Los Estados Unidos de América consideran a América Latina como su patio trasero, una posesión suya que deben manejar como mejor les parezca. Para dar sustancia a esto, EE.UU. está implementando una serie de medidas coercitivas de carácter político, cultural, económico y militar; sin embargo, estos, por muy invasivos que sean, a veces no son suficientes para afirmar el dominio estadounidense y, por lo tanto, se deben utilizar agentes locales. No solo estadounidenses que trabajan para los EE. UU. en países latinoamericanos, sino personas locales al mando de Washington.
Alberto Fazolo
Alberto Fazolo
Los Estados Unidos de América consideran a América Latina como su patio trasero, una posesión suya que deben manejar como mejor les parezca. Para dar sustancia a esto, EE.UU. está implementando una serie de medidas coercitivas de carácter político, cultural, económico y militar; sin embargo, estos, por muy invasivos que sean, a veces no son suficientes para afirmar el dominio estadounidense y, por lo tanto, se deben utilizar agentes locales. No solo estadounidenses que trabajan para los EE. UU. en países latinoamericanos, sino personas locales al mando de Washington.
Se trata de personas que suelen desempeñar papeles clave en la sociedad: políticos, funcionarios públicos, militares, periodistas, empresarios, etc. El elemento que los une es el de actuar en nombre y/o en interés de los EE.UU. más que de su propio país. Éstos actúan por puro interés económico (son contratados por EEUU), aunque a veces no faltan intereses ideológicos, religiosos, culturales, etc. En América Latina se utiliza el neologismo "vendepatria" para designar a estos sujetos: es decir, gente que vende su patria, la unión de dos palabras que describen de manera eficaz y sucinta un fenómeno amplio y variado.
A la luz del contexto internacional cambiado, creo que es necesario y urgente difundir el conocimiento y el uso de este término también en el debate político.
El escenario inédito al que nos enfrentamos en esta fase no es la guerra imperialista, a la que estamos acostumbrados los occidentales, sino las consecuencias de esta. Tras la Segunda Guerra Mundial (con una aceleración particular tras la disolución de la URSS) participamos en numerosas guerras desatadas por EEUU, pero en todas obtuvimos una ventaja económica o geoestratégica. Esta vez, sin embargo, nuestros gobernantes (apoyados en funcionarios públicos, periodistas, galopadas varias, etc.) nos están arrastrando a una guerra que no tiene precedentes para nosotros: una guerra en la que, gane quien la gane, perderemos.
Estamos ante un choque trascendental entre Estados Unidos y Rusia y este (ya sea militar o político-económico) se librará en suelo europeo, trayendo muerte y destrucción. En cualquier escenario posible, no vemos ninguna ventaja material de la guerra, veremos un aumento del chantaje y la dependencia de los suministros energéticos y alimentarios, pero también a nivel industrial habrá graves consecuencias. En última instancia, nuestra economía se verá muy afectada.
Europa no se beneficiará de ello, pero el vendepatrias obtendrá una gran ventaja personal. Es decir, estamos en manos de una camarilla que nos llevará a la ruina a cambio de un mezquino interés propio.
Nótese que no me refiero todavía al plano ético o moral, en el que la condena es firme y plena tanto para las guerras en las que hemos obtenido ventajas, como en esta en la que inevitablemente nos perderemos. El juicio a nivel ideológico es aún más claro, dado que los países occidentales (una vez más) se han posicionado en el lado equivocado de la historia, llegando incluso a apoyar a los nazis ucranianos.
Estados Unidos es una bestia moribunda, incapaz de avanzar a menos que sea a expensas de otros países, hasta ahora hemos sido aliados en sus guerras de robo, ahora nos estamos convirtiendo en los robados. EEUU quiere despojar a Europa de lo que queda, desindustrializarla, aumentar su subordinación y dependencia para postergar su capitulación. Para ello reciben la ayuda y los servicios de nuestros vendedores locales. La elección de qué hacer es simple: detenerlos y recuperar nuestro futuro, es la opción correcta y conveniente.
* Licenciado en Económicas, experta en Tercer Sector y desarrollo local. Periodista.