Estados Unidos ocupa el tercer lugar en el mundo por casos del coronavirus con 26.747 contagiados registrados entre su población, según los datos de la Universidad John Hopkins actualizados este domingo.
China sigue siendo el territorio con la mayor cantidad de los infectados, reportando más de 81.000 casos, e Italia ocupa el segundo lugar con más de 53.500 pacientes a los que se ha diagnosticado con el virus. Sin embargo, Italia por el momento registró la mayor cantidad de casos letales, más de 4.800, superando incluso a China.
En el país norteamericano, donde el covid-19 se cobró la vida de 340 personas, las autoridades implementan medidas estrictas para detener la propagación. El estado de Illinois se sumó el viernes a los de California y Nueva York y estableció el confinamiento de la población en su territorio.
Al mismo tiempo, las instituciones científicas desarrollaron un test de diagnóstico rápido e incluso empezaron las pruebas de una vacuna experimental en humanos.
Ejército de EEUU se prepara para afrontar disturbios por COVID-19
Las Fuerzas Armadas de EE.UU. están preparándose para hacer frente a disturbios ante la rápida propagación del nuevo coronavirus en el país.
El Gobierno estadounidense se ha visto obligado a elaborar planes militares para calmar la situación en el país debido a la propagación de la pandemia del nuevo coronavirus, conocido como COVID-19, ha informado la revista de noticias de tirada semanal Newsweek en un reporte publicado este sábado.
Según precisa el medio, el Ejército de EE.UU. ha estado preparando a sus fuerzas para desempeñar un papel activo en las respuestas a las crisis que pueda provocar el letal virus, incluida la represión de posibles disturbios civiles y el establecimiento del orden en el país.
Para tal tarea, las Fuerzas Armadas estadounidenses están considerando utilizar guardias estatales o las fuerzas federales, agrega el informe.
El jefe de la Guardia Nacional de EE.UU., el general Joseph Lengyel, ha señalado, a su vez, que hasta el momento han sido convocados unos 2000 soldados, a los que se sumarán en breve 2000 más, en 27 estados del país, incluidos Nueva York y California.
EE.UU. es uno de los países con mayor número de casos positivos de COVID-19. Los medios locales han reportado este sábado más de 21 000 infectados, mientras que las muertes han aumentado a 267. New York, Washington y California siguen manteniéndose como los estados que más casos han presentado.
Incluso dentro del Ejército, la enfermedad está pasando factura. El Departamento de Defensa de EE.UU. (el Pentágono) anunció el miércoles pasado que las Fuerzas Armadas contabilizan 89 casos confirmados del coronavirus entre sus efectivos.
Tras semanas de minimizar la gravedad del nuevo coronavirus y burlarse de las preocupaciones surgidas al respecto, el presidente de EE.UU., Donald Trump, declaró el viernes de la semana pasada el estado de emergencia mientras la pandemia se propagaba por el país y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) daban la señal de alarma.
Trump desoyó en enero las advertencias de los servicios de inteligencia sobre la "grave amenaza" del coronavirus
Entre enero y febrero de este año, los servicios de inteligencia de EE.UU. advirtieron en varias ocasiones de la "grave amenaza" que suponía el covid-19, pero ni el presidente Donald Trump ni los legisladores les hicieron caso, por lo que no se tomaron medidas que pudieron haber frenado la propagación de la enfermedad, informó este sábado The Washington Post, citando funcionarios familiarizados con el asunto.
Los informes de la inteligencia estadounidense alertaban sobre la propagación del virus a otros países desde China, y advertían que los funcionarios chinos podrían estar minimizando la gravedad del brote. No obstante, no predijeron cuándo podría llegar el virus a EE.UU. ni tampoco recomendaron medidas particulares que podrían tomarse desde el Ministerio de Salud, ya que no entra dentro de sus competencias.
Las agencias de inteligencia "han estado advirtiendo sobre esto desde enero", explicó bajo condición de anonimato un funcionario que tuvo acceso a los informes de dichos organismos revelados a miembros del Congreso y de la Administración Trump, entre otros. "Donald Trump quizás no esperaba esto, pero muchas otras personas en el Gobierno sí, [pero] simplemente no podían lograr que hiciera algo al respecto", añadió, asegurando que "el sistema estaba parpadeando en rojo".
Oídos sordos
El secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, reveló que se les alertó sobre los informes iniciales acerca del virus tras una conversación que el director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) mantuvo con sus colegas chinos el 3 de enero. Sin embargo, no fue hasta doce días después que Azar pudo ponerse en contacto por teléfono con Trump, que no se mostró interesado en el tema.
Las advertencias de la inteligencia norteamericana aumentaron hacia finales de enero, cuando se hizo volver a los diplomáticos estadounidenses que se encontraban en Wuhan, localidad china considerada el epicentro del brote. De hecho, según varios funcionarios, algunos asesores de Trump le pedían que se tomara en serio el coronavirus, advirtiéndole de que podría costarle su reelección y asegurándole que el problema del covid-19 podría estar presente en EE.UU. durante los siguientes meses.
Sin embargo, el inquilino de la Casa Blanca seguía creyendo que el coronavirus no se extendería ampliamente por todo EE.UU. como había ocurrido en otros países.
"Fue muy alarmante"
A primeros de febrero, Robert Kadlec, un alto funcionario del Departamento de Salud y Servicios Humanos, advirtió al Comité de Inteligencia del Senado que el covid-19 representaba una "grave amenaza" y recomendó tomar medidas que pudieran alterar la vida cotidiana de los estadounidenses para mitigar los efectos del brote. "Fue muy alarmante", aseguró una de las fuentes.
El 3 de febrero, Trump prohibió entrar en EE.UU. a los extranjeros que hubieran estado en China en los 14 días anteriores, medida que la inteligencia consideró insuficiente. Doce días después Nancy Messonnier, importante funcionaria de los CDC, dijo a los periodistas que el coronavirus se propagaría por EE.UU. y que podría provocar interrupciones "graves" en la vida cotidiana de la población. En ese momento, el presidente estadounidense se quejó a Azar de que Messonnier estaba asustando a los mercados.
Según los funcionarios consultados por el diario, no fue hasta la semana pasada, cuando la OMS declaró el coronavirus como una pandemia y después de que le mostraran estadísticas sobre la propagación del virus, cuando Trump cambió su postura en relación con este problema de salud pública. Según los últimos datos oficiales, el covid-19 ya ha dejado cerca de 300 muertos y más de 19.000 infectados en EE.UU.
El Pentágono pone en cuarentena a 2.600 militares en Europa después de que 35 soldados dieran positivo por coronavirus
Alrededor de 2.600 miembros del personal militar de EE.UU. desplegado en Europa, incluidos civiles, se encuentran actualmente en autoaislamiento, después de que al menos 35 de ellos dieran positivo por covid-19.
Actualmente, "tenemos unos 2.600 empleados en categoría de preocupación", informó este viernes el jefe del Mando Europeo de EE.UU., el general Tod Wolters, durante una teleconferencia de prensa.
"En este mismo momento tenemos, aproximadamente, 35 casos reportados de coronavirus. Y las medidas que estamos tomando son todas aquellas implementadas por las naciones, incluido EE.UU.", especificó Wolters, agregando que entre dichas medidas figura el distanciamiento social, "una de las más efectivas que creemos que está ayudando".
Horas más tarde, el Pentágono emitió un comunicado en que afirmó que las 2.600 personas mencionadas durante la videoconferencia "no están necesariamente enfermas" y que su cuarentena es una "medida de precaución".
El organismo no ofreció más detalles, más allá de que los militares habían sido aislados debido a "viajes u otras razones", recoge Reuters.
El Ejército de EE.UU., que cuenta con unos 72.000 miembros basados en Europa, tampoco precisó en qué país se detectaron los casos de contagio, ni explicó cómo estaba aislando a tanta cantidad de empleados.
Planes secretos del Ejército si Trump es tumbado por el COVID-19
El Ejército estadounidense se prepara en secreto para “circunstancias extraordinarias” en EE.UU., incluso para el colapso del Gobierno de Trump por el COVID-19.
Un informe exclusivo publicado el miércoles por la revista estadounidense Newsweek revela los planes ultrasecretos que tiene el Ejército de EE.UU. en su agenda para implementar en caso de que el nuevo coronavirus, conocido como COVID-19, menoscabara al Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump.
Si bien el magnate neoyorquino afirmó que dio negativo en coronavirus, la pandemia ha avivado los temores a que importantes sectores del Poder Ejecutivo o incluso del Congreso y la Corte Suprema de EE.UU. puedan quedar inhabilitados.
Ante tales preocupaciones, según el reporte, el Ejército tiene previsto implementar sus planes con el objetivo de garantizar la “continuidad del Gobierno”, y entre ellos se contemplaría evacuar Washington D.C. (capital estadounidense) y “delegar” el liderazgo en funcionarios de segundo nivel, en ubicaciones remotas y en cuarentena.
Los ideólogos de dichos planes están preparándose para “circunstancias extraordinarias” y los escenarios de desastre que se barajan consisten en la posibilidad de que se dé una situación de violencia generalizada a nivel nacional como resultado de la escasez de alimentos tras la pandemia del nuevo coronavirus.
Ya existen planes ultrasecretos de contingencia para lo que se supone que deben hacer los militares si todos los sucesores constitucionales estuviesen incapacitados. Es más, hace más de tres semanas se emitieron órdenes de cara a la elaboración de estos planes, no solo para proteger Washington, sino también para estar listos ante la posibilidad de alguna forma de ley marcial.
Conforme a la nueva documentación que ha salido a la luz y a las entrevistas concedidas por expertos militares, los planes, denominados con los códigos Octagon, Freejack y Zodiac, son unas leyes clandestinas para garantizar “la continuidad del Gobierno”.
De hecho, son tan sumamente secretos que, bajo estos planes extraordinarios, la “transferencia del poder” podría eludir las disposiciones constitucionales relativas a esta cuestión y los comandantes militares podrían ser puestos al frente de todo EE.UU.
La nación que más preocupa en todo el continente americano es EE.UU., pues ya registra 14 250 casos positivos en COVID-19 y 205 decesos, de acuerdo con los datos proporcionados este viernes.
Conforme aumenta la cifra de contagiados en EE.UU., una agencia gubernamental de lucha contra el nuevo coronavirus advierte que la pandemia podría durar 18 meses o más y podría incluir olas múltiples, lo que provocaría una escasez generalizada que acabaría poniendo bajo presión a los consumidores y al sistema de salud del país.
Tras semanas de minimizar la gravedad del nuevo coronavirus y burlarse de las preocupaciones surgidas al respecto, Trump acabó declarando el viernes pasado el estado de emergencia mientras la pandemia se propagaba por el país y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) daban la señal de alarma.
Las autoridades sanitarias estadounidenses han indicado que esperan que el número de casos se incremente abruptamente en los próximos días debido a un aumento de las pruebas de diagnóstico después de los retrasos iniciales.
Foreign Affairs: EEUU vive el fin de su hegemonía global
La revista estadounidense Foreign Affairs publicó un número especial sobre “el fin del papel hegemónico global de EEUU”, subrayando la necesidad de poner fin a la hostilidad de Washington hacia Irán y volver a la diplomacia con Teherán.
Uno de los artículos de este nuevo número de la revista estadounidense es el titulado “El precio de la primacía: por qué EEUU no debe dominar el mundo”, de Stephen Wertheim. El artículo analiza el declive del poder hegemónico de los EEUU en el mundo. Wertheim es director asociado de Investigación y Planificación de Políticas en el Instituto Quincy de Gobernanza Responsable e investigador en el Instituto Arnold A. Saltzman afiliado a la Universidad de Columbia.
Él considera que EEUU debe poner fin a la política de “lucha contra el terrorismo” y la hostilidad hacia los países que no se someten a las directrices de EEUU y que no tienen otra razón para amenazar a EEUU que la posición hostil de Washington. Él toma el ejemplo de Corea del Norte. Washington debe dejar de lado la ilusión de que el régimen de Kim Jong-un optará por el desarme nuclear completo bajo presión externa. En cambio, EEUU debería tratar de normalizar las relaciones con Corea del Norte y restaurar la paz en la península de Corea.
Irán es otro enemigo que merece dejar de ser tal. EEUU debe poner fin a su rivalidad con Irán levantando las sanciones contra la República Islámica y volviendo al Plan de Acción Integral Conjunta. El acuerdo nuclear firmado por Washington y otras grandes potencias con Irán ha demostrado que no solo es posible la diplomacia con Irán, sino que la diplomacia es la forma más efectiva de resolver las tensiones bilaterales. Esta “sed de venganza”, que ahora parece ser la fuerza impulsora detrás de la política estadounidense hacia Irán en la administración Trump, no tiene ningún beneficio real para EEUU, señaló.
La política de Washington hacia otros países en Oriente Medio también debe adherirse a este principio: no hay amigos o enemigos permanentes. EEUU debe reducir el nivel de sus relaciones con socios como Arabia Saudí y dejarles claro que deben asumir la responsabilidad de su propia defensa. Washington debería cerrar casi todas sus bases militares en la región. EEUU debería dejar de jugar un papel partidista en disputas como la guerra en Yemen y el conflicto israelo-palestino. Si EEUU quiere ayudar a resolver estos conflictos, la forma más adecuada es optar por una diplomacia imparcial.
Las relaciones de EEUU con Rusia también necesitan ser revisadas. El próximo presidente estadounidense debería poner fin a las políticas antirrusas de Washington respetando los intereses vitales de Moscú; “EEUU debe dejar de fomentar la creación de estados hostiles en las cercanías de Rusia y alentar la participación de Moscú en las principales discusiones europeas sobre seguridad y diplomacia. Dado que estos objetivos también están de acuerdo con los intereses estadounidenses, Washington debería reducir las preocupaciones de Rusia deteniendo la expansión de la OTAN y rechazando la candidatura de Ucrania para entrar en la organización”.
Luego, EEUU debería, en consulta con sus aliados, comenzar un proceso de retirada de las tropas estadounidenses de Europa durante un período de 10 años. La mayoría de estas fuerzas deberían regresar a EEUU, aunque ciertas fuerzas de la Fuerza Aérea y la Marina estadounidenses pueden permanecer en suelo europeo con el acuerdo de los países anfitriones. Además, EEUU debería alentar a Rusia y Ucrania a concluir un acuerdo por el cual Rusia dejara de apoyar a los separatistas en el este de Ucrania y, a cambio, Ucrania y EEUU reconocerían a Crimea como parte del territorio ruso. Tal solución permitiría a EEUU levantar muchas de sus sanciones contra Rusia y proporcionar el terreno necesario para el desarrollo de las relaciones entre los dos países, concluye Wertheim.
Análisis: Pronostican el ocaso de EEUU después de la pandemia
La pandemia cambiará el mundo para siempre. El nuevo coronavirus detendrá la globalización, provocará el ocaso de Estados Unidos, aumentará ideas nacionalistas y creará un sistema económico mundial más sostenible, escribe la revista estadounidense Foreign Policy con referencia a varios destacados analistas internacionales.
Ideas nacionalistas
"La pandemia fortalecerá el Estado y reforzará el nacionalismo. Los Gobiernos de todo tipo adoptarán medidas de emergencia para gestionar la crisis, y muchos se mostrarán reacios a renunciar a estos nuevos poderes cuando la crisis termine", opina Stephen M. Walt, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Harvard.
Un refuerzo del nacionalismo lo pronostica también John Ikenberry, profesor de política y asuntos internacionales en la Universidad de Princeton.
"Dado el daño económico y el colapso social que se está desarrollando, apenas ocurrirá cualquier otra cosa que no sea un refuerzo del movimiento hacia el nacionalismo, la rivalidad de las grandes potencias y el desacoplamiento estratégico", cita el medio al experto.
Estados Unidos suspendió la prueba de liderazgo
"Estados Unidos dejará de percibirse como líder internacional debido al estrecho interés propio de su Gobierno y su incompetencia", señala Kori Schake, vicedirector general del Instituto Británico Internacional de Estudios Estratégicos.
Según Schake, los efectos globales de esta pandemia podrían haberse atenuado en gran medida si las organizaciones internacionales hubieran proporcionado más información y con mayor antelación, lo que habría dado a los Gobiernos tiempo para prepararse y dirigir los recursos hacia donde sean más necesarios.
"Esto es algo que Estados Unidos podría haber organizado, demostrando que, si bien tiene un interés propio, no es lo único que tiene. Washington falló la prueba de liderazgo, y el mundo está peor por ello", subraya.
La transferencia del poder de Occidente a Oriente
"El COVID-19 también acelerará el cambio de poder e influencia del Oeste al Este", destaca Stephen M. Walt.
Corea del Sur y Singapur respondieron mejor ante la epidemia, y China reaccionó bien tras cometer algunos errores en la primera etapa, observa el profesor. Mientras tanto, la respuesta en Europa y EEUU fue "lenta y aleatoria", agrega.
El coronavirus solo acelera un cambio que ya había comenzado: "de una globalización centrada en Estados Unidos a una globalización más centrada en China", comenta, a su vez, Kishore Mahbubani, distinguido miembro del Instituto de Investigación de Asia de la Universidad Nacional de Singapur.
Fin de globalización económica
Algunos analistas opinan que la pandemia de coronavirus podría acabar con la globalización económica.
"El COVID-19 está obligando a los Gobiernos, empresas y sociedades a reforzar su capacidad de enfrentarse a largos períodos de autoaislamiento económico", señala Robin Niblett, director de Chatham House también conocido como Instituto Real de Asuntos Internacionales del Reino Unido.
El investigador principal de estudios sobre América Latina del Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU, Shannon K. O'Neil, considera que las empresas replantearán y reducirán las cadenas de suministro multinacionales que dominan la producción hoy en día.
"Más empresas querrán saber más sobre la procedencia de sus suministros y cambiarán la eficiencia por la redundancia. Los Gobiernos también intervendrán, obligando a las industrias estratégicas a tener planes de respaldo y reservas nacionales. La rentabilidad caerá, pero la estabilidad de la oferta debería aumentar", pronostica.
La historia de COVID-19 será escrita por los vencedores
Como siempre ha sido, la historia será escrita por los "vencedores" de la crisis de COVID-19, observa el general retirado del Cuerpo de Marines de EEUU John Allen, presidente de la Institución Brookings y excomandante de las fuerzas de EEUU en Afganistán.
"Cada nación y cada individuo está experimentando la tensión social de esta enfermedad de maneras nuevas y poderosas. Inevitablemente, las naciones que resistan mejor [la pandemia] —tanto en virtud de sus sistemas políticos y económicos singulares como desde la perspectiva de la salud pública— se atribuirán la victoria sobre las que tengan un resultado diferente y más devastador".