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Greenpeace: el entusiasmo que redunda en millones de dólares

Victoria | Domingo 17 de noviembre de 2013

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En octubre de 1970 en Vancouver tuvo lugar un concierto benéfico. El dinero recaudado sirvió de base para la creación de una entidad que se conoció más tarde con el nombre de Greenpeace. En más de cuarenta años que han transcurrido desde entonces, esta entidad se ha convertido en una verdadera corporación internacional con un presupuesto multimillonario. Muchos observadores, igual que algunos de los viejos miembros de Greenpeace, suponen que en el proceso de esta metamorfosis han cambiado los objetivos de la organización.

El nombre de Greenpeace procede del barco a bordo del que, en 1971, un grupo de ecologistas partió rumbo a la isla de Amchitka, en Alaska. EEUU planificaba realizar allí pruebas nucleares, en contra de lo cual se manifestaban los activistas de la organización. A bordo del barco navegaban apenas once ecologistas. Hoy día en la plantilla de Greenpeace hay varios miles de personas y el número de simpatizantes con la organización en diferentes países pasa de dos millones y medio.

Se puede decir sin incurrir en una exageración, que Greenpeace es la marca ecológica más conocida. La alcanzó gracias a sus actos resonantes que centran la atención en el mundo entero. Con la circunstancia de que a menudo dichos actos son ilícitos. Justo del menosprecio del derecho se culpa frecuentemente a Greenpeace. El experto y politólogo Vladímir Kozin del Instituto de Investigaciones Estratégicas de Rusia dice al respecto:

–La actividad de esta organización no sintoniza con sus designios iniciales. De ello hablan incluso sus exdirectivos que censuran actos de tal índole. En general, en los últimos tiempos los intentos de tales actos que semejan piratería, conducta de los raiders, asaltos, cortes de la circulación ferroviaria: todo esto tiene un aspecto muy indecente. Los ecólogos de verdad no pueden realizar su actividad en una forma tan bárbara. Por supuesto que los ecólogos nos hacen falta para proteger nuestra Tierra, pero no usando tales métodos.

Pero también se critica a Greenpeace por otra razón. La consigna de la campaña de propaganda de la organización suena así: "Para entrar en nuestras filas, no es preciso que estén con nosotros". Es decir, uno puede sentirse miembro de Greenpeace incluso si no participa personalmente, digamos, en los riesgosos actos de protección de ballenas. Es suficiente girar dinero a Greenpeace. Esta práctica se justifica plenamente. Por ejemplo, en el año 2008, en plena crisis, la organización pudo recaudar ciento noventa y seis millones euros de donaciones. Al propio tiempo, desde el punto de vista de los defensores más radicales de la naturaleza, todo esto demuestra que Greenpeace se ha transformado en una corporación internacional común y corriente. Los ideales originarios de la dirección de Greenpeace quedaron relegados a un segundo plano. De esto ha hablado reiteradamente, entre otros, el exmilitante de Greenpeace Paul Watson:

–Por desventura, actualmente ellos no tienen posición alguna. La tarea más importante es hallar un pretexto y estampar fotografías. Y he aquí que cincuenta millones de cartas electrónicas con estas fotos "se pasean" por toda Internet con el único objetivo de captar donaciones. Es todo lo que quieren. Dadle un pretexto y se darán a presunción. En realidad no piensan en cómo cambiar el mundo para mejor. A nosotros, fundadores de Greenpeace, ni nos permiten pisar el umbral de la organización. A propósito, la oficina de Greenpeace semeja la del FMI. Su coste fue de sesenta millones de dólares. Es en lo que gastan el dinero. Esto se diferencia a fondo del objetivo en aras del que habíamos creado Greenpeace. Por eso me fui de ella.

Uno de los críticos más notables de Greenpeace es Patrick Moore. Que en el lejano año 1971 fue uno de sus fundadores. Sin embargo, con el tiempo Moore comprendió que la organización se desarrollaba no como debía hacer. "De pronto me di cuenta de que yo era el único de los directores de Greenpeace, que tenía la correspondiente instrucción y se ocupaba de ciencia. Nadie de mis colegas tenía un título científico al menos en una esfera más o menos afín. Ellos eran políticos, personajes públicas, carreristas en ecología", explica su postura Moore. Según él, por falta de suficiente calificación los miembros de Greenpeace ponen en circulación predicciones funestas de dudoso fundamento sobre de las causas del calentamiento global ni sobre si tiene lugar este en realidad. No obstante, Greenpeace enarbola el Por ejemplo, en la comunidad pericial no existe una opinión unánime

Tal postura no es otra cosa que un "terrorismo informativo", considera Moore. Pero la tarea auténtica de los ecólogos consiste en combatir peligros reales, no quimeras.

Artiom Kóbziev