Política

¿Cómo un Trump infectado podría perturbar todo el sistema electoral de EE.UU.?

Elespiadigital | Domingo 04 de octubre de 2020

Aunque la Casa Blanca afirma que el presidente de Estados Unidos tiene una forma leve de infección por coronavirus, el mismo hecho de su infección un mes antes de las elecciones generó dudas sobre qué pasaría si Donald Trump no viviera para ver la votación o la toma de posesión.

Redacción

 



 

Aunque la Casa Blanca afirma que el presidente de Estados Unidos tiene una forma leve de infección por coronavirus, el mismo hecho de su infección un mes antes de las elecciones generó dudas sobre qué pasaría si Donald Trump no viviera para ver la votación o la toma de posesión.

La primera pregunta es, ¿es posible posponer las elecciones, que están previstas para el 3 de noviembre? De hecho, esto es posible, porque la Constitución le da al Congreso de los Estados Unidos el derecho de determinar la fecha de las elecciones. Es cierto que la legislación también establece que la votación debe tener lugar el primer martes después del primer lunes de noviembre cada cuatro años.

Además, este escenario es improbable debido al deseo sin principios de los demócratas de deshacerse de Donald Trump. En caso de fuerza mayor, la Cámara de Representantes controlada por los demócratas hará todo lo posible para celebrar elecciones. En última instancia, eso significaría que su anciano candidato Joe Biden sería el único candidato.

Por tanto, si bien es posible un aplazamiento de las elecciones, este escenario es poco probable. Además, hasta ahora, la votación en Estados Unidos no se ha pospuesto más que una vez.

En caso de que un candidato muera la víspera de una elección, ambos partidos tienen un mecanismo para elegir un nuevo candidato. El único problema es que no queda tiempo para iniciar el procedimiento. En última instancia, un cambio de candidato implicará la necesidad de cambiar las boletas, y en dos docenas de estados, ya se han enviado a los votantes como parte de un voto por correo iniciado por los demócratas.

Es decir, si los legisladores no posponen las elecciones, el 3 de noviembre, los estadounidenses seguirán eligiendo entre Biden y Trump, incluso si uno de ellos está muerto para ese momento.

La situación se ve agravada por el hecho de que las elecciones estadounidenses se celebran en dos etapas. Así, después de una votación popular, la decisión final la toma el colegio electoral, que se reunirá solo el 14 de diciembre. Tendrá que votar por uno de los candidatos y el ganador deberá recibir al menos 270 de los 538 votos electorales.

La delicadeza de la situación es que más de la mitad de los estados obligan a los electores a votar por el ganador del voto popular. Además, las leyes de la mayoría de los estados no prescriben un escenario para la muerte súbita de un candidato.

Lara Brown, directora de la Escuela de Graduados en Gestión Política de la Universidad George Washington, señala que si un candidato de un partido muere, el otro puede impugnar en la corte si se debe permitir que los electores voten para reemplazarlo.

“La pregunta más interesante es cómo resolverá la Corte Suprema tales disputas”, dijo en un comentario a Reuters.

Si el ganador de la elección muere después de la decisión del colegio electoral, pero antes de que el Congreso reconozca el voto, la situación se agrava. De acuerdo con la constitución estadounidense, si el presidente electo muere antes del día de la investidura, los deberes del jefe de estado se transfieren al vicepresidente. Pero hay un «vacío» en la ley estadounidense que deja poco claro si un candidato se convertirá en presidente electo inmediatamente después de la decisión del colegio electoral, o si el Congreso primero tendrá que confirmar los resultados de las elecciones.

Es decir, los legisladores pueden tener la oportunidad de rechazar los votos de un candidato fallecido, incluso si era un líder potencial en la contienda. En este caso, resulta que nadie recibió la mayoría de los votos y la Cámara de Representantes tendrá que elegir al próximo presidente. Anteriormente, News Front informó que los demócratas estaban considerando tal escenario incluso antes de que Trump se infectara con el coronavirus.

Si el presidente electo fallece antes de la toma de posesión, pero después de que el Congreso reconozca el voto, el vicepresidente electo prestará juramento el 20 de enero.

López Obrador dice que "hay indicios" de que la caravana de migrantes "se armó" para influir en el debate electoral en EE.UU.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, afirmó este viernes que tiene "indicios" de que la nueva caravana de migrantes que salió el pasado miércoles de Honduras tiene como propósito influir en las elecciones estadounidenses.

"Es un asunto que yo creo tiene que ver con la elección en Estados Unidos. No tengo todos los elementos, pero hay indicios de que esto se armó con ese propósito", dijo el mandatario durante su conferencia matutina del viernes, aunque afirmó desconocer quién podría salir beneficiado.

El jefe del Ejecutivo cuestionó que, faltando un mes para celebrarse las elecciones generales estadounidenses, "no dejan de tratar de sembrar el tema [migratorio] en el debate". Sobre el tema, López Obrador refirió que su Administración se ha esforzado "para que no se involucrara" a México en la campaña presidencial del país norteamericano.

El pasado martes, durante el primer debate entre el presidente Donald Trump y el demócrata Joe Biden, los candidatos se centraron en acusaciones mutuas sobre los defectos de cada uno, respondieron sobre la pandemia del coronavirus, las manifestaciones por la brutalidad policial, la atención médica y la economía. Sin embargo, no abordaron el tema migratorio, ni la relación de Washington con México.

"México es un país de paz, entonces tenemos que ver cómo evadimos la provocación, si es que está montado este asunto con ese propósito", dijo López Obrador.

El camino de la caravana

El jueves 1 de octubre, los primeros hondureños, que forman parte de un grupo de unas 3.000 personas, llegaron a Guatemala, donde el presidente de ese país, Alejandro Giammattei, ordenó su detención inmediata en "medio de la emergencia sanitaria actual".

Debido a la pandemia de covid-19 y al riesgo que genera la aglomeración de personas para la propagación de la enfermedad, Giammattei declaró estado de prevención por 15 días en los departamentos de Izabal, Petén, Zacapa, Chiquimula, Jutiapa y El Progreso.

En busca de oportunidades

El 48,3 % de la población hondureña vive en situación de pobreza, de acuerdo con cifras del Banco Mundial. Además, el país centroamericano tiene uno de los índices más altos de violencia en el mundo, con una tasa de 41 homicidios por cada 100.000 habitantes.

La pandemia del coronavirus ha venido dificultando la situación económica de Honduras. Se estima que unas 350.000 personas podrían perder su empleo este año por la crisis sanitaria y financiera en la nación.

La pandemia del coronavirus y el cierre parcial de fronteras no ha frenado a miles de hondureños que buscan una vida mejor. En los últimos meses, México ha deportado a 16.875 centroamericanos, de los cuales 54 % son hondureños, lo que corresponde a 9.129 personas que regresaron a ese país en 67 vuelos que aterrizaron en San Pedro Sula y Tegucigalpa.

En 2019, México y EE.UU. firmaron un acuerdo para abordar los "desafíos compartidos de la migración irregular", en el que el trabajo latinoamericano se comprometió a en el desmantelamiento de las organizaciones de tráfico y contrabando de personas, así como sus redes financieras y de transporte ilícitas.

En esa oportunidad, México anunció el despliegue de la Guardia Nacional en 11 municipios del sureste del país, para impedir el paso de la caravana migrante. Para favorecer el desarrollo en la región centroamericana, el Gobierno de López Obrador está en proceso de destinar más de 30 millones de dólares para programas de empleo en Honduras, Guatemala y El Salvador.

Análisis: El final de las ideas políticas en Estados Unidos

Willians De Jesús Salvador 

A propósito del debate de los candidatos presidenciales Trump y Biden

El debate de los candidatos presidenciales Donald Trump y Joe Biden en la Universidad Case Western Reserve de Cleveland, fue un choque de trenes, no un debate de ideas, ni de programas presidenciales, ni de soluciones a los agobiantes y grandes problemas que estremecen a la sociedad norteamericana, fue una discusión o diálogo de sordos caracterizado por ataques caóticos personales, ellos fueron armados por sus estrategas con un guion claro de la conducta que deberían exhibir durante el debate presidencial, la aspereza inesperada del debate, hizo trizas los ensayos y el histrionismos .

El moderador del debate el periodista Chris Wallace, no pudo sujetar a ninguno de los dos candidatos a las reglas de juego acordadas para el debate, el presidente Donald Trump nunca encontró una posición de confort y el candidato demócrata Joe Biden, quien debía exhibir reciedumbre, irradiar salud y un discurso coherente, quien al ser el retador debió  estar a la ofensiva, sus insultos al presidente mandándolo a callar, además argumentó “es difícil hablar con este payaso, perdón, esta persona”, también lo calificó de racista, todo esos epítetos, le quitaron elegancia al candidato demócrata, que es un experimentado político con 47 años de ejercicio en las lides políticas.

Concluido el debate presidencial, el veterano periodista de la cadena ABC, George Stephanopoulos, quien fue moderador en el pasado de debates presidenciales, califico como el peor debate presidencial que he visto en mi vida, hay quienes dudan que puedan coordinar con los equipos políticos demócratas y republicanos, los dos debates que restan por celebrarse. Los seguidores de Trump de manera muy militante coparon los bares y en Strongsville, un suburbio de las afueras de Cleveland para seguir el debate y aplaudían cada vez que el presidente Trump exhibía su forma disruptiva y áspera como si estuviese frente a uno de sus habituales “Aprendí”, para ellos este era un show más de un político creado en Hollywood. El candidato demócrata por no dejar entrever debilidad o que es un candidato senil se mantenía muy activo, mirando la cámara, sonriendo, y lanzando ráfagas de insulto al presidente de la república, lo que significa que el presidente Trump lo condujo hasta su terreno salvaje e indomable, propio de sus liderazgo disruptivo.

Indiscutiblemente estas son unas elecciones muy  sui generis, hay una población indecisa de un 15 %, que serán los votantes a identificar con uno u otro candidato. El debate fue una oportunidad perdida para conquistar esa población flotante y los  llamados electoralmente swing states o estados indecisos, cuyo voto ha sido variable en las últimas citas electorales y pueden ser claves para definir las elecciones, ellos son  Nevada, Florida, Virginia, Colorado, Pennsylvania, Wisconsin, Carolina del Norte, Michigan, Iowa, Ohio y New Hampshire, juntos suman 146 votos electorales más de la mitad necesaria para ganar la presidencia.

En los EEUU 33 estados han votado por el mismo partido político en las cinco últimas elecciones presidenciales (1996, 2000, 2004,2008. 2012 y 2016) y si se calculan a partir de las elecciones del año 2000, estos llegan a 40 estados.

El debate presidencial dejó evidenciada la miseria ideológica de la política del sistema de partidos norteamericano, el candidato republicano no ocultó sus temores de un fraude electoral en las próximas elecciones, si las votaciones por razones de la pandemia del covid 19 hiciera que los votantes lo hicieran a través del correo, solo las dudas lastima y daña al país que se creía con la democracia más perfecta.

Los temas debatidos constituían una herramienta fundamental  para que los ciudadanos norteamericanos, se forjaran una idea hacia dónde va esa gran nación que está siendo azotada con crudeza por la pandemia del covid 19, no fue posible conocer cuál sería la estrategia de los demócratas y republicanos para enfrentar este flagelo, mientras la gente sigue aumentando de manera exponencial el número de contagio a nivel global, a la vez la gente percibe con tristeza que la vacuna contra el covid 19, se convierte en una arma política, demócratas en una suerte de sentimientos encontrados niegan que la vacuna esté disponible en los próximos meses, porque aceptarlo favorecería electoralmente a Donald Trump, y los estrategas republicanos intentan crear el espejismo al electorado que los esfuerzos del presidente y su equipo gobernante, por encima del rigor científico obligatorio para la aprobación de una vacuna, que la misma estará  lista en los próximos días-

Indiscutiblemente que Estados Unidos está inmerso en la mayor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, esto obliga a que sus líderes y quienes van a conducir la Casa Blanca en el próximo cuatrienio esbocen un plan de contingencia que garantice la pronta recuperación de la economía norteamericana, que por cierto se encuentra en medio de una guerra comercial con el gigante asiático la República de China, y que el Secretario de Estado Mike Pompeo, está llamando a los países aliados a formar un bloque global contra la China Imperial del Siglo XX1, este es un intento por revivir la GUERRA FRIA , creándole temores continentales a Europa, África y  América Latina, esto es una ilusión imperial norteamericana, ya no es posible ese tipo de bloqueo, una población mundial que supera los 8 mil millones de habitantes, no caben en las manos de ninguna nación del mundo por poderosa que sea, las realidades del Siglo XX1, son muy distantes a la coyuntura histórica que hizo al mundo bipolar, comunismo versus capitalismo, hoy el mundo es multipolar. Hay quienes piensan que esto de formar un gran bloque global contra china, es una bola de humo para despertar el sentimiento nacionalista de los votantes norteamericanos, a todas luces ineficaz en las actuales circunstancias.

El presidente Trump lanza la imputación a Joe Biden que es un candidato de izquierda, ese es otro argumento risible, la izquierda no es un factor de temor, todos los electores saben que a través de casi medio siglo de ejercicio político del candidato demócrata, este nunca ha sido ideológicamente progresista, es un político tradicional, conservador un hombre del sistema.

La realidad es que existe un sentimiento de frustración colectiva en la sociedad norteamericana, sobre todo en jóvenes que van a dar su primer voto y en las elites más ilustrada de EEUU por la sensación de pobreza que dejó el debate electoral, que por ejemplo, Biden le dijo a Trump que se callara. Lo llamó payaso y mentiroso, le puso la etiqueta de racista, a la vez que descargó con furia el epíteto: “Eres el peor presidente que ha tenido Estados Unidos”. Mientras un presidente fuera de los modales le vociferaba: “Sigue ladrando, hombre”.  Trump intentó sacar de sus casillas a Biden al atacar a su hijo Hunter, este no hizo caso a ese golpe bajo, respondiendo no se trata de tu familia y la mía, se trata de la familia de ustedes, el pueblo estadounidense y él no quiere hablar de que ustedes necesitan.

Y siguiendo el guion que le fue preparado, Biden preguntó a la audiencia televisiva sobre la economía ¿Que tan bien les va? Presentando a Trump como el candidato de los ricos, aprovechando el informe del The New York Times de que Trump había pagado solo 750 dólares en impuestos federales sobre la renta en 2016 como en 2017,  consciente el candidato demócrata que esto enfada al electorado norteamericano, que paga sus impuestos.

Si me preguntan quien ganó el debate entre Donald Trump y Joe Biden, yo respondería : Fue sepultado el debate de las ideas, esencia fundamental de la lucha política para consolidar los cimientos de la democracia universal.

EL autor es médico y diplomático, analista de política internacional ex embajador dominicano en la República Federal de Alemania.

Análisis: El equilibrio de poder está cambiando en la corte suprema de EEUU

Leonid Savin

Tras la muerte de la jueza de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Ruth Bader Ginsburg, conocida por su posición extremadamente liberal, había pocas dudas de que su reemplazo tendría opiniones más conservadoras. Sin embargo, Donald Trump, de acuerdo con la Constitución de los Estados Unidos, nominó a alguien que despierta un odio feroz en los globalistas y demócratas: Amy Coney Barrett, una defensora activa de las tradiciones familiares, madre de siete hijos (dos adoptados de Haití) y católica. El proceso para su aprobación podría comenzar el 12 de octubre (1).

Barrett está en contra del matrimonio y el aborto entre personas del mismo sexo, y también se opone a los puntos de vista de las feministas, ya que ha elaborado documentos sobre el acoso sexual en universidades y sostiene que los hombres tienen los mismos derechos que las mujeres, por lo que las acusaciones infundadas de las mujeres no son sólo inadmisibles, sino que también llevan a correr el riesgo de que los hombres lleguen a ser procesado penalmente por una denuncia falsa.

Si su nominación es aprobada por el Senado, entonces los republicanos tendrán una clara mayoría: seis jueces contra tres. Dado que estos cargos de la Corte Suprema son de por vida, a menos que haya una renuncia voluntaria, la posición de los conservadores en Estados Unidos se fortalecerá.

Donald Trump, Amy Coney Barrett y la primera dama Melania Trump entran al Rose Garden antes de que Trump anuncie a Barrett como su nominado a la Corte Suprema en la Casa Blanca el 26 de septiembre de 2020 en Washington, DC.

El propio Donald Trump no oculta el hecho de que le gustaría que esto sucediera antes de las elecciones presidenciales previstas para el 3 de noviembre. Pero incluso si no sucede, la balanza seguirá estando a favor de los republicanos: cinco contra tres.

La estructura de la Corte Suprema de Estados Unidos

La Corte Suprema de Estados Unidos está compuesta por nueve jueces (2). El actual presidente del Tribunal Supremo es John Glover Roberts Jr, que ocupa el cargo desde 2005. Roberts representa al Partido Republicano. Hay una historia interesante sobre él. Durante la toma de posesión de Barack Obama, leyó incorrectamente el texto del juramento presidencial y Obama lo repitió palabra por palabra. Debido a esto, el juramento tuvo que repetirse.

Otros cuatro magistrados pertenecen al campo conservador, dos de los cuales fueron nombrados bajo Trump.

Clarence Thomas es un afroamericano católico. En su juventud, participó en protestas contra la discriminación racial. Representa al Partido Republicano y es considerado uno de los jueces más conservadores de las últimas décadas y de línea dura.

Samuel Anthony Alito Jr es católico de una familia de inmigrantes irlandeses, partidario de los valores familiares que defiende puntos de vista conservadores y miembro del Partido Republicano.

Neil McGill Gorsuch es oriundo de Colorado y estudió en la misma clase que Barack Obama en la Universidad de Harvard. Representa al Partido Republicano y fue designado para el cargo de Juez de la Corte Suprema bajo Trump en 2017. Es partidario de los valores familiares tradicionales.

Brett Kavanaugh (3), católico de ascendencia irlandesa y partidario de las tradiciones familiares, fue nominado por Donald Trump en julio de 2018 y aprobado por el Senado por 50 votos contra 48. Su nombramiento estuvo acompañado de un escándalo. Kavanaugh fue acusado de acoso sexual que supuestamente tuvo lugar a principios de la década de 1980. Una investigación del FBI no encontró ninguna irregularidad. Muchos creen que las acusaciones fueron iniciadas por los demócratas para desacreditar al juez e impedir su nombramiento en la Corte Suprema.

Ahora echemos un vistazo a los jueces que representan los intereses de los demócratas y globalistas. Stephen Breyer es originario de San Francisco, California, y de ascendencia judía. Es miembro del Partido Demócrata y mantiene una posición liberal.

Sonia Sotomayor es de origen puertorriqueño y, en 2009, se convirtió en la primera magistrada de la Corte Suprema de América Latina. Ella representa al Partido Demócrata.

Elena Kagan ha sido miembro de la Corte Suprema desde 2010. Es judía practicante y representa al Partido Demócrata.

Histeria globalista

Es revelador que los globalistas comenzaron a atacar a Barrett de inmediato. Entre otras cosas, un miembro del movimiento BLM, Ibram X Kendi, la llamó “colonizadora blanca” por adoptar a dos niños de ascendencia haitiana (4).

El propio Kendi recibió una subvención de $ 10 millones del CEO de Twitter, Jack Dorsey, en agosto de 2020. Oficialmente, el dinero se dona al Centro de Investigación Antirracista de la Universidad de Boston, que está dirigido por Kendi (5). Anteriormente, en 2019, se le ocurrió una propuesta para introducir una enmienda especial en la Constitución de los Estados Unidos que establecería una legislación antirracista y crearía un departamento especial antirracista. La propuesta fue llamada un intento de formar un sistema totalitario como el de Orwell y un ataque a los derechos y libertades de los ciudadanos estadounidenses.

Kendi también cuenta con el apoyo de Jeff Bezos de Amazon, que está promocionando su libro, y Jeffrey Goldberg de la revista The Atlantic, que publica sus artículos.

La revista New York Magazine calificó a Barrett como una extremista y mencionó su actitud hacia la inmigración, el derecho a portar armas y otras opiniones conservadoras (6). Al señalar el cambio de equilibrio en la Corte Suprema, el artículo afirmaba que "los republicanos se han involucrado en un juego de poder hipócrita que amenaza con socavar la legitimidad del poder judicial".

El New York Times (7), que es ferozmente crítico con Trump y portavoz de los liberales, asusta a la gente con historias de terror sobre lo que sucederá si Barrett se convierte en juez de la Corte Suprema. “Con un tribunal conservador de 6-3, el país corre el riesgo de que las pocas herramientas restantes que permitan algunos límites al poder de las empresas, como los sindicatos y la legislación ambiental, se debiliten aún más. Las decisiones futuras de la corte podrían dar a las corporaciones aún más peso y a los trabajadores menos, al bloquear la legislación potencial que podría mitigar el impacto del capitalismo sin restricciones y la desigualdad asombrosa... El conservadurismo de la corte podría plantear una nueva barrera para futuros esfuerzos más amplios de la reforma social - por ejemplo, un sistema nacional de salud más amplio. Y podría significar que, como ha sido el caso tan a menudo en los últimos años, los trabajadores, los ciudadanos comunes y la posibilidad misma de una gobernanza democrática volverán a salir perdiendo”.

Entonces, los globalistas están tratando de influir en la opinión pública. En el Congreso, sin embargo, la nominación está siendo considerada por el Comité Judicial del Senado (8), cuyo presidente es el republicano Lindsey Graham. En total, hay 12 republicanos en el comité y solo 10 demócratas. Durante las deliberaciones, la demócrata Dianne Feinstein podría desempeñar un papel activo en la oposición a la nominación. Sin embargo, es poco probable que el comité pueda bloquear la nominación de Barrett. Incluso si emite una recomendación negativa, el procedimiento establecido es que la decisión final recae en el presidente de Estados Unidos. Todo lo que el comité puede hacer es retrasar su nombramiento.

Notas:

  • https://tass.ru/mezhdunarodnaya-panorama/9560209
  • https://www.supremecourt.gov/
  • https://www.fedsoc.org/contributors/brett-kavanaugh
  • https://www.infowars.com/leftist-historian-amy-coney-barrett-is-a-white-colonizer-for-adopting-black-children/
  • https://reason.com/2020/08/20/jack-dorsey-ibram-x-kendi-twitter-ceo-racism-center/
  • https://nymag.com/intelligencer/2020/09/amy-coney-barrett-antonin-scalia.html
  • https://www.nytimes.com/2020/09/27/opinion/amy-coney-barrett-business-supreme-court.html
  • https://www.judiciary.senate.gov/