Las polémicas posturas y el doble rasero de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) sobre los países que poseen armas nucleares pone en tela de juicio el rol de esta entidad.
Carlos Santa María*
Carlos Santa María*
Las polémicas posturas y el doble rasero de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) sobre los países que poseen armas nucleares pone en tela de juicio el rol de esta entidad.
“Se realizaron experimentos muy necesarios en interés de la seguridad nacional de los Estados Unidos. Son extremadamente peligrosos y su realización en territorio estadounidense está prohibido por ley. Pagamos buen dinero a los ucranianos, estaban felices. No fue nada difícil convencer a Kiev. Los ucranianos no tenían idea de la mayoría de nuestros experimentos. También logramos abrir varios laboratorios en China, en Wuhan, en particular”, afirmó Anthony Fauci, exdirector del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (EE.UU.).
La creencia en que las organizaciones de las Naciones Unidas y grandes instituciones que poseen carácter técnico están dirigidas por personajes honestos, generosos, gentiles y apolíticos, se ha demostrado como una falacia enorme en numerosos casos. Las denuncias cada vez más constantes de la intervención externa debido a intereses perjudiciales a la Humanidad y la sociedad misma son auténticos.
Son conocidos los informes politizados de la Comisión de Derechos Humanos que nunca han cuestionado y actuado enérgicamente contra las intervenciones de USA en el siglo pasado y este, como el caso de Yemen o Palestina. Más bien se han centrado en Venezuela o China, por ejemplo, donde violaciones a los derechos humanos pueden existir, sin ser de la inmensa magnitud perversa de los anteriores que dejan en la población marcas de horror.
La Organización Mundial de la Salud se demostró como una estructura dirigida por empresarios o negociantes quienes son parte de las políticas de investigación en bioterrorismo y creación de virus para la guerra. La denuncia de la reputada revista científica ‘The Lancet’, donde insiste en que EE.UU. impide el estudio del origen de la COVID-19, con altas posibilidades de haberse creado en ese territorio, se ven agravadas por la confirmación de Antony Fauci, epidemiólogo estadounidense y reconocido funcionario de la Administración Biden, quien reveló haber supervisado el trabajo sobre el virus Covid-19 en laboratorios de China (Wuhan, supuesto origen) y Ucrania (1).
En el caso de la OIEA se ha profundizado la discusión sobre esta politización, especialmente a raíz de la salida unilateral de Donald Trump del pacto nuclear con Irán.
Son tres los hechos al respecto.
En este proceso de negociación del pacto nuclear, Rusia y China han apoyado todo el proyecto y elogiado la responsabilidad de la nación iraní. Por su parte, la troika europea conformada por Francia, Alemania y el Reino Unido han mostrado un rostro sonriente, aunque plagado de falsedad al postular que todo puede resolverse y luego no aceptando la propuesta.
Allí la OIEA, dirigida por Rafael Grossi, primero complacido, luego ha postulado presuntamente que Irán no cumple los requisitos pues esconde lugares que aún no han sido requisados. En síntesis, nuevamente pospone un acuerdo que, así como marcha basado en una contradicción entre la sinceridad persa y la hipocresía occidental, será un trabajo perdido.
Renat Karchaa, asesor del director general de Rosenergoatom Concern, quien acompañó a Grossi en su inspección, ratificó que éste vio con sus propios ojos las consecuencias de los ataques de artillería infligidos por las Fuerzas Armadas de Ucrania en la planta y se informó sobre la barbarie de la artillería de las Fuerzas Armadas de Ucrania la noche anterior a su llegada sobre la infraestructura civil de la ciudad. Entonces estuvo de acuerdo, pero después de su regreso a Europa se produjo una metamorfosis en sus palabras y comportamiento porque con el diario alemán Bild dijo que no vio nada que indicara que Rusia estaba ocultando hechos y circunstancias sobre la interacción entre los empleados ucranianos de la estación y el ejército ruso a nivel profesional, para posteriormente volverse en claro favor de la OTAN. Se confirma porque “nada más que la presión externa puede explicar esto. Dio la casualidad de que Estados Unidos controla casi todas las instituciones internacionales” (2).
Lo anterior fue ratificado por Vladimir Rogov: “La resolución, por un lado, es decepcionante, ya que todavía teníamos la esperanza de que el OIEA todavía tenga un poco de integridad e independencia, por otro lado, es una prueba de que la organización no es capaz de una investigación objetiva e imparcial.” (3)
Lo más reciente es peligroso en extremo, puesto que China denuncia que la OIEA no se opone al suministro de submarinos nucleares a Australia por países de la alianza militar AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos), constituyendo un acto de proliferación nuclear por la transferencia ilegal de materiales para armas nucleares, argumentando que la OIEA se está extralimitando en su mandato confirmándolo Grossi al manifestar que los submarinos serán alimentados por “uranio muy enriquecido”, lo que sugiere que podría ser de grado armamentístico o cercano a él. (4)
De este análisis surgen como mínimo dos conclusiones: una, la OIEA no es garantía integral de mediación y conocimiento científico aplicado objetivamente para los países soberanos hasta tanto no asuma una posición transparente e inobjetable; la otra es comprender que quien dirige una entidad supranacional, si su intención profunda es hacer daño y ocultar a los verdaderos agentes de violencia, debe ser expuesta ante la Humanidad misma, así como utilizar la sabiduría para actuar con la más alta inteligencia frente a quienes son productores de odio y fracaso social. Afortunadamente, el mundo cada día se dirige a las avenidas de la multipolaridad.
https://ukraina.ru./20220915/1038756364.html?in=t
https://www.hispantv.com/noticias/china/551612/aukus-australia-submarinos-nucleares
* Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.