Opinión

Silencios más o menos emocionantes

Elespiadigital | Domingo 05 de enero de 2014

Fue emocionante ver a SM el Rey, vestido de militar, dar órdenes a las fuerzas militares para que se replegaran a sus acuartelamientos, con ocasión de los hechos del 23 de Febrero de 1981. Órdenes que se obedecieron puntualmente, como si se tratara los movimientos de orden cerrado de una parada en el Palacio Real...

Por Farnesio*



Por Farnesio*

Fue emocionante ver a SM el Rey, vestido de militar, dar órdenes a las fuerzas militares para que se replegaran a sus acuartelamientos, con ocasión de los hechos del 23 de Febrero de 1981. Órdenes que se obedecieron puntualmente, como si se tratara los movimientos de orden cerrado de una parada en el Palacio Real.

Fue menos emocionante no oírlo como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, cuando forzando la Constitución, se sacó  a los Cuerpos de Sanidad, Jurídico, Interventores, etc., y la UME, para integrarlos en el Ministerio de Defensa, como cuerpos comunes.  Recordemos que según la Constitución, las Fuerzas Armadas se componen de los Ejércitos de Tierra, Armada y Ejército del Aire. Consecuentemente los citados cuerpos, forzando el art. 8 de la Constitución, dejaron de ser Fuerzas Armadas, con todo lo que supone jurídicamente, perdieron internacionalmente su estatus de militares, y que SM dejaba de ser su jefe supremo.

Fue menos emocionante, tampoco oírlo, cuando de facto dejó de ser Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas (art. 62 de la Constitución), por virtud de una ley orgánica (I/1984), que lo dejaba sin ninguna competencia para ejercer tan alta responsabilidad, que pasó al Presidente del Gobierno la línea directa del mando militar. Liquidando la autonomía militar y reduciéndose su papel a vestir de uniforme, y presidir desfiles, es decir, a ser un simple uniformado o un militar de opereta.

Así fue, menos emocionante, cuando con motivo de la Pascua Militar, en la que el Jefe del Estado conmemora y felicita a sus Ejércitos por la reconquista de Menorca, no le responda un militar, sino el político de turno, arrogándose unas prerrogativas que no le corresponden y cometiendo una insultante descortesía con los militares, siempre educados y disciplinados.

Fue menos emocionante, no oírlo, cuando “mataron a Montesquieu”. Verdadero golpe de Estado, que hizo de la Constitución papel mojado. Verdadera madre de todas las corrupciones que nos corroen, y que ha quebrado el sistema político, democrático y de convivencia.

Es menos emocionante no oír nada a SM sobre los graves riesgos que corre la unidad de España, sobre cuya Bandera una vez juró defenderla hasta derramar la última gota de sangre. Sería tenebroso que pensara que ese juramento solo es para súbditos.

Las lealtades no son unidireccionales. Los militares debemos lealtad a nuestros jefes, pero también a nuestros compañeros y subordinados, lealtad al Ejército (tan maltratado por todos), y sobre todo, a la Patria, como una vez nos dieron ejemplo los Capitanes Daoiz y Velarde, o el Teniente Ruiz.

Hacemos votos para que estos silencios no sean el preludio de un mutis por el foro, como hizo su augusto abuelo. Porque esto, al final, una vez más y guste o no guste, lo tendrá que solucionar un pelotón de soldados.

*Firma de un alto oficial de las Fuerzas Armadas