Opinión

Imperio e imperialismo

Elespiadigital | Martes 07 de junio de 2022

Existe la descolonización y el “anti-colonialismo”. Occidente ha decidido recurrir al discurso anticolonial con tal de atacar a Rusia y de ese modo dividirla en pequeños países gracias al apoyo que preste a las fuerzas “anticolonialistas”.

Alexander Bovdunov

 



Alexander Bovdunov

Nada de esto nos sorprende: ¡solo hay que ver como en los programas televisivos de la India se invita a “ucranianos” con pasaportes británicos y estadounidenses que aseveran que la actual guerra de Rusia contra Ucrania hace parte del inmemorial “colonialismo ruso” que los ucranianos siempre han combatido! ¿Qué podemos decir ante esto? Primero, que los medios de comunicación manipulan el lenguaje confundiendo conceptos como “imperio”, “imperialismo”, “colonia” y “provincia”.

Empecemos analizando los términos de imperio e imperialismo: un imperio es antes que nada una unidad estatal que une a muchos pueblos preservando sus tradiciones políticas y culturales en aras de una misión universal, la cual es considerada por la mayoría de sus miembros como algo sagrado. En cambio, el imperialismo fue un sistema político impuesto por los países europeos nacidos de la Modernidad con tal de establecer su control directo o indirecto sobre diversas zonas del planeta con tal de explotarlas económicamente en favor del “sistema capitalista” tal y como es analizado por el discurso marxista y semi-marxista. En definitiva, el imperialismo es la política que siguen los países “centrales” al servicio del capitalismo, mientras que en la periferia y la semiperiferia existen imperios.

El imperio es mucho más antiguo que el imperialismo. Ambos comparten el deseo de controlar grandes espacios, pero los objetivos y los fines son muy diferentes: el imperio es tradicional y el imperialismo es una creación de la Modernidad; el imperio es sagrado y el imperialismo es secularista; el imperio se basa en el honor y el imperialismo en la búsqueda de riquezas; los imperios son potencias militares telúricas, mientras que el imperialismo es una característica de los poderes marítimos y comerciales.

El imperio y el imperialismo están condenados a enfrentarse el uno contra el otro, como sucedió en la lucha entre el Imperio de Abisinia contra la Italia de principios del siglo XX o las potencias europeas contra el Imperio Quing en el siglo XIX. No obstante, al “imperialismo” no le basta con explotar a los “salvajes”, pues lo que realmente busca es abrir mercados relativamente desarrollados y ricos para comercializar los productos de los pueblos “civilizados”. Estos mercados solo pueden ser proporcionados por los “imperios” que existen fuera de las fronteras de los territorios controlados por el “imperialismo”. Además, los imperios controlan grandes e importantes extensiones de recursos que necesita el imperialismo. Por supuesto, las potencias imperialistas chocan entre ellas por controlar las diferentes colonias al igual que diferentes imperios luchan por controlar ciertos territorios.

Rusia fue originalmente un Imperio, pero a finales del siglo XIX y principios del siglo XX empezó a comportarse como una potencia imperialista (especialmente frente Irán y China) debido a la influencia de Occidente sobre ella. Por otro lado, las potencias imperialistas siempre han ambicionado apoderarse de los territorios rusos bajo la consigna de “liberar” estos territorios del despotismo oriental llamándolo una “lucha contra el colonialismo ruso”. El problema con todo esto es que el colonialismo ruso jamás ha existido.

Una colonia es antes que nada un territorio de ultramar dominado por una metrópoli y a pesar de que la colonia puede estar poblada con una “raza” similar a la de la patria, siempre es considerada como inferior. Por ejemplo, la población de las colonias norteamericanas no estaba representada en el Parlamento inglés, pero pagaba impuestos y obedecía todas las leyes aprobadas por el Parlamento, siendo esta una de las causas de la Revolución Estadounidense. En una colonia la población siempre se encuentra oprimida en beneficio de la metrópoli y un maharajá indio jamás podría aspirar a convertirse en el primer ministro de Gran Bretaña. En cambio, en el imperio ruso un armenio y un maloruso podía ocupar un cargo importante (lo cual sucedió con Loris-Melikov y Bezborodko). En lo imperios no existen diferencias legales entre las diferentes provincias que lo conforman y tampoco se establece un régimen de desigualdad entre los “señores blancos” y los “nativos de color” como sí sucedió en los territorios dominados por las potencias coloniales europeas. Mientras que en un imperio tradicional existen provincias en los imperialismos modernos existen colonias.

La primera Duma Estatal rusa estaba compuesta por representantes de todas las provincias y confesiones del imperio que lo componían (excepto de Asia Central, la única región sobre la cual podríamos debatir si era una colonia en sentido europeo o no). Es un caso muy diferente al de Francia que, después de la Segunda Guerra Mundial, tuvo que elegir entre desprenderse de sus colonias africanas o convertirlas en provincias que hicieran parte de su territorio: París eligió lo primero y rechazó lo segundo. Es sabido que el general De Gaulle hizo todo lo posible para evitar que la élite de Gabón intentará convertir su territorio en una “provincia” de Francia y dejará de ser “colonia” (en el sentido legal del término) con tal de mantener el status quo de siempre.

África es el ejemplo por excelencia del imperialismo: los franceses solo necesitaban sus colonias africanas para explotarlas y preferían que estas se convirtieran en países “independientes” que en “provincias” de un gran imperio. La “Franafique”, que sustituyó el control directo de París sobre sus antiguas colonias de África Occidental, es una forma de neocolonialismo disfrazada como proceso de “descolonización”, pues una verdadera descolonización del África habría implicado convertir todas las antiguas colonias en departamentos en pie de igualdad con los territorios europeos o en crear Estado africano independiente que no fueran controlados por París, sino que unificará un “gran espacio” (un imperio africano) soberano que pudieran encontrar su lugar particular en el mundo. De ese modo el imperialismo sería sustituido por el imperio.

Podemos concluir diciendo que un Imperio es una organización política conformada por un gran territorio que tiene una misión histórica especial, es autárquico o al menos parcialmente semindependiente. Los imperios siempre serán enemigos del imperialismo y el colonialismo (“neocolonialismo”), ya que un poder que domine tantos territorios y que piense de forma diferente, siendo capaz de mantener una soberanía real y no formal, tendrá que ser fragmentado para ser controlado mejor.