La Unión Europea planea respaldar a España en sus reclamos territoriales sobre Gibraltar en la próxima ronda de negociaciones del Brexit. La organización dará al país Ibérico el poder de excluir al territorio británico ultramarino de cualquier acuerdo comercial firmado con Bruselas.
Según The Guardian, el Gobierno de España ha insistido en que se recuerde la cuestión de Gibraltar en el borrador del mandato para las negociaciones acerca de la futura relación de la UE con el Reino Unido, que será publicado el próximo 3 de enero.
"A Boris Johnson [primer ministro británico] se le presentará la opción de llegar a un acuerdo con los españoles sobre el futuro de Gibraltar o exponer a sus ciudadanos a un riesgo económico al excluirlo de cualquier acuerdo comercial entre la UE y el Reino Unido", escribió Daniel Boffey en su artículo para el medio británico.
De acuerdo con un alto diplomático de la Unión Europea, citado por el periódico, el Gobierno español ha pedido que la nueva relación que se establecerá entre el Reino Unido y la UE no se aplique a Gibraltar sin el consentimiento explícito del país Ibérico, que solo se dará si Madrid y Londres llegan a un acuerdo en las conversaciones bilaterales sobre el peñón.
La cuestión de Gibraltar pone de relieve las dificultades a las que se enfrenta Londres a medida que avanza en las negociaciones sobre su futura relación con Bruselas tras el Brexit. El Reino Unido pasó a ser un "país ajeno" para la Unión Europea después de que se retiró formalmente de la organización, destacó The Guardian.
Mientras todavía era un miembro de la Unión Europea, el Reino Unido logró resistir a los reclamos españoles sobre Gibraltar. Ahora, sin embargo, Madrid contará con el pleno apoyo de los otros 26 países del bloque.
Según un vocero de la Cancillería británica, citado por el medio, el Reino Unido no excluirá a Gibraltar de las venideras negociaciones con la organización europea.
"Negociaremos en nombre de toda la 'familia' del Reino Unido, la que incluye Gibraltar", subrayó el portavoz.
Las negociaciones entre el Reino Unido y Bruselas deben comenzar el 3 de marzo.
Análisis: Gibraltar y la nostalgia del imperio. La salida deja en el alero el statu quo de la colonia
Erik Martel*
Llegó la hora de la verdad: Reino Unido y su familia de colonias abandonan con rancio estrépito imperial la Unión Europea. En su ethos más recóndito parece que aquella mitad de británicos que votaron el Brexit sienten que Europa es la que se ha separado de la provecta Albión. Decían los meteorólogos noticiosos: «temporal en el Canal de la Mancha. El Continente queda aislado».
Es el mismo sentir llanito respecto a España. Con el Brexit, queda aislada de Gibraltar. Increíblemente, a través de sus terminales españolas cada vez más engrasadas: asociaciones pseudo sindicales, prensa, departamentos universitarios y hasta «think tanks» españoles de todo pelaje han embaucado a muchos de este lado de la Verja. España no puede sacrificar a 12.000 transfronterizos, dicen, 12.000 rehenes que han encontrado trabajo en Gibraltar. Las cifras no son de fiar pues son vendidas en nuestro país a través de aquellas terminales. La realidad es que cuando se contempló darles un pase especial para facilitar el cruce diario a la colonia, españoles apenas se inscribieron unos cientos. Bueno, el número puede ser cierto, pero no lo es menos que en su gran mayoría son posiblemente británicos de diversa laya que viven en España y trabajan en Gibraltar. La liberación de unos pocos de miles de «rehenes» españoles no sería costosa. Con más de tres millones de parados y por razones de dignidad nacional, puede España sufragar un paro de lujo y compatible con otra ocupación a modo de compensación por la situación laboral causada.
El verdadero rehén, a rescatar de España, sería la economía gibraltareña tras el Brexit. La experiencia pasada ha demostrado que basta con aplicar el Tratado de Utrecht suscrito por España y Reino Unido en su día, y que incluye, entre otras cosas, la interdicción de toda comunicación por tierra, para que aquella economía se desplome a niveles que obligarían a Londres, como ya ocurrió no hace tanto tiempo, a reconvertirla en una economía de subvención. Esto es lo que en todo caso debería ocurrir, terminado el periodo transitorio de un año, al pasar Gibraltar a ser para la Unión Europea un país tan tercero como Marruecos. Lo que muchos se niegan a ver es que lo que hay allí es una única ciudad: Gibraltar-La Linea, dividida por un muro de la vergüenza erigido a principio del siglo pasado por los británicos. Una «verja» que ha servido, entre otras cosas, para dividir al pueblo líneollanito, y acotar una zona en que una parte de ese pueblo, merced a la liberalidad española, vive con una de las rentas más altas del mundo y la otra, con una de las más bajas de Europa. Si los llanitos quieren vivir en la Unión Europea conservando sus pasaportes e instituciones británicas que España no se oponga, pero que vivan como europeos al igual que los de su entorno. De no desearlo que lo hagan como británicos a merced de lo que les caiga de la base nuclear británica. Así lo hicieron sus abuelos. Que tengan en cuenta que las cosas han cambiado pues ahora no se enfrentan con España. Lo hacen con Europa.
*Embajador de España y ex delegado de Exteriores para el Campo de Gibraltar