411 meses después de que el primer ministro sueco Olof Palme fuese asesinado en plena calle en Estocolmo, el fiscal jefe Krister Petersson ha anunciado que el autor del misterioso magnicidio fue "con toda probabilidad" Stig Engström, más conocido como Skandiamanden, el "Hombre de Skandia", un lobo solitario que trabajaba como publicista para la compañía de seguros Skandiahuset y que odiaba a Palme por considerarlo excesivamente izquierdista.
Redacción
411 meses después de que el primer ministro sueco Olof Palme fuese asesinado en plena calle en Estocolmo, el fiscal jefe Krister Petersson ha anunciado que el autor del misterioso magnicidio fue "con toda probabilidad" Stig Engström, más conocido como Skandiamanden, el "Hombre de Skandia", un lobo solitario que trabajaba como publicista para la compañía de seguros Skandiahuset y que odiaba a Palme por considerarlo excesivamente izquierdista.
La noticia ha sido recibida en Suecia como un verdadero anticlímax, ya que gran parte de las informaciones presentadas por el fiscal eran conocidas desde hace tiempo. No se han presentado ni el arma utilizada, ni pruebas técnicas, ni muestras de ADN, sólo nuevas entrevistas con testigos de una tragedia ocurrida hace más de tres décadas. "Es lo más cerca que llegaremos de la verdad", ha comentado con resignación el actual jefe del Gobierno sueco, el también socialdemócrata Stefan Löfven. "Se cometieron muchos errores en el principio de la investigación. Es un trauma, una herida abierta, que no obtengamos una respuesta definitiva. Un misterio sin solución".
Engström fue siempre uno de los principales sospechosos, pero nunca fue acusado formalmente. Se suicidó en 2000, razón por la cual, al resultar imposible un juicio, Petersson ha declarado que la investigación se da por cerrada. Una investigación tan deficiente que en Suecia se la denostaba como "la peor y más costosa de todos los tiempos". Con un coste total de unos 57 millones de euros, que termine ahora con Engström como protagonista no resulta ninguna sorpresa: el periodista Thomas Pettersson ya llegó a la misma conclusión en 2018 tras llevar a cabo durante años sus propias pesquisas para la revista Filter.
Palme fue tiroteado a las 23.21 horas del 28 de febrero de 1986 cuando regresaba andando a casa junto a su esposa, Lisbet, tras ver la comedia sueca Bröderna Mozart (Los Hermanos Mozart) en el Grand Cinema de la capital. Iba sin escolta por decisión propia y fue alcanzado en la espalda por un único disparo. Se derrumbó allí mismo, en la intersección entre Sveavägen y Tunnelgatan, y fue declarado muerto media hora después en el Hospital Sabbatberg.
El asesinato de Palme ha sido durante décadas una cuestión que ha dividido al espectro político sueco. La derecha defendía la idea de que el autor fue probablemente un psicópata que actuó en solitario. Esta tesis fue la que llevó a acusar y condenar a un delincuente habitual llamado Christer Pettersson, que además fue supuestamente reconocido por Lisbet Palme en una ronda de identificación llevada a cabo en una comisaría de Estocolmo. Pettersson fue condenado a cadena perpetua en 1989, pero la pena se anuló en apelación un año más tarde por falta de pruebas
La izquierda, en cambio, imaginaba poderosas fuerzas clandestinas de extrema derecha, quizá incluso infiltradas en la Policía o las Fuerzas Armadas. Abundaron las teorías conspiratorias, que apuntaron a responsables tan diversos como el racista régimen del apartheid sudafricano, que tenía en Palme a uno de sus principales críticos europeos, o al izquierdista Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), presuntamente insatisfecho con las trabas que le ponía el primer ministro.
Al final, el "Hombre de Skandia" supone una especia de solución intermedia. Habría sido, efectivamente, un asesino solitario que actuó por iniciativa propia, pero que también tenía contactos dentro de lo que en Suecia se ha denominado el Palmehad (Odio a Palme), grupos más o menos ultraderechistas que se caracterizaban por su profunda aversión al político socialdemócrata. En este sentido, uno de los jefes de Engström en Skandiahuset era miembro de Stay Behind, una red secreta con ramificaciones en toda Escandinavia que debía organizar la resistencia en caso de que la Unión Soviética ocupara Suecia.
Durante la investigación, se comprobó que Engström había estado como máximo a 20 metros por detrás de los Palme cuando se perpetró el asesinato. Se sabía que frecuentaba a oficiales del Ejército que consideraban al primer ministro un agente soviético y que no ocultaba en absoluto su odio hacia él. Era experto en el manejo de las armas y uno de sus amigos poseía cinco pistolas como la que se utilizó para el crimen.
Los indicios parecían aplastantes, pero el responsable de la investigación por aquel entonces, el comisario Hans Holmér, un simpatizante socialdemócrata que prefería la pista kurda, descartó a Engström por una razón muy sencilla: sospechaba que era homosexual. Aunque casado con una mujer, un hombre tan afeminado no podía haber cometido el asesinato.
Análisis: Asesinato de Olof Palme: ¿Quién se escondía tras 'el hombre de Skandia'?
Alberto Rojas
Son las 23:19 del 28 de febrero de 1986 en la esquina de la sede central de la aseguradora Skandia, en el centro de Estocolmo. Acaba de terminar la comedia Los hermanos Mozart y una muchedumbre se abotona el abrigo al abandonar la calidez del Grand Cinema al salir a la calle. Está nevando. Camuflado entre esas personas van el primer ministro socialdemócrata Olof Palme y su mujer, Lisbeth, que también han disfrutado del filme. Mientras tanto, un hombre llamado Stig Engström, abandona vestido con un abrigo azul oscuro y gorra las oficinas de Skandia, muy cerca de la salida del cine, siempre según testifican los guardias de su entrada, para volver a entrar cuatro minutos después como si nada.
Entre los dos acontecimientos, aparentemente sin conexión, el primer ministro ha sido asesinado en plena calle, frente a la tienda de pinturas Dekorima, de dos certeros disparos por la espalda realizados con un revolver Magnum, mientras que su mujer sólo ha sido herida. Bajo el cuerpo del primer ministro crece una mancha de sangre que derrite la nieve del suelo. Un taxista, que está aparcado en la escena del crimen, llama a la policía por su emisora. Cuando los agentes llegan, la muchedumbre se ha disuelto, pero determinan que hay unos 12 testigos directos del asesinato. Entre ellos está Engström, que se ofrece para participar en la reconstrucción del crimen que se realiza esa misma noche. Su testimonio apenas arroja luz sobre lo que ha sucedido, al igual que el resto, pero entre ellos entran en pequeñas contradicciones. Nadie sabe nada, nadie ha visto nada, pero Engström, ya bautizado como el "Skandia Man" u "hombre de Skandia", se convierte en uno de los principales sospechosos.
La policía comienza entonces una investigación que le lleva a interrogar a más de 10.000 personas durante 34 años, mientras que la figura de Palme se mitifica igual que la de Kennedy asesinado por Lee Harvey Oswald. Los agentes deciden entrar de noche y de forma discreta a la oficina del hombre de Skandia. No encuentran evidencias. Tampoco hay restos de pólvora en el abrigo azul en el que podría haber ocultado el arma antes de dispararla. Tres de los 12 testigos, Jeppsson, Nieminen y Zahir, aseguran que el asesino no entró en las oficinas de Skandia, sino que se perdió corriendo por las escaleras de Tunnelgatan. Otra de las líneas de trabajo que se activan entonces es que no hubo un sólo asesino, sino dos, igual que en la investigación contra Oswald en el almacén de libros de la plaza Dealey de Dallas.
El periodista Olle Minell, uno de los que más horas ha dedicado a investigar el caso, asegura que el hombre de Skandia era parte del complot, pero no el principal tirador. Pero no hay un sólo testigo que haya visto que el revolver haya cambiado de manos. Y al igual que sucedió con Kennedy, se investiga una línea que nos lleva a la mafia, en este caso, a los clanes criminales kurdos que trafican con drogas en las calles.
ESTERTORES DE GUERRA FRÍA
El jefe policial Hans Holmer cree, en un primer momento, que el asesinato de Palme puede ser una venganza de los kurdos por haber firmado grandes contratos con Turquía, su archienemigo. Esa investigación desvía la mirada y da tiempo y oxígeno a Engström, pero tampoco lleva a ningún sitio. El Mossad, servicio secreto israelí, no le da credibilidad y el asunto se apaga de nuevo. Estamos en los últimos tramos de la Guerra Fría y Holmer cree que es una asunto político, como otros magnicidios de la época. Él mismo lleva pistola bajo el sobaco derecho y se rodea de guardaespaldas que parecen salidos de un equipo de fútbol americano. Sus pesquisas le levan a un callejón sin salida.
¿Quien es en realidad el hombre de Skandia y por qué querría matar a Palme? Engström nació en Bombay de padres suecos. Cuando él era sólo un niño volvieron a su país. En el colegio demostró aptitudes artísticas y deportivas, pero no académicas. Era un mal estudiante y decidió no ir a la universidad, sino al ejército. Allí alguien decidió que tampoco sería nunca un buen soldado, pero que tenía mano para el dibujo. Sus diseños comenzaron a ilustrar las campañas del ministerio de Defensa sueco, lo que le valió para fichar por la empresa aseguradora Skandia, que le encargó la confección de sus anuncios. Se casó dos veces en cuatro años, estaba calvo, bebía demasiado, tenía deudas y sufría sobrepeso. Estaba acostumbrado a manejar armas porque pertenecía a un club de tiro. Un familiar cercano mantenía una buena colección de pistolas y revólveres.
Su segundo divorcio, en 1999, precedió a su suicidio en el año 2000. Es decir, una vida anónima, gris y vacía, como correspondería a todo buen agente de inteligencia que desea pasar desapercibido. Ahora, 34 años después, tal y como habían publicado hace décadas el escritor Lars Larsson y el reportero Thomas Pettersson, la justicia le señala como el culpable del asesinato de Olof Palme y el fiscal asegura que odiaba a la izquierda y a Olof Palme.
El asunto deja enormes preguntas en el aire. Si el hombre de Skandia mató al primer ministro, ¿lo hizo sólo? Si fue así, parece un plan perfecto. Sabía que Palme estaba en el cine, a la hora que saldría, cómo deshacerse del arma, como desvanecerse entre la multitud, construir una coartada y cómo permanecer sólo como posible sospechoso durante décadas. ¿Caso cerrado?
Fuente: El Mundo