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El hospital 12 de Octubre de Madrid advirtió de que las UCI iban a colapsar una semana antes del Estado de Alarma y los test fake se compraron 40 días antes

Elespiadigital | Lunes 27 de abril de 2020

Las evidencias de que se cernía una dura crisis sanitaria sobre España por el coronavirus llegaron tiempo antes de que las autoridades decretaran el estado de alarma y el confinamiento de la sociedad para hacer frente a sus consecuencias.

Así lo demuestran los expedientes de compra de material sanitario crítico que el Hospital Universitario 12 de Octubre licitó por vía de emergencia. Estos documentos alertan a la junta de compras del centro sanitario el 9 de marzo. Esto es seis días antes de que entrara en vigor el aislamiento de la población, la medida clave para romper una propagación exponencial de contagios hasta ese momento y que ha costado en menos de dos meses la vida de más de 23.000 personas, a las que habrá que sumar otros miles de muertos que aún no han sido contabilizados.

La resolución elaborada por la gerencia del hospital madrileño hablaba ya entonces de "pandemia por covid-19 en la Comunidad de Madrid". Es decir, que la dirección del centro sanitario definió la situación como pandemia incluso dos días antes de que así lo decretara a nivel mundial la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y , según destacaba el expediente, presentaba ya por entonces una "progresión de casos de insuficiencia respiratoria que requeriría ingresos".

Contactaron con médicos de Lombardía

El Servicio de Neumología del hospital solicitó de emergencia la compra de seis respiradores (57.112 euros IVA incluido a la empresa CIA Europa de Productos Médicos SL). Justificó esta adquisición atendiendo a "la experiencia transmitida por colegas italianos de la región de Milán y Lombardía (comunicación personal con S. Nava o A. Carlucci) y a la recomendación que para entonces ya había hecho el presidente de la Sociedad Europea de Cuidados Intensivos". Con todo lo anterior, la gerencia hospitalaria concluía que la situación podía comprometer la disponibilidad de camas de UCI y el acceso a ventilación mecánica.

Obligados a elegir a quién dar un respirador

El expediente de compra, firmado por la directora gerente del Hospital Universitario 12 de Octubre, alertaba de que "esta situación excepcional es imprevisible, y asumiendo las incertidumbres del comportamiento local de esta epidemia, las disponibilidades de camas de UCI y los respiradores de alta gama deberán priorizarse para aquellos pacientes más graves".

Dicho de otro modo, el 9 de marzo ya se preveía que no habría respiradores para todos los enfermos que esperaban y habría que priorizar a "los más graves" sobre otros.

Ya con protocolos de zona catastrófica

Por todo lo anterior, se empezaron ya a sopesar los protocolos de las que entonces eran zonas más catastróficas de la pandemia: "En este sentido, disponer de respiradores de menor complejidad, pero capacitados para funcionamiento mediante turbina (independiente de las instalaciones de gas medicinal, que no suelen estar disponibles en el resto del hospital), ha sido la solución adoptada en algunos de estos hospitales de las 'zonas 0' de Italia y China. Su mayor coste y menor disponibilidad permiten atender casos de manera no invasiva, o situaciones de ventilación mecánica invasiva de menor complejidad (como el 'wearing' de pacientes con traqueotomía) liberando recursos de alta complejidad para los casos más graves ingresados en UCI".

Se trataba, a tenor de la resolución de compra, de gestionar una catástrofe: "Dada esta situación impredecible, dentro de la incertidumbre que rodea la evolución de casos en nuestra comunidad, y asumiendo que un 10% de casos infectados va a requerir cuidados intensivos, estos respiradores [en referencia a la solicitud de compra] permiten su uso como respiradores no invasivos y como respiradores invasivos. Han sido diseñados para su uso en grandes catástrofes, transportes, etc.".

Anticipó el desabastecimiento de material

En el mismo expediente de compra del 9 de marzo, la gerencia del hospital ya anticipó otro de los problemas con los que aún están lidiando las autoridades a fecha de hoy, como es el desabastecimiento de material sanitario crítico en los mercados internacionales. La resolución ya advertía de que se proponía "su compra con carácter inmediato (dadas las limitaciones al suministro de material médico que pueden esperarse si progresa la situación en Europa) para asegurar disponibilidad entre las distintas unidades implicadas (Neumología, UCI)". Casi dos meses después, España sigue teniendo problemas de acceso a algunos materiales sanitarios.

La adquisición de respiradores no fue la única alarma sobre lo que se avecinaba que lanzó el Hospital 12 de Octubre en su junta de compras del 9 de marzo. El servicio de Microbiología del centro sanitario de la capital de España tramitaba también de emergencia la compra de reactivos para la detección molecular del nuevo coronavirus nCOV2019: 417.603 euros (IVA incluido) de productos de Roche, Fisher o Werfren España, entre otros. El jefe de esta sección explicaba que se estaban recibiendo 200 muestras por día y la previsión era seguir subiendo. A la adquisición ya acordada previamente, pedía la inclusión de nuevos productos, motivo por el que se ponía en conocimiento del órgano de compras la extraordinaria urgencia de comprar estos reactivos de detección del covid-19.

La reacción de las autoridades, días más tarde

Mientras el hospital madrileño trataba esta problema en el seno de la Junta de compras el 9 de marzo, la sociedad y las autoridades postergaban su reacción. Solo un día antes, Madrid y otras ciudades de España celebraban grandes eventos multitudinarios, como la manifestación feminista por la igualdad de género del 8-M, se desplegaban grandes mítines, como el de Vox en Vistalegre, y se llenaban estadios de fútbol, entre otras concentraciones.

Durante toda la semana posterior a dichas advertencias, se continuaron produciendo las aglomeraciones en el transporte público y otras concentraciones que ya se habían puesto en cuestión, como el partido del Liverpool y el Atlético de Madrid el martes 10 de marzo, evento por el que ahora el alcalde de la ciudad del norte de Inglaterra pide responsabilidades, por entender que fue un foco de contagio en el Reino Unido, uno de los países que más castigados están siendo por la pandemia.

La reacción temprana es la clave en la contención de la pandemia. Diversos informes, como el desarrollado por Fedea, han concluido que el crecimiento del coronavirus en España se disparó durante la última semana previa al confinamiento. Según dicho análisis, de haberse confinado la población una semana antes, se habría evitado el 62% de contagios, lo que hubiera producido miles de muertes menos. La lógica es que con un nivel de contagio exponencial, los últimos momentos antes del confinamiento fueron los que provocaron el mayor crecimiento de la pandemia.

Empezaron algunas medidas

Sin bien es cierto que la actividad se mantuvo durante la semana pese a que los especialistas sanitarios, como los del 12 de Octubre, preveían ya el lunes 9 de marzo una situación dramática en los hospitales, ese mismo día se empezaron a tomar algunas medidas. La propia Comunidad de Madrid anunció ese mismo lunes por la tarde que se pararía desde el miércoles la actividad escolar.

También desde ese mismo lunes 9 de marzo, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, adoptó un tono mucho más preocupante sobre la situación del coronavirus. El fin de semana anterior, evitó recomendar que la gente no acudiera a grandes concentraciones, preguntado ya entonces si deberían haberse cancelado las manifestaciones del 8-M. La declaración del estado de alarma no llegó hasta el sábado 14 de marzo y el confinamiento no entró en vigor hasta el domingo 15, seis días después de que en el Hospital 12 de Octubre se diera la voz de alarma.

Sánchez compró los test fake sin concurso porque la alerta se disparó “el 30 de enero” pero permitió el 8-M

Las incongruencias y mentiras del Gobierno empiezan a contarse por millares: la memoria justificativa de la “contratación de emergencia con Interpharma” de los polémicos test fake inservibles por los que se comprometieron 17,1 millones de euros recoge toda una autoacusación del propio gabinete de Pedro Sánchez.

Ese documento plasma la argumentación del Ejecutivo de que se contrató sin acudir al concurso porque “el pasado 30 de enero” se había activado ya la alerta debido al aviso de la OMS de “una emergencia de salud pública de importancia internacional”. Pero, ese mismo Gobierno ha asegurado públicamente que permitió el 8-M porque la gravedad no era tal.

Ese mecanismo de emergencia permitió sortear los requisitos generales de concurrencia y transparencia que establece la Ley 9/2017, de 8 de noviembre, de Contratos del Sector Público. La propia ley señala que, en caso de emergencia, se aplicará el “artículo 120”. Y allí se destaca que “cuando la Administración tenga que actuar de manera inmediata a causa de acontecimientos catastróficos, de situaciones que supongan grave peligro o de necesidades que afecten a la defensa nacional, se estará al siguiente régimen excepcional:

«El órgano de contratación, sin obligación de tramitar expediente de contratación, podrá ordenar la ejecución de lo necesario para remediar el acontecimiento producido o satisfacer la necesidad sobrevenida, o contratar libremente su objeto, en todo o en parte, sin sujetarse a los requisitos formales establecidos en la presente Ley, incluso el de la existencia de crédito suficiente. En caso de que no exista crédito adecuado y suficiente, una vez adoptado el acuerdo, se procederá a su dotación de conformidad con lo establecido en la Ley General Presupuestaria”.

 

Es decir, que todos los requisitos de control previos se eliminan por la situación de emergencia generada por el coronavirus.. Eso sí, generada desde el 30 de enero. Y no desde el 9-M, fecha en la que el Gobierno empezó a aplicar medidas medianamente serias en materia de control de contagios.

Gracias a ese mecanismo el Ministerio de Sanidad firmó un contrato de 17,1 millones de euros con la empresa Interpharma para adquirir los famosos test ‘fake’ de la empresa china Bioeasy Biotechnology. Y lo hizo sin controles previos. Fueron en total 659.000 test los comprados: todos ellos inservibles.

Pero, al margen del escándalo de que fueran ‘fake’, lo cierto es que ni siquiera su precio tiene justificación: cada test sale a un coste de 26 euros, cuando lo cierto es que en el mercado es posible comprar hoy mismo a un precio casi tres veces inferior: laboratorios internacionales de pleno prestigio los ofrecen a 10 dólares. Y con garantía de que no son ‘fake’, ni mucho menos.

Análisis: No tenemos arreglo

Miquel Giménez

Podemos argumentar que la gente tiene muchas ganas de salir, que 40 días confinado exasperan al más pintado, que los críos precisan correr y disfrutar de la calle, que si hace buen tiempo, que existe la pulsión por recobrar la normalidad. Pero la verdad es que ha sido abrir un poco la mano y el personal ha salido de estampida como los toros en San Fermín, atropellándose unos a otros y olvidando que aquí aún hay gente que muere por el virus, que está internada, que mañana incrementará la lista de los contaminados y que por culpa de su irresponsable actitud puede que el esfuerzo de todos se vaya a hacer puñetas.

Somos una sociedad poco o nada acostumbrada a los finales infelices y tendemos a pensar que las cosas malas le suceden a los demás, pero nunca a nosotros. Somos maestros en poner cara de asombro cósmico cuando nos despiden, cuando el médico nos dice que estamos enfermos, cuando nuestra pareja se lía con nuestro mejor amigo o amiga o con ambos. Todo nos cae habitualmente del cielo, como si nuestra vida no fuera un pésimo guión que acaba indefectiblemente con la muerte del protagonista. Por eso, este domingo la gente se ha lanzado a la calle como si no hubiera un mañana, con la excusa de los chiquillos, para transgredir todo lo que han podido. Es la rémora de aquel asunto de la manzana y el árbol del bien y del mal. Agárrame el cubata, Eva, que se va a enterar la serpiente.

Sin mascarillas, sin guantes y sin guardar la distancia, he ahí la imagen lamentable e irresponsable que muchos han dado al pasear de manera estúpida, con ese punto de chulería al que somos un tanto dados los españoles. Es ese “a mí que coño me dicen”, ese sentirse por encima de sabios y científicos, esa facundia que nos hace creernos inmunes a cualquier consejo porque nosotros somos la hostia y qué sabrán los demás. A mí, que tantas veces mojo mi pluma en la indignación del administrado ante sus administradores, hoy se me ha caído la cara de vergüenza al ver a mis compatriotas saltarse a la torera todas las recomendaciones sanitarias.

Si he de serles sincero, tampoco me ha sorprendido. Opino que de esta, a pesar de los eslóganes bienintencionados, nadie saldrá ni más sabio ni más prudente. Somos un pueblo con infinitas leyes, a menudo alambicadas y nebulosas, que las hace para luego poder conculcarlas con desparpajo siempre que le da la gana. Es el síndrome tan español del “esto no va conmigo”. No existe ni sentimiento de comunidad ni patriotismo más allá del balconeo impuesto por la ley y la gilipollez buenrrollista machacada desde los medios. Ustedes me dirán que sí, que existe mucha gente con dos dedos de frente que ha entendido que esto no es un asunto cualquiera y que hay que tomar conciencia de que las cosas van a ser muy, pero que muy distintas en el futuro. Me permito desengañarles, porque hay lo que hay y el personal lo que piensa no es de dónde viene el virus, quién se ha forrado con las compras del material sanitario, de qué carajo van a vivir a partir de ahora o cómo nos han metido en un régimen absolutista orwelliano sin darnos cuenta. No, queridos lectores, la gente lo que quiere es que vuelva el fútbol —bien que lo sabe el Gobierno, que lo está estudiando por aquello del pan y circo—, salir a tomar el aperitivo, hacer de su capa un sayo y tomarse a conseja de vieja lo que es obligación sanitaria.

La famosa desescalada ya se comprende cómo va a ser: todos a la playa sin mascarillas, hablando en grupitos y riendo como si esto hubiera sido una amable partida de escape room y los críos jugando entre ellos solitos, que ya está bien de aguantarlos. Es humano, pero también es tremendamente idiota. Aunque, si lo pensamos bien, esa misma idiotez que se salta las normas es la misma que hace que se vote lo que se vota,  colocando en situación de gobernar a quien tiene el mismo caletre que nosotros. La imagen de un miembro del Gobierno comprando sin mascarilla tiene su equivalente en la del grupito de papás y mamás, tan majos ellos, sin protección alguna, haciéndose un piti y hablando acerca de dónde van a ir de vacaciones.

Tenemos a miles de muertos a nuestras espaldas pero esos sinsontes están ahí, tan tranquilos, sin saber que son aspirantes a estadística de fallecidos por el Covid 19 en rueda de prensa oficial. Y para eso están dando su vida tantos médicos, tantos sanitarios, tanta gente.

Poco nos pasa. No tenemos arreglo.

Fuente: El Confidencial, Vozpopuli, OKDiario