio de soldados con carta cabal, a los que percibe como muy parecidos a los militares españoles.
La rebeldía de este revolucionario de la paleta, el pincel y el lienzo, hizo que un día tomara una decisión drástica que cambiaría para siempre su vida en el mundo artístico, y tumbara mitos y creencias respecto a las modas en el arte de la pintura: prefirió ir a contracorriente, antes que ir a contracorazón. Se quitó sus ropajes de paisajista para vestirse de 'Pintor de Batallas', tal como lo bautizó su amigo y escritor español Arturo Pérez-Reverte.
Una decisión que terminó llevándolo escasos días atrás –entre finales de septiembre y principios de octubre– a acompañar a los soldados rusos en el frente de Alepo, en Siria, para tomar nota de la que será su próxima gran obra que habitará en Moscú a partir de mayo de 2019: el tiempo dirá si la fecha en que sea descubierta en la capital rusa, coincida con el noveno día de ese mes.
No obstante, la idea es que la pintura pueda en algún momento hacer un tour por varios países para que pueda ser apreciada, incluso que llegue a ser expuesta en la propia Siria, cuando el final de la guerra y la derrota definitiva de los terroristas así lo permitan. Y que dentro de cien años, se cumpla otro de los sueños del artista: que la gente sepa cómo eran realmente las calles de Alepo –en una época tan catastrófica para sus moradores– contada por su sensibilidad presencial.
"Quiero que la gente cuando pasen los años y vea el cuadro diga: 'mira, Alepo era así hace cien años. Ahora es así'. Quiero que quede esa constancia, entonces es un documento histórico. Quiero que digan 'esa calle era así, la pintó Ferrer-Dalmau que estuvo ahí, que fue a verla, que estuvo con los soldados cuando aún estaban en guerra'. Quiero que sea un documento histórico", subraya el artista.
Esta obra es, entre otras cosas, hija de la oportunidad, la virtud de aprovechar el lugar y el momento. Y es que el pasado año Ferrer-Dalmau fue invitado a través del embajador y del Ministerio de Defensa ruso a visitar el taller Grékov de pintura militar en Moscú. Palabra va, palabra viene, y tras mencionar que ya había pintado en operaciones y misiones militares de otros países, el artista vio el agujero y se metió: "Yo me ofrecí: 'oye, yo quiero ir a pintar Siria, quiero conocer al soldado ruso que no lo conozco". Y entonces, todo comenzó.
Respecto a lo que trasmitirá su obra, el pintor dice que su idea "es una imagen humana de lo que es la misión", al explicar que su escenario será dantesco.
"Alepo es una ruina, un drama de la guerra de siete años que quiero plasmar en el cuadro, pero quiero que se vea también mucho la ayuda, la operación que está haciendo el Ejército ruso con la población civil, cómo se está volcando todos los días. Hay un plan de desarrollo, hay un plan de ayuda y esto yo lo he visto con mis ojos. Cómo la población se vuelca dentro de un riesgo real que existe de que en cualquier momento pueda caer una bomba o haber un ataque, porque no olvidemos que en Alepo aún sigue habiendo guerra", observa.
Su estancia en suelo sirio significó también para el pintor situarse entre bambalinas de un teatro en cuyos afiches globales –anunciados por el mainstream y disparados en ráfaga a un público heterogéneo y geográficamente disperso– se vende a un Ejército ruso como duro y malo.
En este sentido, el artista vuelve su mirada hacia Hollywood, donde el cine "siempre ha dado unas imágenes de un Ejército [ruso] un poco villano, un esperpento de Ejército, cuando en realidad es muy disciplinado, muy ordenado, [conformado por] buenas personas, gente muy simpática, muy cariñosa. Un Ejército que me sorprende porque he visto que muchos soldados leían. He visto muchísimos solados con sus libros leyendo en sus ratos libres", dice al explicar que se le ha desmontado el mito del Ejército ruso duro y malo.
Ferrer-Dalmau recita un rosario de gratas sorpresas que experimentó en el frente. Confiesa haberse sentido seguro todo el tiempo con los soldados rusos, con quienes se halló "como cuando voy con los soldados españoles. Como en casa. Protegido. [Son] soldados profesionales, sabían dónde tenían que pisar, por dónde teníamos que andar. O sea, [me sentí] muy, muy tranquilo. Exactamente como cuando voy con el Ejército español. Me sentía en casa".
En los días que no había a dónde ir para tomar referencias para su obra, Ferrer-Dalmau cuenta que permanecía en el cuartel, departiendo con soldados y oficiales, y donde reinaba la camaradería. "Charlábamos de lo humano, pues también forma parte de la pintura conocer el espíritu de las personas que voy a pintar".
A pesar de haberse sentido seguro todo el tiempo y no vivir en carne propia ningún ataque, admite que "sí que es cierto que por la noche en Alepo se sentían los cañonazos del enemigo a partir de las 0:30 o 1:00 [de la madrugada] que es cuando ellos [los terroristas] disparan. Se oían las bombas, algún disparo de francotirador, pero no recibí ningún tiro de ningún tipo", dice con sentido del humor.
"Había protección, [los soldados rusos] sabían dónde nos tenían que meter en ese momento, nos decían 'por aquí no, por aquí sí'. Hablamos de ir con profesionales".
Ferrer-Dalmau ha estado en muchas misiones a lo largo de su vida, entre las que menciona Afganistán –dos veces, una con los españoles y otra en el sur con los georgianos y norteamericanos–, en el Líbano, en Mali, con la UE, con la OTAN, con la ONU. "Todas son similares, en cierta manera. Lo que cambian son las personas", dice, al indicar que de casi todas ellas ha pintado cuadros, que se suman a los ya históricos que ha realizado con anterioridad.
En este momento el artista se encuentra en Madrid en la etapa de aglutinar todas las anotaciones que realizó en campo. "Estoy lleno de papeles por el suelo, con mil cosas, mil fotografías que tengo que clasificar. El cuadro la verdad lo tengo en la cabezota, lo tengo más o menos dibujado, pero tengo que encontrar todos esos elementos para ir casándolos". Una etapa que le demandará alrededor de dos meses antes de plantarse ante el lienzo y comenzar a pintar.
"Tengo muchísimas secuencias de ruinas de Alepo, algunas impresionantes. Son terribles, pero estéticamente bonitas. No sé cómo explicarlo. La ruina es de una belleza que a veces no tiene un paisaje con agua. Tiene grandeza la ruina. Y entonces tengo unas secuencias que estoy analizando".
La obra aún no tiene nombre, pero lo tendrá, y el autor de ese nombre será nada más y nada menos que Arturo Pérez-Reverte. "Cuando lo termine lo llamaré y le diré: 'Arturo, mira el cuadro, ponle un nombre, y él le pondrá el nombre", dice entre risas. Habla con admiración del escritor de quien confiesa recibir consejos bonitos, y apunta que entre artistas siempre hay que aunar esfuerzos. "Cuando hay más creativos alrededor, las cosas salen mejor", reconoce.
Mientras, este año ha visto la luz un libro con gran parte de sus obras, titulado 'El Pintor de Batallas'. Su lanzamiento, según explica el artista, "fue después de navidades [de 2017], hemos sacado una monografía muy grande. El libro pesa cuatro quilos, es una burrada. He hecho una recopilación de los cuadros más conocidos de mi obra militar, algo de los temas paisajísticos. Ahora dentro de poco con [la editorial] Planeta vamos a sacar un libro que es 'Bocetos para la historia', un libro de bocetos muy bonito. Hay un público para esto, que disfruta de estos trabajos, de ver imágenes del pasado, [de saber] de dónde venimos, quiénes somos, y la verdad me sorprende mucho que haya gente le guste".
?Augusto Ferrer-Dalmau es académico de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, y es considerado como el más prestigioso autor vivo de pintura militar española. Por tal razón ha recibido varias condecoraciones, como la Gran Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco, o la Cruz de Plata de la Orden del Mérito de la Guardia Civil. Y ahora, ha recibido otra medalla en Rusia por su "contribución en la lucha contra el terrorismo internacional".
El próximo mayo de 2019, en plena primavera, Moscú abrirá sus ojos absortos de admiración a esta obra sobre la guerra en Siria, con Alepo como escenario incidental, con el 'Pintor de Batallas', Augusto Ferrer-Dalmau, como su autor, y que tendrá plasmado lo que han visto sus ojos.