Erik Martel es un diplomático de carrera, que ha estado destinado en lugares tan diferentes como Pakistán, Gibraltar, Texas o Andorra. De todos ellos aprendió algo y sobre todos ha escrito. Pero cuando le destinaron a Florida con el cargo de cónsul general de España, no podía imaginar que le querrían reclutar para formar parte de las cloacas del Estado. Se negó y, durante un tiempo, se le apartó de la diplomacia, no se le permitió continuar trabajando.
Ana Bustelo Tortella
Ana Bustelo Tortella
Erik Martel es un diplomático de carrera, que ha estado destinado en lugares tan diferentes como Pakistán, Gibraltar, Texas o Andorra. De todos ellos aprendió algo y sobre todos ha escrito. Pero cuando le destinaron a Florida con el cargo de cónsul general de España, no podía imaginar que le querrían reclutar para formar parte de las cloacas del Estado. Se negó y, durante un tiempo, se le apartó de la diplomacia, no se le permitió continuar trabajando.
Sufrió el acoso del gobierno por no querer ser cómplice. Plasmó esta experiencia, con la brillantez literaria a la que nos tiene acostumbrados, en su novela "El cónsul general". Por no cumplir las órdenes, él y su familia sufrieron la persecución del poder, hasta el punto de verse obligado a pedir asilo político en Estados Unidos. Él se mantuvo firme en sus convicciones y, al final, su resistencia se vio compensada. La Justicia española le tuvo que conceder una compensación, además de permitir su reincorporación a la carrera diplomática de la que pudo jubilarse, con todos honores. Ahora ha tomado Andorra y Madrid como escenarios principales de su nueva novela, en la que vuelve a combinar la ficción con su experiencia personal, para traernos una historia de amor y espionaje que atrapa desde el primer párrafo.
"El Ministro Plenipotenciario" no es solo una novela de amor y espionaje, aquí se podría decir que el amor y el espionaje son la excusa para hacer una crítica política y social de calado. ¿Era esa la intención o surgió a medida que escribías?
Yo no hablaría de excusa. En los últimos años llevo observando determinadas transformaciones políticas y sociales de calado. Paralelamente me ocurre otro tanto en el ámbito de las relaciones entre sexos y en el palenque de la cibernética. Surge la chispa cuando toma conciencia de la conexión existente entre ambos elementos.
Hay una crítica clara a la corrección política, a los excesos que se cometen contra los hombres aduciendo que se está defendiendo a las mujeres, al funcionariado corrupto... No falta de nada.
Es que aquellos excesos de rebote terminan salpicando igualmente a las mujeres. Por miedo a la incorreción se está velando esta realidad.
Además, hay un análisis muy interesante sobre la cibernética y el ciberpoder. ¿Nos podrías hablar un poco más de esto? ¿Has tenido que investigarlo o lo conocías por tu trabajo?
Mis cuarenta años de diplomático y mi doctorado en una Universidad puntera americana, en Houston, me llevaron al estudio y a la práctica del poder, respectivamente, como método e instrumento de política exterior. Me refiero tanto al poder duro —en último término las medidas de fuerza– como al poder blando –en el entorno de la denominada influencia– como al poder a secas: algo intermedio entre el duro y el blando y que incluye a ambos. El ciberpoder, por otra parte, no es otra cosa que la política de poder ejercida a través de las posibilidades totalizantes de la cibernética.
Tú has sido diplomático y conoces bien los entresijos de ese mundo. ¿Viviste algo parecido a lo que se cuenta en la novela? Me refiero a la parte más relacionada con el espionaje.
Por supuesto. En una y en múltiples ocasiones.
¿Son asuntos que te gustaría contar y no puedes?
La verdad es que a estas alturas de mi trayectoria vital no he querido dejarme nada en el tintero. No he querido y se puede decir que, en consecuencia, he volcado el tintero.
¿Has temido por tu vida alguna vez mientras eras diplomático?
He temido, y con bastante fundamento, por cosas más importantes que mi vida. Pero el miedo es un mal compañero de viaje del que hay que prescindir de forma contundente. Cosa difícil pues resulta bastante resiliente.
A pesar de la inquietud que generan los asuntos que trata Erik Martel en esta novela, no parece que él vaya a dejarse llevar por el miedo. Esperemos que así sea para que podamos leer su próxima novela y reflexionar con él sobre el futuro que nos espera.