Geoestrategia

Entropía geopolítica y una pizca de esperanza

Victoria | Domingo 03 de noviembre de 2013

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En una opinión en The Diplomat, Zachary Keck explicó las limitaciones rusas como “gran poder”. Sostuvo que, “fuera de un intercambio nuclear” que podría borrarla del mapa, Rusia no podía hacer nada para evitar una intervención de Estados Unidos en Siria. Keck demostró su gran ignorancia de la historia contemporánea al afirmar que el desdén que actualmente EU muestra hacia los intereses rusos hubiera sido impensable cuando existía la URSS. Daba a entender que ha habido una caída constante de Rusia como gran poder desde la Guerra Fría hasta el momento actual, ignorando: 1) el foso en que cayó Rusia en la década de 1990, cuando no pudo hacer absolutamente nada ante el bombardeo sobre Serbia por la OTAN, y 2) el desdén ruso hacia los intereses de EU cuando Medvedev negoció con Sarkozy el fin de las hostilidades con Georgia en septiembre de 2008, dejando a Cheney y a Gates como meros espectadores.

Por Juan Arellanes*



 

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Por Juan Arellanes*

En una opinión en The Diplomat, Zachary Keck explicó las limitaciones rusas como “gran poder”. Sostuvo que, “fuera de un intercambio nuclear” que podría borrarla del mapa, Rusia no podía hacer nada para evitar una intervención de Estados Unidos en Siria. Keck demostró su gran ignorancia de la historia contemporánea al afirmar que el desdén que actualmente EU muestra hacia los intereses rusos hubiera sido impensable cuando existía la URSS. Daba a entender que ha habido una caída constante de Rusia como gran poder desde la Guerra Fría hasta el momento actual, ignorando: 1) el foso en que cayó Rusia en la década de 1990, cuando no pudo hacer absolutamente nada ante el bombardeo sobre Serbia por la OTAN, y 2) el desdén ruso hacia los intereses de EU cuando Medvedev negoció con Sarkozy el fin de las hostilidades con Georgia en septiembre de 2008, dejando a Cheney y a Gates como meros espectadores.

Unos días después, Putin publicó una op-ed en The New York Times en la que reclamaba a Obama los peligros que entrañaba animar al pueblo estadunidense a verse como algo excepcional. ¿Alguien imagina a Stalin hablando en ese tono a Truman?

Lavrov aprovechó un lapsus de Kerry (o al menos eso utilizan como argumento muchos “analistas” sin brújula sobre lo que está pasando) para arrancar a EU el compromiso de no atacar a Siria si dicho estado iniciaba el desmantelamiento de su arsenal químico. La guerra fue evitada no sólo por la habilidad diplomática rusa, sino por la aceptación implícita de EU de que ya no puede hacer lo que quiera. Que quede claro: no es que EU no pueda bombardear Siria. Lo que ya no puede hacer es cargar con las consecuencias de tal intervención.

El impasse en Siria es una clara señal de que entramos a una era poshegemónica y ello no es ninguna buena noticia. Siria encierra más peligros que la caja de Pandora. Turquía, Israel, Qatar, Arabia Saudita, Francia, Reino Unido y EU detestan a Al-Assad, pero no pueden permitir que los opositores sirios lleguen al poder. Más allá de su desprecio hacia el régimen sirio, es difícil que alcancen algún consenso, ni siquiera en cuanto a cuáles mercenarios de la oposición apoyar. El supuesto hegemón no es capaz de poner orden sobre sus aliados (a los que, no hace mucho, Brzezinski llamaba “vasallos”) ni sobre sus pivotes geopolíticos, que quieren empezar a actuar como jugadores geoestratégicos regionales. Lo único que puede hacer (y seguro lo seguirá haciendo) es promover la continuación del caos para que el bloque rival no capitalice ninguna ventaja.

Si Rusia, China e Irán han ganado algo, por lo menos tiempo, no ha sido porque dispongan de mejores argumentos, simplemente están haciendo un juego más moderado. No sólo se está frente a un juego apretado sino que la partida se desarrolla sobre campo minado. Si no hay hegemón, no habrá quien ponga orden. Extrañar los viejos buenos tiempos en que EU simplemente tronaba los dedos, no servirá de nada. Que un hegemón decline es tan natural como que un cuerpo caliente difumine su temperatura hacia su entorno: es entropía geopolítica.

Aunque el régimen de Al-Assad se deshaga de sus armas químicas, las esperanzas para la paz son mínimas. El pueblo sirio seguirá poniendo los muertos en una guerra civil despiadada. Pero en medio de esta desesperanza, se pueden producir sorpresas: Kerry y Zarif convencieron a Obama y Rohani de que mantuvieran una conversación telefónica. No sólo se postergó un ataque sobre Siria. También se logró, dígase en un susurro, que EU e Irán, contemplen la posibilidad de sentarse a dialogar. Pedir más en estos tiempos sería demasiado.

* Coordinador académico de la Escuela de Relaciones Internacionales. Universidad Anáhuac México Norte.