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Se consuma el divorcio: El Reino Unido sale de la UE

Elespiadigital | Sábado 02 de enero de 2021

Aunque regresan las aduanas, el acuerdo comercial no prevé el pago de cuotas y aranceles en el comercio. Pero se cancela la libre circulación de personas, la atención médica asegurada con la tarjeta sanitaria europea o la posibilidad de participar en el programa Erasmus para estudiantes universitarios. La pesca supone el aspecto más peliagudo.

Tras su aprobación en el Parlamento británico el 30 de diciembre (521 votos a favor y 73 en contra), Reino Unido respalda el acuerdo comercial alcanzado in extremis con la Unión Europea el día de Nochebuena.

En un proceso que ha durado 14 horas, la Cámara de los Lores dio posteriormente su visto bueno, rubricado por la Reina Isabel a las 0:25 horas del último día del año. Su firma promulga como ley el acuerdo entre el Reino Unido y la UE, evitando así un Brexit sin acuerdo al término del periodo de transición, que expiraba a las 23:00 horas del 31 de diciembre. El texto final conjura en principio lo que se venía llamando un Brexit duro, y marca las bases para la relación futura entre este país y la UE a partir del 1 de enero. Gran Bretaña e Irlanda del Norte continuarán teniendo en varios aspectos una relación privilegiada con Bruselas.

La rapidez de la aprobación suscitó no obstante recelos por parte de algunos parlamentarios, que estiman que el proyecto de ley no ha sido sometido al conveniente escrutinio. En concreto, se plantea que el texto no recoge las expectativas en torno a los derechos de pesca en aguas británicas y deja sin respuesta cuestiones en materia de fronteras en el caso de Irlanda del Norte y Gibraltar, si bien la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, ha anunciado un principio de acuerdo sobre este último, explicando que "el resultado práctico es que se elimina la Verja".

Por parte europea, el día 30 la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, estamparon su firma en los tres tratados que a partir de ahora regularán las relaciones entre Bruselas y Londres.

Principales cambios

¿Qué es lo cambia a partir del 1 de enero? Varias son las novedades en ámbitos como el comercio, aduanas, transporte, programas Erasmus o incluso el servicio de itinerancia gratuito de los operadores de telefonía celular.

  • Permisos de residencia y visados.
    La libre circulación deja de existir en suelo albión. A los visitantes de la UE en Reino Unido (y a los británicos en la UE) ya no les bastará con mostrar su documento de identidad, a partir de octubre de 2021 tendrán que enseñar el pasaporte en los controles fronterizos. Y para estancias superiores a tres meses, solicitar visado. Esto afecta a los británicos con segundas residencias en países de la UE; ya no podrán permanecer en ellas todo el tiempo que deseen. Los ciudadanos de la UE residentes en Reino Unido con anterioridad al 31 de diciembre de 2020 deberán ahora solicitar un permiso de residencia. Tendrán tiempo de hacerlo hasta el 30 de junio de 2021. Estos permisos serán de dos tipos; indefinido para quien lleve más de cinco años viviendo en el país, y limitado en los casos inferiores a ese número.
  • Sin aranceles, pero con aduana.
    Ningún producto británico los pagará por entrar en el mercado único europeo. Y las exportaciones europeas hacia Reino Unido seguirán disfrutando del mismo privilegio. Es decir, sectores europeos como el de la automoción, alimentario y aeroespacial continuarán operando en un mercado esencial. Pero la reinstauración de aduanas comportará la comprobación de todas las mercancías y su correspondiente documentación. Los animales vivos se inspeccionarán de uno en uno y en el caso de los de compañía será necesario presentar un certificado de buena salud.
  • La pesca.
    La cuestión de cuál es el porcentaje que le corresponde a Reino Unido en las aguas del océano Atlántico y del mar del Norte motivó que el acuerdo haya estado a punto de fracasar. Los pesqueros de la UE habrán de reducir sus capturas en aguas británicas un 25% de aquí a 2026. A partir de esa fecha se discutirá un porcentaje adicional. Cada año se renegociará el reparto de las aguas entre Londres y Bruselas.
  • Tarjetas sanitarias.
    Ya no será posible recibir atención médica en Reino Unido con la Tarjeta Europea de Seguro Médico de la UE. Tampoco podrán recibirla los británicos que visiten el continente. El Gobierno británico aconseja a sus nacionales que viajen a la UE adquirir seguros de viaje con cobertura médica. El Servicio Nacional de Salud británico deja de ser gratuito para los europeos a menos que estén asentados. Si no lo están, necesitarán un seguro privado. Pero hay excepciones en que la tarjeta seguirá operativa: los pensionistas británicos que ya residen en la UE, los estudiantes en idéntica situación, y los trabajadores transfronterizos.
  • Transporte.
    Los carnets de conducir británicos no tendrán validez en territorio de la UE. Los turistas que accedan a las islas en sus vehículos, ya sea en ferry o por el Túnel del Canal de la Mancha, deberán contar con el permiso internacional en vigor, aunque el Gobierno británico asegura que no será necesario. Las conexiones aéreas directas seguirán vigentes, pero las aerolíneas británicas no podrán realizar vuelos con escala.
  • Se acaba el roaming.
    Queda en entredicho el mantenimiento de las tarifas de los operadores nacionales cuando los usuarios europeos de telefonía celular se hallen en itinerancia en Reino Unido, y los británicos en la UE. Podrán cobrarse tarifas adicionales. De momento, las compañías británicas han manifestado no tener intención de cobrar tarifas extra.
  • Fin de los programas Erasmus.
    Los estudiantes europeos ya no podrán cursar un año de sus estudios de grado en Reino Unido, decenas de miles cada año hasta ahora. Y los británicos en Europa, tampoco. Pero hay una excepción: gracias a un pacto suscrito con la República de Irlanda, los estudiantes de Irlanda del Norte podrán seguir participando del programa. Es uno de los resquicios de la frontera que aparece entre la República de Irlanda y los cinco condados del norte adscritos a la Corona británica.
  • Emigración desde la UE.
    Se establece un sistema de puntos para los ciudadanos de la Unión Europea que quieran mudarse al Reino Unido. Un baremo tendrá en cuenta factores como el conocimiento de la lengua inglesa, la edad, el nivel de estudios y la obligación de contar con una oferta de trabajo retribuida con 26.500 libras esterlinas anuales (unos 29.500 euros) de cara a la obtención de un visado de cinco años de duración.

Análisis: Aliviada por el Brexit y la salida de Trump, la UE quiere un escenario a lo Bond en 2021

Luis Rivas

La Unión Europea enfrenta 2021 aliviada por un Brexit sin dolor y con un acuerdo para relanzar la economía afectada por el COVID-19, pero el nuevo año hereda problemas de difícil solución.

Tras cuatro años de sobresaltos, amenazas, propaganda y noticias falsas por ambas partes, el Reino Unido y la Unión Europea pueden celebrar el final de 2020 sin deshonra, ni vencedores, ni vencidos. Si el club de Bruselas ha conseguido salvar su organismo tras la amputación voluntaria de uno de sus 28 miembros, el líder conservador británico, Boris Johnson, puede sacar pecho por un divorcio que ha dado paso a una relación comercial libre, sin grave deterioro de las expectativas de Londres.

Los eurobeatos insisten en un punto: la economía británica perderá un 5% de su Producto Interior Bruto (PIB) en cinco años. Pero se han dicho y publicado tal cantidad de exageraciones y bulos que incluso los datos del propio gobierno británico no son tenidos muy en cuenta, ni fuera ni dentro de las islas. El Reino Unido, que ya ha firmado acuerdos comerciales con más de 60 países, obtiene lo que votó por encima de todo, soberanía: mantener buenos acuerdos comerciales y aduaneros con la Europa comunitaria, pero desembarazarse de los tentáculos del Tribunal de Justicia de Luxemburgo.

En épocas de crisis como la que atraviesa el Viejo Continente, renunciar al sistema de intercambio de estudiantes, 'Erasmus', no parece un acontecimiento que vaya a provocar el llanto de la ciudadanía británica. Para la UE, el Brexit es, sin embargo, un mal ejemplo que conviene agitar como dañino para frenar el anhelo de cualquier otro 'exit' entre los 27 países restantes de la organización. Aún así, no se puede decir que el Reino Unido haya sido castigado con el pacto del adiós.

Mercosur más verde, o nada

La voracidad por los acuerdos comerciales, por extender hacia el infinito la filosofía del libre cambio, tiene también, a veces, sus contratiempos.

Así, tras 20 de años de negociaciones, el Acuerdo Mercosur de la UE con cuatro países suramericanos (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) quedó congelado en 2020 por decisión política del presidente de Francia, Emmanuel Macron. Arguyendo que el gobierno brasileño de Jair Bolsonaro no se comprometía lo suficiente con el Pacto de París sobre el clima, y lamentándose del deterioro de la selva amazónica, Macron esconde así el perjuicio electoral que Mercosur puede originarle en este 2021, en el que afrontará unas elecciones regionales que estarán marcadas por la presión de las potentes asociaciones agrícolas francesas, contrarias a aceptar la carne, el vino y las verduras del Sur de América, entre otros productos.

El año que comienza será vital para Mercosur. Algunos socios de Francia en la UE (España, Italia, Portugal, Suecia, República Checa, Dinamarca o Letonia) van a intentar presionar al gallo del Elíseo. Se negocia ya añadir unas cláusulas ecologistas al tratado comercial. Si tras las elecciones regionales francesas París cede en su postura, Macron podrá justificar que un Mercosur verde era su verdadera preocupación.

Turquía, el vecino incómodo y armado

Para Francia y para Europa en general, Turquía seguirá representando en 2021 uno de sus más arduos problemas en el campo diplomático. El año que termina ha puesto de manifiesto el despliegue militar de su aliado en la OTAN en Oriente Medio (Siria), el Cáucaso (Nagorno Karabaj), el este del Magreb (Libia) y el Mediterráneo Oriental. Los intereses opuestos dentro de la UE no han posibilitado un acuerdo sobre la postura a adoptar con respecto a Ankara. París ha encabezado la ofensiva verbal contra Recep Tayyip Erdogan, pero no ha sido seguido por sus pares.

En el terreno de las relaciones con Turquía, el tándem franco-alemán no funciona. Angela Merkel reconocía que la UE no se ha puesto de acuerdo sobre el asunto.

  • Por un lado, la canciller federal criticaba la "agresividad" del gobierno turco;
  • por otra, empujaba a felicitarle por la acogida que ofrece a más de dos millones de refugiados provenientes de Oriente Próximo.

Otras voces no están muy de acuerdo con ese halago y preferirían hablar de la actitud turca como de chantaje, pues el presidente del país blande siempre como amenaza la apertura de sus fronteras a los inmigrantes con destino a la Europa Occidental (en Europa del Norte siguen ignorando que el flujo migratorio se ha desplazado de nuevo al Sur del continente, y, especialmente hacia España). Las represalias comerciales y financieras de Bruselas a Ankara serán estudiadas de nuevo en 2021; la UE sabe que la difícil situación económica de Turquía es el flanco sensible del gobierno de Erdogan.

Merkel, un adiós sin sobresaltos

Alemania celebrará elecciones el próximo mes de septiembre. Unos comicios en los que ya no figurará la foto de Angela Merkel. Pero antes de iniciar su retiro político, la Canciller preferiría no abrir ningún frente que dañe a su partido, el Cristiano Demócrata. El voto de las decenas de miles de alemanes de origen turco es una buena razón para exprimir la diplomacia al máximo.

Merkel querría retirarse con el buen sabor de boca que puede dejar la puesta en marcha efectiva del plan de salvamento de la economía europea para paliar el desastre originado por el COVID. Reticente hasta la pandemia a abrir la caja fuerte de Bruselas y a mutualizar deudas y gastos, sin la aquiescencia de la jefa del gobierno alemán los 750.000 millones que se repartirán los miembros de la UE no hubieran visto los bolsillos de los gobiernos concernidos.

Vuelve James Bond

A Merkel se debe también buena parte de la presión para firmar un acuerdo comercial entre la UE y China antes de la finalización de 2020. Un pacto que supone en teoría, mejores condiciones para los inversores europeos en ese inmenso mercado. Pero también aquí ha encontrado críticas por forzar un contrato pasando por alto cuestiones relacionadas con derechos humanos y, entre ellos, los sociales.

China continúa siendo la referencia que se agita entre los librecambistas de la UE para no perder terreno comercial. La voracidad y la capacidad de Pekín obliga a Europa a olvidarse de concertarse con "su nuevo presidente" norteamericano, Joe Biden, que no piensa hacer ningún favor en ese sentido a unos europeos que —con excepciones— tanto le han apoyado y aplaudido en su combate electoral contra Donald Trump.

Con la salida de Trump de la Casa Blanca, los países de la UE sueñan con una vuelta a la "normalidad":

  • China como mercado ideal —sin coacciones de Washington—;
  • Estados Unidos como referencia "progresista" —sin la molestia estética de "los deplorables" de Hillary—;
  • y Rusia como enemigo habitual.

Un escenario clásico para un James Bond 2021.

El gobierno español salva el chiringuito de Gibraltar

El "principio de acuerdo" que permitirá eliminar la simbólica Verja de Gibraltar puso la puntilla a la frenética cuenta atrás del período de transición del Brexit. A falta de escasas horas para que cayera la guillotina del 2021, Londres y Madrid anunciaron sobre la misma línea de meta el histórico pacto que permitirá dejar atrás la emblemática y controvertida verja, símbolo de las críticas relaciones hispano-británicas durante décadas.

El último gran escollo del Brexit se ha convertido de alguna manera en regalo inesperado de fin de año y en un éxito diplomático del Gobierno de Pedro Sánchez, que hasta esta misma semana advertía del impacto que una frontera "dura" podría haber tenido en el Campo de Gibraltar.

"Los campogibraltareños pueden respirar tranquilos", declaró la ministra de Asuntos Exteriores Arancha González Laya, en el momento de anunciar el "cambio" de la actual frontera de Gibraltar por "controles Schengen en el puerto y el aeropuerto", custodiado por miembros de la agencia europea de fronteras (Frontex).

Gibraltar se incorpora así al "espacio europeo sin fronteras", de modo que los españoles (y sobre todo los más de 10.000 trabajadores transfronterizos) podrán entrar libremente en la Roca a partir ahora. Los gibraltareños podrán también pasar a España y circular por los 26 países del espacio Schengen. Los británicos tendrán que fichar sin embargo por los controles de pasaportes y de aduanas para entrar en su "territorio de ultramar".

"Este es el cimiento de un futuro tratado entre la UE y el Reino Unido en lo relativo a Gibraltar", anticipó González Laya. "Derribamos barreras para construir una zona de prosperidad compartida. Es el mensaje que enviamos".

La expectación con la que se cerró el "principio de acuerdo" en España contrastó con la sensación de lejanía con la que ha seguido la cuestión de Gibraltar en los últimos compases del Brexit en el Reino Unido. En contraste con la firmeza con la que ex "premier" Theresa May prometió defender el "estatus constitucional" de Gibraltar, Boris Johnson apenas hizo causa patriótica con el tema, que en los últimos seis meses se convirtió casi estrictamente en un asunto bilateral y desligado del acuerdo comercial con la UE.

La culminación del período de transición del Brexit, en la medianoche el 31 de diciembre, puso una presión extra sobre las negociaciones. El Gobierno español fijó el 30 diciembre como fecha límite para llegar a un acuerdo que evitara la frontera "dura" en el 2021. En Londres, mientras tanto, Gibraltar quedó relegado al olvido mediático en medio del triunfalismo desatado por el acuerdo comercial con la UE. Contra viento y marea, el ministro principal Fabián Picardo recordó en redes sociales que estábamos aún en "el final de la cuenta atrás" para Gibraltar.

El Ministerio de Exteriores convocó entre tanto a la prensa en Madrid y luego demoró el anuncio, añadiendo aún más suspense a la decisión final. A falta de apenas diez horas para que cayera el telón del Brexit, Arancha González Laya se desmarcó con la buena nueva de Nochevieja... "Al final, hemos podido llegar a un acuerdo (...) Se permite la aplicación a Gibraltar de políticas y programas de la UE, como Schengen o un régimen aduanero para mercancías, transporte o medio ambiente. Y también materias de competencia leal en lo fiscal, los laboral o social. Se hace como con la intermediación y el apoyo de España como responsable".

"Con esto se levanta la verja y se permite suprimir los controles entre Gibraltar y España", agregó González Laya. "España será responsable del control del (espacio) Schengen, y se establece un período de cuatro años de control por parte de los agentes de la Frotex".

 

Tal y como especificó la ministra, las bases del acuerdo entre Madrid y Londres darán pie a un futuro tratado entre la UE y el Reino Unido, aunque España tiene reconocido de antemano el derecho a veto sobre la futura relación de los 27 con Gibraltar. Mientras tanto, España aplicará las medidas de "transición" y evitará previsiblemente el caos que se temía en el arranque del año.
En el Reino Unido se ultimaban por otra parte los preparativos para la implantación de las aduanas tras el final del período de transición del Brexit. El Gobierno británico no ha especificado sin embargo cuántos de los 50.000 agentes de aduanas anunciados inicialmente estarán en sus puestos a partir del 1 de enero.

 

El colapso causado la semana pasada por el "cerrojazo" de Canal de la Mancha, con colas de más 35 kilómetros ante el Eurotúnel y el puerto de Dover, ha servido como advertencia del peor escenario posible a partir del viernes. Pese a que la circulación de camiones ha recuperado su ritmo normal, el "atasco" de contenedores sigue creciendo en puertos por Felixstowe o Southampton, mientras decenas de empresas han tenido graves problemas de suministro a lo largo de diciembre.

En Belfast se espera con gran inquietud el impacto del Brexit, con la entrada en vigor del controvertido Protocolo de Irlanda. Para evitar la vuelta a un frontera "dura" dentro de la isla, se implantarán puestos de control en los principales puertos comerciales del Ulster. Pese a la promesa de Boris Johnson de evitar la creación de una aduana interior, muchos productos provenientes de Gran Bretaña tendrán que cumplimentar una declaración para poder cruzar el Mar de Irlanda. La UE contará incluso con una quincena de agentes en Belfast para velar por la "integridad" del mercado único.