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El tema de la privacidad en internet ha sido de mi fascinación en años recientes, puesto que a pesar de los escándalos y filtraciones, como la de Snowden, y que el tema ha sido discutido ampliamente, parece que el impacto es sólo momentáneo. ¿Y por qué no? Después de todo, la mayoría de nosotros trabajamos, nos entretenemos, nos comunicamos, nos educamos y nos informamos a través de internet. Entonces se vuelve complicado voltear a ver a la red de redes como ajena si todo el día estamos pegados al monitor.
Leyendo el libro, de inmediato me percaté del nivel de cuidado con el que el autor trató cada referencia, cada cita. Es una de esas narraciones que se van tejiendo de a poco, contando la historia en sus puntos más sobresalientes y haciendo alusión al paisaje geopolítico reinante que llevó a esos primeros pasos que posteriormente desembocarían en el internet de hoy. Fue entonces que supe que el libro sería una visión integral y panorámica y que no sería una lista técnica de explicaciones de cómo funcionan los sistemas de vigilancia y monitoreo, que aunque algo interesante, sería más bien aburrido. Lo que este libro revela es la historia de las personas y propone las motivaciones que llevaron a tener frente a usted, lector, estas palabras escritas en su computadora (u ordenador).
El autor explica la necesidad del aparato de inteligencia norteamericana en los años 60 de crear tecnología para predecir comportamientos, primero en la guerra de Vietnam y posteriormente durante el movimiento antiguerra. Luego, la necesidad de tener un lugar centralizado para almacenar la información recopilada que ya se compartía entre las distintas agencias. Después de todo, la amenaza del movimiento antiguerra hizo sonar las alarmas de una posible revuelta. Fue al pensar en conectar esas gigantescas computadoras de tarjetas perforadas que se concibió la idea de la primera red de computadoras.
Desde su inicio hubo una fuerte relación, como la ha habido a lo largo de la existencia de la milicia norteamericana, de mezclar esfuerzos castrenses con civiles, y ARPA (AdvancedReaserchProjects Agency - Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada) sin duda también sirvió a este propósito al incluir universidades y corporaciones (como la RAND Corporation) como parte de su operación.
El 2 de junio de 1975, el presentador Ford Rowan de la NBC presentó un profundo reportaje sobre las actividades de la red de computadoras y de la información compartida entre agencias de inteligencia, entre ellas la CIA y la NSA, o sea, de ARPANET.
El autor propone que el monitoreo y vigilancia de posibles agentes contrarios al gobierno, y por extensión cualquier ciudadano norteamericano, fue la principal motivación detrás de esta labor. Y sin duda, la primitiva red que operó durante estos primeros años alcanzó suficiente notoriedad, puesto que desde muy pronto hubo audiencias gubernamentales y protestas de activistas que levantaron la voz señalando la amenaza que representaba esta actividad.
Luego, con la apertura al sector privado de versiones más avanzadas de la original ARPANET en los 90, se sembraron las semillas del enorme sector que vemos hoy día: proveedores del servicio de internet y las compañías pioneras que, aprovechando este salvaje lejano oeste digital, se aventuraron a crear las herramientas que usamos hoy día: sitios de comercio electrónico, como Amazon, o buscadores de información, como Google, Lycos o Altavista, sistemas de pago en línea, como Paypal, entre otros.
Pero esta versión romantizada donde estos valientes emprendedores tuvieron la visión de apostar por el futuro digital omite de nuevo algo crucial: que detrás de los ahora gigantes informáticos - tanto los proveedores del servicio de internet como compañías como Google - estuvo la mano de la financiación de agencias del gobierno. La misma tesis doctoral de Larry Page, donde propone la creación de un sistema de clasificación de páginas web en base a una reputación, llamado PageRank, fue de entrada financiada directamente por DARPA mientras Page estuvo en Stanford.
Aunque la historia oficial nos dice que Google fue iniciado en el garaje de la hermana de la futura esposa de Sergey Brin, el otro fundador de Google, bajo condiciones muy modestas, para ese entonces ya tenían 100.000 dólares aportados por Andy Bechtolsheim, cofundador de Sun Microsystems, empresa financiada también en sus inicios por ARPA. Poco tiempo después, Google recibiría 25 millones de dólares de firmas de inversión importantes como Sequoia Capital y KleinerPerkins.
El autor aborda el tema de la expansión de Google más allá de simplemente ofrecer su servicio de búsqueda o de anuncios publicitarios como AdWords, a la llegada de Gmail en 2004 le siguieron otros productos que buscaban atraer a las empresas, como Google Docs y Google Calendar, entre otros. De nuevo hubo una fuerte preocupación por parte de ciertos sectores de la sociedad civil con Gmail, puesto que este servicio, anunciado como gratuito e infinito en su capacidad de almacenaje de correos electrónicos, permitiría al naciente gigante un acceso mayor a la vida de las personas. Google sabría con quién te comunicas y qué es lo que hablas.
Y aunque no lo dice el autor, también por esta época vemos otros dos desarrollos importantes, primero, la fundación de Facebook, patrocinado en parte por In-Q-Tel, el brazo inversionista de la CIA. Y la llegada del primer iPhone de Apple en 2007. Ambos avances tectónicos en cuestión de tecnología, pero también en términos de acceso a información personal y privada.
Edward Snowden con una pegatina de TOR y de la EFF (ElectronicFrontierFoundation), institución que hizo proselitismo a favor de la privatización de los servicios de internet.
El libro luego nos redirige al caso de Snowden, el analista de la NSA que reveló los programas gubernamentales de espionaje, monitoreo y vigilancia en 2013. Aunque su aporte ha sido significativo para revelar al hombre detrás de la cortina, también no deja de mencionar que se convirtió en famoso portavoz y promotor de productos criptográficos como la red TOR y la aplicación de comunicación Signal.
Y sobre la red TOR y Signal tenemos de nuevo la misma historia. Ambos productos han sido señalados como métodos para lograr la verdadera privacidad digital, volviendo estas herramientas útiles para luchadores de la libertad - léase proponentes de cambios de régimen - en países reprimidos como China o Irán. Pero, ambas han sido sujetas de financiación de agencias gubernamentales desde su concepción. El proyecto TOR ha sido casi enteramente mantenido por años por el BroadcastingBoard of Governors (Consejo de Gobernadores de Difusión), la agencia detrás de otros proyectos fuertemente atados a la CIA como Voice of America, Radio Free Europe/Radio Liberty y Radio Free Asia.
Levine revela que TOR y Signal tuvieron también otra motivación, aquella de esconder las propias actividades de espionaje y contrainsurgencia de las mismas agencias de inteligencia, quienes necesitaban de una adopción masiva de estas aplicaciones para poderse perder entre la multitud. Pero entonces, la lógica nos indicaría que estas herramientas deberían ser completamente seguras si son usadas para propósitos tan delicados. Pero la realidad es que no es así, serían seguras a niveles muy mundanos, pero al ser creadas por las agencias de inteligencia, ¿quién puede afirmar que no existen ya métodos de desencriptación funcionales y puestos en acción?
Y eso es precisamente lo que sugiere el caso del sitio llamado "Silk Road" (Ruta de seda). Sitio de comercio electrónico de drogas fuertes como cocaína y metanfetaminas accesible únicamente a través de la red TOR y parte de la llamada "Dark Web" (Red Oscura). Luego de unos años de bonanza, su operación fue completamente desarticulada por las fuerzas federales estadounidenses y su propietario, un esquivo individuo conocido bajo el pseudónimo de DreadPirate Roberts, y que luego se revelaría tenía el nombre de Ross Ulbricht, sentenciado dos veces a prisión de por vida. Luego, los agentes federales se dedicaron a cazar con éxito otros sitios que copiaron el modelo de negocios de Silk Road y que también vivían dentro de la red TOR.
Terminé de leer el libro completamente apabullado por todo esto. Llegar a la conclusión de que no existe la privacidad en internet se intuye al observar indicios de esto aquí y allá, pero Levine corre la cortina y nos muestra de golpe la imagen completa de aquello que sólo habíamos podido ver, tocar y sentir parcialmente.
Ahora no puedo dejar de notar la enorme hipocresía que muestran los líderes de estas gigantes corporaciones informáticas como Google o Facebook cuando se quejan del problema de la vigilancia gubernamental, ni tampoco puedo ahora recriminar a países como China el que hayan levantado protecciones cibernéticas contra compañías occidentales, sabedores de quiénes están detrás de todo esto, ¿no haríamos lo mismo?
Pero es verdad, no existe la privacidad en internet, nunca la hubo ni la habrá. Pero no por eso no es útil saber de todo esto, y también es útil saber que hay ciertos indicios de que tales herramientas no son ciento por ciento efectivas, aun hoy día luego del enorme avance presentado. Por ejemplo, Levine nos cuenta sobre la estrategia norteamericana de montar cientos de dispositivos de espionaje a lo largo de las montañas norvietnamitas durante la guerra en ese país en los 60 y 70, dispositivos detectores de calor y de orina que los norvietnamitas pudieron "hackear" sembrando señales falsas, como iniciando fuegos esporádicos y esparciendo orina en sitios por los que no pasarían.
Y tampoco estas súper herramientas de predicción de comportamiento pudieron prevenir que la voluntad del electorado norteamericano se volcara hacia Donald Trump en perjuicio de Hillary Clinton en las elecciones estadounidenses de 2016, a pesar que ese era su deseo, ni que los británicos apoyaran y votaran por el Brexit.
Aquellos con el propósito de recopilar información con fines de predecir y moldear el comportamiento de todos nosotros tendrán más y más acceso a nuestras vidas a medida que las sociedades adoptan más dispositivos de los llamados "internet de las cosas", como electrodomésticos y asistentes del hogar conectados al Internet - literalmente invitando el espionaje a nuestra sala.
No puedo dejar de recomendar este libro y para una segunda parte de esta discusión, la parte que intenta explorar si entonces el internet ha sido de beneficio para las sociedades o ha sido para su perjuicio, le recomiendo al lector que vea el show de Sott Radio Network:
Y usted lector, ¿qué piensa que se puede hacer frente a todo esto?