Política

El presidente de Rumanía cruzó la línea peligrosa

Victoria | Martes 01 de octubre de 2013

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El presidente rumano Traian B?sescu afronta serios problemas políticos en su patria. Si índice de popularidad no alcanza a superar el 15 % y las tentativas de conferir popularidad a la nueva campaña pro-presidencial por ahora no se ha coronado con el éxito.

Redacción



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El presidente rumano Traian B?sescu afronta serios problemas políticos en su patria. Si índice de popularidad no alcanza a superar el 15 % y las tentativas de conferir popularidad a la nueva campaña pro-presidencial por ahora no se ha coronado con el éxito.

Un año atrás la intervención de funcionarios norteamericanos y europeos salvó a B?sescu de la dimisión y de una persecución judicial ineludible. En tal contexto, la última esperanza de B?sescu es crear una poderosa fuerza política, que pueda apoyarse en el electorado de la extrema derecha. Para fortalecer sus posiciones en ese campo electoral rumano el mandatario está dispuesto a arrastrar al país a conflictos diplomáticos y políticos.

En su intervención ante los activistas de movimientos juveniles rumanos B?sescu criticó las declaraciones de algunos políticos húngaros, que exigen autonomía para la minoría húngara en Transilvania. La reacción del presidente del país que sea a declaraciones de políticos extranjeros de segundo plano es de por sí extraña, pero el presidente de Rumanía jamás deja escapar la oportunidad para armar escándalos diplomáticos, incluso si el motivo es insignificante. Todo parece indicar que B?sescu decidió que el pequeño escándalo es insuficiente y resolvió pasar al lenguaje jingoísta del siglo XIX, declarando que “¡Rumanía asumirá el liderazgo regional para poner a Budapest en su lugar!”

El jefe de Estado rumano cruzó la línea peligrosa y de nuevo se puso a jugar con fuego. Cabe remarcar que el propio B?sescu se aferra a los dobles raseros en las relaciones con Hungría. Todo lo que le irrita en el proceder de Budapest es exactamente lo mismo que hace él en relación a los países en los que hay grupos étnicos, a los que Bucarest considera “parte del pueblo rumano”. Al presidente de Rumanía le ofenden los exabruptos de los políticos de la derecha húngara cuando viajan a Transilvania, aunque los emisarios rumanos se portan de la misma manera durante sus viajes por Ucrania, Moldavia o Serbia. A estos políticos les irrita el aumento del número de poseedores de pasaportes húngaros en Transilvania, aunque las autoridades rumanas distribuyen pasaportes de Rumanía en Moldavia, Ucrania y Serbia. B?sescu reconoce que la mayoría de los habitantes de Moldavia no quiere unirse con Rumanía, pero llama a la minoría rumanofilia a exigir la unificación, prometiendo que la “unificación se hará efectiva”. Traian B?sescu, sin avergonzarse de su propia insolencia, profesa abiertamente el principio “a mí me está todo permitido, los demás no pueden hacer nada”. El presidente de Rumanía subió al Olimpo político gracias a los neoconsevadores norteamericanos y parece no haber comprendido hasta ahora que los tiempos han cambiado y ser el “George Bush-hijo rumano” es una mala idea.

Sus pretensiones al “liderazgo regional” solo pueden hacer reír a otros países de Europa del Este. De facto Rumanía dejó de existir como sujeto independiente de las relaciones interestatales y es una colonia que la Unión Europea y EEUU explotan juntos. Rumanía perdió el control de sus recursos energéticos, de su industria y sector financiero. La vida económica del país de hecho está dirigida por el Fondo Monetario Internacional. Para evitar cualquier posibilidad de respaldo regional, B?sescu manifestó que Ucrania y Serbia son países “que aún deben andar y andar hasta la verdadera democracia”. Desde el punto de vista del presidente rumano “el nivel de democracia” se determina por la actitud hacia la minoría rumana.

El mandatario rumano tuvo mucha suerte en el plano de que ya casi nadie toma en serio sus declaraciones, ya que en caso contrario podrían darse grandes posibilidades de que cierta coalición regional “pusiera en su lugar” al propio B?sescu. Y si el presidente rumano llega a seguir jugando con fuego, realmente puede sufrir una gran quemadura.