Existe una campaña permanente en redes sociales contra la República Islámica. Una campaña que se vio intensificada después de la muerte de Masha Amini.
Xavier Villar
Xavier Villar
Existe una campaña permanente en redes sociales contra la República Islámica. Una campaña que se vio intensificada después de la muerte de Masha Amini.
En esta campaña permanente podemos ver una serie de elementos discursivos que se repiten una y otra vez: derechos de las mujeres, homofobia, derechos de las minorías, justicia, teocracia...Esos elementos discursivos están siempre presentes esperando la ocasión de articularse políticamente cuando llegue el momento. En este momento, la campaña en redes se centró en los derechos de las mujeres y la ausencia de justicia.
La idea que se quiere transmitir es que existe una "revolución feminista" en las calles de Irán. Y para construir esta narrativa se hace necesario hablar de que esta "revolución" se está desarrollando de manera pacífica y cívica contra un "régimen" que está haciendo todo lo posible por evitar su inevitable destino, que es su desaparición.
Como la idea de que este es un movimiento pacífico es imprescindible para darle legitimidad a las protestas y para auto-representarse como el otro de un "régimen violento"-, no vemos, ni leemos en los medios de comunicación Occidentales, ni en sus satélites regionales, nada sobre los miembros de la fuerza Basich asesinados, ni sobre las amenazas de muerte que reciben ciudadanos considerados como "pro-régimen". Cualquier tipo de información al respecto echaría por tierra la idea "revolución pacífica"
Los liberales en Irán nos cuentan que la violencia es el único lenguaje al que puede aspirar la República Islámica. También nos cuentan que la democracia, la justicia, y el diálogo, son características intrínsecas del liberalismo. Pero no se pretende en este artículo volver a hablar del liberalismo y de su fantasía política que intenta hacernos ver que la teoría no tiene unas bases ideológicas violentas y raciales. El liberalismo aspira a no dejar espacio político a ninguna otra posibilidad, a otras formas de estar en el mundo.
Además de los liberales, existen otros "grupos opositores" que merecen nuestra atención. Empecemos por los pro-Pahlavis. Este es un grupo cuyo motor es la nostalgia. ¿Pero cuál es su visión política? Los Pahlavis, así como la gente que desearía volver a ese pasado, forman parte de lo que el profesor Salman Sayyid llama "kemalismo". El "kemalismo", para él, no solamente implica modernización, sino principalmente occidentalización. Desde un punto de vista más académico podríamos decir que el "kemalismo" se usa para describir aquellas transformaciones políticas que gobiernos considerados como musulmanes aplican con el único objetivo de impedir la posibilidad que los musulmanes tengan agencia política propia.
La familia "kemalista" no incluye solo a los Pahlavis. También podemos encontrar a Ataturk en Turquía, a Bourguiba en Túnez, a los Al Saud en Arabia Saudí, etc...
Una de las características básicas de esta familia política es que el Islam no puede alcanzar el estatus de identidad política.
Los Pahlavis en Irán quisieron eliminar toda presencia del Islam político de las instituciones públicas. Su preferencia del pasado pre-Islámico no tenía unas razones históricas, sino que gracias a ese pasado persa, no-islámico, estarían imposibilitando la emergencia de una forma de estar en el mundo basada en el Islam.
Como demostró la Revolución Islámica, esos intentos fueron en vano. Fue precisamente la agencia musulmana, la capacidad de obrar de manera autónoma como musulmanes, lo que posibilitó la Revolución.
Los Pahlavis desaparecieron de Irán, pero su presencia aún se siente en lo que se conoce como "Muslimistán".
Otro de los "grupos opositores", y quizá el más ruidoso en redes sociales, es el Mojahedine-Jalq (MKO), rebautizado como Consejo Nacional de la Resistencia de Irán. El MKO y su granja de troles en Albania forman la columna vertebral de la propaganda anti-República Islámica online.
El MKO, una especia de secta despreciada incluso por aquellos iraníes que no apoyan el proyecto político representado por la República Islámica. El grupo combatió al lado de Saddam Hussein en los años 80 del siglo pasado durante la guerra que enfrentó a Irak contra Irán. Al menos 17 000 iraníes-civiles y autoridades-, han sido asesinados por el grupo desde la instauración de la República Islámica en 1979. Actualmente, el MKO cuenta con el apoyo de personas como Jonh Bolton y de parte de la administración estadounidense y de otros países occidentales. El grupo también mantiene excelentes relaciones con la inteligencia sionista.
Según las autoridades iraníes, el grupo estaría detrás de varios sabotajes- y varios asesinatos de fuerzas de seguridad-, que afectaron a todo el país desde que comenzaron las "protestas por la muerte de Masha Amini".
Podemos decir que el MKO funciona como un "proxy" de los Estados Unidos. Si definimos poder como la capacidad de actuar de forma autónoma, es evidente que el grupo no tiene ningún tipo de poder por sí mismo. El grupo recibe grandes cantidades de dinero -seguramente con origen estadounidense y saudí-. Pero su papel de "proxy" va más allá de esta financiación. Su discurso, el discurso del MEK, tampoco es un discurso autónomo. La idea de que el grupo mantiene un lenguaje nacionalista no se sustenta si vemos que los elementos discursivos del grupo son exactamente los mismos que utiliza occidente para construir a la República Islámica como el otro por excelencia dentro del campo político: derechos humanos, libertades...
Por último, no podemos finalizar este artículo sin mencionar el papel de que juegan varias cadenas de televisión en la demonización constante de la República Islámica. ManotoTV, e Iran Internacional -una cadena localizada en Londres y con financiación saudí-, junto con BBC Persia y otras, son vitales para comprender todo el conglomerado anti-República Islámica que hemos intentado analizar, al menos brevemente.
Tenemos una campaña permanente contra Irán. Tenemos también diferentes "grupos opositores", y diferentes cadenas de TV, dedicadas a la difusión de noticias con una clara agenda anti-Iraní, y en muchos casos llamando abiertamente al asesinato de fuerzas de seguridad. ¿Qué más tenemos? Tenemos un mismo campo discursivo, compartido por todo el conglomerado anti-iraní. Un único discurso, con diferentes articulaciones. Pero con un mismo objetivo final: promover, de forma activa, la caída política de la República Islámica.
Análisis: Gran distorsión de Occidente de los hechos sobre la muerte de Amini
Damian Lenard
Es educativo diseccionar el artículo porque es representativo de la forma propagandística en la que los medios extranjeros han cubierto el trágico evento durante los últimos meses:
La iraní kurda de 22 años había sido arrestada por usar “vestimenta inapropiada” según el código de vestimenta islámico de Irán para mujeres.
Los testigos dijeron que Amini fue golpeada mientras estaba dentro de una camioneta de la policía cuando la recogieron en Teherán. La policía ha negado las acusaciones, diciendo que ella “sufrió repentinamente un problema cardíaco”.
Me referiría a estos breves párrafos como fragmentos contextuales, repetidos hasta la saciedad en los informes de los medios para inculcar puntos de propaganda en las mentes no preparadas de la audiencia (sí, y afirmamos aborrecer el ampliamente mal citado “Si dices una mentira lo suficientemente grande y sigues repitiéndola la gente eventualmente llegará a creerlo”, como si nuestros propios medios no fueran una parte activa de esa misma maquinaria).
Profundicemos en este fragmento contextual ilustrativo utilizado por Badshah. De ninguna manera estoy tratando de avergonzarlo, ya que probablemente sea un fragmento ofrecido por su empleador/editor para facilitar su trabajo y, lo que es más importante en este caso específico, para asegurarse de que la propaganda estatal clave se refuerce debidamente:
1. El código de vestimenta islámico de Irán para las mujeres
El código de vestimenta islámico de Irán, al igual que los códigos de vestimenta secularistas occidentales y orientales, existe no solo para las mujeres sino para todas las personas de la sociedad.
Dichos códigos de vestimenta se aplican de manera diferente para hombres y mujeres, no solo en Irán, sino en todo el mundo. La excepción son uno o dos países de la faz del planeta donde la desnudez pública o el topless femenino se permiten indiscriminadamente en la mayoría del territorio.
Esta primera parte del fragmento contextual de The Guardian utilizado por Badshah tiene como objetivo lavar el cerebro a los lectores repitiendo la noción de que Irán es el único país del mundo con un código de vestimenta o el único que lo aplica. Peor aún, es exclusivamente para las mujeres en Irán. Y que ese “aborrecimiento” es fruto de la religión (y peor aún, del Islam) aplicada a la política.
El pozo está envenenado por la aceptación de la parte central que sigue:
2. Testigos dijeron
Dado que no existe evidencia alguna que respalde la hipótesis de que Mahsa Amini haya sido brutalmente golpeada hasta la muerte, los medios occidentales se ven obligados a confiar exclusivamente en las afirmaciones de “testigos/familia dijeron” como prueba principal para intentar vincular causalmente la breve detención de Amini con su muerte.
Es posible que el lector ya esté dispuesto a aceptar un tipo de prueba de oídas tan débil (que sería ignorada o incluso burlada como periodismo deficiente si se aplicara a un evento en sus propios países) porque, después de todo, Irán es excepcionalmente malvado como “probado” en el punto 1.
3. La policía ha negado las acusaciones
Este segmento suele dedicarse a la antítesis de las premisas anteriores, supuestamente por equilibrio y para aparentar honestidad periodística. ¿Qué tiene el otro lado para defenderse? En este caso, ¿qué tiene? Reclamaciones de la policía. Bastante débil, ¿no? ¿Eso es todo lo que tiene Irán? Así que es la palabra de nobles testigos (¿nos importa cómo se estableció que existen?) contra la de la malvada policía iraní.
La afirmación de que “la policía ha negado las acusaciones” implica la negación de la hipótesis (muerte a golpes brutales) solo está respaldada por una declaración policial (la parte directamente involucrada y, debemos recordar, cualquier autoridad en Irán es mala). Combinado con ellos diciendo que ella “sufrió repentinamente un problema cardíaco” (nótese la selección de una cita con una descripción médica inexacta para socavar aún más la credibilidad de la parte) mientras se omite por completo:
(a) La existencia de una clara grabación de vídeo de una cámara de circuito cerrado de televisión en la comisaría en la que Amini se derrumba sola sin ayuda de ningún agente externo.
(b) Las fotografías del hospital “filtradas” de Amini que no muestran signos de trauma o sangre consistentes con una golpiza fatal (o signos discutibles si uno posee una imaginación poderosa), exponen el total desprecio por la integridad periodística, y el pleno compromiso de pedalear la propaganda estatal sin importar el daño que cause.
La razón por la que encuentro esto bastante fascinante es por el círculo vicioso que se construye alrededor de estas estructuras de información sobre un país como Irán:
Las premisas del punto 1 (la maldad excepcional de la religión aplicada en la política, la maldad excepcional del código de vestimenta de Irán, la opresión excepcional con la que Irán aplasta a las mujeres) sesgan la evaluación de los siguientes puntos, y al mismo tiempo tienden a ser “probadas” con no-hechos análogos —en términos de debilidad objetiva— a los de los puntos 2 y 3.
Gracias a esta clase de distorsión de la realidad meticulosamente elaborada, el público occidental, que se cree profesionalmente informado e impermeable a la manipulación, se traga sin sospechar dogma tras dogma de realidad tergiversada.
El resultado es la instalación de un choque moral y la reafirmación de sólidos prejuicios útiles para reunir suficiente apoyo público para la política exterior del momento: generalmente el castigo colectivo de naciones enteras mediante sanciones económicas o de guerra.
Irak tiene armas de destrucción masiva, por lo que hacer que medio millón de niños iraquíes mueran por las sanciones y millones más por la guerra puede considerarse que “vale la pena” o al menos como un error honesto, a diferencia de los crímenes de guerra punibles y los crímenes de lesa humanidad.
Si hubiera una manera de sondear a los acérrimos defensores de la libertad y la democracia (una noble utopía que sólo podría separarse de la tiranía con un público perfectamente informado), preguntando a cuántos de ellos se les ofreció ver las imágenes de CCTV y “filtradas” fotos del hospital de Mahsa Amini (a diferencia de los rumores entregados solo de oídas) que de otro modo les habrían permitido decidir por sí mismos.
Goethe ciertamente estaba en algo grande cuando escribió en sus ‘Afinidades electivas’: Nadie está más esclavizado que aquellos que creen falsamente que son libres.