Seguridad

Crece el escepticismo sobre la eficacia de la vacuna anti-COVID de AstraZeneca

Elespiadigital | Jueves 26 de noviembre de 2020

Ha aumentado la incertidumbre acerca de la vacuna contra el coronavirus desarrollada por la agencia AstraZeneca tras varios informes sobre su inconsistente eficacia. El fármaco, que se desarrolla en colaboración con la Universidad de Oxford, se basa en adenovirus de chimpancé que aún no ha demostrado ser eficiente, según los expertos.

Redacción

 



 

Ha aumentado la incertidumbre acerca de la vacuna contra el coronavirus desarrollada por la agencia AstraZeneca tras varios informes sobre su inconsistente eficacia. El fármaco, que se desarrolla en colaboración con la Universidad de Oxford, se basa en adenovirus de chimpancé que aún no ha demostrado ser eficiente, según los expertos.

La vacuna de AstraZeneca ha sufrido otro golpe tras los informes del programa estadounidense Operation Warp Speed —la iniciativa del presidente de EEUU para la lucha contra el COVID-19— revelaron que el medicamento muestra una mayor eficiencia en la población más joven.

La eficacia impresionante del 90% de la vacuna se logró con un grupo de personas, cuya edad no excedía los 55 años. Al mismo tiempo, les proporcionaron una media dosis de la vacuna antes de aplicarles una dosis completa para reforzar el efecto. Mientras que para los participantes de más de 55 años, la eficacia se redujo casi a un tercio al alcanzar solamente un 62%.

"Hay una cantidad de variables que debemos entender, y cuál ha sido el papel de cada una de ellas para lograr la diferencia de la eficacia", dijo a Bloomberg el principal asesor del Operation Warp Speed, Moncef Slaoui, al comentar los resultados de los ensayos.

Los investigadores de la Universidad de Oxford han afirmado que no saben la razón detrás de la inconsistente eficacia de la vacuna pero lo investigarán en un futuro cercano.

Apta para los países menos desarrollados

Los resultados de los ensayos han sorprendido a los científicos. Geoffrey Porges, analista de SVB Leerink, dijo que la decisión de AstraZeneca de mostrar el nivel más alto de eficacia de la vacuna en grupos pequeños es una señal de que la compañía quiere promoverla en los países menos desarrollados.

"Claramente, ya están posicionando su producto como adecuado para su uso en países menos desarrollados, donde sus condiciones de almacenamiento relativamente favorables podrían ser ventajosas", dijo Porges al portal MarketWatch.

El analista había expresado sus dudas acerca de que la Administración de Medicamentos y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) acepte de manera positiva "cualquier ensayo en el que la dosis, las cohortes de edad o cualquier otra variable se modifiquen en la mitad del ensayo, de forma inadvertida o deliberada".

Otro detalle sospechoso sobre la vacuna de AstraZeneca es su habilidad de proteger contra el COVID-19. Según los últimos informes de la empresa, la combinación de régimen de dosificación mostró una eficacia promedia del 70%, que es significativamente menor que la de otras vacunas en desarrollo. Al mismo tiempo, la vacuna rusa Sputnik V del centro Gamaleya y la de Pfizer muestran una efectividad del 95% y más.

La asombrosa brecha no ha pasado desapercibida, como dijo a STAT News el epidemiólogo jefe de EEUU Anthony Fauci.

"Si es del 70%, entonces tenemos un dilema. Porque, ¿qué vamos a hacer con un 70% cuando tenemos dos [vacunas] que tienen una efectividad del 95%?", preguntó Anthony Fauci que es también el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas.

Adenovirus humano contra el de chimpancé

La siguiente pregunta para la alianza de AstraZeneca y la Universidad de Oxford es el hecho de que su vacuna se basa en vectores adenovirales de chimpancé, método jamás utilizado antes en la producción de vacunas. El tema ya ha sido planteado por científicos del Centro de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, quienes han advertido que no existen estudios a largo plazo que hayan demostrado la eficacia y seguridad del método.

En cambio, los adenovirus humanos utilizados en las vacunas de los demás productores, incluida la Sputnik V, se han utilizado ampliamente durante décadas y han demostrado su seguridad en más de 10 millones de personas vacunadas con vacunas adenovirales humanas.

La última encuesta realizada por YouGov, la empresa líder del Reino Unido en investigación de mercado y análisis de datos, reveló que Rusia es el fabricante de vacunas más confiable del mundo (21%), le sigue EEUU (15%) y China (13%).

Según la encuesta, el 73% de los encuestados están dispuestos a vacunarse contra el coronavirus, mientras que nueve de cada diez personas prefieren una vacuna basada en vectores de adenovirus humanos. En la encuesta participaron ciudadanos de Brasil, Vietnam, Egipto, India, Indonesia, Malasia, México, Nigeria, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Filipinas.

La alta efectividad de la vacuna de AstraZeneca sería solo entre los más jóvenes y caen las acciones de la empresa

Este lunes, la biofarmacéutica británica AstraZeneca anunció que su vacuna contra el covid-19, desarrollada junto con la Universidad de Oxford, ha mostrado una eficacia promedio del 70 % contra el nuevo coronavirus.

Entre los participantes del estudio que recibieron el fármaco, hubo dos regímenes de dosis diferentes. En un régimen, 2.741 participantes recibieron media dosis de la vacuna y luego una dosis completa al menos un mes después. En el segundo grupo, 8.895 participantes recibieron una dosis completa seguida de otra dosis completa al menos un mes después.

El grupo que recibió la media dosis inicialmente logró la protección de un 90 % contra covid-19, y el grupo que recibió dos dosis completas solo estaba protegido en un 62 %.

Dudas de expertos sobre los resultados y la seguridad

Sin embargo, los expertos en vacunas tienen preguntas sobre los datos publicados por AstraZeneca. Aunque el gigante farmacéutico anunció que su vacuna tiene una efectividad promedio del 70 %, la empresa no manifestó los datos que los llevaron a esa conclusión.

"Si no se sabe esto, es difícil saber la importancia de sus hallazgos", apuntó a la CNN Paul Offit, miembro del Comité Asesor de Vacunas y Productos Biológicos Relacionados de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU.

Cabe señalar que cuando Pfizer y Moderna publicaron sus resultados de eficacia a principios de este mes, sí incluyeron los datos que llevaron a sus resultados.

Además, los expertos también tienen preguntas sobre la seguridad de la vacuna de AstraZeneca.

Aunque la empresa afirmó que "no se han confirmado eventos de seguridad graves relacionados con la vacuna" y que la esta fue "bien tolerada", sus ensayos se suspendieron dos veces porque los reguladores gubernamentales estaban preocupados por dos participantes que se enfermaron gravemente.

Posteriormente, los reguladores permitieron que se reanudara el desarrollo.

"Me gustaría conocer los datos específicamente sobre esas reacciones adversas graves que hicieron que el ensayo se detuviera", subrayó William Schaffner, miembro del Comité Asesor de Prácticas de Inmunización de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU.

Mayor eficacia entre la población joven

En su comunicado de este lunes, AstraZeneca no mencionó la edad de los voluntarios en diferentes grupos que recibieron régimenes distintos del fármaco.

No obstante, ahora ha trascendido que la dosis de la vacuna que mostró el nivel más alto de eficacia (90 %) se probó en una población más joven (la edad de los participantes del grupo estaba limitada a los 55 años), que la dosis mayor que mostró menos eficacia.

Esto fue reportado por Bloomberg, que citó a Moncef Slaoui, jefe del programa Operation Warp Speed ??de EE.UU. (iniciativa interinstitucional para acelerar los tratamientos y vacunas contra el coronavirus).

El 'error' detrás de la eficacia de la vacuna

Desde la publicación del informe de AstraZeneca, los investigadores han estado desconcertados sobre por qué una dosis menor de la vacuna resultó más eficaz que una mayor.

Ahora ha trascendido que la mitad de la dosis del fármaco en realidad se administró a algunos participantes debido a un error. Y ahora el gigante farmacéutico está investigando por qué el uso accidental de esa media dosis parece hacer que su régimen sea más efectivo.

La mayoría de los participantes en el análisis de fase tardía recibieron una dosis completa de la vacuna. La eficacia en ese grupo fue del 62 %. Un grupo mucho más pequeño recibió media dosis seguida de un refuerzo de dosis completa. La eficacia en ese grupo fue del 90 %. Sin embargo, los participantes nunca debieron recibir media dosis.

"Fue un error", confirmó a Reuters Mene Pangalos, vicepresidente ejecutivo de AstraZeneca.

Pangalos detalló que el error se hizo evidente cuando los investigadores notaron que los efectos secundarios observados en algunos participantes eran más leves de lo esperado. Un intento de explicar los efectos secundarios leves reveló que "habían subestimado la dosis de la vacuna a la mitad", explicó.

La gran pregunta sobre la eficacia que surge de los datos de AstraZeneca es si la cifra del 90 % es un reflejo real del poder protector del régimen de media dosis. Solo 2.741 participantes recibieron media dosis. A modo de comparación, Pfizer y Moderna inscribieron a más de 30.000 personas en sus ensayos de fase 3.

Por su parte, Ruud Dobber, presidente del negocio estadounidense de AstraZeneca, le admitió a CNBC que el hallazgo fue "un poco sorprendente para todos nosotros", y expresó la esperanza de que los reguladores se concentren en el régimen de media dosis.

Llevará tiempo demostrar si el régimen de media dosis realmente es mucho más eficaz y, de ser así, averiguar por qué. Por ello, Dobber señaló que AstraZeneca planea hacer más investigaciones en las próximas semanas para comprender el mecanismo.

Caída de las acciones

Mientras tanto, las acciones de AstraZeneca están cayendo por tercer día consecutivo en medio de la incertidumbre sobre la eficacia de su vacuna contra covid-19.

Este miércoles, las acciones de la compañía farmacéutica británica han caído en un 1,66 % por debajo de 80 libras esterlinas (menos de 100 dólares), y desde principios de semana ya han perdido más de un 3 % de su valor.

'2020', el documental que muestra lo que no todos vieron sobre el coronavirus en España

El 27 de noviembre se estrena en las salas de cine de España el documental 2020, la nueva obra del documentalista y exreportero de guerra Hernán Zin que retrata los días más difíciles que vivió el país durante la primera ola del coronavirus.

El 14 de marzo, cuando el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, decretó el estado de alarma por la pandemia de coronavirus, Hernán Zin estaba en Tarifa (Cádiz) haciendo kitesurf. Apenas escuchó el anuncio presidencial, Zin tomó su cámara, se fue hasta Madrid y se plantó frente a un hospital.

Su olfato periodístico, por más de 20 años como documentalista y reportero de guerra, le indicaba que lo que se venía no sería cualquier cosa. Y no se equivocó. Ese día se asumía que España enfrentaría, como el resto del mundo, la peor pandemia que haya vivido la humanidad en los últimos 100 años.

Durante cuatro meses, Zin y su equipo cinematográfico se dedicaron a documentar lo que sucedía en las unidades de cuidados intensivos de dos hospitales madrileños, en las ambulancias que trasladaban a los enfermos, en las residencias de ancianos, en las morgues, en los cementerios. Zin quería humanizar el parte que todos los días las autoridades sanitarias ofrecían al país.

Fruto de ese trabajo nació 2020, un documental que en una hora y 34 minutos, entrelaza la historia de un médico que, junto a su equipo, hace todo lo posible por salvar la vida de los enfermos, la de Julio Lumbreras que tras estar 57 días en coma despierta y trata de comprender el mundo, la de un  sepulturero que confiesa que casi ya ni tienen tiempo de comer por tantos entierros que deben hacer, la de un sintecho que queda desconcertado por tanto vacío en la calle, la de protectores de animales que se dedicaron a rescatar perros que quedaron solos por la muerte de sus dueños, o la historia de Anshy Loaiza, una joven que conoció a su hijo a través de una Ipad porque tras dar a luz fue diagnosticada con coronavirus y derivada a una UCI, donde estuvo intubada por un mes.

Sputnik conversa con el director Hernán Zin sobre su nueva obra cinematográfica 2020.

—Lo primero que hiciste cuando te enteraste del estado de alarma fue viajar hasta Madrid y plantarte frente a un hospital. ¿Por qué?, ¿qué querías mostrar?

—Es que veía los periódicos y no había una correlación con ninguna emoción. No había historias en primera persona de los enfermos, de los médicos. Faltaba el contenido humano. Hablaban de mil muertos al día, pero yo me decía que esa gente tendrá rostro, tendrá una historia, una familia. Para el trabajo que hago desde hace 20 años es muy importante humanizar, es lo que me gusta hacer, y ese fue el primer instinto: tratar de entrar en los hospitales para ver lo que estaba pasando. Vengo de trabajar en Afganistán, Gaza, el Congo, y nunca pido permiso para entrar en los lugares, entro y grabo, lo tengo como un derecho natural. Pero aquí fue complicado.

—¿Y cómo lo lograste?, ¿cómo lograron que los dejaran filmar dentro de un hospital en el peor momento de la pandemia?

—Lo logramos insistiendo mucho, llamando a muchos políticos, mandando el artículo 20 de la Constitución que defiende la libertad de expresión, y al final di con los políticos correctos que conocían mi trabajo, sobre todo el que ha salido en Netflix, como Nacido en GazaNacido en Siria, y entonces entendieron que yo quería reflejar una visión humana de la situación, no iba con una visión política.

Ahí nos abrieron las puertas. Ha sido el trabajo más difícil que he hecho en mi vida a nivel de acceso. Me costó muchas llamadas, estaba todo el día en el teléfono y enviando muchos emails desde las 6 de la mañana. Me costó más que entrar a Somalia en 2010 o que en Afganistán. Te juro que ha sido el trabajo más complicado que he tenido nunca.

—Y una vez dentro de los hospitales ¿qué fue lo que más te impactó a ti y a tu equipo de filmación?

—A mí lo que me impactó y que me hizo tomar conciencia de la gravedad del virus, fue cuando entré por primera vez a una UCI y vi a toda esa gente boca abajo, hinchada, luchando por respirar. Yo sentía que me ahogaba. Yo tengo asma y sentía que me ahogaba de solo verlos. También me impactó el silencio porque es una enfermedad que avanza lentamente, en silencio y termina con una vida en cuestión de horas. No me había enfrentado a una pandemia de este tipo y era muy sobrecogedor entrar a una UCI y ver todos esos cuerpos luchando por respirar, eso te genera mucha angustia.

—Además de filmar dentro de los hospitales, también estuvieron en residencias de ancianos, en la morgue, en el cementerio. Todos lugares de alto riesgo de contagio y tú asmático. ¿No tenían miedo de contagiarse?

—Lo que traté de aplicar con el equipo es lo mismo que he aplicado toda mi vida cuando he ido a una zona de conflicto: unos protocolos muy claros de seguridad, de información.

Teníamos a un sanitario en el equipo que nos iba guiando, de limpiar muy bien los equipos al volver a la oficina, cambiarnos de ropa. Hemos sido muy meticulosos para que nadie en el equipo se enfermara. De todos modos, cada vez que salíamos de una UCI pensábamos que teníamos síntomas. Ya era la cabeza la que te jugaba una mala pasada y decías "ya lo he pillado. Ya lo tengo", pero no, no lo hemos tenido. Creo que hemos sido muy rigurosos y serios como si estuviéramos en una guerra, que si no tienes información no vas al frente. Tratas de tener toda la información posible para minimizar el riesgo, pero bueno, nuestro trabajo, como bien sabes, implica una pasión que va más allá de cualquier riesgo.

—¿Con qué sentimiento volvían a casa después de documentar estos episodios tan dolorosos?

—Yo volvía muy cansado a casa porque eran jornadas muy largas de 15 horas todos los días durante cuatro meses, porque había que esperar, el periodismo es esperar a que pasen cosas, que te dejen entrar. Después sentía la desconexión entre lo que veía en la tele y lo que veía cuando estaba en los hospitales o en las morgues. Veía mucha crispación política cuando en ese momento lo que había que hacer era un minuto de silencio. Todos los días habría que haber hecho un minuto de silencio por las víctimas. Enseguida los políticos entraron en una guerra y se olvidaron de las víctimas, esa era la impresión que me daba. Me parecía que la sociedad no comprendía realmente lo que estaba pasando, y 2020, como película, intenta llenar ese vacío. Esa es la intención.

—Después de documentar esos episodios tan difíciles que vivió el país, ¿se imaginaron una segunda ola?

—Yo creo que, si la película hubiese salido a tiempo, como queríamos nosotros, que queríamos que saliera en julio, podríamos haber ayudado a que no hubiese una segunda ola, pero lamentablemente ninguna cadena quiso apostar por ello.

Ya los últimos días de guardia de ambulancia en mayo veíamos a los chicos haciendo botellones en las calles, a la gente de fiesta, y me decía "Dios mío, esta gente no es consciente de a qué se está exponiendo". Sabíamos que la segunda ola iba a ser fuerte, llegó un poco temprano, pensábamos que iba a llegar en otoño y ya en agosto llegó, nos habían informado que el pico en Madrid iba a ser en octubre, que ya lo hemos pasado, por suerte, pero creo que, si nos hubiesen dejado emitir la película antes, si alguna cadena hubiera tenido la valentía de emitirla antes, la gente hubiera tomado conciencia, y eso me da un poco de pena.

—¿Y por qué las cadenas no quisieron sacar el documental antes?

—No sé, no estoy en la cabeza de los programadores.

—Pero ¿qué argumentos les dieron?

—Era un simple no.

—Después de haber hecho cobertura a la guerra en Afganistán, Siria, Palestina. ¿Qué ha sido más difícil: documentar una guerra o una pandemia?

—No hay comparación. Desde el momento en el que dentro de una guerra la gente tiene que huir de su casa, no tiene para comer, no sabe si al salir a la calle te va a caer una bomba, es incomparable. Aquí estábamos, dentro de todo, con alimentos, protegidos, con cierta información. Lo que no se puede comparar es el número de muertos. En ninguna guerra en la que yo he estado ha habido 1.000 muertos al día. En un mal día en Gaza puede haber 30 muertos, en un mal día en Afganistán puede haber 30 muertos cuando el ejército estadounidense bombardea por error una boda pensando que es una reunión talibán, pero 1.000 al día nunca lo había visto. De ahí sí que es mucho peor que una guerra.

—Antes de este documental ya has sido galardonado por otros documentales, como Nacido en Gaza, Nacido en Siria, Morir para Contar. ¿Por qué siempre acompañar a los que más sufren?, ¿qué quieres lograr con estos relatos?

—Yo empecé a trabajar en 1994 con mi cámara y mi primer conflicto fue en Camboya. Enseguida comprendí que con mi cámara solo podía mostrar la parte humana de la historia porque al lado estaba el equipo de AP, de Reuters y ellos son 20, tienen contactos con el Gobierno y me dije "yo solo con una cámara ¿qué puedo hacer?" darle voz a la gente de a pie, y eso es lo que hago con mis documentales, tratar de mostrar la parte humana, que complementa muy bien a las noticias, a los titulares de los periódicos y tratar de darle un contexto humano.

Por ejemplo, Nacido en Siria es un año caminando con los refugiados desde Alepo hasta Alemania. Una cosa es ver una pieza de 30 segundos en un informativo y otra cosa es estar un año y ahí entiendes el contexto emocional, el conflicto. Es un complemento lo que yo hago, y aparte, es lo único que puedo hacer con una sola cámara, viste, porque siempre he trabajado con mi cámara, y excepto en este documental, siempre he estado solo con mi cámara. Es la primera vez que puedo hacer algo así. Pero lo que busco es complementar la parte emocional. Soy latino, trabajo desde la pasión, manejo las emociones, es algo que es muy importante, conecto mucho con la gente, me apasiono por mi trabajo. Es un periodismo comprometido.

—Muchos alertan que la humanidad atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia por la emergencia sanitaria, por la crisis económica que dejará, por la inestabilidad política y por la crisis medioambiental. ¿Cuál crees tú que debe ser el papel del documentalista en un momento tan crucial?

—Los documentalistas, los periodistas tenemos que estar ahí denunciando que como especie somos una plaga para este planeta, que lo estamos devastando.

Yo llevo 20 años viajando y cada vez lo veo más destruido, y el mundo se defiende. Somos una plaga y el planeta tiene sus anticuerpos. Mientras más árboles cortemos, mientras más selva destruyamos más van a salir enfermedades. Ya Bill Gates dijo que la próxima pandemia podría ser en 2023 y estoy convencido de que podría ser así si no cambiamos nuestro estilo de vida, el consumo de plástico, el consumo de hidrocarburos, el consumo desmedido de la industria de la ropa, que es una de las más contaminantes. Tenemos que aprender a vivir de otra manera o vamos a ser nuestro peor enemigo. 2020 va a dejar esa gran lección de vida.

—Ya está por acabarse el 2020, que muchos lo han calificado como el año catastrófico, ¿esperas algo mejor para el 2021 o no crees que se trate de un asunto de años?

—Sí, sí, es de años, es de años, soy muy supersticioso. La vida cuando te da un golpe tienes dos opciones: o ignorarlo y quedarte quieto con el trauma, o afrontarlo y superarlo. Nos han dado un golpe muy fuerte que va a tener consecuencias económicas a largo plazo, pero está en nuestras manos aprender de ese golpe, aprender de ese trauma para superarlo, y las lecciones son esas: ¿podemos vivir sin consumir tanto? Lo hemos aprendido cuando estuvimos confinados, no hace falta comprarse algo todos los días ni gastar el dinero de tonto, que lo importante es la gente que queremos, cuidarla y abrazarla, estar con ella, y tercero, cuidar al planeta. Creo que 2020 fue un año duro, pero como todas las cosas duras que te pasan en la vida, nos dejó una gran lección de vida y está en nuestras manos que el 2021 sea el año mejor, con un presidente como Biden, para que nos pongamos en serio a luchar contra el cambio climático y a cambiar el planeta.