MOSCÚ (Sputnik) — Turquía trasladó su contingente militar a Idlib en violación del derecho internacional y Occidente hace caso omiso a este hecho, declaró el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashénkov.
Según el general mayor, después de la firma del acuerdo ruso-turco sobre la creación de la zona de distensión en Idlib, todas las solicitudes de Rusia a la ONU y países occidentales quedaron sin respuesta.
Además, desde principios de febrero, Damasco ha sido acusado por Occidente de presuntos "crímenes de guerra", una "catástrofe humanitaria" y de haber provocado el desplazamiento de "millones de refugiados" en Idlib.
"Mientras, todos en Occidente hacen la vista gorda a las acciones de la parte turca, que en violación del derecho internacional, envió a Idlib un grupo de combate, cuyo número equivale al de una división mecanizada, para hacer cumplir los acuerdos de Sochi a cualquier costo", dijo Konashenkov.
Señaló que las amenazas públicas de eliminar todas las unidades de las fuerzas del Gobierno sirio y devolver la autopista M5 al control de los terroristas se califican por EEUU y Europa como "el derecho de Ankara a defensa legítima".
Ante esta situación de cinismo y la falsa preocupación de Occidente por la situación humanitaria en la zona de distensión de Idlib, solo el centro ruso para la reconciliación y el Gobierno sirio prestan diariamente toda la asistencia necesaria a los habitantes locales en las áreas liberadas, subrayó el militar.
"Los sirios atormentados por terroristas ni siquiera se dan cuenta de la existencia de sus muchos pseudodefensores en Europa y Estados Unidos y la abundante ayuda humanitaria que supuestamente les fue enviada en los últimos años", agregó.
La situación en la zona de distensión de Idlib, donde gracias a las acciones del Ejército sirio los terroristas del grupo Hayat Tahrir Al Sham (proscrito en Rusia) fueron desplazados a una distancia segura de Alepo, ha sido "otro momento de verdad".
El compromiso clave en virtud de los acuerdos de Sochi fue delimitar y expulsar a los terroristas de las fronteras externas de la zona de distensión a 15-20 kilómetros y trasladar a esta área las piezas de artillería pesada.
"En cambio, el resultado de casi 18 meses del acuerdo ha sido que todos los radicales de la llamada oposición moderada fueron expulsados al norte, hacia la frontera turca, por los grupos terroristas [declarados por la ONU como terroristas] Hayat Tahrir Al Sham, el Partido Islámico de Turquestán y Horas ad Deen. Las áreas fortificadas de los terroristas se fusionaron con los puestos de observación turcos desplegados en virtud del acuerdo", concluyó el militar.
Militares rusos denuncian que Turquía echa a unos 130.000 refugiados hacia frontera griega
MOSCÚ (Sputnik) — Las autoridades turcas empujan a unos 130.000 refugiados hacia la frontera con Grecia, afirmaron los militares del Centro Ruso para la Reconciliación en Siria.
"Las autoridades de la República de Turquía echan a unos 130.000 refugiados, que hasta ahora estuvieron en los campamentos temporales en una zona de la frontera greco-turca, hacia las fronteras griegas", dijo el jefe del centro ruso, el contralmirante Oleg Zhuravliov.
El alto mando ruso señaló que dos tercios de los refugiados no son ciudadanos sirios sino afganos, iraquíes y africanos.
Zhuravliov comunicó que unas 200.000 personas desplazadas están cerca de la frontera turco-siria, entre ellas 85.000 se encuentran en campamentos de refugiados.
La tensión en la zona desmilitarizada de Idlib, creada en 2018 por un acuerdo entre los presidentes de Rusia y Turquía, fue en aumento a principios de febrero debido al intercambio de ataques entre los militares turcos y sirios, después de que Damasco lanzara una ofensiva para recuperar el control de esa provincia, el último bastión de los grupos terroristas y rebeldes.
La situación se agravó todavía más después de que el grupo terrorista Hayat Tahrir al Sham (anteriormente conocido como Frente al Nusra, prohibido en Rusia) lanzara el 27 de febrero ataques masivos en Idlib a los que el Ejército sirio respondió con un bombardeo aéreo que provocó decenas de muertos y heridos en las filas turcas.
Turquía respondió con una operación de represalia, Escudo de Primavera, contra las tropas del Gobierno sirio. Además, anunció que no puede contener el flujo de migrantes y refugiados, a los que permitió cruzar libremente sus fronteras en dirección a Grecia y Bulgaria.
Desde Moscú achacaron la escalada de tensiones en Idlib al incumplimiento por parte de Ankara del acuerdo ruso-turco, en particular de su compromiso de separar a la oposición armada de los terroristas en esa región siria.
Análisis: Turquía chantajea de nuevo a Europa
Francisco Herranz
Turquía ha vuelto a utilizar el chantaje de la crisis migratoria para negociar y arrancar nuevas compensaciones económicas de la Unión Europea (UE), después de que Recep Tayyip Erdogan advirtiera de que "millones" de inmigrantes y refugiados enfilarán muy pronto el Viejo Continente.
El presidente turco lanzó este claro aviso de navegantes después de anunciar que el Gobierno de Ankara no puede cumplir el acuerdo suscrito en 2016 con la UE para frenar el flujo migratorio. Erdogan pronunció estas palabras en una alocución televisada en la que subrayó que no podían asumir una nueva oleada de ciudadanos sirios, lo que produjo un inmediato efecto llamada.
Cerca de un millón de sirios han llegado hasta la frontera turca desde el área de Idlib, escenario de recientes combates entre los últimos reductos rebeldes apoyados por Turquía y las tropas gubernamentales leales al presidente sirio, Bashar Asad.
Turquía ya da cobijo a 3,7 millones de refugiados sirios, así como a miles de ciudadanos de otros Estados como Afganistán.
El jefe del Estado turco acusó al club comunitario de no haber brindado suficiente ayuda para reasentar a los refugiados en "zonas seguras" dentro de Siria.
"O llevamos a estas personas a una vida digna en su propia tierra, o todos recibirán su parte de esta carga. Ha terminado el período de sacrificio unilateral", enfatizó el exalcalde de Estambul durante el transcurso de una reunión celebrada en la capital de su país.
Ante esta clara denuncia de inacción, el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, viajaban de urgencia a la frontera entre Grecia y Turquía, acompañados del primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, para comprobar la delicada situación, que se ha deteriorado súbitamente pues la Policía utilizó gases lacrimógenos para detener el desesperado avance de los migrantes.
Los agentes helenos pararon a casi 10.000 personas que querían atravesar la demarcación internacional en un lapso de 24 horas. Algunos de los migrantes se mostraron violentos y lanzaron piedras y barras metálicas a los guardas fronterizos, que respondieron con material antidisturbios.
El mencionado plan de 2016 no era una solución a la crisis migratoria. Sólo era un parche, sólo contenía el problema más allá de los límites de Europa a cambio de un buen saco de dinero: 6.000 millones de euros, la mitad ya entregada. Un montón de plata para acallar las conciencias de los europeos pues el acuerdo estipulaba que los refugiados sirios que llegaran a las islas griegas debían regresar a Turquía.
El programa redujo bruscamente el número de personas que intentaban cruzar en balsas o embarcaciones ligeras las aguas del mar Egeo a la búsqueda de un futuro mejor.
Grecia no permaneció impasible. En un duro comunicado, las autoridades de Atenas acusaron a las Ankara de haberse convertido en "un traficante" de personas que no doblega a las potentes mafias que trabajan lucrándose con los sueños de gente necesitada y vulnerable.
Los griegos bloquearon cualquier nueva solicitud de asilo hasta el mes próximo, debido a lo que llaman la "naturaleza coordinada y masiva" de la migración ilegal procedente de la vecina Turquía.
"Esta reubicación de personas no tiene nada que ver con el derecho internacional con respecto al derecho de asilo, que se refiere solo a casos individuales", enfatizaba el comunicado griego.
El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas subrayó que Grecia no tenía justificación legal para suspender los procedimientos de asilo.
Razones para la furia de Erdogan
Erdogan debe estar más que furioso y está pagando su rabia con el eslabón más débil de la cadena. Su enfado es lógico, porque Turquía no sufría desde hace décadas tantas bajas mortales en un solo día de batalla, más bien en una sola operación.
El ataque aéreo que mató el pasado 27 de febrero al menos a 33 soldados turcos en la provincia siria de Idlib, situada al noroeste del país, no sólo tiene consecuencias militares sino también políticas, pues ha transformado el discurso de Erdogan, quien apunta ahora a Europa y amenaza con romper las reglas de juego. Esta narrativa poco responsable no ha hecho más que activar una nueva oleada migratoria.
Lo cierto es que la tensión ha explotado en los puntos fronterizos greco-turcos pero ya es demasiado habitual en la isla griega de Lesbos, muy próxima a la costa de Anatolia, y que ha sido calificada por algunos medios de comunicación como "el sótano de Europa".
En Lesbos cientos de solicitantes de asilo que esperan noticias se suelen manifestar casa día por sus miserables condiciones de vida. El campo situado a las afueras de la aldea de Moria es el mayor centro de recepción de inmigrantes del Viejo Continente. Resulta muy revelador que su imagen satelital está pixelada en la aplicación Google Maps.
El campo de Moria acoge a unas 20.000 personas, de 64 naciones diferentes, incluida Siria, pero también Afganistán, Irak o Angola. Está completamente colapsado pues fue construido inicialmente para alojar a 3.000 personas. Su mera existencia simboliza la nefasta respuesta de la Unión Europea al enorme desafío migratorio que tiene a sus puertas.
Erdogan es perfectamente consciente del gran poder que tiene en sus manos al gestionar el destino de cientos de miles de personas desatendidas que esperan cruzar al otro lado. Siempre ha utilizado esa carta para presionar a sus vecinos europeos. Ahora lo ha vuelto a hacer, al instrumentalizar la desgracia ajena, presionando a Alemania y desatando la ira de Angela Merkel.
La canciller germana calificó de "inaceptable" la posición de Erdogan por "aprovecharse de los refugiados", pero las voces de su propio partido democristiano, e incluso ella misma, parecen proclives a negociar otro paquete de ayuda a Turquía, es decir, a firmar otro talón bancario con muchos ceros a la derecha que evite la entrada de refugiados.
Eso sólo aplazará, de nuevo, el problema. Una solución real pasaría por la creación, con la colaboración de la comunidad internacional, de una zona de protección en el norte de Siria para reubicar a miles de refugiados.