Desde que el príncipe de Asturias aceptó la presidencia de honor de la candidatura de Madrid 2020 en enero de este año, cuando ya se daba por hecho que la tercera apuesta por conseguir la organización de los JJ OO en la capital del Estado sería un éxito, con la consiguiente proyección mundial, en la secretaría del príncipe de Asturias se planteó el reto como algo que iría mucho más allá de lo estrictamente protocolario y deportivo, tomándolo como una oportunidad excepcional para lanzar la nueva imagen de Don Felipe de Borbón poco menos que como inminente rey de España. De hecho, entre los altos dirigentes de Madrid 2020, ya se apuntaba que los JJ OO de ese año serían “Los Juegos de Felipe VI”.
Lo previsto era que los Juegos de Madrid permitirían ofrecer al mundo la imagen de una nueva España renovada, la España del futuro, con la crisis económica ya superada. Un marco adecuado para que el rey Juan Carlos diera mayor paso a la figura del príncipe Felipe, sin dejar de contemplar incluso cederle el trono.
De hecho, es evidente que Don Felipe se volcó con gran generosidad y entrega en su papel de principal defensor de la candidatura madrileña con una actividad infatigable e inteligente. Su intervención en la ceremonia de las votaciones finales del COI en Buenos Aires fue ejemplar, trasmitiendo una imagen personal de solvencia, simpatía y amabilidad que destacó sobre las intervenciones de la representación política y, sin duda alguna, lo más positivo dentro del tremendo fracaso de Madrid 2020.
Y, por lo demás, él ha sido también quien mejor ha sabido dar la cara, aun visiblemente afectado por el descalabro. Afrontó la realidad de los hechos con entereza y, tras comentar que los Reyes “comparten nuestra tristeza y felicitan a todo el equipo”, manifestó: “Hay que digerir el revés, levantarnos y seguir nuestro camino”.
Pero, en cualquier caso, la imagen del príncipe Felipe ha quedado abrasada y el proyecto de lanzarle como futuro rey de España, y el más ‘preparado’, tirado de momento por la borda. Se jugaba mucho en este envite y lo cierto e inevitable es que su rostro sería el más identificable de la victoria o de la derrota, y esta última ha sido la prevaleciente, aunque lo tengan mucho peor la alcaldesa Botella, el presidente del COE, Alejandro Blanco, y el propio Rajoy, que esperaba poder lanzar el mensaje de que se había recuperado la confianza del mundo en nuestro país, y por tanto en las reformas que está llevando a cabo su Gobierno (Ignacio González, presidente de la CAM, ha sabido desenfilarse de la refriega).
La lección del caso es que seguimos necesitando una clase política de mayor talla, con asesores verdaderamente profesionales y no paniaguados de los partidos y periodistas reconvertidos en ‘fontaneros’ de ocasión.