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China incrementa su influencia política y económica en Europa en detrimento de EEUU

Elespiadigital | Martes 02 de abril de 2019

Reaccionando a las advertencias significativas lanzadas por EEUU, descontento por la aproximación sino-italiana, Roma ha aconsejado a Washington que se preocupe más por su deuda récord con China que por la adhesión de Italia a la Nueva Ruta de la Seda.

El director adjunto del Ministerio de Desarrollo Económico de Italia, Michel Grassi, declaró que EEUU haría mejor en inquietarse por su propia enorme deuda hacia China en lugar de dar advertencias a Roma sobre su adhesión al proyecto chino del Cinturón y la Ruta.

Esta autoridad italiana se expresó así en marzo durante la Conferencia anual del Foro de Boeao para Asia, una especie de Davos asiatico, que busca reforzar los vínculos entre los países de la región. “Algunos están celosos de la entrada de Roma en el proyecto chino. Nosotros aconsejamos a Washington que arregle sus propios problemas financieros”.

Él dijo que otros países europeos se unirían al proyecto del Cinturón y la Ruta en un futuro próximo, precisando que al menos otros dos estados de Europa quieren también unirse al proyecto, sin dar sus nombres.

Italia ha sido el primer país del G-7 en apoyar oficialmente el proyecto chino de unir varias rutas terrestres y marítimas en Eurasia. “La adhesión de Roma a este proyecto busca asegurar los intereses de Italia en primer lugar… Los puertos italianos están abiertos ahora a los inversores que desean construir terminales para la Ruta de la Seda”, indicó Grassi.

Estas declaraciones se producen cuando el Ministro de Economía francés, Bruno le Maire, ha cuestionado recientemente el concepto de justicia extraterritorial de EEUU. Este concepto privó a Francia del mercado ruso-iraní y redujo significativamente su margen de maniobra en Asia sin recibir ninguna compensación por ello.

Indicando que EEUU es hoy un “socio difícil”, Francia insiste en su soberanía en la escena política y tecnológica, dijo Bruno Le Maire, citado por Sputnik. En una entrevista exclusiva con Le Fígaro, el ministro francés de Economía y Finanzas, señaló que “ante EEUU y China, Europa debe imponerse como un poder soberano”.

“Europa es consciente de que EEUU se está convirtiendo cada vez más en un “socio difícil”, mientras que el gigante chino “se está afirmando en el escenario mundial”, añadió. Es hora de que Europa se posicione como “un poder soberano independiente que invierta en sus propias tecnologías”.

La visita del pasado mes de marzo del presidente chino a Europa ha sido, de hecho, un punto de inflexión, ya que simboliza la ofensiva china contra la omnipresencia de EEUU en el Viejo Continente, donde este último país había mantenido una situación de dominio desde la Segunda Guerra Mundial. Ahora, los europeos, sin embargo, ven a EEUU como un coloso de pies de barro y a su política como un riesgo para el mundo porque genera conflictos.

El golpe maestro italiano

En Italia, el presidente Xi Jinping ha logrado un golpe maestro. Reflejando los enormes intereses que Italia, pariente pobre de Europa occidental, quiere ganar, este país accedió a la inclusión de sus puertos y aeropuertos en el proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda.

Aunque el presidente francés, Emmanuel Macron, ha rehusado implicar a Francia en el proyecto chino, él aceptó reunirse en París con Xi acompañado por la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

Fuentes cercanas a dicha reunión, citadas por Sputnik, afirmaron que la parte china intentó disuadir a Europa de recurrir a las sanciones y a la dinámica sancionadora promovida por Washington, que daña los intereses europeos. Francia se ha beneficiado de un contrato de 30.000 millones de euros para la entrega de 300 aviones Airbus a Pekín. Este fue el resultado más palpable de la visita de Xi a París y se produce en un momento en el que EEUU multiplica sus ataques contra la industria aeronáutica francesa, para la que el acuerdo con China supone un fuerte impulso.

En este sentido, China busca atraer a los socios de la Unión Europea a una especie de Unión Euroasiática, al mismo tiempo que reestructura el BRICS, un grupo del que Brasil podría salir, dado el cambio de política del nuevo presidente Jair Bolsonario, un evangélico aliado de Donald Trump.

La victoria de Donald Trump fue una gran oportunidad para el crecimiento de la inversión china en Europa. Solo un año después de la elección de Trump, la inversión anual de EEUU en Europa se redujo de 24.000 millones a solo 2.000 millones mientras que la inversión china se ha convertido en nueve veces mayor que la inversión estadounidense en Europa. Al mismo tiempo que Donald Trump declaró una guerra comercial mundial al aumentar los impuestos y aranceles para las importaciones chinas y europeas, China pudo llegar a un acuerdo ideal con la UE que establece que cada uno invierta y trabaje en el mercado del otro, sin impuestos ni aranceles aduaneros.

Para China, sus relaciones con Europa tienen también beneficios políticos indudables. Algunos países europeos que sufren dificultades económicas han recibido apoyo chino y esto ha redundado en un beneficio para Pekín. Así por ejemplo, en 2016, Grecia y Hungría impidieron a la Unión Europea unirse a EEUU y Australia en apoyo a una demanda contra China ante el Tribunal Penal Internacional en relación a una disputa marítima territorial.

Cuando el Dalai Lama visitó la República Checa no fue recibido por ningún miembro del gobierno checo, que aparentemente no quería irritar a Pekín, que acababa de aprobar inversiones por valor de 1.000 millones de dólares en ese país y que rechaza la política del Dalai Lama de buscar la independencia del Tíbet, una región autónoma de China.

La impotencia comercial europea frente a China

Luis Rivas

La cumbre Unión Europea — China del 9 de abril volverá a poner en evidencia la falta de unión de los 27 ante el poder comercial de Pekín.

Tres dirigentes para recibir al visitante. La ceremonia estudiada de Emmanuel Macron, Angela Merkel y Jean-Claude Juncker para recibir a Xi Jinping en el Palacio del Elíseo, el pasado 26 de marzo, pretendía ofrecer una imagen de unidad de los principales líderes de la Unión Europea hacia China. En realidad constató la debilidad hacia el invitado: tres representantes para dar una imagen de fuerza ante uno solo.

El presidente francés, la Canciller alemana y el presidente de la Comisión Europea pusieron en evidencia la necesidad de unir criterios ante su socio comercial. Más de tres europeos juntos hubiera sido complicado, pues muchos de los países miembros del club ya decidieron hacer negocios con China sin atender a las recomendaciones de Bruselas, París o Berlín.

La llamada "Nueva ruta de la seda", el plan de inversión chino que llega ya hasta el Atlántico y el Índico, ha resquebrajado la unidad europea en su aspecto comercial. Para el presidente francés, autoerigido como líder político de la Unión, el desequilibrio comercial de la UE con su socio, pero "rival sistémico", es consecuencia de la "ingenuidad" europea.

Han tardado mucho los países de la UE en darse cuenta de la desventaja de sus intercambios con Pekín. Pero lo que Macron define como ingenuidad refleja en realidad la carrera individual que cada país del grupo comunitario ha emprendido desde hace años para hacerse con los favores de la potencia china, que ofrece liquidez e inversiones en economías golpeadas por la crisis.

Que puertos como el griego de El Pireo o compañías eléctricas como la EDP portuguesa, por ejemplo, hayan aceptado la inversión china; que 11 países comunitarios hayan querido englobarse en el grupo 16+1 con China; que Italia abofeteara esa pretendida defensa de intereses comunes adhiriéndose por su parte al plan 'Cinturón y ruta', son ejemplos del esfuerzo descomunal que la UE debería hacer para pasar de la "ingenuidad" al poder que le conferiría la unidad política y comercial.

Es difícil plantar cara a Pekín cuando, al tiempo, la pareja franco-alemana respira tras vender 300 aviones Airbus a quien pretende llamar al orden. Aprovechar la crisis de Boeing para colocar 300 aeronaves a China es, de todos modos, más fácil que hacer entender a los 27 la necesidad de proteger su red 5G de las pretensiones de Huawei, como ha hecho Donald Trump.

Europa reprocha a China una falta de reciprocidad que se descubre años más tarde de haber pretendido hacer del país asiático la solución económica a sus problemas. Se pone en relieve ahora lo que hace lustros se aceptaba: las barreras a la inversión europea en el sector estatal chino, el veto a las ofertas públicas, las exigencias para la transferencia de tecnología…

UE: de la euforia librecambista, a la realidad

La Unión Europea, que naciera —también— para defender comercialmente sus fronteras, se dejó llevar por una euforia librecambista convertida en dogma que ahora no sabe cómo frenar frente a su socio chino.

Los deseos de presentar una estrategia comercial común parecen ahora vanos y así se volverá a comprobar en la próxima reunión UE-China. Se pueden redactar comunicados como el del 12 de marzo en el que la UE quiere mostrarse dura ante lo que hasta ahora considera ingenuidad. Pero es imposible separar las diferencias políticas entre sus miembros de las nuevas pretendidas reglas que deberían aceptar todos los gobiernos comunitarios.

Italia no ha tenido que consultar con Macron, Merkel o Juncker para poner a disposición de China los puertos de Trieste o Génova, entre otros acuerdos que, según Roma, reportan más de 2000 millones de euros, pero que podrían llegar a un volumen de 20.000.

Atenas tampoco anunció a sus socios sus convenios con Pekín, cuando la necesidad le acuciaba tras el plan de ajuste que le exigía Bruselas (y especialmente Berlín) y le ha dejado exangüe.

A Macron no se le ocurriría imprecar al gobierno húngaro de Víktor Orban, o a cualquier otro de la Europa Central y Oriental, por adherirse a la 'Nueva ruta de la seda', que entre 2014 y 2018 ha llevado a cabo inversiones de más de 400.000 millones de dólares en el mundo. En el caso alemán, su gobierno reaccionó ante Pekín solo después de que una de sus empresas más importantes e innovadoras, la creadora de robots Kuka, cayera en manos chinas.

Los países de la UE cuentan con dispositivos de control de inversiones, pero es difícil bloquear acuerdos que pueden suponer no solo inversión líquida, sino también puestos de trabajo. Según diferentes estudios, las inversiones chinas han disminuido en un 40% en 2018, pero más debido a una autorregulación de Pekín que como consecuencia de barreras exteriores.

Solo los europeístas más convencidos pueden seguir soñando con la creación de un organismo como el norteamericano CFIUS (Committee on Foreign Investment in The United States), el arma más sofisticada del arsenal proteccionista de Donad Trump, renovada, recién engrasada y puesta a punto tras los años de alegre flexibilidad de Obama. El escudo de misiles legales que hace temblar a muchos países europeos, empezando por Alemania y su industria automovilística.

La Administración Trump ha entrado en guerra comercial y tecnológica con China, a través de Huawei por ejemplo, para proteger sus redes 5G. Por su parte, la UE puede presumir de ser el mayor mercado mundial, pero su capacidad de defensa comercial tiene tantos agujeros como miembros la constituyen.

Análisis: Haciendo que China vuelva a ser grande, reorientando Europa

D eena Stryker*

En 1820, la economía de China era la más grande del mundo , como lo había sido durante siglos. Luego, las guerras de opio iniciadas por el Imperio británico impusieron el opio indio al país. A mediados de siglo, la dinastía Qing gobernante se había debilitado tanto que China estuvo a punto de ser dividida por las potencias coloniales como lo fue África. Forzado a comerciar de forma desleal con el mundo, la participación de China en el PIB mundial se redujo a la mitad.

Avanzando rápidamente, como Gran Bretaña, el Caballo de Troya de Estados Unidos en Europa, intenta retirarse con sus espuelas intactas, y Europa se unirá al mega proyecto más grande del mundo, planeado y ejecutado por China.

China no solo pasó de ser "el enfermo de Asia" a superar a todos los tigres en su periferia e invertir en los Estados Unidos y África. Ahora determina el futuro de Europa. Como corresponde a un país con una historia multimilenaria, los planes para el proyecto Belt and Road que está transformando el continente euroasiático en una entidad no se materializaron de la noche a la mañana. Comenzaron en 2011 bajo el mandato del presidente Hu Jin Tao, cuando China hizo sus primeras aperturas, no a los principales países europeos, sino a dieciséis países que históricamente habían desempeñado papeles menores. En ese momento, incluían once Estados miembros de la UE, Polonia, Rumania, Serbia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania y cinco países balcánicos que aún no son miembros: Albania, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Rumania, Montenegro.

(En realidad, el núcleo del 16 + 1 ya existía: tras su independencia, en 1991, República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia habían fundado el Grupo de Visegrado para defender los intereses de Europa Central.) Moviéndose rápidamente, en 2012, China lanzó el Consejo Empresarial de los Países de Europa Central y China (CEEC), que en 2015 se convirtió en el Sixteen +1 (China).

Mientras los países bálticos cumplen con su deber con la OTAN de advertir a Europa que Rusia codicia sus industrias, el proyecto de billones de dólares de China que extiende el corazón de Eurasia hasta el Atlántico hace que Estados Unidos esté más que preocupado. Apropiadamente, la Italia de Marco Polo es el primer país europeo importante, que va en contra de la corriente para sumarse a la Nueva Ruta de la Seda. Con sus treinta puertos marítimos, en lugar de la porción terrestre del proyecto de un billón de dólares, Italia se siente atraída por las nuevas instalaciones portuarias del proyecto en la parte africana. Mientras que occidente acusó a China de perseguir ganancias comerciales, dado que una empresa china compró el puerto principal de la vecina Grecia, el Pireo, en 2016, la actividad se ha multiplicado por cinco.

Hace treinta años, se consideraba que la UE era la mejor esperanza de Europa para vencer un legado de conflictos que había llevado a los Estados Unidos a su rescate dos veces en un siglo. Pero en una de las mayores ironías de la historia, a partir de 2015, las guerras de EE. UU. en África y Oriente Medio obligaron a Europa a dar cabida a un gran número de personas de color. A medida que la población británica se esfuerza por conciliar su deseo de seguir siendo un puesto de avanzada blanco con la posibilidad de quedarse afuera en el frío más allá del Mar del Norte, la Nueva Ruta de la Seda, que reúne a todas las razas de setenta países, está preparada para traer el lirio de la Península de Eurasia en su pliegue multirracial.

Frente al fin de semana con la decimonovena edición de las demostraciones de Yellow Vest, que tienen un importante componente racial, el presidente francés, Emanuel Macron, se reunió con el chino Xi Jin Ping, quien regresaba de Italia, donde firmó un acuerdo para convertir a ese país en el primero. Europa se unirá al proyecto de infraestructura New Silk Road, también conocido como One Belt, One Road. El uso de la palabra "uno" no es aleatorio: evoca el hecho de que Eurasia es un continente, del cual "Europa" es una parte.

Curiosamente, desde Roma, Xi no se dirigió directamente a París, sino que cruzó la frontera del Mediterráneo para encontrarse con el presidente francés en Niza: un suceso muy inusual que no solo imita el método preferido del presidente ruso Vladimir Putin para encuentros con dignatarios extranjeros, Sochi, ubicado en el mar Negro. También apunta a la principal razón de Italia para unirse al proyecto de Belt and Road, que es su iteración marítima, o 'Belt': Francia también es un país mediterráneo, con un importante puerto en Marsella a doscientas cincuenta millas del puerto más ocupado de Italia, Génova. Aún más interesante, Angela Merkel, quien gobierna el poder central, Alemania, y es la socia de Macron en toda Europa, se unió a los dos presidentes para la cena, dando a Xi la oportunidad de presentar su plan a ambos al mismo tiempo.

Su reticencia con respecto al proyecto de infraestructura chino que uniría a Europa con el Pacífico puede tener algo que ver con el hecho de que después de que Estados Unidos y Rusia derrotaron al fascismo alemán en la Segunda Guerra Mundial, Europa occidental se vio obligada a dar la espalda a China en nombre del 'atlantismo'. No tengo ninguna duda de que esta vez, Macron quiere que Europa obtenga un mejor trato que el que se le impuso hace setenta años, por lo que puede ver la decisión de Italia no como una traición, sino como un experimento del cual la UE se beneficiará en última instancia.

Durante el fin de semana, el presidente francés Emanuel Macron, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Junker se reunieron con el chino Xi Jin Ping, quien regresaba de Italia, y Macron y Xi sostuvieron una Rueda de prensa conjunta. El presidente francés, que se define a sí mismo como "Júpiter", usó la diplomacia tradicional francesa para describir al Dragón Chino como un rival: " Siempre hemos tenido diferencias con China, pero respetamos los valores que representa ", que podrían fácilmente referirse al confucianismo como al " capitalismo con características chinas " de Xi . En consecuencia, y sorprendentemente, mientras simula una reticencia con respecto a la Nueva Ruta de la Seda, para la cual buscará las garantías económicas adecuadas, Europa se unió al mundo multipolar de China (y de Rusia), "basado en el respeto y la cooperación", que termina con setenta años de hegemonía mundial estadounidense.

* experta internacional, autora y periodista