Redacción
–A juzgar por las recientes declaraciones de los funcionarios europeos, ellos temen que los euroescépticos obtengan más del 30 % de escaños a raíz de las elecciones al Parlamento europeo. ¿La próxima sesión del Parlamento europeo transcurrirá en el ambiente más euroescéptico?
–Creo que hay razones de sobra para semejante suposición. En todo caso, el euroescepticismo se ha expandido por toda Europa, siendo muy probable que en mayo de 2014, tras los comicios al Parlamento europeo, todos los partidos euroescépticos tengan en el Legislativo una representación inédita. Creo que todos nosotros seremos testigos de los comicios más euroescépticos al Parlamento europeo en los últimos tiempos. Es tan sólo el inicio del proceso que, a mi modo de ver, irá cobrando pujanza en Europa.
–Según arroja el reciente sondeo sociológico realizado por el Instituto Gallup, el apoyo a la UE ha bajado hasta un nuevo mínimo histórico. Le dan una evaluación positiva menos del 30 % de los europeos. ¿Seguirá disminuyendo este indicador?
–Sin lugar a dudas. Me parece que el apoyo a la UE ha empezado a resquebrajarse, lo que no es de asombrar. Es lógico que se haya iniciado este proceso, pues todos somos testigos de que de hecho todos los proyectos promovidos por la UE sufren fracaso. Valgan como botón de muestra la inestable cotización del euro, la crisis financiera y económica que azota a Europa. La zona del euro se está descomponiendo, mientras la zona Schengen, considerada como un hito importante hacia una Europa sin fronteras, al parecer, también resultó ser una idea frustrada. Debido a diversos fenómenos en el ámbito de la migración, algunos países plantean suspender la vigencia de la zona Schengen. Hablando en rigor, presenciamos el derrumbe de los proyectos que la UE presentaba como objetivos fundamentales, poniendo en entredicho la legitimidad de la misma.
–Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, y Geert Wilders, el del holandés Partido para la Libertad, sellaron una alianza de cara los comicios al Parlamento europeo. ¿Planea el Movimiento por una Hungría Mejor adherirse a esta alianza?
–Hasta el momento, no hemos recibido ninguna invitación a hacerlo. Que yo sepa, Marine Le Pen y Geert Wilders no piensan aliarse con Jobbik. Nuestro Movimiento sostiene que todos los partidos y corrientes reacios a la UE y a los procesos que se operan actualmente en el seno de la misma, deben aunar sus esfuerzos. En cada país, los movimientos radicales tienen su programa específico, por lo cual nuestros criterios discrepan en muchas cuestiones. Es natural, pues cada país ha de idear sus propias soluciones de los problemas existentes. Por ejemplo, Francia y Holanda afrontan el problema de la migración. Hungría encara otro problema, el de la inclusión social de los gitanos. O sea, hemos de resolver diferentes problemas. Ello no obstante, tenemos una meta común. Dado nuestra actitud crítica hacia la UE, podríamos elaborar una plataforma común, y en esta tarea procuramos cooperar con todas las entidades europeas.
–Hace unos meses, José Manuel Barroso insinuó que dentro de unos años, la Unión Europea tendría un gobierno central. ¿Han logrado los funcionarios de la UE crear EEUU de Europa?
–Son puras fantasías. Es evidente que Barroso, siendo uno de los máximos exponentes del europeísmo, se emplee a fondo para resaltarla. Además, los burócratas de la UE, deseosos de consolidar sus posiciones, están interesados en promover la centralización del poder, pero lo presenciamos ahora es un proceso de signo inverso: la desintegración. Si el año que viene, la representación de los partidos euroescépticos en el Parlamento Europeo alcanza una proporción inédita, si en Gran Bretaña llega a convocarse la consulta pública (todo evidencia que este país abandonará la UE), será absolutamente evidente que la UE avanza hacia una desintegración completa. En pos de Gran Bretaña, otros países saldrán de la UE. A propósito, quisiera destacar que en Hungría tampoco predominan ánimos europeístas, más bien todo lo contrario.
–Comente los recientes sucesos en Ucrania.
–Somos testigos de unas enconadas luchas políticas en Ucrania. En esencia, es una repercusión de la revolución naranja de 2004. En este país no ha cambiado nada. Tal vez, sólo aparecieron figuras nuevas. Dicho con propiedad, vemos cómo Rusia que se está haciendo cada vez más fuerte y recuperando sus señas de identidad, da muestras de superioridad en las regiones que considera zonas de sus intereses. Por lo tanto, Ucrania y, naturalmente, la UE y Occidente hacen todo lo posible por aumentar sus ventajas y su influencia en este país postsoviético. Ucrania ha pasado a ser un campo de exhibición de la fuerza. Sólo la UE, que hizo todo lo posible para que la élite política de Ucrania sintiera repugnancia hacia Bruselas, tiene la culpa de que Yanukóvich haya cambiado de actitud. No es de extrañar que en la cumbre de Vilna Ucrania haya renunciado a firmar el acuerdo de la asociación. Hablando en plata, la UE y Occidente en su conjunto deberían culpar de ello a sí mismos.
–¿Existe el diferendo territorial entre Hungría y Ucrania?