El director ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que de acuerdo con sus "mejores estimaciones", 1 de cada 10 personas ya se habría infectado de coronavirus. De hecho Michael Ryan, quien aclaró que las cifras varían de zonas urbanas a rurales, entre países y diferentes grupos, asegura que "la gran mayoría del mundo permanece en riesgo".
Redacción
El director ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que de acuerdo con sus "mejores estimaciones", 1 de cada 10 personas ya se habría infectado de coronavirus. De hecho Michael Ryan, quien aclaró que las cifras varían de zonas urbanas a rurales, entre países y diferentes grupos, asegura que "la gran mayoría del mundo permanece en riesgo".
"Nuestras mejores estimaciones actuales nos dicen que cerca del 10% de la población global puede haber sido infectada por el virus", detalló durante una sesión especial de los 34 miembros de la junta ejecutiva de la OMS centrada en el covid-19. En ese marco, sostuvo que, aunque la pandemia continúa su evolución, existen herramientas para frenar la transmisión y salvar vidas. "Muchas muertes se han evitado y muchas más vidas pueden ser protegidas", indicó.
La cifra revelada por Ryan implica unos 760 millones de personas, teniendo en cuenta una población global de 7.600 millones, lo que multiplica por más de 20 el número de contagios registrado de manera oficial, ya que tanto la OMS como la Universidad Johns Hopkins hacen referencia a unos 35 millones.
Ryan también manifestó que el mundo se encamina hacia un "período difícil", ya que "la enfermedad continúa propagándose" y "está en aumento en muchas partes".
Esta advertencia llega días después de que el propio Ryan afirmara que el coronavirus podría llegar a cobrarse 2 millones de vidas, por lo que se preguntó: "¿Estamos preparados para hacer lo que sea necesario para evitar ese número?". En respuesta, aseguró que a menos de que se haga "todo", ese número no es "solo imaginable, sino que lamentable y tristemente, muy probable".
Seguridad Nacional alertó 11 veces a Sánchez sobre el coronavirus antes del estado de alarma
El Gobierno recibió once alertas del Departamento de Seguridad Nacional, que depende del Gabinete de la Presidencia y está dirigido por el general Miguel Ángel Ballesteros, sobre el coronavirus antes del estado de alarma, según informa El Mundo.
Así, el DSN alertó del riesgo de la pandemia los días 27 y 31 de enero, el 7, 13, 17, 20, 23 y 29 de febrero, y el 5, 6 y 7 de marzo. Este último aviso lo adelantó en exclusiva Libertad Digital el pasado mes de julio, ahora el periódico de Unidad Editorial añade otros diez informes previos que el mismo organismo habría pasado al Ejecutivo.
Avisos hasta marzo y desde julio
Los informes del Seguridad Nacional, que son confidenciales, ordenan por prioridades los asuntos que amenazan la seguridad nacional de mayor a menor importancia, y la covid-19 ya ocupaba el primer puesto el 27 de enero. Dos días después, el Ministerio de Sanidad informó de que no se podía descartar algún caso en España, pero que si esto ocurriera, la probabilidad de que se produjeran contagios sería baja, y el viernes siguiente, el director del CCAES, Fernando Simón, afirmó: "Creemos que en España, como mucho, no habrá más que algún caso diagnosticado".
A partir del 7 de febrero, los analistas del Centro de Situación del DSN constataron que ya había riesgos para España. El 20 de febrero, se indica personalmente a los ministros que el FMI considera a la covid-19 "el riesgo más apremiante para la economía global"; el 23 de febrero, el DSN comunica que Italia confina el Veneto; el 29, se eleva a "muy alto" el riesgo de propagación del coronavirus a nivel mundial; el 5 y el 6 de marzo, Seguridad Nacional pone el foco en las medidas de Israel y de Francia; el 7, un día antes de la manifestación feminista, se alerta de la cancelación de la conferencia regional sobre economía azul de la Unión por el Mediterráneo, en Barcelona, "habida cuenta de las instrucciones sobre medidas de precaución y restricciones de viajes de nuestros participantes, y tras consultas efectuadas" a la UE.
El 20 de marzo, la pandemia desaparece del informe confidencial diario de Moncloa hasta el 6 de junio. Según el diario de Unidad Editorial, porque durante ese tiempo se les envió la documentación a los ministros por otros cauces que no han dejado huella en Moncloa.
La covid se transmite a través de aerosoles: ya es el momento de actuar, tenemos suficientes pruebas
José Luis Jiménez
Tras muchos meses de pandemia de covid y de controlar una primera ola durísima con medidas muy restrictivas, el coronavirus vuelve a surgir con fuerza en España. Ya hemos aprendido que la pandemia es un tsunami a cámara lenta, y nos da miedo lo que pueda pasar este otoño e invierno. Las autoridades de salud pública, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU., nos dicen que nos mantengamos separados de uno a dos metros, que nos lavemos las manos, que desinfectemos las superficies que tocamos con frecuencia y que usemos mascarillas. Pero el cumplimiento de estas medidas es desigual, especialmente en lo que respecta a las mascarillas, y a diario escuchamos casos en los que la gente no sabe cómo se contagió. Brotes de superpropagación, donde una persona infecta a muchas otras, ocurren en bares llenos de gente y en reuniones sociales, pero no en las playas o en los parques. No es de extrañar que la gente esté confundida.
Para entender cómo protegerse es fundamental tener una descripción física clara de las vías de contagio. Al contrario de lo que postula la OMS, yo, al igual que muchos otros científicos, creo que una fracción sustancial del contagio de COVID-19 se produce a través de aerosoles. Las pruebas a favor de los aerosoles son más sólidas que las pruebas a favor de otras vías. Es hora de ser más contundentes y decirle a la población qué medidas deben tomar para protegerse. Cuanto antes lo hagamos, antes podremos controlar la pandemia.
Hay tres formas posibles de contagio, dos de las cuales son consideradas más importantes por la OMS y los CDC. La primera es a través de “fómites,” cuando tocamos superficies o personas contaminadas con el virus, y luego nos tocamos los ojos, fosas nasales o boca. Al comienzo de la pandemia, la preocupación por la transmisión de fómites llevó a algunas personas a lavar los alimentos y los paquetes con lejía. Los CDC reconocen ahora que los fómites son menos importantes que otras vías. Por ejemplo, un programa intensivo de lavado de manos en el Reino Unido redujo el contagio un 16%. Es importante saber que otros virus que, como el SARS-CoV-2 (el que causa la covid) tienen una cubierta de lípidos, no sobreviven mucho tiempo en las manos humanas. Eso significa que sería necesario tocarse los ojos, las fosas nasales o la boca poco tiempo después de tocar una superficie contaminada para infectarse con el nuevo coronavirus.
Durante décadas se pensó que la tuberculosis se transmitía por gotículas y fómites, basándose en la observación de infección en proximidad cercana. Pero posteriormente se demostró que la tuberculosis solo se puede transmitir a través de aerosoles. Creo que la OMS ha cometido un error similar con la covid
La segunda posibilidad de contagio del COVID-19 es a través de gotículas, pequeñas partículas de saliva o líquido respiratorio que expulsan las personas infectadas cuando tosen, estornudan o simplemente hablan. Las gotículas son impulsadas por el aire, pero por su peso caen al suelo dentro de 1 a 2 metros. La OMS y los CDC sostienen que el virus se transmite principalmente a través de gotículas, porque muchos contagios ocurren en situaciones de proximidad cercana, por ejemplo hablando sin respetar la distancia social. Han llegado a esa conclusión a pesar de que no existen pruebas directas de transmisión mediante esta vía. No solo para covid, sino que la transmisión por gotículas nunca se ha demostrado directamente para ninguna enfermedad en la historia de la medicina. Investigación publicada, que ha sido confirmada, muestra que las gotículas sólo son importantes al toser y estornudar, y que los aerosoles dominan el contagio mientras se habla en estrecha proximidad. Muchas enfermedades infecciosas, como la covid, contagian con mayor facilidad cuando la persona infectada y la susceptible están cerca una de otra. Dado que las gotículas, que caen al suelo entre 1 y 2 metros, son visibles, podemos ver y comprender fácilmente esta ruta de contagio. De hecho, durante décadas se pensó que la tuberculosis se transmitía por gotículas y fómites, basándose en la observación de infección en proximidad cercana. Pero posteriormente se demostró que la tuberculosis solo se puede transmitir a través de aerosoles. Creo que la OMS ha cometido un error similar con la covid.
Debemos prestar mucha más atención a la tercera vía potencial, la transmisión “a través de aerosoles”. Esta vía es similar a la transmisión por gotículas, excepto en que las partículas de saliva o fluido respiratorio son tan pequeñas que pueden permanecer en el aire durante minutos u horas. Algunas personas también se refieren a esta vía como contagio “por el aire”, pero creo que es mejor evitar esa expresión ya que para el personal sanitario evoca enfermedades extremadamente transmisibles, y la covid no lo es. Para entender la escala de los aerosoles, hay que tener en cuenta que un cabello humano tiene un diámetro de aproximadamente 80 micras, y los aerosoles de menos de aproximadamente 50 micras pueden flotar en el aire el tiempo suficiente para ser inhalados. El virus mide solo 0,1 micras, por lo que hay espacio para muchos virus en un aerosol.
Los fómites y las gotículas han predominado en las explicaciones de los medios de comunicación sobre la transmisión de COVID-19. Si bien la OMS y los CDC afirman que los aerosoles podrían provocar la transmisión en algunas situaciones muy específicas, ambas organizaciones sostienen que esta vía es menos relevante. Creo que se trata de un error importante. Por ese motivo pedí a la OMS, junto con 239 científicos, que reevaluara su postura. La respuesta de la OMS fue actualizar tímidamente su posición, pero sigue siendo muy escéptica sobre la importancia de esta vía.
Las pruebas disponibles respaldan fuertemente la transmisión por aerosoles, y no hay argumentos sólidos en su contra. Sabemos que los aerosoles contienen virus infecciosos
Las pruebas disponibles respaldan fuertemente la transmisión por aerosoles, y no hay argumentos sólidos en su contra. Sabemos que los aerosoles contienen virus infecciosos. Para comprender el contagio por aerosoles, resulta útil usar del humo del cigarrillo como analogía. El humo es un aerosol. El rastreo de contactos ha encontrado que buena parte de la transmisión de covid ocurre en estrecha proximidad, pero también que muchas personas que comparten la misma vivienda con una persona infectada no contraen la enfermedad. Imagínese compartir una casa con un fumador: si estuviera cerca del fumador mientras habla, inhalaría una gran cantidad de humo. Reemplace el humo por aerosoles que contengan virus, que se comportan de manera muy similar, y el impacto sería el mismo: cuanto más cerca esté de alguien que exhale aerosoles portadores de virus, más probabilidades tendrá de respirar una cantidad de virus suficiente para que se produzca el contagio. Sabemos por estudios rigurosos y detallados que cuando las personas hablan cerca unas de otras, los aerosoles dominan la transmisión y las gotículas son casi insignificantes.
Si está al otro lado de la habitación, inhalará mucho menos humo. Pero en una habitación mal ventilada, el humo se acumulará y las personas que estén en la habitación pueden terminar inhalando mucho humo con el tiempo. Sabemos que al hablar emitimos 10 veces más aerosoles que cuando respiramos y que al cantar y gritar esa emisión aumenta 50 veces. De hecho, los brotes a menudo ocurren en espacios interiores con mucha gente y poca ventilación, como al cantar en fiestas de karaoke, conversar en bares y hacer ejercicio en gimnasios. Los brotes de superpropagación, en los que una persona infecta a muchas otras, ocurren casi exclusivamente en lugares cerrados. Estos brotes, que se cree son los que sostienen la pandemia, se explican fácilmente si tenemos en cuenta los aerosoles y son muy difíciles o imposibles de explicar considerando solo las gotículas o los fómites como las principales vías de contagio, como sostiene la OMS.
Además, las gotículas se mueven balísticamente, como en el famoso videojuego Angry Birds, mientras que los aerosoles, como el humo, se dispersan mucho más rápidamente. El rastreo de contactos también muestra que el exterior es 20 veces más seguro que el interior, lo que solo puede ser explicado si predomina la transmisión por aerosoles. Si las gotículas balísticas dominaran la transmisión, veríamos muchos más contagios entre personas hablando al aire libre. Además, la transmisión de este virus por aerosoles ha sido demostrada entre hurones y entre hámsters. Coronavirus similares como los que causaron el SARS y el MERS también se transmitieron a través de aerosoles, aunque esos hallazgos se enfrentaron a tanta resistencia como a la que nos enfrentamos ahora.
¿Qué significa esta nueva comprensión de la importancia de los aerosoles en la transmisión de la COVID-19, y cómo podemos protegernos mejor con ese conocimiento?
La analogía visual del humo puede ayudar a guiar nuestra evaluación de riesgos y nuestras estrategias para reducirlos. Solo tenemos que imaginar que todas las demás personas con las que nos encontramos están fumando, y que el objetivo es respirar la menor cantidad de humo posible. Pero la covid no es muy contagiosa en la mayoría de las situaciones, a diferencia de, por ejemplo, el sarampión: los CDC dicen que estar cerca de una persona infectada con covid durante 15 minutos puede causar el contagio. Esto nos da una estimación de la cantidad de “humo exhalado” que hay que inhalar para infectarse. Inhalar un poquito de “humo” aquí y allá no suele ser un problema, pero inhalar mucho “humo” durante un período prolongado de tiempo y sin mascarilla es arriesgado. (Por aclarar posibles confusiones, no se sabe que el humo de cigarrillos influya en la probabilidad de contagio, pero sirve como herramienta de visualización, ya que los aerosoles respiratorios son demasiado escasos para poder verlos).
Dada esta nueva comprensión del contagio, en primer lugar debemos continuar haciendo lo que ya se ha recomendado: lavarnos las manos, mantener una distancia de dos metros, etc. Pero eso no es suficiente. Muchas personas todavía creen que si se mantienen a 1 a 2 metros de distancia de los demás (fuera del alcance de las gotículas balísticas, según las indicaciones de la OMS y los CDC) y son rigurosos con el lavado de manos, la probabilidad de contagio en interiores es casi cero. Esta confusión no es casual: la OMS sigue recomendando mascarillas en interiores solo si no se puede mantener una distancia de un metro. Hasta que no cambien los mensajes, incluida una descripción clara de la importancia de la vía de los aerosoles, nuestra capacidad para controlar la pandemia se verá limitada.
Debe surgir un conjunto de recomendaciones nuevo, coherente y lógico para reducir la transmisión de aerosoles. Pensar en el humo nos permite aplicarlo a otras situaciones, ya sea un aula, una tienda o un parque, para entender cómo protegernos
Debe surgir un conjunto de recomendaciones nuevo, coherente y lógico para reducir la transmisión de aerosoles. Pensar en el humo nos permite aplicarlo a otras situaciones, ya sea un aula, una tienda o un parque, para entender cómo protegernos. En términos de comportamientos específicos, evite en lo posible sitios con mucha gente, donde algunos no llevan mascarillas, en interiores, con ventilación baja, proximidad cercana, duración prolongada, o donde se habla, canta o grita. Estos son los factores de riesgo más importantes en los modelos matemáticos que estiman la probabilidad de contagio por aerosoles, pero también pueden entenderse simplemente como factores que afectan a la cantidad de “humo” que inhalaríamos.
Esto es lo que sugiero en términos de comportamientos específicos: en primer lugar, deberíamos hacer tantas actividades como sea posible al aire libre, como hicieron las escuelas de Nueva York para evitar la propagación de la tuberculosis hace un siglo, a pesar de los duros inviernos. El contagio de covid es posible al aire libre en las proximidades de una persona infectada, pero es mucho menos probable que en interiores. Dicho esto, salir al aire libre no es una protección mágica contra el contagio: un día ventoso en un área abierta mientras mantenemos la distancia es muy seguro, pero una conversación cercana sin mascarilla en una calle estrecha entre edificios altos con poco movimiento de aire es arriesgada. Dado que se sabe a ciencia cierta que estar al aire libre reduce el riesgo, es asombroso que no se estén reservando y organizando los parques para dar allí todas las clases posibles.
En segundo lugar, las mascarillas son esenciales, incluso cuando se puede mantener la distancia social. Hay muchas pruebas de que el uso universal de mascarillas podría reducir en gran medida el contagio. No está claro que todo el mundo necesite una mascarilla “EPI” o FFP2. Yo, por ejemplo, uso mascarillas quirúrgicas o simplemente de tela de buena calidad. Lo que sí está claro es que debemos prestar atención a que
Necesitamos aumentar la cantidad de aire interior que se reemplaza por aire exterior, abriendo ventanas o ajustando los sistemas mecánicos. Necesitamos mejores filtros instalados en muchos sistemas de ventilación que recirculan parte del aire
Es importante pensar en la ventilación y en el filtrado del aire. Rara vez pensamos en la ventilación en lugares públicos. Pero en los tiempos que corren, tenemos que aprender a utilizar mejor estos sistemas para reducir el riesgo. Estas acciones pueden resultar más costosas y es muy importante analizarlas y priorizarlas de manera objetiva. Necesitamos aumentar la cantidad de aire interior que se reemplaza por aire exterior, abriendo ventanas o ajustando los sistemas mecánicos. Necesitamos mejores filtros instalados en muchos sistemas de ventilación que recirculan parte del aire. Podemos utilizar medidores de CO2 asequibles para identificar los espacios públicos más peligrosos, infraventilados y ocupados por muchas personas, y dar prioridad a la ventilación de estos espacios.
Los filtros HEPA portátiles funcionan bien para reducir los aerosoles con virus, pero desafortunadamente son costosos. Por menos de 40 euros se pueden fabricar fácilmente sistemas de filtración de aire provisionales. Numerosos test han demostrado que funcionan, también en artículos científicos, y se han utilizado durante años en China para reducir el impacto de la contaminación en los hogares. Pueden ser ruidosos y no son una solución a largo plazo, pero pueden ayudarnos a protegernos durante los próximos meses. Los sistemas de ultravioleta germicidas pueden ayudar en algunas situaciones, pero solo si la ventilación y el filtrado no son suficientes. Otras técnicas de “limpieza del aire” han sido menos estudiadas y, en mi opinión, deberían evitarse, muy especialmente la pulverización de desinfectantes.
También debemos recordar que la limpieza del aire, como cualquier otra medida, reduce la probabilidad de contagio pero no la elimina: resultados obtenidos a partir de simulaciones del caso del coro de Estados Unidos sugieren que con una gran cantidad adicional de ventilación o filtrado del aire, los contagios habrían sido la mitad de los que ocurrieron realmente. Es la suma de medidas lo que reduce significativamente el riesgo de contagio. Un enfoque con muchas “capas de protección,” con uso de exteriores, mascarillas, con densidad y duración reducidas, además de ventilación y filtración, sigue siendo fundamental para reducir el riesgo.
Las escuelas deberían invertir tanto o más en ventilar y filtrar el aire que en limpiar las superficies
Las escuelas deberían invertir tanto o más en ventilar y filtrar el aire que en limpiar las superficies. Y queda claro que las playas son seguras con una distancia adecuada (y posiblemente con mascarillas dependiendo de la distancia), mientras que los interiores de restaurantes deben abordarse con mucha más precaución.
La resistencia feroz para reconocer la probabilidad de que los aerosoles sean un medio importante de transmisión de COVID-19 se remonta al legado del doctor Charles Chapin, un investigador estadounidense de salud pública. Tratando de desmentir de una vez por todas la teoría de las miasmas, nubes fantasmales que contagiaban, argumentó en su libro Las causas y modos de infección, publicado en 1910, que la transmisión por aerosoles era casi imposible. “Será un gran alivio para la mayoría de las personas liberarse del espectro del aire infectado, un espectro que ha perseguido a la raza humana desde la época de Hipócrates”, escribió Chapin. El gran impacto de su libro fue en cierto modo fortuito: llegó en un momento en que se habían acumulado suficientes pruebas sobre la transmisión de diferentes enfermedades infecciosas desde el descubrimiento de los gérmenes por Pasteur en la década de 1860, pero antes de que tuviéramos la tecnología para medir aerosoles. Las conclusiones de Chapin se convirtieron en el paradigma de la transmisión de enfermedades infecciosas, que ha dominado hasta ahora las ideas (y las recomendaciones) de las autoridades sanitarias, incluyendo el personal y los comités de la OMS.
Dada esta profunda incredulidad sobre la transmisión por aerosoles, solo se ha aceptado que enfermedades como el sarampión y la varicela se transmiten así; eran tan contagiosas que la comunidad médica no podía ignorar las pruebas. Algunas enfermedades respiratorias menos contagiosas se describieron como debidas al contagio por gotículas y fómites, incluso cuando tenían claramente un componente de aerosoles. Esa postura ha creado a lo largo de los años la percepción (infundada) del personal sanitario de que cualquier enfermedad que se transmita a través de aerosoles debe ser extremadamente contagiosa. Pero 110 años después, los matices y la importancia de la transmisión de enfermedades respiratorias por aerosoles finalmente se está divulgando. Se han involucrado muchos científicos de muchos campos en este tema, que se ha convertido en un asunto de gran interés social. Los avances en esta área tendrán importantes implicaciones para la epidemia de covid y otras pandemias futuras, y también para el control de futuras infecciones respiratorias recurrentes como la gripe. Pero ahora, la OMS, los CDC y el resto de los organismos nacionales e internacionales deben comenzar a comunicar estrategias de reducción de riesgos como las que he esbozado. De lo contrario, obstaculizan nuestra capacidad para contrarrestar las consecuencias negativas para la salud y el aumento de mortalidad por covid.
José Luis Jiménez es profesor de química en la Universidad de Colorado Boulder e investigador de Ciencias Ambientales
Usar gafas, ¿ayuda a prevenir el contagio de COVID-19?
Una investigación en China arrojó luz a la relevancia del uso de lentes en el marco de la pandemia de COVID-19. ¿Qué y cómo cambian las posibilidades de contraer el virus SARS-CoV-2 para aquellos que utilizan gafas?
Como es sabido, los virus se contagian a través de las mucosas. De hecho, este es el motivo por el que los tapabocas se han vuelto de uso cotidiano en la nueva normalidad, ya que cubren la boca y la nariz, principales transmisores y receptores de una eventual infección.
Sin embargo, hay otra mucosa en el rostro que las mascarillas no llegan a cubrir, y por donde también puede introducirse el virus SARS-CoV-2: los ojos. Por ello, un equipo de científicos de China se dedicó a estudiar cómo afecta —o ayuda— el uso de anteojos respecto al riesgo de contraer la enfermedad.
Con base en una muestra de 276 pacientes hospitalizados en la ciudad de Suizhou, provincia de Hubei, centro este de China, encontraron que solo un 5,8% de la población contagiada usaba anteojos, un número significativamente menor al total de 31,5% de personas que usan anteojos en la ciudad.
¿Quienes usan gafas se contagian menos?
De esos 276 pacientes del Hospital Suizhou Zengdu, analizados del 27 de enero al 13 de marzo de 2020, 155 (56,2%) eran hombres, con una edad promedio de 51 años. Lo primero que hicieron los científicos fue separarlos entre quienes utilizaban anteojos por más de 8 horas diarias y quienes no.
De este modo, hallaron que solamente 16 pacientes usaban por 8 o más horas diarias anteojos, todos por motivo de miopía. Este 5,8% de la muestra es el que fue contrastado con el 31,5% de la población total de miopes de la provincia china.
Por ello, la investigación concluyó que la proporción de pacientes hospitalizados con COVID-19 es baja precisamente por el uso de sus anteojos durante buena parte del día, lo que les da una protección agregada que la mayoría de la población no utiliza.
"Estos hallazgos sugieren que el ojo puede ser una vía de infección importante para el COVID-19, y se debe prestar más atención a las medidas preventivas, como lavarse las manos con frecuencia y evitar tocarse los ojos", concluye la publicación, titulada Asociación del uso diario de anteojos con la susceptibilidad a la infección por coronavirus 2019.
Aun así, algunos profesionales han advertido que aunque el estudio es válido, no brinda suficientes certezas de que sus resultados sean, de hecho, contundentes. Uno de ellos es el doctor Amir Khan, médico del Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) de Reino Unido, quien escribió que "aún no hay evidencia suficiente de que utilizar anteojos te haga menos susceptible al COVID-19".
Si bien es evidente que los ojos son una vía de entrada al virus, y que por ende los anteojos operan como una barrera ante un potencial contagio, "sacar conclusiones de un solo estudio sería completamente prematuro", escribió en Al Jazeera, aunque anotó que sin dudas la investigación citada permite comprender de un nuevo modo el fenómeno.
Por su parte, Simon Kolstoe, profesor de atención médica de la Universidad de Portsmouth, Inglaterra, subraya que se trata de un "estudio pequeño" y, aunque sostuvo que la investigación "es muy interesante", consideró que la muestra no es lo suficientemente grande como para sacar conclusiones finales. "Definitivamente necesitamos más datos antes de pensar siquiera en sugerir a la población el uso de lentes junto al tapabocas", concluye en su artículo para The Conversation.
La humanidad se enfrenta a una pandemia peor que el COVID-19
Mientras todo el mundo trata de poner fin a la pandemia del COVID-19, los expertos aseguran que ya lidiamos con otra amenaza de enfermedades infecciosas a nivel mundial.
Las bacterias resistentes a los antibióticos no reciben tanta atención como el SARS-CoV-2, ya que las enfermedades que causan se propagan de forma lenta y constante, en lugar de conquistar el mundo en un corto período de tiempo.
Sin embargo, las bacterias podrían convertirse en una amenaza semejante a la del COVID-19, aseguran los expertos citados por Business Insider.
A nivel mundial, cada año aproximadamente 700.000 personas mueren de infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos. La Organización Mundial de la Salud proyecta que, al ritmo actual, alrededor de 10 millones de personas podrían morir anualmente de infecciones resistentes a los antibióticos para el 2050.
La resistencia adquirida
Debido a la prescripción excesiva de antibióticos, su uso excesivo en la ganadería, y otros factores, muchos tipos diferentes de infecciones bacterianas, incluyendo cepas de gonorrea, tuberculosis y salmonela se han vuelto extremadamente difíciles, a veces incluso imposibles de tratar. Esto se debe a que la diminuta porción de bacterias que sobreviven a estos antibióticos evolucionan y se reproducen, desarrollando resistencia. En todo el mundo, 230.000 personas mueren cada año solo por tuberculosis resistente a los antibióticos.
"Es cada vez más probable que esa infección bacteriana sea muy difícil de tratar si no es incurable, y las infecciones bacterianas incurables son malas", declaró Sarah Fortune, profesora de inmunología y enfermedades infecciosas de la Universidad de Harvard, al detallar que hacen mucho daño y matan a la gente.
Gran parte de la atención y los recursos que se dedicarían a la amenaza de las bacterias se dirigen actualmente a tratar de derrotar al COVID-19, dijo Steffanie Strathdee, profesora de medicina de la Universidad de California. En ese sentido, la pandemia del coronavirus puede empeorar el problema de las bacterias resistentes a los antibióticos.
"A diferencia del COVID-19, que apareció repentinamente y estalló en la escena, la crisis de las superbacterias ha estado hirviendo a fuego lento", aseveró. "Ya es una pandemia. Ya es una crisis global, y está empeorando con el COVID-19".
Los hospitales, el caldo de cultivo para las bacterias
La comunidad médica debe centrarse en particular en cómo las enfermedades infecciosas se propagan a través de los hospitales, indicó al medio Tom Frieden, el exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y el director general de Resolve to Save Lives.
"No tengo ninguna duda de que en 20 o 40 años, miraremos hacia atrás a la atención médica tal como se implementó en 2020 y sacudiremos nuestras cabezas preguntándonos cómo pudieron dejar que tantas infecciones se propagaran en los centros de atención médica", dijo Frieden.
En julio, la OMS pidió un uso más cuidadoso de los antibióticos entre los pacientes con el COVID-19 para ayudar a frenar la amenaza de la resistencia a los antibióticos. Una revisión de mayo encontró que entre unos 2.000 pacientes de COVID-19 hospitalizados en todo el mundo, el 72% recibió antibióticos aunque solo el 8% tenía infecciones bacterianas o micóticas documentadas.
La pandemia del COVID-19 ha expuesto cómo nuestro "disfuncional" sistema de salud pública "nos ha dejado vulnerables a las bacterias de propagación lenta y resistentes a los antibióticos", aseveró Lance Price, director fundador del Centro de Acción contra la Resistencia a los Antibióticos de la Universidad George Washington.
¿Y los antibióticos?
Las bacterias ganarán resistencia a nuevos antibióticos con el tiempo, así que hay que ser cuidadosos con la forma en que los usamos y seguir desarrollando nuevos medicamentos para enfrentar el problema, afirmó Sarah Fortune.
No obstante, han pasado décadas desde que se ha desarrollado una nueva clase de antibióticos. Empresas como Achaogen y Aradigm, que se centraron en la creación de nuevos, se han declarado en quiebra en los últimos años. Los gigantes farmacéuticos como Novartis y Allergan han abandonado el esfuerzo por completo.
Según Fortune, los fabricantes de medicamentos no ven tanto beneficio en el desarrollo de nuevos antibióticos como lo hacen con otros medicamentos. Muchos han invertido en el desarrollo de un nuevo antibiótico y han fracasado y pueden ganar más dinero desarrollando medicamentos que la gente toma regularmente en lugar de solo cuando tienen una infección, lamentó.
Las empresas tampoco pueden cobrar tanto por los antibióticos como por otros medicamentos que puedan desarrollar, y la vida útil de un antibiótico es relativamente corta, explicó Fortune. Así que si vamos a conseguir nuevos antibióticos, tenemos que encontrar maneras de hacer que las empresas den prioridad a su creación, enfatizó.
Virus contra bacterias
Aparte de desarrollar nuevos antibióticos, otra solución podría ser un tipo de virus. Se trata de una categoría de virus llamados fagos que apuntan naturalmente y matan tipos específicos de bacterias. Si se puede encontrar el fago particular que mata la bacteria con la que una persona está infectada, podría ser usado para tratar la infección.
La fagoterapia está a punto de pasar el primer ensayo clínico en el centro IPATH en la Universidad de California. Strathdee, quien dirige el proyecto, tiene experiencia personal con este tipo de tratamiento.
"Lo que necesitamos es una biblioteca gigante de fagos que sea de código abierto, que pueda ser usada para emparejar los fagos con una infección bacteriana específica y ser usada con antibióticos para curar estas superbacterias", compartió Strathdee.
Abordar el tema también requiere de la cooperación internacional, agregó Tom Frieden.
"Eso significa un apoyo total a la Organización Mundial de la Salud, tanto en términos de financiación como de mandato, y eso significa un enfoque mejor y más fuerte para identificar y arreglar las lagunas en la preparación en todo el mundo", finalizó.