Los Estados Unidos se propusieron dominar y así lo hicieron. Demócratas y republicanos se turnaron por décadas mientras que su política de control planetario se mantuvo inamovible y dándole resultados. Estado profundo es un término frecuente en la prensa alternativa para referirse a un orden político oculto o subterráneo.
Mauricio Montes
Mauricio Montes
Los Estados Unidos se propusieron dominar y así lo hicieron. Demócratas y republicanos se turnaron por décadas mientras que su política de control planetario se mantuvo inamovible y dándole resultados. Estado profundo es un término frecuente en la prensa alternativa para referirse a un orden político oculto o subterráneo.
A este Estado profundo responden las élites económicas, religiosas, políticas, que dominan la opinión pública planetaria y que se mantiene pese al cambio de presidente cada cuatro años.
Sin embargo, el imperio estadounidense parece vivir su ocaso, el último Gobierno dirigido por Donald Trump ha atizado la crisis interna y ha sumado enemigos entre sus históricos aliados estratégicos. La agravada crisis económica, política y social rompe la máscara mediática de la otrora potencia mundial y primera economía planetaria; pese a todo, el dólar estadounidense sigue reinando en los mercados.
Luego de tres décadas de investigación, el historiador Vladimir Acosta, se dedicó a develar las mentiras tras el poder de los Estados Unidos.
En su libro, El monstruo y sus entrañas. Un estudio crítico de la sociedad estadounidense, Acosta describe detalladamente a la cultura de ese imperio que se erigió, por mucho, sobre el resto del mundo y que si bien su poderío militar parece haber sido el eje central de su dominio, ha sido en realidad la imposición de sus mitos la clave para el control que han ejercido sobre el planeta.
En diálogo con Sputnik, Acosta comparte su visión sobre lo que pudiera convertirse en la crisis política más importante de la historia de los Estados Unidos después de la guerra entre norte y sur.
Los Estados Unidos no son una democracia
Acosta explica que ese orden, que denominan Estado profundo rige en Estados Unidos hace mucho y que, como toda su política exterior dirigida a mantener su hegemonía, está fundado en la doctrina del Destino manifiesto, en la que esa nación, usurpando el nombre del continente americano, se asume elegida y destinada a expandirse por autoridad divina. Este orden, ya no tan oculto, empezaría a conformarse en el segundo período presidencial de Franklin D. Roosevelt, y con la Segunda Guerra Mundial se establecería finalmente.
"En su último discurso, el presidente Eisenhower se refirió justamente a ese Estado profundo llamándolo complejo militar industrial, faltó decir que era mediático también, y de ahí en adelante eso no ha hecho sino fortalecerse y dominar. La clave de todo esto es que los Estados Unidos no son, ni han sido nunca verdaderamente, una democracia", explicó.
"Los Estados Unidos han tenido siempre, desde la Constitución que aprobaron en 1787, una sociedad que no es democrática, sino que es republicana", indicó. El historiador y filósofo venezolano devela que lo que se presenta al mundo como democracia es en realidad un sistema de elecciones de segundo grado, donde los colegios electorales se imponen sobre los votos populares y en el que dos partidos se alternan en el poder.
"En las elecciones de los Estados Unidos no se discute la gran política, la gran política está cocinada desde arriba por este Estado profundo, que es hoy un Estado económico, político, militar, tecnológico y sobre todo mediático. Ahí se cocina y se decide de todo, se hace en secreto, en las elecciones no se discuten sino cosas menores, —se apoya el aborto o no se apoya el aborto— cosas por el estilo. De tal manera que el sistema electoral norteamericano que se presenta como un sistema democrático, no es democrático, sino republicano", aclaró.
La guerra civil estadounidense no fue por la esclavitud
"Decir que esta (las últimas elecciones) es la contienda política más importante de la historia está por verse. La mayor contienda política estadounidense es su guerra civil, es su guerra de secesión, de la cual una de las cosas engañosas que se dice al respecto es que era una guerra por la esclavitud y no era una guerra por la esclavitud", plantea Acosta.
Para contextualizar las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos, Vladimir Acosta se refirió a la guerra entre el norte y el sur estadounidense, como la crisis más significativa que han vivido como nación.
"Lincoln era un hombre que era racista y supremacista blanco y que fue a esa guerra incluso con la alianza de parte de los estados esclavistas. Declaró más de una vez que para él, el tema principal no era nada relacionado con la esclavitud, era la unidad del país", destaca.
De acuerdo al historiador, el racismo era el mismo, pero las diferencias en los modelos económicos eran cada vez más grandes, aunque el norte podía prescindir de la esclavitud, para el sur este sistema era el sustento de su producción de materias primas para exportación. El norte se impuso con su modelo de producción económica. "Finalmente, Estados Unidos fue un Estado capaz de experimentar, desde 1865 y los siguientes 30 años, un proceso de crecimiento industrial descomunal para convertirse finalmente en una potencia industrial capaz de enfrentarse a las potencias europeas", señaló.
Los presidentes no gobiernan, pero…
A juicio del escritor venezolano, las elecciones estadounidenses son el espectáculo que venden como democracia y el presidente que resulta electo, un títere de un orden que opera desde más alto, un plan de dominio global que bien republicanos o bien demócratas cumplen a cabalidad. "Ellos (Biden y Trump) son líderes endebles los dos porque evidentemente eso no importa para ser presidente de los Estados Unidos", enfatiza.
Sin embargo, las recientes elecciones presidenciales siguieron otro guión. En Estados Unidos, el candidato que resulte perdedor, se entrega de inmediato. La respuesta de Trump altera el orden estadounidense. "Trump va a continuar y va a continuar haciendo política para enfrentar al Gobierno de Biden y preparándose para ser candidato en las próximas elecciones, algo que pasa que América Latina, algo que pasa en otros países, pero que nunca pasa en los Estados Unidos", destacó.
"Con Trump se ha generado una batalla que no solo es política, es una batalla que tiene que ver con los enormes problemas que se han desatado en los Estados Unidos, los problemas raciales, económicos, el problema de la pandemia, el problema de las amenazas de descomposición, que crean una crisis verdaderamente grave en los Estados Unidos. Es posible que esa sea la contienda más importante de la historia, pero depende de lo que pueda pasar en años próximos", evaluó.
Acosta explica que la crisis estadounidense se manifiesta hace muchos años. Sin embargo, Trump en su cruzada contra la globalización agravó las circunstancias. "Hay una situación conflictiva que ya no es solo una crisis política, es una crisis económica que tiene los Estados Unidos y que se ha acentuado últimamente con las políticas de Trump".
"Hay hasta un esbozo de guerra civil y secesión. Que eso vaya a producirse, por ahora, por supuesto, es una hipótesis que habría que ver más adelante, pero son cosas que se le dan a esta crisis que puede ser de la más importante de la historia de los Estados Unidos porque puede llevar a una secesión o a una guerra civil, en todo caso a una podredumbre acentuada durante unos años difíciles para Estados Unidos con un presidente como Biden y con un opositor tratando de amargarle la vida como es el caso de Trump", expresó.
"No hacerse ilusiones"
El monstruo y sus entrañas. Un estudio crítico de la sociedad estadounidense, fue publicado en 2017 por Editorial Galac y, recientemente, junto a Monte Ávila Editores fue editado por segunda vez. Para su autor, el objetivo central del libro es desentrañar los mitos y develar las mentiras de los Estados Unidos, de manera que el latinoamericano pueda conocer a profundidad, a través de un análisis riguroso y detallado, los mecanismos de colonización que este país ejecuta sobre los pueblos del mundo.
Para Vladimir Acosta, los pueblos del mundo, pero en especial los latinoamericanos, tienen el desafío de superar la hegemonía de los Estados Unidos. América Latina, es víctima de agresiones militares, políticas, financieras y mediáticas. Su identidad es desdibujada para ser dominada.
"Dentro de cuatro años, los latinoamericanos vamos a celebrar los 200 años de la batalla de Ayacucho, la batalla que nos liberó finalmente del colonialismo español, y sería triste que la fuéramos a celebrar justamente dentro de cuatro años atados al dominio soberano, colonialista e imperialista de Estados Unidos y que no hubiese una esperanza de que por lo menos las cosas están volviendo a buscar un camino que nos acerque a la libertad, a la soberanía, la independencia", resaltó.
"La política de los países latinoamericanos tendría que ser una política de buscar la soberanía, de buscar la independencia, de no hacerse ilusiones con los Estados Unidos y de prepararse para una situación muy difícil que se va a producir en estos últimos años, pero que por lo menos tiene un aspecto positivo, que el poder omnívoro de los Estados Unidos se está debilitando y eso es bueno para este planeta", finaliza Acosta.
Las democracias no inician guerras. Pero los demócratas sí
Philip Giraldi
Puede que haya sido el presidente Bill Clinton quien una vez justificó la destrucción de los Balcanes al observar que el intervencionismo liberal para lograr un cambio de régimen es algo bueno porque "las democracias no inician guerras con otras democracias". O podría haber sido George W. Bush hablando de Irak o incluso Barack Obama justificando su destrucción de Libia o sus intervenciones relacionadas con Siria y Ucrania. El principio es el mismo cuando la única superpotencia del mundo decide hacer todo lo posible para eliminar a sus oponentes.
La idea de que las democracias pluralistas de alguna manera están menos inclinadas a ir a la guerra ha existido de hecho durante un par de cientos de años y fue elaborada por primera vez por Immanuel Kant en un ensayo titulado "Paz perpetua" que se publicó en 1795. Kant puede haber sido interesante como broma cuando en relativamente liberal república francesa, el "Directorio", se estaba preparando en ese momento para invadir Italia para difundir la revolución. La presunción de que las "democracias" son de alguna manera más pacíficas que otras formas de gobierno se basa en el principio de que, en teoría, es más difícil convencer a toda una nación de la conveniencia de iniciar un conflicto armado en comparación con lo que sucede en una monarquía donde decide solo un hombre o hay que persuadir a una sola mujer.
La Revolución Estadounidense, que precedió a Kant, claramente no se libró sobre el principio de que los reyes son propensos a iniciar guerras mientras que las repúblicas no, y, de hecho, los Estados Unidos "republicanos" casi siempre se han involucrado a lo largo de su historia en lo que la mayoría de los observadores considerarían guerras. Y una revisión de la historia de las guerras europeas de los últimos doscientos años sugiere que también es demasiado simple sugerir que las democracias evitan luchar entre sí. Después de todo, hay muchos tipos diferentes de gobiernos, la mayoría con constitucionales, muchos de los cuales son políticamente liberales, incluso si están encabezados por un monarca o una oligarquía. Se han encontrado en diferentes bandos en los conflictos que han afectado a Europa desde la época de Napoleón.
Y las guerras son a menudo populares, observe las filas de jóvenes entusiastas que se alinearon para alistarse cuando la Triple Entente se enfrentó a los alemanes y austríacos para comenzar la Primera Guerra Mundial. Entonces, la guerra puede ser menos probable entre las democracias establecidas, pero debe admitirse que los mismos intereses nacionales que impulsan una dictadura pueden impactar igualmente en una forma de gobierno más pluralista, particularmente si los medios de comunicación, “el territorio de las mentiras”, están en el juego. Uno recuerda cómo la cadena de periódicos Hearst creó la narrativa falsa que resultó en la primera gran empresa imperial en el extranjero de Estados Unidos, la Guerra Hispano-Estadounidense. Más recientemente, los principales medios de comunicación de Estados Unidos han apoyado la desastrosa invasión de Irak, la desestabilización de Siria y el cambio de régimen en Ucrania, Afganistán y Libia.
Ahora los estadounidenses tenemos un régimen democrático liberal definitivo a punto de retomar el poder, posiblemente con una mayoría en ambas cámaras del Congreso para respaldar la presidencia. Pero algo falta en el hecho de que los demócratas en campaña nunca hablaron sobre la paz, y ahora que están regresando, las ondas son notables porque senadores como Mark Warner preguntan si el presunto pirateo ruso de computadoras estadounidenses es un "acto de guerra". El senador Dick Durbin no tiene dudas sobre el tema, ya que lo declaró "virtualmente una declaración de guerra". Y Joe Biden parece estar a bordo, considerando el castigo para Moscú. ¿Estamos a punto de experimentar un Russiagate por todas partes? De hecho, la beligerancia no es exclusiva de Donald Trump y Mike Pompeo. La guerra está en el aire, y la gran mayoría del Partido Demócrata votó recientemente a favor de la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA), que respalda una política de dominio militar global de Estados Unidos para el futuro previsible. Si usted es un estadounidense al que le gustaría tener un seguro médico nacional, ¡olvídese!
Pero más concretamente, los demócratas tienen un historial peor que los republicanos cuando se trata de iniciar guerras innecesarias. Donald Trump se propuso denunciar las "guerras estúpidas" cuando se postuló para el cargo y ha vuelto a ese tema también en las últimas semanas, aunque hizo poco para practicar lo que predicaba hasta que fue demasiado tarde y muy poco. Clinton intervino notoriamente en los Balcanes y bombardeó una fábrica de productos farmacéuticos en Sudán y un grupo de tiendas de campaña en Afganistán para desviar la atención de su romance con Monica Lewinsky. Su secretaria de Estado Madeleine Albright pensó que la muerte de 500.000 niños iraquíes debido a las sanciones de Estados Unidos "valió la pena". Barack Obama intentó destruir Siria, interfirió en Ucrania y logró convertir a Libia en un desastre ingobernable mientras compilaba una "lista de asesinatos" y asesinaba a Estados Unidos.
Si quiere retroceder más, Woodrow Wilson involucró a los EE. UU. en la Primera Guerra Mundial, mientras que Franklin D. Roosevelt se confabuló con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El sucesor de FDR, Harry Truman, lanzó dos bombas atómicas sobre objetivos civiles en Japón, matando hasta 200.000 personas. Japón se estaba preparando para la rendición, lo que era conocido por la Casa Blanca y el Pentágono, haciendo que el primer uso de armas nucleares fuera completamente innecesario y uno podría llamarlo "crimen de guerra". Truman también se involucró en Corea y John F. Kennedy inició la intervención en Vietnam, aunque hay indicios de que planeaba retirarse cuando lo mataron. El único presidente demócrata que no pudo iniciar una o más guerras fue el muy denigrado Jimmy Carter.
Ahora es el turno de Joe Biden al volante. Uno tiene que cuestionar la filosofía de gobierno que trae consigo, ya que nunca ha encontrado una guerra que no haya apoyado y varias de las opciones de su gabinete son innegablemente de línea dura en lo que ellos llaman seguridad nacional. Los grupos de presión también están presionando a Biden para que haga "lo correcto", que para ellos es continuar con una política exterior intervencionista. No es de sorprender que la Fundación Israelí conectada para la Defensa de las Democracias (FDD) haya publicado una colección de ensayos que lleva el título "Defendiendo hacia adelante: Asegurando Estados Unidos proyectando el poder militar en el exterior". Si uno tuviera que apostar en este punto, "defender hacia adelante" será de lo que se trata la Administración Biden. Y, por cierto, las democracias no van a la guerra contra las democracias. O al menos así se contará la historia.