Por Pierre Khalaf
Por Pierre Khalaf
El presidente Assad declaró que el cambio de actitud de la población ha hecho perder a los grupos terroristas el entorno popular favorable, lo cual ha permitido al Ejército Árabe Sirio pasar a la ofensiva para recuperar el control de numerosas regiones. Esa tendencia comenzó hace meses y se consolidó cuando los sirios descubrieron el verdadero rostro de los grupos armados: se hallan bajo control de las corrientes takfiristas, cometen crímenes horribles, están orgánicamente vinculados a Israel. La mayoría de los sirios han entendido que su patria es blanco de una agresión extranjera que busca someterla. Esa nueva actitud de la población permitió al ejército emprender una ofensiva general.
En su entrevista, el dirigente sirio estableció nuevas ecuaciones basadas en el principio de una Siria que resiste articulada alrededor de 4 conceptos:
El presidente Assad reafirmó además su visión de la solución política, basada en la voluntad popular y en el veredicto de las urnas, al anunciar que todo acuerdo concluido en el marco de posibles negociaciones será sometido a un referéndum.
Por otro lado, explicó detalladamente la composición de la llamada oposición, que se compone de grupos heterogéneos vinculados a potencias extranjeras. Señaló, con gran serenidad, que la decisión de presentarse él mismo como candidato a la elección presidencial de 2014 dependerá de la voluntad de su pueblo y no de las presiones externas o decisiones tomadas por los occidentales.
El liderazgo de Bachar al-Assad sobrepasa el marco de Siria y toma una dimensión árabe. Él encarna, junto al jefe de la Resistencia sayyed Hassan Nasrallah, el símbolo de la dignidad árabe.
Al verse ante uno de los más importantes movimientos de protesta registrado desde la llegada de su partido al poder en 2002, el primer ministro islamista Recep Tayyip Erdogan parece no saber cómo hacer frente a los acontecimientos. La confusión y la incertidumbre caracterizan sus decisiones mientras comienzan a aparecer divergencias en el seno de su estado mayor político.
Después del mediodía, Erdogan ordenó a las fuerzas del orden retirarse de la plaza y del pequeño parque de Gezi, cuya destrucción anunciada dio origen a la revuelta. De inmediato, miles de personas que agitaban banderas turcas invadieron el lugar en un inmenso clamor de victoria, subrayaba por algunos fuegos artificiales. Horas antes del repliegue, el señor Erdogan había afirmado firmemente que la policía se mantendría en la plaza Taksim «hoy» y «mañana también» porque ese sitio «no puede convertirse en un lugar donde los extremistas hacen lo que les parece».
En ese mismo tono, Erdogan había conminado a los manifestantes a poner fin «de inmediato» a su enfrentamiento con la policía y afirmó, en desafío a los manifestantes, que su gobierno mantendría el proyecto de remodelamiento de la plaza que provocó el estallido de cólera.
Como resultado de una queja presentada por opositores al proyecto, un tribunal administrativo de Estambul suspendió el viernes la parte del proyecto que prevé la reconstrucción de un cuartel de la época otomana y que había provocado la cólera de los manifestantes.
Luego de unas horas de tregua, los enfrentamientos que sacudieron el viernes el centro de la gran ciudad turca se reanudaron en la mañana del sábado y prosiguieron esporádicamente hasta la retirada de la policía. Las fuerzas del orden recurrieron repetidamente al uso de gases lacrimógenos y de chorros de agua a presión en los alrededores de la plaza Takim para dispersar pequeños grupos, que a su vez respondieron lanzando piedras, según pudieron comprobar periodistas de AFP.
Otros enfrentamientos se produjeron un poco más temprano en Besiktas, un barrio de la capital, cuando la policía dispersó cientos de personas que se habían reunido en el lado anatolico de la ciudad para marchar hacia la plaza Taksim y habían cruzado uno de los puentes que atraviesan el Bósforo.
En el seno mismo del poder se levantaron el sábado varias voces para denunciar la desmedida reacción de las fuerzas del orden. Poco antes del repliegue de la policía, el propio presidente turco Abdullah Gull hizo un llamamiento al «sentido común» y a la «calma», juzgando el nivel de la protesta como «inquietante». «En una democracia, las reacciones deben expresarse con sentido común, con calma y, en respuesta, los dirigentes deben desplegar más esfuerzos para prestar un oído atento a las diferentes opiniones e inquietudes», agregó. Antes del presidente turco, el viceprimer ministro Bulent Arinc había presentado «excusas» por los acontecimientos de Estambul. «Más que lanzar gas sobre la gente que dice “no queremos un centro comercial aquí”, las autoridades hubiesen tenido que convencerla y decirle que compartían sus inquietudes», afirmó.
Además de la sociedad civil turca, numerosas ONGs internacionales, Gran Bretaña y Estados Unidos denunciaron la violencia de la represión contra las manifestaciones de Estambul.
Las autoridades turcas no han publicado ningún balance oficial de los enfrentamientos. Amnesty International habló el viernes de «más de un centenar» de heridos y el gobernador de Estambul indicó el viernes que 12 personas estaban hospitalizadas y que al menos otras 63 habían sido detenidas. El ministro del Interior mencionó más de 900 detenciones.
El movimiento comenzó en la madrugada del viernes con la violenta intervención de policía que trataba de expulsar varios cientos de manifestantes que llevaban 3 días ocupando el parque Gezi, en la plaza Taksim, para impedir que 600 árboles fuesen arrancados en el marco de un polémico proyecto de urbanización. Convocados por las redes sociales, los militantes de diversas asociaciones acudieron como refuerzo de los manifestantes y, sobre todo, con intenciones de denunciar la política del gobierno islamo-conservador que ejerce el poder desde 2002.
«Este reinado autoritario tiene que cesar», declaró el sábado a la AFP Sermin Erdemci, un empleado bancario de 37 años que agregó «no se puede reducir las masas al silencio. Queremos vivir en una Turquía laica».
Si bien el ingreso por habitante se ha triplicado en Turquía desde 2002, se acusa al señor Erdogan de mostar tendencias al autoritarismo y de querer «islamizar» la sociedad turca. La reciente adopción de una ley que restringe el consumo y la venta de alcohol suscitó la ira de los medios liberales.
Desde el viernes en la tarde, las protestas que habían comenzado en Estambul se propagaron a otras ciudades del país, como Izmir (en el oeste), Antalya (en el sur) y Ankara, la capital, donde se produjeron enfrentamientos entre la policía y manifestantes que quisieron marchar hacia el parlamento.
La oposición política se hizo eco de esas críticas poniéndose del lado de los manifestantes. «Queremos libertad y democracia en nuestro país», proclamó el sábado el presidente del Partido Republicano del Pueblo (CHP) Kemal Kilicdaroglu.
El ministro sirio de Información, Omran al-Zohbi, acusó a las autoridades turcas de actuar como terroristas en contra del pueblo turxo y llamó al primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan a presentar su renuncia: «Los reclamos del pueblo turco no ameritan toda esta violencia y si Erdogan es incapaz de usar medios no violentos tendría que dimitir», declaró el ministro sirio, citado por la televisión oficial. Según el señor Zohbi, «Erdogan dirige su país de una manera terrorista y destruye la civilización y los logros del pueblo turco». «Al reprimir manifestaciones pacíficas Erdogan demuestra que está desconectado de la realidad», agregó el señor Zohbi y aseguró que «el pueblo turco no merece todo este salvajismo». (Con AFP y Reuters)
Fuente: Red Voltaire