MOSCÚ (Sputnik) — El 33,9% de los ucranianos, es decir, 14 millones de personas, viven debajo del umbral de la pobreza, según el Servicio Estatal de Estadística de Ucrania.
"El ingreso del 33,9% de los ciudadanos del país sigue siendo inferior al mínimo vital mensual", dice un comunicado del organismo.
Al mismo tiempo, se destaca que "el número de los ucranianos que viven debajo del umbral de la pobreza disminuyó en un 9,2% en un año".
El Servicio de Estadística precisó también que la disparidad de los ingresos entre el 10% de los ucranianos más ricos y los más pobres se redujo en el 4,2%.
Entre los residentes en las ciudades, la diferencia es de 4,9 veces, mientras entre los que viven en las zonas rurales, es de 4,5 veces.
Según el presupuesto estatal para 2019, a partir del 1 de enero se aprueba en Ucrania el mínimo vital de 1.853 grivnas (o 66,7 dólares) para una persona al mes.
El presidente ucraniano, Petró Poroshenko, firmó el 7 de diciembre la ley sobre el presupuesto del Estado para 2019 con un déficit del 2,3% del PIB, el 7,4% de la inflación y el crecimiento económico a nivel del 3%.
La aprobación de un presupuesto equilibrado para el año que viene es una de las condiciones para que Kiev pueda continuar cooperando con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El 60% de los ucranianos ve la ley marcial como una artimaña para posponer presidenciales
MOSCÚ (Sputnik) — Casi el 60% de los ciudadanos de Ucrania no apoya la ley marcial en el país y está seguro de que el mandatario Petró Poroshenko recurrió a esta medida para posponer los comicios presidenciales.
Son datos del sondeo sociológico publicados en el sitio del grupo Rating (una ONG ucraniana).
La Rada Suprema (Parlamento) aprobó la disposición de Poroshenko de introducir la ley marcial por 30 días en varias provincias del país.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, declaró que eso se hizo para restringir los derechos y las libertades de los ciudadanos y la actividad política en Ucrania en vísperas de las elecciones.
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, señaló que Porosenko proclamó la ley marcial para fortalecer su débil posición de cara a las elecciones.
"Solo una tercera parte de los encuestados dijo apoyar la introducción por 30 días de la ley marcial, casi 60% le resta su apoyo", comunicaron los sociólogos agregando que "más del 60% admite que el presidente Petró Poroshenko planeaba la duración de 60 días de la ley marcial persiguiendo el objetivo de aplazar las elecciones presidenciales".
?La medida encuentra el mayor apoyo entre los habitantes de Ucrania occidental (44%) y de central (39%), la respalda menos la población del sur del país (24%) y aún menos la del este (14%).
Entre los que hablan en casa en ucraniano la acogió positivamente el 45% y entre los habitantes del habla rusa solo el 17%.
Los hombres apoyan más la ley marcial que las mujeres, el 38% contra el 28%.
La mayoría de los ucranianos desconfía de Poroshenko
MOSCÚ (Sputnik) — Gran parte de los ucranianos siente desconfianza hacia el presidente de su país, Petró Poroshenko (81,6%), hacia la Rada Suprema (Parlamento) (90,3%), los tribunales (84,6%) y el Gabinete de Ministros (85,2%), según datos de un sondeo efectuado por el Instituto Internacional de Sociología de Kiev.
El estudio se llevó a cabo del 23 de noviembre al 3 de diciembre de 2018 y abarcó a 2.000 personas residentes en 110 localidades de todas las regiones de Ucrania, menos la parte de Donbás que Kiev no controla, el error estadístico no excede el 3,3%.
Los participantes tenían que responder a la pregunta: ¿En qué grado confía usted en las siguientes instituciones o desconfía de éstas?
Se obtuvieron los siguientes resultados:
La Rada Suprema goza de la confianza del 5,9% de los ciudadanos, mientras el 90,3% desconfía; en los tribunales confía el 6,8%, contra el 84,6% que no lo hace; en el Gabinete de Ministros el 9,5%, contra el 85,2%; los partidos políticos tienen la confianza del 8,8%, contra el 81,2%, y el presidente del 12,4%, contra el 81,6%.
Las organizaciones de voluntarios tienen el mejor indicador de la confianza depositada en ellas, del 65,5%; el de la Iglesia es del 56,9% y el de las Fuerzas Armadas, del 53,1%.
Ucrania revela el móvil del incidente de ?Kerch
Ucrania y Rusia concluyeron en 1997 un Tratado de Amistad que entró en vigor en 1999. ?Ese tratado debía renovarse automáticamente cada 10 años, si ninguna de las partes decidía ?abrogarlo. ?
En octubre de este año, Ucrania decidió poner fin a ese tratado y organizó el incidente de Kerch ?para justificar la ruptura. El presidente de Ucrania, Petro Porochenko, ha ordenado además a su ?administración hacer un inventario de todos los acuerdos entre Ucrania y Rusia para evaluar las ?posibilidades de romperlos. ?
Entre otras disposiciones, el Tratado de Amistad ya mencionado y su extensión de 2003 estipula ?que el Mar de Azov es un mar interior ucrano-ruso, donde los buques de guerra de otros países ?no pueden penetrar sin la autorización expresa de Ucrania y Rusia. Por lo tanto, la Convención de ?la ONU sobre el Derecho del Mar de 1982, no se aplica al Mar de Azov. ?
Si se abrogan el Tratado de Amistad y su extensión, el Mar de Azov pasaría a regirse por el ?derecho internacional, con aguas territoriales ucranianas, aguas territoriales rusas y aguas ?internacionales, de manera que los navíos de la OTAN ya no tendrían que solicitar la ?autorización de la Federación Rusa para penetrar en ese mar. ?
Eso explica además la activa participación de la OTAN en la preparación del incidente de Kerch. ?
Análisis: Occidente y Ucrania: el precio de ignorar la geopolítica
Alberto Hutschenreuter
Los recientes incidentes entre Rusia y Ucrania que tuvieron lugar en las proximidades del Estrecho de Kerch, que de súbito se convirtió en una zona sensible del globo, volvieron a concentrar la atención internacional sobre este conflicto que silenciosamente ha costado la vida a más de 11.000 personas en la región del Donbás. Desde otros términos, lo único que en este enfrentamiento ruso-ucraniano se mantiene congelado o en estado de punto muerto son los acuerdos de Minsk, firmados en 2014 y 2015 entre las partes, que establecen bases para una salida política de la crisis.
Este conflicto posee una clave de bóveda y esa clave es la geopolítica, es decir, el valor e interés político y de seguridad que implica para un actor preeminente un área territorial determinada.
Para Rusia, existen en su frontera occidental y sur-occidental tres áreas adyacentes absolutamente no ‘anti-geopolíticas’ en relación con sus intereses mayores y con su misma supervivencia como entidad estatal: Bielorrusia, Ucrania y Georgia. Cualquier situación que implique que estos actores alteren su condición de “pivotes geopolíticos”, esto es, sujetos que por su ubicación inmediata a un poder mayor están constreñidos a no quebrantar la deferencia geopolítica que implica tal proximidad, ello supondrá un acto de punición por parte de Rusia.
De hecho, ello ya ha ocurrido. En 2008 Georgia se encontró en guerra con Rusia, con efectivos de esta superpotencia regional dentro de su territorio y perdiendo luego todo control sobre Osetia del Sur y Abjasia; en 2014 Ucrania perdió parte de su territorio y el ejercicio de la autoridad estatal en el este del país, donde se desarrolla una “guerra de baja intensidad”, y sufre cada vez más presión en la navegación desde y hacia el Mar de Azov.
En ambos casos, no solo hubo subestimación del “principio de deferencia geopolítica” por parte de esas repúblicas, sino por parte del actor que las estimuló (Occidente) para que así lo hicieran, ignorando el valioso y siempre vigente principio de Clausewitz en relación con la inconveniencia de sobrepasar los límites de la victoria (de Occidente en la Guerra Fría).
Por consiguiente, frente a la pregunta cada vez más perentoria relativa con la posibilidad de una confrontación abierta entre Ucrania y Rusia, la respuesta es relativamente sencilla: tal posibilidad de guerra o de fuertes turbulencias entre ambos países, siempre será posible mientras Ucrania mantenga su preferencia política, económica y militar orientada hacia Occidente (que no es neutral en relación con tal preferencia), y continúe despreciando o desafiando el sacrosanto principio de deferencia geopolítica que implica la inmediata proximidad física de un poder mayor con fuertes recuerdos de ambiciones e invasiones externas sobre su territorio.
Resulta llamativo que Ucrania y Occidente insistan en continuar tomando decisiones rehuyendo la relevancia que implica la geopolítica para Rusia. No deja de llamar la atención que ante los recientes sucesos en las proximidades del Estrecho de Kerch, sucesos que se suman a una cadena de acontecimientos de rivalidad entre Ucrania y Rusia desde que este último país comenzó a construir el puente que une Crimea con la Federación Rusa, se vuelva a colocar a Rusia como una amenaza no solo para la estabilidad regional, sino para Europa, como advirtió hace pocos días el mandatario francés.
En una reciente entrevista, el historiador Gabriel Gorodetsky nos proporciona una aproximación atendible en relación con ello. Para este gran autor, siempre han existido preconceptos sobre Rusia como amenaza a Occidente, y ello llevó a implementar políticas centradas en el aislamiento a este país.
Consideremos las lúcidas y sumamente pertinentes reflexiones del experto:
“He estudiado la política exterior soviética por cuarenta años, y desde el principio estuve interesado en los aspectos culturales de la diplomacia porque me di cuenta de hasta qué punto la rivalidad imperial entre Rusia y Gran Bretaña estableció premisas culturales que crearon ideas preconcebidas. Estos preconceptos se extendieron en el tiempo y llevaron a una desconfianza mutua. Entonces comprendí que estos preconceptos eran muy importantes al momento de establecer relaciones diplomáticas o a la hora de tomar decisiones, tanto en la paz como en la guerra. Esto es algo que se observa a lo largo de la historia, ya sea con los zares, Stalin o ahora con Putin […] el tradicional temor inglés a la expansión rusa (por ejemplo hacia la India, lo cual nunca existió) generó una situación que buscó aislar a Rusia. Esa tradición de aislamiento basada en un temor imaginario se puede observar en Georges Clemenceau y su idea de crear un ‘cordón sanitario’ y luego con Churchill, quien reformuló la frase a través de la más contundente ‘cortina de hierro’. De este modo, esta búsqueda de aislar a Rusia es más un problema cultural que de ‘realpolitik’ y demuestra que los preconceptos pueden ser tan importantes como el despliegue de ejércitos”. (1)
A la luz de los hechos, esta constante histórica de percepción y práctica de Occidente ante Rusia se mantiene: Rusia es un actor peligroso y hay que mantenerlo cercado. Sin embargo, para Rusia la amenaza es Occidente y, por consiguiente, hará todo lo que se encuentre a su alcance para evitar que se consuma ante sí una nueva catástrofe geopolítica, esto es, la desaparición de los últimos activos o reservas territoriales en relación directa con su seguridad nacional.
Las perspectivas no son esperanzadoras, sobre todo si consideramos que no solo Ucrania no reconsiderará sus relaciones con Rusia (ningún candidato en las próximas elecciones ucranianas plantea una “agenda nueva” con Moscú), sino que Occidente tampoco tiene planes con Rusia que no se basen en lo que ha venido haciendo desde el mismo final de la Guerra Fría, cuando consideró que dicho final no implicaba que el “nuevo país” dejaría de representar una amenaza a su supremacía.
En otros términos, Rusia continuará desplegando iniciativas relacionadas con la obtención de “ganancias de poder” en su área de interés selectivo, pues, de no hacerlo, ello podría dejarla “ad portas” de una segunda fase de capitulación ante Occidente.
Ignorar la geopolítica en sitios de alta y protohistórica sensibilidad geopolítica solo puede significar resoluciones en base a la fuerza.
(1) Gabriel Gorodetsky, “Todos piensan que Rusia sigue con la lógica de la Guerra Fría, pero no es así”, Texto: Martín Baña, La Nación, Ideas, 9 de diciembre de 2018, p. 5