Opinión

Camarada Mandela… ¡Presente… Ahora y siempre!

Victoria | Viernes 20 de diciembre de 2013

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La Unión Soviética ayudó a Nelson Mandela a derrocar el régimen del apartheid en la República de Sudáfrica con finanzas, armas y con la preparación de paramilitares comunistas. Pero, el legendario Madiba se fue con ese hecho a la tumba.

Por Vadim Fersóvich




Por Vadim Fersóvich

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La Unión Soviética ayudó a Nelson Mandela a derrocar el régimen del apartheid en la República de Sudáfrica con finanzas, armas y con la preparación de paramilitares comunistas. Pero, el legendario Madiba se fue con ese hecho a la tumba.

En una declaración del 6 de diciembre de 2013 del Partido Comunista de la República de Sudáfrica se leía: “Nelson Mandela, al momento de su arresto en agosto de 1962 era no solo un miembro del Partido Comunista, que se encontraba entonces en la clandestinidad, sino también miembro de su Comité Central. Para nosotros, los comunistas sudafricanos, el camarada Mandela será siempre un símbolo del aporte enorme hecho por el Partido Comunista de la República de Sudáfrica en la lucha libertadora”. En términos más o menos similares fue lo expresado en nombre de la dirección del Congreso Nacional Africano.

Estas declaraciones desataron una agitada discusión acerca del grado de cercanía de Madiba con los comunistas sudafricanos. Es verdad que hacía tiempo que se sabía de la afiliación “temporal” de Mandela en el Partido Comunista, a principios de la década del sesenta. Y también de que la CIA ayudó a la policía política de la República de Sudáfrica a arrestar al clandestino incapturable, justamente porque lo consideraba un comunista peligroso. Faltaría por responder a dos preguntas: ¿Con qué fin ingresó Mandela en el partido Comunista y por qué rechazó hasta el final de sus días sus lazos con esta organización?

El Partido Comunista de la República de Sudáfrica fue proscrito en el país en 1950, y el Congreso Nacional Africano, diez años más tarde. En ese período, a los métodos violentos de represión de las protestas, los comunistas respondían con la misma moneda. En cambio, hasta 1961, el Congreso Nacional Africano no recurría a la violencia. Pero en 1961, fue Mandela justamente quien decidió crear el brazo armado del Congreso Nacional Africano, “La lanza de la nación” (Umkhonto we Sizwe). Para ello se requería dinero y armas y, en 1962, Mandela viajó al extranjero para recabar la ayuda entre los correligionarios. Vasili Solodovnikov, miembro correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias y uno de los arquitectos de la política de la URSS en África escribiría entonces que “convinieron en ayudar a África, pero sus posibilidades eran sumamente escasas. Europa Occidental le dio un portazo al Congreso Nacional Africano. Después de aquello, los líderes del CNA solicitaron la ayuda a la Unión Soviética”.

Ello explica también la “doble militancia” de Mandela: siendo miembro del Partido Comunista de la República de Sudáfrica le era más fácil ligar a su Congreso nacional Africano a la ayuda de la URSS. Vasili Solodovnikov explicaba que “el CNA obtuvo en realidad ayuda solo de la URSS, de la República Democrática Alemana y de otros países socialistas. Militares soviéticos y cubanos preparaban a los combatientes en campamentos del Congreso Nacional Africano en Angola”.

Pero, en 1964, ante un tribunal en Pretoria, Mandela negó su afiliación comunista. Ello es también explicable, debido a que un “patriota de África” podía ser sentenciado a una pena menor que un comunista. Pero, las autoridades sabían demasiado de sus vínculos con la URSS, y Mandela fue condenado a prisión perpetua por el cargo de organizar la lucha armada “con el apoyo de fuerzas externas”.

En julio de 1989, Mandela volverá a escribir que “no está afiliado a organización alguna, salvo al Congreso Nacional Africano”, pero no le creen. La razón principal de la medida de excarcelación, del 2 de febrero de 1990, como declarase entonces el presidente de la República de Sudáfrica Frederik Willem de Klerk fue el colapso del comunismo. El CNA no esperaba ya el respaldo de la URSS, y las autoridades de Johannesburgo ya no temían.

El Congreso Nacional Africano, una vez en el poder, trazó una vía propia en la política. Pero, dentro de la dirección del país permanecieron los líderes “de doble militancia”. Entre ellos, un amigo entrañable de Mandela, Ronald Ronnie Kasrils. Miembro del Comité ejecutivo nacional del CNA, y al mismo tiempo del Comité Central del Partido Comunista de la República de Sudáfrica, en 1964 recibió preparación militar en Odesa, y durante años estuvo aplicando enérgicamente la teoría en la práctica. En 1994, después de la victoria sobre el régimen fue nombrado viceministro de Defensa y, en 2004 fue designado titular de los servicios especiales de la República. Aquello de lo que Nelson Mandela prefería guardar silencio, Kasrils escribió con todas sus letras en Armed and Dangerous, su autobiografía publicada en 1993. Allí escribe detalladamente también del grado de cercanía de las posiciones políticas del CNA y del Partido Comunista de la República de Sudáfrica, y de cómo la dirección de sus células militares se preparaban de conjunto en la URSS para la guerra de guerrillas.

Nelson Mandela, ya en la cárcel sobrepasó los marcos de un partido político, y al salir en libertad devino mucho más que “padre de la nación”. Sus métodos discutibles de lucha y los aliados de otros tiempos devinieron historia hace tiempo, de la que es mejor no recordar en las nuevas condiciones políticas. Y Mandela no la recordaba. Y es que, a fin de cuentas, Mandela alcanzó el objetivo de toda su vida. Y todos acudieron a rendirle los últimos honores, a acompañarlo hasta su última morada, y comunistas y capitalistas.

Fuente: La Voz de Rusia