Juan Laborda
Juan Laborda
El neoliberalismo no aprendió nada de ese monstruo que generó, la Gran Recesión. No pidió perdón por el daño causado, y aprovechó el desconcierto para continuar con su particular ajuste de cuentas contra la ciudadanía. Sus huestes económicas, políticas e intelectuales aún a fecha de hoy siguen sin comprender qué papel juega la deuda privada en la economía global. ¿Y qué me dicen de los medios de comunicación? ¡Ni la olieron, ni van a entender la que se nos avecina! En 2019 se enterarán de nuevo de sus consecuencias. Pero las élites seguirán sin asumir sus responsabilidades, sin cambiar el rumbo de sus políticas económicas distópicas. La crisis que se avecina girará de nuevo alrededor de los efectos perversos de la deuda privada, pero esta vez no tanto la bancaria como la corporativa. Veremos cosas increíbles. Los mercados en la segunda mitad de este año ya han empezado a mostrar la patita, pero 2019 promete emociones todavía más fuertes.
Desde estas líneas hemos ido desactivando multitud de teorías económicas de la escuela ortodoxa dominante, recogidas en manuales de texto y/o artículos académicos como si fueran verdades ineludibles, cuando en realidad no alcanzan ni la categoría de pseudociencia. Dos de ellas nos permitirán centrarnos en el problema que hoy analizaremos. Una, el papel atribuido por la ortodoxia al dinero y a la deuda privada. La segunda versa sobre el objetivo último de la empresa capitalista según la ortodoxia neoliberal, la maximización del valor del accionista. Ambas interaccionarán para convertirse en la semilla de la siguiente crisis de deuda privada.
El papel de la deuda privada en la crisis
Los economistas convencionales siguen ignorando el papel de los bancos, la deuda privada y el dinero, aspectos esenciales de una economía de mercado, y que tienen que ser incluidos en los modelos económicos. Tratar de describir el comportamiento de una economía capitalista sin incluir los bancos, la deuda o el dinero es como diseñar un avión sin alas. Permítanme centrarme de nueva en la deuda privada.
La razón por la que un cambio en la tasa de crecimiento de la deuda privada va a causar una nueva crisis es porque el crecimiento de la deuda privada dispara la demanda agregada. Cuando un banco presta dinero, crea capacidad de gasto al crear simultáneamente un depósito. Ese dinero adicional viene a sumarse a la capacidad de gasto del prestatario, sin reducir la capacidad de gasto de los ahorradores. En definitiva, el crecimiento del crédito puede expandir la demanda agregada. Entonces, en vez producirse necesariamente una equivalencia entre la demanda agregada y la oferta agregada, la demanda agregada excederá a la oferta agregada, si crece la deuda, y caerá por debajo de la oferta agregada, si cae la deuda.
La teoría económicaneoclásica, por contra, trata a los bancos como simples intermediarios entre ahorristas y prestatarios. Un empréstito aumentaría la capacidad de gasto del prestatario, pero reduciría la capacidad de gasto del ahorrador. Si el modelo bancario neoclásico fuera verdadero, entonces los efectos macroeconómicos de la deuda quedarían cancelados. Sin embargo, hay pruebas empíricas abrumadoras de que ese modelo es falso. Fueron exhaustivamente analizadas por Hyman Minsky o Basil Moore.
Esa idea tonta, la maximización del valor de la empresa
James Montier, estratega de la gestora de fondos estadounidense GMO, en un artículo sublime de 2014, “The World Dumbest Idea”, explicaba la razón de fondo de la enorme cantidad de fraudes contables. Entre las malas, malísimas ideas de la ortodoxia, analiza una de ésas asumida ya no solo en determinados ambientes académicos, sino también en el oxímoron de la sabiduría convencional, es decir, entre los que habitan en el mundo real. Nos referimos a la maximización del valor de los accionistas.
La subida a los altares y la sacralización de la maximización del valor de la acción se remonta a un editorial de Milton Friedman de 1970 en el que sostenía que "solo hay una responsabilidad social de las empresas, utilizar sus recursos y participar en actividades diseñadas para aumentar sus ganancias...". Al amparo de la llegada al poder de los neoconservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la imposición de la Teoría Neoclásica se tradujo, desde el lado del gobierno corporativo, en cómo conseguir que los ejecutivos se centrasen en la maximización de la riqueza de los accionistas.
Sin embargo, las implicaciones y daños causados por el foco unívoco y exclusivo del gobierno corporativo hacia la maximización del valor de la acción son inmensos, y afectan a toda la sociedad. James Montier apunta en esencia a tres hechos estilizados. En primer lugar la disminución y las bajas tasas de inversión de las empresas, aspecto fundamental del que ya hemos hablado en otros blogs previos. En segundo lugar la desigualdad creciente; y, finalmente, y relacionado con el punto anterior, una participación del factor trabajo sobre el PIB cada día más baja. Entonces, ¿para qué ha valido la maximización del valor de la acción? Para remunerar de una manera inmerecida a los consejos de administración de las empresas de medio mundo, y para transformar en normal actividades atípicas, como la recompra de sus propias acciones, y/o nuevas adquisiciones vía apalancamiento.
2019, próxima estación de la crisis de deuda privada
Hoy no es el mundo bancario el que está en el centro de la tormenta, sino el mundo corporativo. En los últimos años han inundado el mercado con bonosbasura. Al mismo tiempo, tienen sus balances sobrecargados con préstamos de alto rendimiento, apalancados y con garantía limitada. ¿Dónde está hoy toda esta deuda corporativa de alto riesgo? Casi la mitad se encuentra en compañías de seguros y fondos de pensiones. Para cerrar el círculo, han sido los bancos sistémicos quienes han extendido préstamos apalancados y las líneas de crédito revolventes a corporaciones de medio mundo. Es en este contexto donde los Bancos Centrales tratan de normalizar su balance, es decir, poner fin a las medidas temporales y extraordinarias implementadas para lidiar con la Gran Recesión.
Las empresas no financieras de medio mundo se están hundiendo en un río de deudas de su propia creación. Han tomado préstamos que no podrán pagar si los tipos de interés aumentan ligeramente. Los bancos sistémicos han empaquetado y vendido esa deuda de préstamos apalancados y bonos basura que han sido adquiridos como churros por fondos de pensiones y compañías de seguros desesperadas por obtener rendimientos en una época de tipos de interés cero. En lugar de bancos zombis, ahora tenemos corporaciones zombis que se mantienen vivas gracias a los bajos tipos de interés y a la compra de bonos por parte de los Bancos Centrales en sus expansiones cuantitativas. Esos bajos tipos de interés han creado un mercado disfuncional, nuevas burbujas financieras.
Esta vez no serán los bancos los que desencadenarán otro colapsofinanciero. Serán compañías de economía real dedicadas al gran casino financiero, y que han estado impulsando los precios de sus acciones con adquisiciones empresariales y/o recompras sin fin de sus propias acciones, ambas financiadas con préstamos con tipos de interés bajos y emisiones de bonos basura. Es todo este castillo de naipes el que puede acabar colapsando.
Fuente: Vozpopuli
El neoliberalismo no aprendió nada de ese monstruo que generó, la Gran Recesión. No pidió perdón por el daño causado, y aprovechó el desconcierto para continuar con su particular ajuste de cuentas contra la ciudadanía. Sus huestes económicas, políticas e intelectuales aún a fecha de hoy siguen sin comprender qué papel juega la deuda privada en la economía global. ¿Y qué me dicen de los medios de comunicación? ¡Ni la olieron, ni van a entender la que se nos avecina! En 2019 se enterarán de nuevo de sus consecuencias. Pero las élites seguirán sin asumir sus responsabilidades, sin cambiar el rumbo de sus políticas económicas distópicas. La crisis que se avecina girará de nuevo alrededor de los efectos perversos de la deuda privada, pero esta vez no tanto la bancaria como la corporativa. Veremos cosas increíbles. Los mercados en la segunda mitad de este año ya han empezado a mostrar la patita, pero 2019 promete emociones todavía más fuertes.
Desde estas líneas hemos ido desactivando multitud de teorías económicas de la escuela ortodoxa dominante, recogidas en manuales de texto y/o artículos académicos como si fueran verdades ineludibles, cuando en realidad no alcanzan ni la categoría de pseudociencia. Dos de ellas nos permitirán centrarnos en el problema que hoy analizaremos. Una, el papel atribuido por la ortodoxia al dinero y a la deuda privada. La segunda versa sobre el objetivo último de la empresa capitalista según la ortodoxia neoliberal, la maximización del valor del accionista. Ambas interaccionarán para convertirse en la semilla de la siguiente crisis de deuda privada.
El papel de la deuda privada en la crisis
Los economistas convencionales siguen ignorando el papel de los bancos, la deuda privada y el dinero, aspectos esenciales de una economía de mercado, y que tienen que ser incluidos en los modelos económicos. Tratar de describir el comportamiento de una economía capitalista sin incluir los bancos, la deuda o el dinero es como diseñar un avión sin alas. Permítanme centrarme de nueva en la deuda privada.
La razón por la que un cambio en la tasa de crecimiento de la deuda privada va a causar una nueva crisis es porque el crecimiento de la deuda privada dispara la demanda agregada. Cuando un banco presta dinero, crea capacidad de gasto al crear simultáneamente un depósito. Ese dinero adicional viene a sumarse a la capacidad de gasto del prestatario, sin reducir la capacidad de gasto de los ahorradores. En definitiva, el crecimiento del crédito puede expandir la demanda agregada. Entonces, en vez producirse necesariamente una equivalencia entre la demanda agregada y la oferta agregada, la demanda agregada excederá a la oferta agregada, si crece la deuda, y caerá por debajo de la oferta agregada, si cae la deuda.
La teoría económicaneoclásica, por contra, trata a los bancos como simples intermediarios entre ahorristas y prestatarios. Un empréstito aumentaría la capacidad de gasto del prestatario, pero reduciría la capacidad de gasto del ahorrador. Si el modelo bancario neoclásico fuera verdadero, entonces los efectos macroeconómicos de la deuda quedarían cancelados. Sin embargo, hay pruebas empíricas abrumadoras de que ese modelo es falso. Fueron exhaustivamente analizadas por Hyman Minsky o Basil Moore.
Esa idea tonta, la maximización del valor de la empresa
James Montier, estratega de la gestora de fondos estadounidense GMO, en un artículo sublime de 2014, “The World Dumbest Idea”, explicaba la razón de fondo de la enorme cantidad de fraudes contables. Entre las malas, malísimas ideas de la ortodoxia, analiza una de ésas asumida ya no solo en determinados ambientes académicos, sino también en el oxímoron de la sabiduría convencional, es decir, entre los que habitan en el mundo real. Nos referimos a la maximización del valor de los accionistas.
La subida a los altares y la sacralización de la maximización del valor de la acción se remonta a un editorial de Milton Friedman de 1970 en el que sostenía que "solo hay una responsabilidad social de las empresas, utilizar sus recursos y participar en actividades diseñadas para aumentar sus ganancias...". Al amparo de la llegada al poder de los neoconservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la imposición de la Teoría Neoclásica se tradujo, desde el lado del gobierno corporativo, en cómo conseguir que los ejecutivos se centrasen en la maximización de la riqueza de los accionistas.
Sin embargo, las implicaciones y daños causados por el foco unívoco y exclusivo del gobierno corporativo hacia la maximización del valor de la acción son inmensos, y afectan a toda la sociedad. James Montier apunta en esencia a tres hechos estilizados. En primer lugar la disminución y las bajas tasas de inversión de las empresas, aspecto fundamental del que ya hemos hablado en otros blogs previos. En segundo lugar la desigualdad creciente; y, finalmente, y relacionado con el punto anterior, una participación del factor trabajo sobre el PIB cada día más baja. Entonces, ¿para qué ha valido la maximización del valor de la acción? Para remunerar de una manera inmerecida a los consejos de administración de las empresas de medio mundo, y para transformar en normal actividades atípicas, como la recompra de sus propias acciones, y/o nuevas adquisiciones vía apalancamiento.
2019, próxima estación de la crisis de deuda privada
Hoy no es el mundo bancario el que está en el centro de la tormenta, sino el mundo corporativo. En los últimos años han inundado el mercado con bonosbasura. Al mismo tiempo, tienen sus balances sobrecargados con préstamos de alto rendimiento, apalancados y con garantía limitada. ¿Dónde está hoy toda esta deuda corporativa de alto riesgo? Casi la mitad se encuentra en compañías de seguros y fondos de pensiones. Para cerrar el círculo, han sido los bancos sistémicos quienes han extendido préstamos apalancados y las líneas de crédito revolventes a corporaciones de medio mundo. Es en este contexto donde los Bancos Centrales tratan de normalizar su balance, es decir, poner fin a las medidas temporales y extraordinarias implementadas para lidiar con la Gran Recesión.
Las empresas no financieras de medio mundo se están hundiendo en un río de deudas de su propia creación. Han tomado préstamos que no podrán pagar si los tipos de interés aumentan ligeramente. Los bancos sistémicos han empaquetado y vendido esa deuda de préstamos apalancados y bonos basura que han sido adquiridos como churros por fondos de pensiones y compañías de seguros desesperadas por obtener rendimientos en una época de tipos de interés cero. En lugar de bancos zombis, ahora tenemos corporaciones zombis que se mantienen vivas gracias a los bajos tipos de interés y a la compra de bonos por parte de los Bancos Centrales en sus expansiones cuantitativas. Esos bajos tipos de interés han creado un mercado disfuncional, nuevas burbujas financieras.
Esta vez no serán los bancos los que desencadenarán otro colapsofinanciero. Serán compañías de economía real dedicadas al gran casino financiero, y que han estado impulsando los precios de sus acciones con adquisiciones empresariales y/o recompras sin fin de sus propias acciones, ambas financiadas con préstamos con tipos de interés bajos y emisiones de bonos basura. Es todo este castillo de naipes el que puede acabar colapsando.
Fuente: Vozpopuli
El neoliberalismo no aprendió nada de ese monstruo que generó, la Gran Recesión. No pidió perdón por el daño causado, y aprovechó el desconcierto para continuar con su particular ajuste de cuentas contra la ciudadanía. Sus huestes económicas, políticas e intelectuales aún a fecha de hoy siguen sin comprender qué papel juega la deuda privada en la economía global. ¿Y qué me dicen de los medios de comunicación? ¡Ni la olieron, ni van a entender la que se nos avecina! En 2019 se enterarán de nuevo de sus consecuencias. Pero las élites seguirán sin asumir sus responsabilidades, sin cambiar el rumbo de sus políticas económicas distópicas. La crisis que se avecina girará de nuevo alrededor de los efectos perversos de la deuda privada, pero esta vez no tanto la bancaria como la corporativa. Veremos cosas increíbles. Los mercados en la segunda mitad de este año ya han empezado a mostrar la patita, pero 2019 promete emociones todavía más fuertes.
Desde estas líneas hemos ido desactivando multitud de teorías económicas de la escuela ortodoxa dominante, recogidas en manuales de texto y/o artículos académicos como si fueran verdades ineludibles, cuando en realidad no alcanzan ni la categoría de pseudociencia. Dos de ellas nos permitirán centrarnos en el problema que hoy analizaremos. Una, el papel atribuido por la ortodoxia al dinero y a la deuda privada. La segunda versa sobre el objetivo último de la empresa capitalista según la ortodoxia neoliberal, la maximización del valor del accionista. Ambas interaccionarán para convertirse en la semilla de la siguiente crisis de deuda privada.
El papel de la deuda privada en la crisis
Los economistas convencionales siguen ignorando el papel de los bancos, la deuda privada y el dinero, aspectos esenciales de una economía de mercado, y que tienen que ser incluidos en los modelos económicos. Tratar de describir el comportamiento de una economía capitalista sin incluir los bancos, la deuda o el dinero es como diseñar un avión sin alas. Permítanme centrarme de nueva en la deuda privada.
La razón por la que un cambio en la tasa de crecimiento de la deuda privada va a causar una nueva crisis es porque el crecimiento de la deuda privada dispara la demanda agregada. Cuando un banco presta dinero, crea capacidad de gasto al crear simultáneamente un depósito. Ese dinero adicional viene a sumarse a la capacidad de gasto del prestatario, sin reducir la capacidad de gasto de los ahorradores. En definitiva, el crecimiento del crédito puede expandir la demanda agregada. Entonces, en vez producirse necesariamente una equivalencia entre la demanda agregada y la oferta agregada, la demanda agregada excederá a la oferta agregada, si crece la deuda, y caerá por debajo de la oferta agregada, si cae la deuda.
La teoría económicaneoclásica, por contra, trata a los bancos como simples intermediarios entre ahorristas y prestatarios. Un empréstito aumentaría la capacidad de gasto del prestatario, pero reduciría la capacidad de gasto del ahorrador. Si el modelo bancario neoclásico fuera verdadero, entonces los efectos macroeconómicos de la deuda quedarían cancelados. Sin embargo, hay pruebas empíricas abrumadoras de que ese modelo es falso. Fueron exhaustivamente analizadas por Hyman Minsky o Basil Moore.
Esa idea tonta, la maximización del valor de la empresa
James Montier, estratega de la gestora de fondos estadounidense GMO, en un artículo sublime de 2014, “The World Dumbest Idea”, explicaba la razón de fondo de la enorme cantidad de fraudes contables. Entre las malas, malísimas ideas de la ortodoxia, analiza una de ésas asumida ya no solo en determinados ambientes académicos, sino también en el oxímoron de la sabiduría convencional, es decir, entre los que habitan en el mundo real. Nos referimos a la maximización del valor de los accionistas.
La subida a los altares y la sacralización de la maximización del valor de la acción se remonta a un editorial de Milton Friedman de 1970 en el que sostenía que "solo hay una responsabilidad social de las empresas, utilizar sus recursos y participar en actividades diseñadas para aumentar sus ganancias...". Al amparo de la llegada al poder de los neoconservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher, la imposición de la Teoría Neoclásica se tradujo, desde el lado del gobierno corporativo, en cómo conseguir que los ejecutivos se centrasen en la maximización de la riqueza de los accionistas.
Sin embargo, las implicaciones y daños causados por el foco unívoco y exclusivo del gobierno corporativo hacia la maximización del valor de la acción son inmensos, y afectan a toda la sociedad. James Montier apunta en esencia a tres hechos estilizados. En primer lugar la disminución y las bajas tasas de inversión de las empresas, aspecto fundamental del que ya hemos hablado en otros blogs previos. En segundo lugar la desigualdad creciente; y, finalmente, y relacionado con el punto anterior, una participación del factor trabajo sobre el PIB cada día más baja. Entonces, ¿para qué ha valido la maximización del valor de la acción? Para remunerar de una manera inmerecida a los consejos de administración de las empresas de medio mundo, y para transformar en normal actividades atípicas, como la recompra de sus propias acciones, y/o nuevas adquisiciones vía apalancamiento.
2019, próxima estación de la crisis de deuda privada
Hoy no es el mundo bancario el que está en el centro de la tormenta, sino el mundo corporativo. En los últimos años han inundado el mercado con bonosbasura. Al mismo tiempo, tienen sus balances sobrecargados con préstamos de alto rendimiento, apalancados y con garantía limitada. ¿Dónde está hoy toda esta deuda corporativa de alto riesgo? Casi la mitad se encuentra en compañías de seguros y fondos de pensiones. Para cerrar el círculo, han sido los bancos sistémicos quienes han extendido préstamos apalancados y las líneas de crédito revolventes a corporaciones de medio mundo. Es en este contexto donde los Bancos Centrales tratan de normalizar su balance, es decir, poner fin a las medidas temporales y extraordinarias implementadas para lidiar con la Gran Recesión.
Las empresas no financieras de medio mundo se están hundiendo en un río de deudas de su propia creación. Han tomado préstamos que no podrán pagar si los tipos de interés aumentan ligeramente. Los bancos sistémicos han empaquetado y vendido esa deuda de préstamos apalancados y bonos basura que han sido adquiridos como churros por fondos de pensiones y compañías de seguros desesperadas por obtener rendimientos en una época de tipos de interés cero. En lugar de bancos zombis, ahora tenemos corporaciones zombis que se mantienen vivas gracias a los bajos tipos de interés y a la compra de bonos por parte de los Bancos Centrales en sus expansiones cuantitativas. Esos bajos tipos de interés han creado un mercado disfuncional, nuevas burbujas financieras.
Esta vez no serán los bancos los que desencadenarán otro colapsofinanciero. Serán compañías de economía real dedicadas al gran casino financiero, y que han estado impulsando los precios de sus acciones con adquisiciones empresariales y/o recompras sin fin de sus propias acciones, ambas financiadas con préstamos con tipos de interés bajos y emisiones de bonos basura. Es todo este castillo de naipes el que puede acabar colapsando.
Fuente: Vozpopuli
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