Defensa

Venezuela. La chapuza de la Operación Libertad: los errores de un golpe sin apoyos firmes

Elespiadigital | Jueves 02 de mayo de 2019

Para un golpe de Estado, hay que llevar a cabo determinadas acciones que los antichavistas no han hecho, como desplegarse en lugares estratégicos o matar o bloquear al líder del régimen.

Redacción



Para un golpe de Estado, hay que llevar a cabo determinadas acciones que los antichavistas no han hecho, como desplegarse en lugares estratégicos o matar o bloquear al líder del régimen.

Ya en 1968, el consultor estratégico y pensador militar Edward Luttwak, autor del legendario 'Golpe de Estado: un manual práctico', estableció las líneas para que una asonada militar resultase exitosa: bloquear o matar al líder al que se pretende derrocar, anular las unidades que no participan en el golpe, controlar las comunicaciones y desplegarse en lugares estratégicos para controlar a las masas, entre otras cosas. A lo largo de la historia, la correcta puesta en práctica de estos y otros elementos clave es lo que ha determinado el triunfo o el fracaso de un cuartelazo.

El líder opositor Juan Guaidó y los militares que le respaldaron este martes no hicieron nada de eso: lanzaron su desafío desde una localización clave pero relativamente remota, sin hacer el más mínimo amago por neutralizar a Nicolás Maduro y a otras figuras clave del chavismo y permitiendo que estos hiciesen un llamamiento a sus partidarios para que se movilizasen en su defensa. En el momento en que quedó claro que un sector considerable del ejército seguía respaldando a Maduro, los golpistas perdieron la iniciativa. Horas después, Leopoldo López, que había comparecido junto a Guaidó en su llamamiento al alzamiento, pedía asilo en la embajada de Chile, subrayando su falta de confianza en el éxito de la intentona.

En realidad, tal y como publicó ayer en exclusiva El Confidencial, el golpe, según una fuente implicada en el complot, estaba programado para dos días después, y contaba con el respaldo de los líderes del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), del Tribunal Supremo de Justicia y de la Contrainteligencia Militar, e incluso del ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, con la connivencia de EEUU. Lo ha confirmado, al menos en apariencia, el asesor de Seguridad Nacional estadounidense John Bolton, quien ha asegurado que a estos “se les acaba el tiempo”. El secretario de Estado de EEUU fue más explícito horas después. Pero, según esta versión, las prisas de Guaidó han echado por tierra ese plan.

¿Por qué habría optado este líder opositor por adelantar la operación hasta el punto de arriesgarse peligrosamente al fracaso? Según su entorno, se debe a que las autoridades se disponían a detenerle tras meses construyendo una argumentación judicial contra él y horas antes de la gran marcha que había convocado para el Primero de Mayo hacia el Palacio de Miraflores, con la que pensaba culminar la llamada operación Libertad forzando la salida de Maduro.

Los datos con los que se cuenta hasta ahora parecen respaldar esta idea: en el vídeo en el que Guaidó y López aparecieron durante la madrugada llamando a los venezolanos a la sublevación, aparecen flanqueados por efectivos militares de bajo rango, probablemente los mismos que habían participado en la liberación de este último líder opositor en su arresto domiciliario. Una imagen que está lejos de la contundencia que podría haber tenido ver a Guaidó rodeado por Padrino López y otros altos jerarcas del ejército.

No es la primera vez

Pero también es cierto que ya en ocasiones anteriores Guaidó ha demostrado ir por libre. Un extenso reportaje del 'Wall Street Journal' publicado a principios de febrero relataba cómo la autoproclamación de Guaidó como presidente encargado tomó por sorpresa a una gran parte de la oposición, que no había sido informada previamente y que en muchos casos incluso desaprobaba la medida. La decisión generó malestar entre destacadas figuras opositoras, como Henrique Capriles, aunque en aquel momento prefirieron guardarse sus reservas para no perjudicar la causa contra Maduro. Pero las discrepancias no tardaron en salir a la luz.

A Guaidó, en cualquier caso, se le acaba el tiempo: hace ya una semana que expiró el plazo por el que, según la argumentación legal en la que basa su legitimidad, debía convocar elecciones, lo que dificulta su posición. Aunque poco de eso importaría si Guaidó tuviese el respaldo incondicional de la Administración Trump. Pero todo apunta a lo contrario: a que en la Casa Blanca existe resquemor porque este grupo opositor habría “vendido” una estrategia de éxito rápido augurando un desplome del aparato estatal del chavismo en cuanto se le ofreciesen los incentivos adecuados. Esto no ha ocurrido, y ahora el presidente Trump —que no destaca por su paciencia— baraja otras opciones, solo un puñado de las cuales involucran a Guaidó.

Para este, con las autoridades venezolanas pisándole los talones y sin saber si puede contar a ciegas con Washington, los riesgos de un golpe, incluso los de uno mal preparado, eran menores que los derivados de permanecer inactivo. La duda, ahora, es hasta cuándo podrá mantener el pulso, y a qué precio.

Fuente: El Confidencal

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Michael Martínez

Aparentemente, la oposición venezolana respaldada por los Estados Unidos, que también es alimentada por mercenarios colombianos y cuenta con el apoyo total del estado colombiano, acaba de poner en marcha otro intento de golpe de estado que ha fracasado estrepitosamente.

La operación consistió en un ataque de tres frentes que debía actuar como un catalizador para el derrocamiento o, en el mejor de los casos, la renuncia de Nicolás Maduro de la presidencia. Ninguno de los cuales ha sucedido. Parece que Maduro está dispuesto a morir por la causa, antes de ceder el poder.

Nota del editor: ¡aquí es cómo el otanista-atlantista The Guardian cubrió los eventos, imágenes interesantes, volumen a cero hasta que esté listo para la crítica de los medios! Eche un vistazo a cómo lo han enmarcado, y compárelo con el Cambridge Dictionary y, bueno, lo que todos los demás quieren decir con «Levantamiento». Sin dividir los pelos, tenga en cuenta también que el uso de «Pero» como la introducción implica que anteriormente se había establecido algo contrario a la evaluación del gobierno venezolano, ¡pero no fue así y no es el caso!-J. Flores

Los tres ataques consistieron en el primero, la irrupción y el escape de Leopoldo López del arresto domiciliario. Segundo, y lo más importante, intentaron asaltar una base de la fuerza aérea bolivariana llena de helicópteros militares. En tercer lugar, Juan Guaidó dio una conferencia de prensa pública simultáneamente mientras se llevaban a cabo las otras dos acciones, pidiendo a las masas venezolanas que salieran a las calles y protestaran en el cruce de carreteras de Altamira, donde una fuerza militar de la oposición había ocupado el área. Declarando que todo había terminado para Maduro y pidiéndole que renunciara y se entregara.

Los guardias de la Base Aérea La Carlota fueron atrapados con la guardia baja por el ataque, pero pudieron derrotar rápidamente a los conspiradores del golpe y defender la base aérea sin ningún tipo de víctimas.

La irrupción en la casa de Leopoldo López solo fue posible porque su casa está situada en el suburbio más rico de Caracas, el bastión de la oposición. Los golpistas pudieron superar a los pocos guardias que estaban allí para asegurarse de que el prisionero cumpliera su sentencia.

Los opositores salieron a las calles, y hubieron escaramuzas y disparos de armas provenientes del área de intercambio de carreteras de Altamira, donde la oposición y el pueblo leal a Maduro se enfrentaron unos contra otros.

Los masivos partidarios de la Revolución Bolivariana también tomaron las calles y rodearon el Palacio Presidencial en Miraflores, en apoyo de Nicolás Maduro.

Jorge Arreaza, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela ha declarado que cada instalación militar en Venezuela está bajo el control completo de las Fuerzas Armadas Bolivarianas de Venezuela leales al Presidente Maduro y la Constitución Bolivariana de Venezuela. No hay enfrentamiento contra ninguno de ellos.

El único enfrentamiento que fue era entre civiles y mercenarios colombianos contratados en la frontera del rico este de Caracas en Altamira, (este lugar es como el Beverly Hills de Venezuela); que están disparando a la policía y oficiales de las fuerzas armadas.

Mi conclusión, dice el analista, es que aunque este intento de golpe de estado ha sido un fracaso militar, los combates en las calles causarán bajas. Estas víctimas se utilizarán para defender una intervención militar de los EE.UU. a gran escala sobre la base de las violaciones de derechos humanos que crearon (lo de la oposición pro yanqui).

Toda esta situación podría muy bien haber sido la fase 1 de un plan de invasión de Estados Unidos a gran escala. Los políticos del ala de extrema derecha en los EE.UU., como el senador republicano de la Florida Rick Scott, ya están pidiendo una invasión a gran escala de los EE.UU. a Venezuela.

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Alejandro Kirk

La suerte de la Revolución Bolivariana depende del pueblo y de la velocidad con que se recuperen los espacios de soberanía e independencia en Latinoamérica.

En psiquiatría hay un término que se llama “idea deliroide”. Es aquella previa al delirio, que exagera en la mente aquello que nos sirve para alimentar esperanza o espantar el miedo, y nos impide razonar correctamente. No depende del coeficiente intelectual, sino de lo afectivo. El psiquiatra venezolano José Mata afirma que con las personas que experimentan este fenómeno es muy difícil hablar, porque no escuchan.

En la madrugada de este martes, las figuras aisladas, sombrías y tensas de los dirigentes opositores Juan Guaidó y Leopoldo López sobre la autopista central de Caracas (Francisco Fajardo) en el distribuidor vial de Altamira, una zona acomodada del este de la ciudad, no anticipaban nada nuevo para la aventura golpista lanzada un poco antes con ayuda de un grupo de unos 30 oficiales y suboficiales de la Guardia Nacional Bolivariana y el Servicio Bolivariano de Inteligencia.

La novedad principal era López en la calle, porque estaba cumpliendo una condena en modalidad domiciliaria y obviamente se había escapado. Un simbolismo: se dijo que Guaidó había decretado un indulto, y que la policía lo había acatado. Pero todo empezó mal, porque empezó con mentiras. Allí López anunció por twitter que se encontraba en “La Carlota”, para sembrar la idea -después ampliamente difundida- de que un alzamiento militar había reconocido la autoridad del diputado Guaidó, autoproclamado presidente, y se ocupaba la base aérea Francisco de Miranda, conocida como... La Carlota.

Nunca entraron a la base aérea. Tal vez jamás se hubiese sabido esto de no haber estado allí, siempre oportuna y valiente, la periodista de TeleSUR Madeleine García.

A López y Guaidó se sumaron pronto algunos aliados, diputados de la Asamblea Nacional, y se quedaron un rato allí pidiendo con aparente desesperación por las redes sociales que "todo el pueblo" fuera a respaldarlos. La respuesta se demoró y no alcanzó a ser masiva en ningún momento del día. Ya cerca de las ocho de la mañana, cuando debía estar todo empezando, en realidad ya habia terminado.

La idea sobrevalorada

La idea deliroide, en este caso, parece haber sido la esperanza de que las aguerridas proclamas de las redes sociales se materializaran en ir a poner el pecho en un posible combate sin final asegurado: la clase media, como se sabe por múltiples estudios, se caracteriza por ser temerosa y cauta, como los perros chicos que ladran detrás de las rejas. Y colateral a esta idea, aquella otra de que al ver a sus colegas alzados y respaldados por centenares de miles, los oficiales y soldados de la base aérea les iban a abrir las puertas para atrincherarse allí y generar un efecto dominó en las Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

Nada de esto ocurrió. Peor aun (para Guaidó y López): la mayorìa de los militares participantes en la aventura se escaparon pronto de allí y se metieron a la base. Dijeron haber sido engañados por algunos de sus superiores con una supuesta operación en un establecimiento penal, en que el punto inicial de marcha sería el distribuidor Altamira.

Guaidó y López se retiraron a una plaza cercana, la de Altamira, un antiguo bastión de las protestas violentas y dejaron a sus seguidores en la autopista, atacando con piedras y molotovs la base aérea. Y también con balas: un coronel resultó severamente herido en el cuello. Pero este escenario, que se repitió por horas, es el mismo de 2014, 2016 y 2017: había pasado de golpe de Estado a tema de orden público.

A esta altura, el palacio presidencial de Miraflores estaba ya seguro, masivamente resguardado por decenas de miles de chavistas.

La prensa internacional no quiso enterarse de nada de esto. Siguieron gran parte del día, en toda América Latina y el mundo, repitiendo las consignas de Guaidó: que esta era la fase final de la “Operación Libertad”, que en todo el país se estaba movilizando el pueblo, que 90 por ciento de la Fuerza Armada repudiaba a la “dictadura” y que su victoria era cuestión de horas. En fin uno más de los muchos “Días D” prometidos a los segudiores de la oposición.

Silenciosos se mantuvieron a lo largo del día también la mayoría de los dirigentes "progresistas" latinoamericanos, a quienes no parece perturbarles el prospecto de una dictadura de ultraderecha en Venezuela. El excanciller chileno Heraldo Muñoz, uno de los artífices del grupo de Lima, sacó la voz al fin de la jornada oara sentenciar lo que se sabía desde las 8 de la mañana: que el golpe había fracasado.

Como es de rigor, Estados Unidos, a través del secretario de Estado, Mike Pompeo, no tardó en apoyar el “putsch”, como hicieron después los gobiernos de Argentina, Chile y en particular el presidente colombiano Iván Duque. Se realizó de urgencia una reuniòn virtual del Grupo de Lima, y se convocó a una sesión extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (de donde Venezuela se retiró el sábado 27 en el plazo exacto de dos años tras la denuncia del tratado de afiliación), y a un encuentro fisico de los cancilleres del mismo Grupo de Lima para el viernes 3 de mayo.

López: el agua fría

El chorro de agua fría llegó a media tarde, cuando se supo que Leopoldo López, en vez de participar en la vanguardia de la "gran Operación Libertad", se introdujo a la misión diplomática chilena como "huésped", en situación similar a la de otro integrante de la "patrulla juvenil" de la derecha venezolana, Freddy Guevara, desde 2017. Se conoció también que en la embajada de Brasil se refugiaron 25 de los militares golpistas.

En un extraño giro, López dejaría más tarde la legación chilena para trasladarse a la de España (no parece tan brutal la persecución de Maduro después de todo), porque -según el canciller chileno, Roberto Ampuero, no había espacio con los otros huéspedes. Es vox pópuli en la Cancillerìa chilena que Guevara ha convertido la residencia diplomática en un espacio propio, con alimentación, servidumbre, jardines y piscina gratis.

Ya Guevara había confesado la semana anterior, en una entrevista con un diario chileno, que utilizaba la residencia diplomática como centro de reuniones para derribar al gobierno venezolano. Este martes, la eurodiputada española Beatriz Becerra, entusiasta partidaria de una invasión norteamericana a Venezuela, destacó el papel que podrìa jugar esa Embajada a partir de ahora como centro de operaciones para el golpe de Estado, aprovechando el status diplomático de un país que no reconoce al gobierno de Nicolás Maduro.

Se abrieron entonces conjeturas acerca de si todo el operativo no ftuvo otro fin que el de rescatar a López y hacerlo retomar su liderazgo de la extrema derecha, tal vez porque Guaidó, deliroide, se había comenzado a tomar en serio su papel de presidente imaginario.

Si el plan era atrincherarse en la base aérea de La Carlota -una "cabeza de playa" donde levantar bandera- se asemeja notablemente a la aventura de la "ayuda humanitaria" lanzada desde Colombia el 23 de febrero, en que se lanzaron tres camiones y muchedumbres lanzando piedras y bombas molotov en ambos lados de la frontera para sobrepasar a la guardia y posiblemente pedir desde "territorio liberado" una intervención extranjera.

El fracaso del golpe causó una reacción furibunda del Secretario de Estado norteamericano, que atribuyó la lealtad de los militares venezolanos a.... ¡Cuba!, y anunció aun más bloqueo y ataques contra la isla socialista en el Caribe. Algo que requerirá una vivaz imaginación, puesto que en días recientes Washington extremó las sanciones anticubanas, extendiéndolas a cualquier Gobierno o empresa del mundo que comercie con ese país.

El pueblo venezolano -tal como el cubano- ha derrotado todas las maniobras y conspiraciones, pero el bloqueo norteamericano le hace pagar un altísimo precio. Recientemente Caracas publicó algunas cifras del costo en vidas -decenas de miles- por los embargos a medicamentos y medicinas, asi como el robo abierto de recursos financieros y activos venezolanos en Estados Unidos e Inglaterra.

Con la solidaridad de Rusia, China, Irán, Turquía y otros países, Venezuela corre una carrera contra el tiempo: la guerra desatada en su contra aceleró velozmente la descomposición de la arquitectura jurìdica e institucional mundial. Un nuevo orden planetario se gesta sobre la caida en picada del neoliberalismo como sistema único y Estados Unidos como líder económico indiscutido; el capitalismo se reestructura y aparecen fuerzas centrífugas.

Estados Unidos pelea en Venezuela por la hegemonía en su patio trasero, con la ayuda de sujetos como Piñera, Macri, Bolsonaro y Duque. Resucita para ello la "doctrina Monroe" ("América para los americanos"), y ejerce todas las presiones imaginables para impedir que Rusia, China e Irán efectúen negocios en la región, con agendas no intervencionistas en los asuntos internos del los Estados.

Los golpes son duros, pero el sistema se resquebraja. Tambalean los gobiernos neoliberales en América latina y Europa. La suerte de la Revolución Bolivariana depende en primer lugar del pueblo venezolano, pero también de la velocidad con que se recuperen los espacios de soberanía e independencia en la regiòn latinoamericana y en el mundo.