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Los que eran un “ejemplo”… La errática gestión de la pandemia amenaza el Estado del bienestar en Suecia

Elespiadigital | Lunes 08 de junio de 2020

Todo comenzó el 7 de abril cuando Thomas Andersson llamó por teléfono a la residencia de ancianos de Märsta, al norte de Estocolmo, para interesarse por el estado de salud de su padre Jan de 81 años. Jan había contraído el Covid-19 tras una visita hospitalaria a finales de marzo. Entonces, Thomas fue informado de que un médico le había recetado a su padre un tratamiento paliativo a base de morfina sin haberlo visitado ni haber informado a sus familiares. Thomas pidió que administrasen a su padre líquido y alimento por vía intravenosa. Fue entonces cuando la enfermera le comunicó que su padre se encontraba al final de su vida y que podía visitarle para despedirse.

«Cuando llegué a la residencia me encontré a mi padre totalmente ido, bajo los efectos de la morfina. Fue entonces cuando contacté con los medios de comunicación y con los responsables de su salud para que le administrasen su medicación habitual además de líquido y de alimentación por vía intravenosa. Mi padre reaccionó y está vivo», recoge el periódico Dagens Nyheter.

«Administrar de forma rutinaria a los ancianos con infección pulmonar morfina y midazolam, que son inhibidores respiratorios, es eutanasia activa, por no decir nada peor», sentenciaba al respecto Ynge Gustafson, profesor en geriatría de la Universidad de Umeå. Al parecer, Holanda, Bélgica, entre otros países, y alguna comunidad española también, han aplicado «dudosos» protocolos para determinar el grado de atención que merecen los mayores enfermos. En Estados Unidos tampoco han faltado las voces que rechazan dar atención en las UCI a los mayores de 70 años infectados por Covid-19.

Humanidad vs. inmunidad

Las reacciones no se hicieron esperar y fue la Iglesia Sueca la que se decantó por hacer un llamamiento a la concienciación. «Estamos y nos enfrentamos a un trauma nacional. A lo que tiene que aspirar Suecia es a alcanzar la humanidad de la manada», concluía la propuesta de las teólogas y pastoras de la Iglesia Sueca, Annika Borg y Johanna Andersson. Mientras tanto la Junta Social, Socialstyreslsen, institución responsable de las residencias de ancianos y señalada por su deficiente gestión, se escudó en la socorrida falta de comunicación y de rutinas de trabajo adecuadas para justificar lo sucedido en las residencias.

Así surgió el debate sobre «¿Por qué algunos de los países definidos como economías democráticas de mercado o estados capitalistas, tienen una política de bienestar social mucho más integral que otros?», que planteaba el profesor en ciencias políticas de la Universidad de Gotemburgo, Bo Rothstein en Dagens Nyheter. «Mientras que EE.UU. dirige la ayuda social a las clases más desfavorecidas, Alemania segmenta la política de bienestar social en diferentes tipos de sistema en función de los grupos sociales».

Por su parte, en los países nórdicos, el estado del bienestar cubre el más amplio espectro de todos los grupos sociales. La socialdemocracia desarrolló a partir de los años 60 unos niveles de bienestar social desconocidos hasta entonces «que se mantienen gracias a un contrato no escrito entre el Estado y la sociedad basado en la confianza. A cambio de impuestos, el Estado proporciona a la sociedad unos servicios dignos y de calidad», continúa Rothstein. Un contrato que Suecia ha cumplido hasta ahora.

Pero, ¿y a partir de ahora? «No me extrañaría que muchas personas opten por adquirir seguros privados para asegurarse asistencia y cuidado adecuado». Tras los errores en la gestión de las residencias de ancianos, «Suecia se enfrenta a un colapso moral y legal. Se necesita una gran renovación general, ya que esto puede significar el final del contrato sobre el que descansa la política de bienestar social en Suecia», concluye Rothstein.

No se trata de qué país gana la votación final, sino de asegurar el futuro de un sistema que garantiza, de momento, un nivel de bienestar social digno y para todos sus ciudadanos.

La economía sueca se desploma pese a no cerrar por el coronavirus

Suecia no escapará a la recesión pese a haber afrontado el coronavirus con medidas menos restrictivas que otros países europeos. A pesar de no haber sometido a la población a una cuarentena y haber mantenido abiertos bares, restaurantes, comercios y empresas, el país escandinavo se ve arrastrado por la crisis de sus principales socios comerciales, Alemania y sus vecinos nórdicos.

Si bien las tres décimas que cayó el PIB sueco en el primer trimestre del año contrastan con el -5,2% de España, el 5,8% de Francia o el 4,7% de Italia, las perspectivas del Gobierno rojiverde de Stefan Löfven no son muy halagüeñas para el conjunto de 2019. Ya en mayo, la ministra de Finanzas, Magdalena Andersson, advertía de “una crisis económica muy profunda” que había estallado más rápido de lo esperado.

Desde que estalló la pandemia, las autoridades suecas apostaron por una estrategia sanitaria centrada en evitar el colapso del sistema sanitario y proteger al principal grupo de riesgo. Mientras que el primer objetivo se ha cumplido (permanecen disponible alrededor del 25% de las camas de cuidados intensivos), el segundo ha resultado, como en el resto de Europa, un auténtico fracaso. Alrededor del 70% de los 4.656 muertos de coronavirus vivía en residencias de ancianos o recibía cuidados domiciliarios.

Aunque el Gobierno siempre aseguró anteponer la salud a la economía, justificaba el mantenimiento de la actividad en que la crisis agrava la salud de la población. “Cuando hemos decidido qué medidas tomar para detener la propagación del virus, no hemos tenido ninguna consideración económica. Hemos seguido los consejos de nuestros expertos [de salud pública] sobre este tema”, defendía Andersson.

Ante las malas noticias económicas, las previsiones indican que la económica sueca se hundirá este año un 7%, no muy lejos del 7,5 que la Comisión Europea prevé para la eurozona, de la que el país nórdico no forma parte por voluntad propia. Sin embargo, el Banco Central de Suecia es aún más pesimista al cifrar la caída del PIB en el 10%. La recuperación, según cálculos del Gobierno, llegará en 2021 con un crecimiento del 3,5%.

Como resultado, el desempleo, que cerró 2019 con una tasa del 6,9% tras una larga senda de caída, escalará este año y el próximo al 9% de la población activa. Solo entre marzo y mayo, 120.000 personas perdieron su trabajo.

“Como en la mayor parte del mundo, habrá una disminución récord para la economía sueca en el segundo trimestre”, pronostica Olle Holmgren, economista bancario de SEB. “Es probable que haya un repunte en la última parte del año, pero esperamos que pase mucho tiempo antes de que la situación se normalice”, aseguró a France Presse.

Suecia, con una población de alrededor de 10 millones de personas, es un país netamente exportador (el comercio exterior se acerca al 50% de su PIB), por lo que se resiente fácilmente si van mal las cosas a sus vecinos europeos. “El 70% de las exportaciones suecas van a la UE. Se espera que los cierres en Alemania, Reino Unido y demás países afecten considerablemente a las exportaciones suecas”, reconoce el Gobierno.

En este sentido, en marzo, dos de sus principales compañías, el fabricante de automóviles Volvo y de camiones Scania, tuvieron que parar ante los problemas en la cadena de suministro de sus fábricas.

Mientras, en casa el consumo también se está resintiendo ante la incertidumbre económica mundial y se desplomó un 24,8% entre el 11 de marzo y el 5 de abril, según un estudio realizado por cuatro economistas de la Universidad de Copenhague.

“Suecia está pagando el mismo precio [que Dinamarca] por la pandemia de coronavirus. La explicación es que cuando se encuentran en una crisis galopante, los consumidores presionan el freno de emergencia, ya sea que los restaurantes estén cerrados o no”, dijo Niels Johannesen, uno de los autores del informe, al diario sueco “Helsingborgs Dagblad”.

Como sus homólogos europeos, el Gobierno sueco ha puesto en marcha una batería de ayudas de 28.000 millones de euros para paliar las consecuencias económicas de la pandemia. Este primer paquete se centra en ayudar a las empresas con las indemnizaciones por despido y las bajas por enfermedad y prevé la reducción de las contribuciones a la seguridad social.

Un esfuerzo presupuestario que, según la Oficina Sueca de la Deuda, ha supuesto que el endeudamiento se multiplique por 30 en los últimos meses. Sin embargo, Holmgren considera que “dado el estado de las finanzas del Gobierno, hay espacio para una política fiscal más expansiva”. Y es que Suecia afronta el coronavirus en una situación que ya quisieran otros socios de la UE: un superávit presupuestario del 0,5% y una deuda pública del 35%.

Carentena para los viajeros procedentes de Suecia en un “Land” alemán

Después de la humillación de que sus vecinas Dinamarca y Noruega decidieran excluirla de la reapertura de fronteras el 15 de junio, el Gobierno del Estado alemán de Baja Sajonia dio otra mala noticia a Suecia. El “Land” del noroeste de Alemania ha decido este domingo someter a una cuarentena de catorce días a todas aquellas personas que entren en su territorio procedentes del país nórdico. Las autoridades sanitarias justifican su decisión en que "Suecia ha sobrepasado este fin de semana la llamada incidencia de 50 personas infectadas de Covid-19 por cada 100.000 habitantes”.

En aplicación del reglamento regional que regula las medidas para contener la propagación del coronavirus, las personas que regresen de una estancia en Suecia deberán permanecer obligatoriamente en sus casas durante catorce días y abstenerse de realizar compras o gestiones breves en lugares con gente.

Suecia, que durante una semana de mayo encabezó la tasa de mortalidad por millón de habitantes, registra 44.730 contagios y 4.659 muertos por coronavirus, mientras que Alemania suma 183.979 casos y 8.668 fallecidos. Baja Sajonia es el cuarto “Land” germano con mayor incidencia de la pandemia con 12.466 positivos y 605 muertos.

Rusia aprueba un medicamento para tratar los casos graves de covid-19

El Ministerio de Salud de Rusia emitió este sábado un certificado de registro para el medicamento Levilimab, destinado a tratar la forma grave de la enfermedad causada por el covid-19.

"El medicamento es para los pacientes con la forma grave de la enfermedad, cuando se desarrolla la llamada 'tormenta de citoquinas'", comunicó el ministerio.

El fármaco, cuyo nombre comercial es Ilsira, fue registrado conforme a un procedimiento acelerado. Fue producido por la empresa biotecnológica rusa Biocad y está disponible en forma de solución para administrar por vía subcutánea.

De acuerdo con Biocad, Levilimab fue desarrollado inicialmente para el tratamiento de la artritis reumatoide, pero posteriormente se descubrió que su agente principal es capaz de combatir la 'tormenta de citoquinas'.

El pasado sábado, el Ministerio de Salud ruso aprobó el primer medicamento contra el covid-19 fabricado en el país, Avifavir, que será elaborado en forma de comprimidos.

La 'tormenta de citoquinas' es una reacción inflamatoria excesiva del cuerpo a la introducción del virus, que puede provocar daños en los tejidos y órganos, en particular en el tejido pulmonar, o incluso causar la muerte

Detectado coronavirus en las aguas residuales de Barcelona desde el pasado 15 de enero

Un análisis de la Universidad de Barcelona, en colaboración con Aguas de Barcelona, ha encontrado presencia de coronavirus en las aguas residuales de Barcelona desde el pasado 15 de enero, 41 días antes de que se detectara el primer caso.

Los expertos han analizado muestras de agua de la capital catalana desde el pasado octubre y no han encontrado rastro del virus hasta mediados de enero, ha explicado el presidente de la Sociedad Española de Virología y catedrático de Microbiología de la UB, Albert Bosch, en una entrevista en el programa Via Lliure de Rac1.

"Hemos analizado la presencia del Covid-19 en muestras antiguas y hemos encontrado que el virus ya estaba desde el 15 de enero. Estamos hablando de 41 días antes de la primera declaración de un caso que fue el 25 de febrero", ha explicado.

Por lo tanto, sería casi un mes y medio antes del descubrimiento de los primeros casos de coronavirus en Cataluña, el cuarto en España. Se trató de una mujer italiana de 36 años que viajó desde su país.

Este sistema de análisis, ha dicho, permite "anticipar mucho la presencia del virus en la población". "No digo que sea una tarea sencilla", ha subrayado, "pero nos deja un margen de tiempo para actuar de forma inmediata".

"Se está preparando una vigilancia estratégica a nivel de Cataluña y de España", ha anunciado Bosch al respecto, "se puede poner en práctica de forma bastante inmediata".

El presidente de la Sociedad Española de Virología considera que aproximadamente "una tercera parte de la población infectada" ha sido asintomática, y ha confirmado que se ha perdido prácticamente el rastro de coronavirus en las aguas barcelonesas, aunque "en algunos de los grandes colectores de Barcelona aún lo encontramos".