España tiene un grave problema de natalidad y los datos del INE vuelven a corroborarlo. En la primera mitad del año se registraron 179.794 nacimientos de residentes en España, el peor dato desde que existen registros semestrales en 1941. Solo en el último año se ha registrado un descenso de la natalidad del 6%, lo que refleja hasta qué punto la ausencia de políticas de estímulo de la maternidad y la paternidad no han dado ningún resultado.
Actualmente nacen en España la mitad de niños que lo hacían a mediados de los setenta, pero la comparativa no es mucho mejor si se miran los últimos años. Antes del estallido de la crisis España había conseguido elevar los niveles de natalidad por encima de los 255.000 nacimientos (siempre contando la primera mitad del año), esto es, un 42% más que en la actualidad. En esos momentos la inmigración y la bonanza económica ayudaron a elevar los índices de maternidad, pero nuevamente se han hundido. Y no solo es causa de la crisis, ya que a pesar de la recuperación económica de los últimos años, cada vez hay menos nacimientos.
Las madres españolas son las que más retrasan la natalidad de toda la Unión Europea: por primera vez en la historia la edad media de las madres ha superado los 32 años. Esto significa que las familias españolas están posponiendo su decisión de tener hijos, en gran medida como consecuencia de la precariedad laboral y de la mala conciliación que hay en el país. El resultado es que el periodo de fertilidad que les queda a las mujeres cuando deciden ser madres se acorta mucho y dificulta que puedan tener varios hijos.
Otros países europeos que sufrían problemas de natalidad pusieron en marcha políticas de apoyo a la familia, desde ayudas y subsidios hasta mejoras de la conciliación, guarderías, transporte, etc. La mayor parte consiguieron dar resultados positivos y fomentaron la natalidad, pero España ha decidido seguir el camino opuesto: no adoptar ninguna medida para ayudar a las familias. Este abandono, unido con las malas condiciones del mercado laboral (tras el griego, el peor de Europa), han provocado este desplome en los niveles de natalidad.
La Encuesta de Fecundidad publicada la semana pasada por el INE muestra claramente que las familias españolas quieren tener hijos, pero tienen muchos obstáculos para lograrlo. De media, las mujeres desean tener dos o más hijos. Sin embargo, un tercio de las mujeres de entre 25 y 34 años no han sido madres por motivos económicos (precariedad) y laborales (conciliación).
En 2017 la tasa bruta de natalidad se hundió hasta 8,4 nacidos por cada 1.000 habitantes. Fue el peor dato de toda la serie histórica, cifras que van camino de superarse nuevamente este año. El envejecimiento de la población provoca que cada vez haya una menor tasa de mujeres en edad fértil, lo que condena las tasas de natalidad. Pero, además, las mujeres en edad fértil tienen cada vez menos hijos, lo que supone la 'puntilla' para esta estadística. En los años setenta había más de 18 nacimientos por cada 1.000 habitantes, actualmente son menos de la mitad.
Por el contrario, las defunciones siguen creciendo como consecuencia del envejecimiento demográfico. En la primera mitad del año se registraron 226.384 muertes, un 2,1% más que en el mismo periodo del año anterior y el mayor dato de la serie histórica. Esta tendencia de incremento de las defunciones se mantendrá durante las próximas décadas a medida que la generación del 'baby boom' va envejeciendo.
La caída de la natalidad y el crecimiento de la mortalidad provoca una fuerte pérdida vegetativa de población, esto es, nacimientos menos defunciones. En la primiera mitad del año España perdió nada menos que 46.590 personas, el peor dato de toda la serie histórica. Actualmente solo la inmigración es capaz de compensar la pérdida natural de población para evitar que el país pierda habitantes.