Responsables del Hogar de la Esperanza, que refugia a decenas de niños sirios desplazados por el conflicto armado, calculan que dos tercios de los infantes han sufrido abusos sexuales "no sólo en las calles, algunos también en sus casas".
Los más de 30 meses que lleva el conflicto armado en Siria ha generado una ola de desplazados, en su mayoría menores de edad. En el Líbano, 53 por ciento de los infantes refugiados han estado expuestos a abusos de todo tipo, principalmente sexuales, y a redes criminales que los asechan para traficar sus órganos.
Entre los muros del Hogar de la Esperanza, al oeste de Beirut (capital), las risas infantiles esconden una tragedia. Al pequeño Khaldoum, de tres años de edad, la Policía le rescató hace un año junto a su hermano cuando iban a extraerles sus órganos para venderlo a una mafia.
"Su familia les estaba criando para vender sus órganos", comentó Maher Tarabani, director del Hogar de la Esperanza.
Agregó que "de estas situaciones sólo se aprovecha la gente sin escrúpulos".
Los responsables del centro calculan que dos tercios de los niños también han sufrido abusos sexuales. "No sólo en las calles, algunos en sus casas".
Abdallah, un niño sirio de 10 años que también reside en el centro, fue víctima de su propio padre, que "le vendía a pedófilos. Les cobraba delante de la familia, le pedía al resto que se marchase de casa e invitaba a los hombres a meterse con el crío en el baño, donde le violaban por turnos. El se quedaba escuchando", relató Maher.
Tras tres días de violaciones fomentadas por su progenitor, Abdallah huyó y terminó siendo recogido por la Policía y enviado al Hogar de la Esperanza.
Mustafa, de 13 años de edad, también es otro refugiado sirio que se encuentra en la casa hogar luego de ser abandonado por su familia. Al llegar a la capital libanesa junto con su padre, madrastra y dos hermanos la sede de Naciones Unidas en el Líbano les otorgó una ayuda de 300 dólares por cada desplazado.
Una vez que tuvieron el dinero, "mi madrastra me expulsó de la familia. Me dijo que me buscara la vida. Ellos volvieron a Siria", comentó el propio Mustafa.
El pequeño encontró un trabajo ocasional en un puesto de arguileh (pipas de agua) donde obtenía unas 10 mil libras (cinco euros) que usaba para comer. Por las noches, dormía en el barrio de Ain al Mreisseh, sobre una cornisa de cierta altura. Allí se encontraba cuando un hombre le propuso sexo.
Ante la negativa de Mustafa, el pedófilo le sugirió que le acompañase a pasear con la promesa de "regalarle" 50 dólares. El chico aceptó el dinero, pero cuando comprendió que le conducía a un edificio abandonado temió ser violado y se zafó del individuo para volver a la cornisa.
El hombre regresó para empujarle, en revancha. Cayó golpeándose la cabeza y cuando ingresó en este centro, no recordaba ni siquiera cuándo había comido por última vez.
Uno de los responsables, Noah George, le acompañó aquellos días y recuerda cómo el niño, aún herido y humillado, bromeaba. “Todo esto, porque mi familia me vendió por 300 dólares. Y yo al menos valgo 500”.
Los responsables del centro aseguran que hay pedófilos que controlan las zonas donde se mueven los refugiados. "Es común verlos mendigar cerca de agentes de Policía, pero éstos no están capacitados para detenerles. La ley no se aplica, las instituciones no funcionan y los niños pagan el precio”.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) dijo que en los 30 meses que se ha extendido el conflicto en Siria, el número de refugiados de este país ha sobrepasado los seis millones de personas.
Siria ha sido escenario de un conflicto armado que estalló en marzo de 2011 por grupos terroristas con el objetivo de derrocar al presidente Bashar Al Assad.
Informes demuestran que un alto número de mercenarios extranjeros participa en la guerra contra el Gobierno sirio y con el apoyo de Occidente. Cifras oficiales de la ONU han confirmado que en estas acciones de violencia han perdido la vida más de 100 mil personas.