Opinión

Picardo, la ética del parásito

Victoria | Sábado 12 de octubre de 2013

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El jerifalte de Gibraltar ha llevado a la ONU sus plañidas sobre la "campaña de odio" que achaca al gobierno español, comparándola con una forma de terrorismo. Por si faltaban motivos de asombro ante el cinismo de este individuo y de la potencia que lo respalda, he aquí el colmo. Parecían sosegarse los ánimos excitados por los conflictos de las aguas, la pesca y los filibusteros bloques de hormigón con pinchos de hierro para destrozar las redes de los pesqueros españoles, un hecho tan provocador que probablemente carezca de precedentes en el mundo. Se intuía alguna actividad negociadora que situara el asunto en clave civilizada y hasta parecía que Madrid ponía sordina a un presunto trampantojo para quitar hierro a los problemas reales del país, que son de aúpa aunque se traben en discrepancias por miserables décimas de crecimiento.

Por G. García-Alcalde



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G. García-Alcalde

El jerifalte de Gibraltar ha llevado a la ONU sus plañidas sobre la "campaña de odio" que achaca al gobierno español, comparándola con una forma de terrorismo. Por si faltaban motivos de asombro ante el cinismo de este individuo y de la potencia que lo respalda, he aquí el colmo. Parecían sosegarse los ánimos excitados por los conflictos de las aguas, la pesca y los filibusteros bloques de hormigón con pinchos de hierro para destrozar las redes de los pesqueros españoles, un hecho tan provocador que probablemente carezca de precedentes en el mundo. Se intuía alguna actividad negociadora que situara el asunto en clave civilizada y hasta parecía que Madrid ponía sordina a un presunto trampantojo para quitar hierro a los problemas reales del país, que son de aúpa aunque se traben en discrepancias por miserables décimas de crecimiento.

Pero no. El parásito de Gibraltar no quiere sosiego, sino escándalo a su favor. Su peso en ese foro seria tanto como cero sin el altavoz británico, un país de gloriosas tradiciones corsarias y piráticas que sigue viviendo el espejismo de un imperio construido "de aquella manera". Los tráficos ilícitos, el contrabando a granel, la exclusión fiscal y la incesante presión por estabilizar condiciones de libre circulación y expansión gradual, que van mucho más allá de lo que cualquier colonia puede soñar, constituyen condiciones insostenibles en un movimiento de ósmosis ilimitada con el territorio de un estado, el español, donde todo aquello es ilegal y está perseguido por la policía y los tribunales. Si Picardo se atreve a reivindicar semejante decalage a la luz de los derechos humanos, y alguien le hace caso, habrá que poner en serio entredicho la base moral de tales derechos.

Es desalentadora una aberración ética como la de esgrimir conceptos de odio y terrorismo en la calificación de acciones absolutamente legítimas, cual es la de impedir el crecimiento de una "tierra de nadie" donde todo habría de ser como un tipo del pelaje de Picardo quiere que sea. Sin ahogar a los gibraltareños dentro de los límites estrictos de la colonia, la ley del territorio que la rodea es la que nos concierne a todos los españoles, a usted, a mi, y a nuestras familias. Cualquier otra pretensión es tanto como reivindicar el derecho y la ética del parasitismo, que no es un derecho ni una ética sino un abuso y un pitorreo. Gran Bretaña puede ser parte de Europa fuera de su moneda común y de sus normas generales en la actividad financiera, pero nadie le consentiría expandir al otro lado del Canal las prácticas de la City londinense. Pues eso.

Fuente: Diario de Mallorca